tupagina.net

 

 

Oslo

 

Castillo medieval en Oslo

Vista desde el castillo de Akershus

 

La capital noruega está al norte de la perfección

OSLO, Noruega.- Edificios de lujo se funden con peatonales modernísimas, en las que se lucen cafés con cortinas de brocato y encaje iluminados por arañas de cristal. Las mesas se sirven con fina platería, cristalería y porcelana. Son tan concurridos como las bohemias cervecerías con mesas de madera al aire libre. Así es Oslo, elegante como pocas, donde todo está bien hecho y nada se improvisa.

Su proximidad con las grandes aguas también la define y condiciona, y le da un aire de libertad, la misma que sus antepasados vikingos gozaron al hacer del viaje un estilo de vida. Esa presencia constante del mar hace que en las plazas de Oslo no haya palomas, sino gaviotas y que sus habitantes siempre estén ansiosos por comunicarse con quienes llegan de otras tierras.

Casi todos hablan inglés, y es muy difícil detenerse a leer un mapa sin que alguien ofrezca su guía. Curiosamente, muchos hombres conocen muy bien Buenos Aires por haber trabajado como marinos a bordo de buques mercantes.

Los lugareños no sólo tienen apariencia de valerosos, sino una historia que da cuenta de ello: el ejército noruego fue uno de los que enfrentaron con mayor tenacidad a los soldados nazis en la Segunda Guerra Mundial. Esta época y otras están narradas en el Museo de la Resistencia en un viejo arsenal en el extremo de la fortaleza Akerhus.

Se trata de un castillo que data del 1300 y fue la casa de Harald, el último de los reyes, hasta que el rey Christian IV lo reconstruyó en 1588. Ahora el palacio es sede del gobierno y en él se festejan las fechas patrias.

Bygdoy y sus museos

Lo más recomendable es tomar una lancha que vaya hacia Bygdoy, un suburbio tranquilo a ocho minutos de navegación. En este barrio se encuentra el Kon-Tiki Museum, que exhibe la famosa balsa Kon-Tiki en la que el marino y estudioso noruego Thor Heyerdahl y sus cinco compañeros cumplieron la hazaña de cruzar el océano Pacífico, desde el Perú hasta las islas Raroia, en la Polinesia, para demostrar que pueblos de la América precolombina pudieron haber llegado hasta allí de la misma manera. Ahí también descansa la balsa Ra II, de 14 metros de largo, en la que Heyerdahl repitió otra travesía similar, pero en el Atlántico.

En el vecino museo del Fram se exhibe el barco homónimo que llevó a Fridtjof Nansen al Polo Norte en 1895-1896 y, en 1912, a Roald Amundsen al Polo Sur. Está abierto de marzo a diciembre.

La ciudad también tiene el Museo Marítimo Noruego, que conserva barcos de distintas épocas. Hay otros similares. Con el ómnibus 30 se llega al Vikinge Skipene, Museo de Barcos Vikingos y Hallazgos Arqueológicos, en Huk Aveny 35. Se trata de una impresionante colección de barcos vikingos rescatados del fondo de las aguas del fiordo de Oslo. Remos, lanzas, cuchillos, cascos y vajillas dan cuenta de la vida cotidiana de estos bravos marinos que se atrevieron a surcar mares lejanos, descubriendo que la Tierra era redonda siglos antes de que Colón hubiera nacido.

A metros de este sitio, el Museo Folklórico Noruego reúne en un bosque encantado a 170 casas históricas traídas de distintas regiones de Noruega, entre ellas la famosa Stave Kirke del siglo XII. Cada casa está equipada con vajilla y mobiliario auténtico de su época y región. Durante el día se observan talleres de artesanías, sesiones de ordeñe o de fabricación de quesos y mermeladas, en los que el público está invitado a participar.

El ambiente rural se mezcla aquí con la cultura ciudadana: una de las casas reconstruye el estudio del dramaturgo Henrik Ibsen, cuya tumba yace en el cementerio parquizado de Oslo.

Este museo al aire libre se viste de fiesta cada domingo, con bailes tradicionales, violinistas y acordeonistas que interpretan temas para que los pies se muevan solos.

Parques y bosques para caminar

De vuelta en Oslo y tomando el tranvía Nº 2 hasta la estación Majorstua -junto a la iglesia que le da nombre-, se encuentra el inmenso Parque Frogner, con un lago y caudaloso río, canteros de flores y bosques, senderos para recorrer en bicicleta y zonas delimitadas para hacer aerobismo.

Este predio es el sitio de reunión de la ciudad, y cuenta con un estadio deportivo, una pileta de natación pública, canchas de tenis y dos restaurantes. El atractivo principal lo constituyen las increíbles esculturas de Gustav Vigeland, famosas porque reflejan diversas expresiones y emociones humanas. Alrededor de una fuente se representa el ciclo de la vida.

Tomando el tren en las inmediaciones del Teatro Nacional, en 20 minutos se llega a Holmenkollen, la rampa de lanzamiento de esquí de caída casi vertical que fue sede de las Olimpíadas de Invierno.

La latitud ártica de Noruega permite que en los meses de verano los días sean larguísimos, con lo cual hay luz natural hasta las 10 de la noche. Tampoco así alcanza el día para descubrir todo lo que tiene esta ciudad.  

Imperdibles. Compras.

Museo de Munich: Munchmuseet, Toyengate 53; exhibe las obras del misterioso Edvard Munch (1863-1944), famoso por su representación del sufrimiento y la soledad humana. Como la mayoría de los museos noruegos, la entrada es gratuita, abre de 10 a 15 y está cerrado los lunes. Los fines de semana hay visitas guiadas para ver las 23.964 acuarelas, esculturas y litografías que dejó Munch. Se puede llegar con el subte Este hasta la estación Toyen, a pasos del Museo de Ciencias Naturales, o con el ómnibus 20 de Grogner Plass que va a Galgeberg, o con el 29 de Radhusplassen hasta Hasle.

Museo de Vigeland: frente al Parque Frogner, Nobels gate 32; cuenta la historia del gran artista Gustav Vigeland (1869-1943), a quien la Municipalidad de Oslo le donó esta casa como taller, a cambio de que el escultor le regalara a la ciudad sus trabajos. El museo contiene 1650 esculturas, 3700 tallas en madera y más de 11.000 dibujos de diferentes proyectos del genial creador. En verano se ofrecen conciertos en el patio del museo, cuya admisión es gratuita.

Imperdibles

Municipalidad de Oslo ( Rad: está frente al puerto y a la Oficina de Turismo. Visitas guiadas gratuitas muestran su rica decoración y su colección de pinturas y esculturas de los más importantes artistas noruegos.

Catedral de Oslo: situada en Stortorvet (Plaza del Mercado), fue construída entre 1694 y 1699 y restaurada, entre 1849 y 1850. Su altar y púlpito datan de 1699, y luce vitrales hechos en 1910 por Emanuel Vigeland. Los martes a la noche se realizan conciertos y los domingos, a las 11 y a las 18, se realizan misas especiales, con toda pompa.

Galería Nacional: Universitetsgaten 13. La colección de arte del Estado noruego reúne obras de artistas locales, así como obras de Matisse, Cézanne, Picasso y Manet. Entrada gratis.

Museo Histórico: Frederiksgate 2; pertenece a la Universidad de Oslo. Se trata de tres museos en uno: el Etnográfico, el Numismático y el de Antigüedades, que incluye un tesoro con reliquias medievales de oro y plata, además de joyas conservadas de botines de guerras vi kingas.

Museo de Artes Aplicadas: St.Olavsgate 1; reúne una colección de arte escandinavo y foráneo, desde la época medieval hasta el presente. La más completa selección de arte noruego en plata, cristal, madera, cerámica y textiles. El orgullo del museo reside en el tapiz Baldishol realizado en Hedmark en 1180, que es uno de los cinco tapices sobrevivientes de la era romanesca.

Trynvannstarnet: al oeste de la ciudad, este nombre complicado pertenece al mirador más alto del norte de Europa. Desde sus 110 metros sumados a los 500 metros sobre el mar de la colina Trynnvan se ve todo Oslo, los fiordos, las colinas y bosques circundantes. Tiene puestos de souvenirs, telescopios para curiosear el paisaje, un bar y restaurante. Se llega por el tren de la línea Hollmenkollen, desde el Teatro Nacional hasta la estación que da nombre a la línea, en un viaje de 20 minutos y una caminata de un cuarto de hora.

Compras
Los productos autóctonos noruegos son únicos e inconfundibles. Están hechos con materias primas nobles, como el asta o cuerno de reno (para cubiertos, ceniceros, señaladores, botones y collares), cuero de reno, oveja o foca (para alfombras, chalecos, sombreros, sacos, carteras y botas), madera labrada, encaje y cristal.

Pero lo que más se vende son los mundialmente conocidos pulóveres noruegos de coloridas guardas trabajadas estilos jacquard, herencia artesanal del tejido artesanal lapón.

En los supermercados sorprende la increíble variedad de quesos y caviares: rojas, rosadas, naranjas, negras y bordeaux. El salmón ahumado (laks) es sorprendentemente económico.

Pese a que la carne de venado y el pescado son los platos típicos de la región, no conviene irse de Oslo sin probar el escandinavo buffet conocido como Smorgasbord o Smorrebrod. La traducción literal es pan con manteca, pero el buffet verdadero es un despliegue de manjares como salmón ahumado, ensaladas, encurtidos, variedades de caviar, huevos rellenos, waffles y espectaculares tortas y pasteles con frutos del bosque.

Fuente La Nación, octubre 1999

 

Datos útiles

Cómo llegar

El pasaje aéreo ida y vuelta cuesta aproximadamente 1050 dólares con tasas e impuestos.

Alojamiento

En Oslo, una habitación doble en un hotel 3 estrellas cuesta alrededor de 120 dólares; uno de cuatro, 180, y uno de cinco tiene un valor que asciende hasta 240 dólares.

Más información

En el Consulado de Noruega, de lunes a viernes, de 9.30 a 14; en Esmeralda 909, 3º B; 4312-2204.

En Internet: http://www.oslopro.no

 

Oslo


Salir