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La
capital noruega está al norte de la perfección OSLO,
Noruega.- Edificios de lujo se funden con peatonales modernísimas, en
las que se lucen cafés con cortinas de brocato y encaje iluminados por
arañas de cristal. Las mesas se sirven con fina platería, cristalería
y porcelana. Son tan concurridos como las bohemias cervecerías con
mesas de madera al aire libre. Así es Oslo, elegante como pocas, donde
todo está bien hecho y nada se improvisa. Su
proximidad con las grandes aguas también la define y condiciona, y le
da un aire de libertad, la misma que sus antepasados vikingos gozaron al
hacer del viaje un estilo de vida. Esa presencia constante del mar hace
que en las plazas de Oslo no haya palomas, sino gaviotas y que sus
habitantes siempre estén ansiosos por comunicarse con quienes llegan de
otras tierras. Casi
todos hablan inglés, y es muy difícil detenerse a leer un mapa sin que
alguien ofrezca su guía. Curiosamente, muchos hombres conocen muy bien
Buenos Aires por haber trabajado como marinos a bordo de buques
mercantes. Los
lugareños no sólo tienen apariencia de valerosos, sino una historia
que da cuenta de ello: el ejército noruego fue uno de los que
enfrentaron con mayor tenacidad a los soldados nazis en la Segunda
Guerra Mundial. Esta época y otras están narradas en el Museo de la
Resistencia en un viejo arsenal en el extremo de la fortaleza Akerhus. Se
trata de un castillo que data del 1300 y fue la casa de Harald, el último
de los reyes, hasta que el rey Christian IV lo reconstruyó en 1588.
Ahora el palacio es sede del gobierno y en él se festejan las fechas
patrias. Bygdoy
y sus museos En
el vecino museo del Fram se exhibe el barco homónimo que llevó a
Fridtjof Nansen al Polo Norte en 1895-1896 y, en 1912, a Roald Amundsen
al Polo Sur. Está abierto de marzo a diciembre. La
ciudad también tiene el Museo Marítimo Noruego, que conserva barcos de
distintas épocas. Hay otros similares. Con el ómnibus 30 se llega al
Vikinge Skipene, Museo de Barcos Vikingos y Hallazgos Arqueológicos, en
Huk Aveny 35. Se trata de una impresionante colección de barcos
vikingos rescatados del fondo de las aguas del fiordo de Oslo. Remos,
lanzas, cuchillos, cascos y vajillas dan cuenta de la vida cotidiana de
estos bravos marinos que se atrevieron a surcar mares lejanos,
descubriendo que la Tierra era redonda siglos antes de que Colón
hubiera nacido. A
metros de este sitio, el Museo Folklórico Noruego reúne en un bosque
encantado a 170 casas históricas traídas de distintas regiones de
Noruega, entre ellas la famosa Stave Kirke del siglo XII. Cada casa está
equipada con vajilla y mobiliario auténtico de su época y región.
Durante el día se observan talleres de artesanías, sesiones de ordeñe
o de fabricación de quesos y mermeladas, en los que el público está
invitado a participar. El
ambiente rural se mezcla aquí con la cultura ciudadana: una de las
casas reconstruye el estudio del dramaturgo Henrik Ibsen, cuya tumba
yace en el cementerio parquizado de Oslo. Este
museo al aire libre se viste de fiesta cada domingo, con bailes
tradicionales, violinistas y acordeonistas que interpretan temas para
que los pies se muevan solos. Parques
y bosques para caminar Este
predio es el sitio de reunión de la ciudad, y cuenta con un estadio
deportivo, una pileta de natación pública, canchas de tenis y dos
restaurantes. El atractivo principal lo constituyen las increíbles
esculturas de Gustav Vigeland, famosas porque reflejan diversas
expresiones y emociones humanas. Alrededor de una fuente se representa
el ciclo de la vida. Tomando
el tren en las inmediaciones del Teatro Nacional, en 20 minutos se llega
a Holmenkollen, la rampa de lanzamiento de esquí de caída casi
vertical que fue sede de las Olimpíadas de Invierno. La
latitud ártica de Noruega permite que en los meses de verano los días
sean larguísimos, con lo cual hay luz natural hasta las 10 de la noche.
Tampoco así alcanza el día para descubrir todo lo que tiene esta
ciudad. Imperdibles.
Compras. Museo
de Munich: Munchmuseet, Toyengate 53; exhibe las obras del misterioso
Edvard Munch (1863-1944), famoso por su representación del sufrimiento
y la soledad humana. Como la mayoría de los museos noruegos, la entrada
es gratuita, abre de 10 a 15 y está cerrado los lunes. Los fines de
semana hay visitas guiadas para ver las 23.964 acuarelas, esculturas y
litografías que dejó Munch. Se puede llegar con el subte Este hasta la
estación Toyen, a pasos del Museo de Ciencias Naturales, o con el ómnibus
20 de Grogner Plass que va a Galgeberg, o con el 29 de Radhusplassen
hasta Hasle. Museo
de Vigeland: frente al Parque Frogner, Nobels gate 32; cuenta la
historia del gran artista Gustav Vigeland (1869-1943), a quien la
Municipalidad de Oslo le donó esta casa como taller, a cambio de que el
escultor le regalara a la ciudad sus trabajos. El museo contiene 1650
esculturas, 3700 tallas en madera y más de 11.000 dibujos de diferentes
proyectos del genial creador. En verano se ofrecen conciertos en el
patio del museo, cuya admisión es gratuita. Imperdibles Catedral
de Oslo: situada en Stortorvet (Plaza del Mercado), fue construída
entre 1694 y 1699 y restaurada, entre 1849 y 1850. Su altar y púlpito
datan de 1699, y luce vitrales hechos en 1910 por Emanuel Vigeland. Los
martes a la noche se realizan conciertos y los domingos, a las 11 y a
las 18, se realizan misas especiales, con toda pompa. Galería
Nacional: Universitetsgaten 13. La colección de arte del Estado noruego
reúne obras de artistas locales, así como obras de Matisse, Cézanne,
Picasso y Manet. Entrada gratis. Museo
Histórico: Frederiksgate 2; pertenece a la Universidad de Oslo. Se
trata de tres museos en uno: el Etnográfico, el Numismático y el de
Antigüedades, que incluye un tesoro con reliquias medievales de oro y
plata, además de joyas conservadas de botines de guerras vi kingas. Museo
de Artes Aplicadas: St.Olavsgate 1; reúne una colección de arte
escandinavo y foráneo, desde la época medieval hasta el presente. La más
completa selección de arte noruego en plata, cristal, madera, cerámica
y textiles. El orgullo del museo reside en el tapiz Baldishol realizado
en Hedmark en 1180, que es uno de los cinco tapices sobrevivientes de la
era romanesca. Trynvannstarnet:
al oeste de la ciudad, este nombre complicado pertenece al mirador más
alto del norte de Europa. Desde sus 110 metros sumados a los 500 metros
sobre el mar de la colina Trynnvan se ve todo Oslo, los fiordos, las
colinas y bosques circundantes. Tiene puestos de souvenirs, telescopios
para curiosear el paisaje, un bar y restaurante. Se llega por el tren de
la línea Hollmenkollen, desde el Teatro Nacional hasta la estación que
da nombre a la línea, en un viaje de 20 minutos y una caminata de un
cuarto de hora. Compras Pero
lo que más se vende son los mundialmente conocidos pulóveres noruegos
de coloridas guardas trabajadas estilos jacquard, herencia artesanal del
tejido artesanal lapón. En
los supermercados sorprende la increíble variedad de quesos y caviares:
rojas, rosadas, naranjas, negras y bordeaux. El salmón ahumado (laks)
es sorprendentemente económico. Pese
a que la carne de venado y el pescado son los platos típicos de la región,
no conviene irse de Oslo sin probar el escandinavo buffet conocido como
Smorgasbord o Smorrebrod. La traducción literal es pan con manteca,
pero el buffet verdadero es un despliegue de manjares como salmón
ahumado, ensaladas, encurtidos, variedades de caviar, huevos rellenos,
waffles y espectaculares tortas y pasteles con frutos del bosque. Fuente La Nación, octubre 1999 |
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Datos
útiles Alojamiento Más
información En Internet: http://www.oslopro.no |
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