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Mauricio

 

Mare Au Lubine

Coin De Mire

Playas de arena de Mauricio

 

Asia, Africa y Europa, en el Indico
Mauricio conquista todos los sentidos

Colinas, cañaverales y playas bañan de colorido a esta isla que se asoma como un punto en el mapa, cerca de Africa

Tomar sol es uno de los pasatiempos preferidos

Hay hoteles suntuosos que ofrecen actividades para satisfacer todos los gustos

Los matices orientales dan el toque exótico

PORT LOUIS, República de Mauricio.- Un numeroso grupo de mujeres y niños hindúes participan de una ceremonia en una playa dorada bañada por las aguas del Indico. Ellas ofrendan frutos a los dioses a cambio de prosperidad y protección para su familia, y vierten incienso en un mar turquesa, custodiado por barreras de coral.

Parecería que todo está preparado para el rodaje de una película. Las sonrisas tímidas, el fuerte contraste de los saris de colores vívidos, la brisa que juega con las gasas, el murmullo del mar, todo bajo el sol radiante del mediodía.

Esta escena no transcurre en la India, se repite a diario en esta isla, una joven república perdida en el océano, a 4 horas de vuelo de Johannesburgo.

La belleza de las verdes colinas, los caminos serpenteantes entre tupidos cañaverales, las elegantes palmeras y playas doradas constituyen uno de los principales atractivos, pero no el único. La esencia, lo que define la singularidad de la isla, también está dada por su población multicultural, como consecuencia de haber sido conquistada y reconquistada en varias oportunidades por portugueses, holandeses, franceses e ingleses, hasta que obtuvo su independencia en 1968.

Mauricio recibió nada menos que influencias de tres continentes: Africa, Asia y Europa. El abanico cultural está a la vista cuando se toma conocimiento de que el idioma oficial es el inglés, se conduce por la izquierda, la moneda es la rupia y el lujo francés.

Casi el 50 por ciento de la población es descendiente de indios que llegaron para trabajar en los cultivos de la caña de azúcar, una de las principales industrias. Otro 20 por ciento está representado por musulmanes, un 5 por ciento por comerciantes chinos y el resto por africanos provenientes de Mozambique y Madagascar. Atesorando el legado de tres continentes, esta isla encara hoy la conquista de los mercados turísticos más fuertes del mundo. Algunos ya se rindieron.

Del tamaño de un pañuelo

Mauricio, cuyo nombre le fue otorgado en honor del Príncipe Mauricio de Nassau, es una isla pequeña, que tan sólo posee 64 kilómetros de largo por 45 de ancho. El 50 por ciento de su superficie está destinada al cultivo.

Al sobrevolar la isla, minutos antes de llegar al aeropuerto Plaisance en el sudeste, pueden apreciarse los dibujos de un rastrillo sobre todo el relieve, si la vista no se desvía a las aguas que encierra la barrera coralina, con contraste celeste y turquesa. El aeropuerto está a 45 kilómetros de Port Louis -la capital-, en la otra punta de la isla. De todas maneras casi nadie visita la ciudad, bastante bulliciosa, el primer día que llega, porque la mayor parte de la hotelería está algo alejada.

Los establecimientos están dispersos entre pequeños poblados de casas bajas, donde la vida transcurre tan apacible como el vaivén de las olas. La suntuosidad de los hoteles jerarquiza a la isla como un destino de categoría 5 estrellas. El personal dispensa un trato cordial y hospitalario, y recibe a los huéspedes con atuendos de corte oriental. La sobria combinación de colores de los interiores, piscinas cuyos bordes rozan el mar, los techos de hojas de caña de azúcar, los delicados aromas de incienso que impregnan los ambientes y los jardines de flores exóticas demuestran que nada está librado al azar. La atmósfera francesa adopta matices asiáticos y africanos, haciendo de cada espacio un lugar de relax.

Hay varios sitios con hoteles. Uno de ellos circunda Le Morne, una montaña en una península del sudoeste, que parece una piedra oscura gigante, símbolo de una triste historia. Cuando se abolió la esclavitud, algunos esclavos que permanecían escondidos allí desconfiaron de que serían libres y se suicidaron. Pese a esa circunstancia, la montaña conforma un escenario imponente para los resorts que no superan más de un piso de altura, de acuerdo con las disposiciones que rigen en la isla.

Otra área hotelera es la de Flic-en-Flac, próxima al pueblo. El nombre del lugar responde a una onomatopeya: el chapoteo de los pájaros sobre el agua. En la costa este, en la zona de Belle Mare, hay playas más bellas y puestas de sol para disfrutar minuto tras minuto.

Sol y privacidad

La mayoría de los visitantes son parejas y familias. Se realizan muchas bodas y hasta se puede reconfirmar el amor mediante un segundo "sí quiero" en una capilla de techos de caña, frente al mar, acompañados por una corte de músicos.

Si bien en Mauricio todas las playas son públicas, la tranquilidad y la privacidad son una constante. Muchos se entregan a los placeres del sol, se dedican a la lectura y los deportes acuáticos. Personas del ambiente artístico, miembros de la realeza y primeros mandatarios suelen frecuentar la isla, como el príncipe Carlos acompañado por Camila, y la modelo Naomi Campbell, entre otros.

Exclusivo para damas

Mientras el cuerpo se dora al sol, es posible ser interrumpido por un camarero con porciones de pizza o algún aperitivo. Otras distracciones agradables, especialmente para las mujeres, son las de los vendedores ambulantes, que no ofrecen pareos comunes, sino de coloridas gasas y sedas. No hay dama que se resista a pasearse con esas prendas por la orilla del mar, ni marido que después la deje pasear solaÉ En cuanto a los deportes acuáticos, se puede acceder gratuitamente a buena parte de ellos en los hoteles, excepto el buceo y algunas salidas de pesca. Hay una práctica muy original en la isla que es la de realizar una caminata submarina provistos de una escafandra. En el hotel The Residence se practica a menos de 4 metros de profundidad, con un previo entrenamiento, para disfrutar de la flora y fauna marina.

Las cálidas aguas del Indico son conocidas por alojar tiburones de todo tipo, pero gracias a la barrera de coral es imposible que se cuele alguno. No obstante, dicen que no hay nada que temer porque los tiburones mauricianos son vegetarianos como los hindúes... Es uno de los chistes favoritos de Indira, una guía de habla española.

La pesca del merlín, entre una gran variedad, es otra de las actividades favoritas. Mauricio acumula varios récords mundiales: pescaron un tiburón azul de 180 kilos y un shako de más de 500.

El mar no es todo. La cultura tampoco. El estilo europeo se fusiona con el asiático. Mientras tanto, los turistas disfrutan de cada uno de los atributos de esta exótica isla.

Port Louis, para salir de compras

PORT LOUIS.- Esta capital, fundada en 1785 por el gobernador francés Mahé de Labourdonnais, está enclavada frente al puerto natural. Las casas bajas y los monumentos históricos rivalizan con edificios altos y modernos, pero la elegancia del pasado todavía se conserva, especialmente en la Casa de Gobierno, la Plaza de Armas, el Teatro Municipal y la Suprema Corte que poseen un estilo colonial francés, del siglo XVIII.

Esta ciudad concentra la mayor actividad económica de la isla. Actualmente aloja 160.000 habitantes, que representan el 15 por ciento de la población de la isla. Se suma el ingreso diario a la urbe de 100.000 personas y el calor que se concentra en las calles de cemento, debido al semicírculo de montañas que abrazan la ciudad.

A este puerto llegan contenedores de mercadería que se distribuye por todo el territorio. La principal industria se sostiene en los derivados de la caña de azúcar.

Un buen trago

El ron saborizado con frutas o, como ellos dicen, arreglado que luego desarregla es uno de sus productos. Se puede tomar solo o emplearlo para hacer tragos.

Las fábricas textiles generan también la mayor parte de sus ingresos. Trabajan marcas de primer nivel, entre ellas Levi's, Polo Ralph Lauren, Diesel, cuyos remanentes constituyen un atractivo para hacer excelentes compras, tanto en las tiendas de las fábricas como en algunos locales de la pequeña urbe. De todos modos hay que tener buen ojo para no ser engañado con imitaciones.

De todo y para todos

Frente al puerto yace el moderno y lujoso Le Caudan Waterfront, similar aunque en menor escala al Waterfront de Ciudad del Cabo, donde puede adquirirse ropa de primeras marcas, vestimentas de estilo indio, canastos, artesanías de madera, aceites aromáticos y veleros antiguos trabajados a mano, que son los souvenirs más representativos de Mauricio. Se trata de pequeñas réplicas, que muchas veces insumen 200 horas de trabajo.

En el mismo paseo de compras es posible almorzar o cenar en el patio de comidas. Hay variedad para todos los gustos. Quien quiera optar por algo rápido dispone de un fast food indio donde sirven biryani (arroz con pollo, con comino o con vegetales), pulpo picante; vindaye (mostaza con cúrcuma, que es un tipo de azafrán) todo picante en general.

Si se dispone de más tiempo, hay variedad en restaurantes hasta un Pizza Hut para encontrar sabores más familiares.

En el complejo también se suman un casino, cines, un Hard Rock Café y el hotel Labourdonnais, de 5 estrellas, en el que se hospedan principalmente viajeros de negocios.

El mercado de especias

A menos de dos cuadras del Waterfront está el mercado de especias de la ciudad, circundado por tiendas de recuerdos y locales de ropa. Salir del shopping e internarse en el mercado es un cambio abrupto, pero mucho más interesante y no precisamente por las compras que puedan realizarse. En el mercado todo abunda: variedad de frutas, vegetales, pescados, el fuerte aroma de las especias e incienso, los gritos de los vendedores y el desfile mujeres indias y musulmanas.

Los vendedores invitan a los turistas a acercarse a los puestos exclamando Bon jour! con una sonrisa abierta y la mercadería bien apilada, dispuestas sobre mesas.

También están los que venden remeras con motivos de la isla y pareos. Ellos son los que salen a la caza desde los puestos, o vaya a saber de dónde. Irrumpen de la nada. Un joven vendedor de profundos ojos negros, Mohamed, insistía en probar los pareos con tal de persuadir a sus presas.

El regateo es tan recurrente como necesario para los turistas, porque los precios no están señalados. Es preciso negociar hasta un paquete de azafrán, sin exagerar.

El primer precio siempre es desmesurado y le llenan una bolsa de mercadería sin saber uno lo que ponen dentro. Las buenas compras dependen del ingenio a la hora de argumentar.

A la hora de mover las caderas

Música en vivo y noches inolvidables

El carácter multicultural de la isla también se puede disfrutar durante largas veladas. La noche puede ser vivida a pleno en los hoteles, sin necesidad de tener que movilizarse.

Con un menú especial o cena buffet se puede saborear comidas japonesas, indias, africanas, francesas, entre otras. Y la propuesta siempre llega acompañada de espectáculos con bandas en vivo y bailarines.

En el Club Savanne, el restaurante africano del hotel Beu Rivage, en la costa este, las cenas proponen desafiar al paladar con platos exóticos. Uno de los menús del chef francés Patrice Dumont es un carpaccio de avestruz de entrada, seguido por un ragout de cocodrilo como plato principal. Sí, una colita cortada en rodajas finas, bañada con una crema condimentada con tantas especias de la India imposibles de imaginar.

Mientras uno se acostumbra al sabor de esta carne, se escucha el sonar de tambores -cada vez con mayor intensidad- hasta que una tribu africana masai mara ingresa en el restaurante, ambientado con motivos del continente negro.

Los cuerpos comienzan a sacudirse frenéticamente al compás de los tambores, al tiempo que se acercan a las mesas, mientras uno todavía trata de asociar el gusto del cocodrilo a otras carnes. ¿Tal vez rana?, se preguntan los que la probaron.

Los guerreros masai empuñan un escudo y comienzan a dar giros en el lugar, levantan las piernas y saltan muy alto. Con cantos interrumpidos por gritos tribales, las mujeres vestidas con seductores mallas de piel de leopardo y cascabeles en los tobillos agitan bruscamente los brazos y las piernas como si estuviesen poseídas. La experiencia es tan fuerte como el sabor del cocodrilo.

De esta manera, cada cena ofrece un espectáculo distinto, muy bien producido porque forma parte de la riqueza cultural de esta república. Los movimientos ondulantes de caderas de las bailarinas indias y la cadencia del sega, baile típico de Mauricio también invitan a subir a la pista para abandonar el rol de espectador y animarse.

Los hindúes de la isla tienen un Ganges propio

Es el lago sagrado del Parque Nacional Black River Gorges

Se trata del santuario más importante de Mauricio

Congrega anualmente a todos los devotos durante la peregrinación Maha Shivaratree

BLACK RIVER, Mauricio.- Imaginar la isla sin el misticismo de los hindúes mauricianos sería como despojarla de uno de sus mayores encantos. Es común encontrarlos a un costado de la carretera venerando a sus dioses, en un verde bosque, junto al mar, o en los templos erigidos en pueblitos y pequeñas ciudades. Pero el sitio que ningún visitante debe dejar de conocer es el Ganges de Mauricio, situado en el Parque Nacional Black River Gorges, cuyas 6574 hectáreas a 700 metros de altura conforman el hogar de pájaros y plantas exóticas. En este caso no se trata de un río, sino un lago, lo que restringe ciertas prácticas religiosas como el derrame de las cenizas de los muertos.

Más allá de esta prohibición, los rituales son tan importantes como en su homónimo. Uno de ellos es el Maha Shivaratree, que se celebra anualmente, en febrero, en honor del dios supremo Shiva. Todos los devotos de la isla llegan en procesión a pie para elevar sus plegarias. Durante la peregrinación, que dura tres días -incluye una noche de vigilia-, las mujeres desfilan vestidas de blanco y juntos llevan arcos de madera revestidos con flores. Dejan en ofrendas frutos, como nueces, cocos, bananas y aceites, y llevan a sus hogares agua del lago sagrado.

Imágenes de la India

El Ganges mauriciano está rodeado por algunos templos. Uno de ellos, es el Hindú Dharma Saiv Shacti Parivar Mandir Sabha, que está sobre un volcán extinguido. Las imágenes veneradas no sólo se pueden contemplar en sus interiores, sino también en la intemperie. Desde allí, a pocos pasos se desciende hasta el lago, donde el olor a incienso y aceites invade la frescura de las alturas. El escenario del santuario es cautivante. Hay rampas que sostienen varias figuras sagradas sobre el agua, sobre un fondo de templos y colinas. Una de las imágenes es el Mono Hanuman, cuya bandeja con vegetales simboliza una colina con hierbas medicinales. A él le piden salud y protección contra las cosas negativas. En otra de las rampas está la diosa Ganga -que significa Ganges en hindi-, que puede reconocerse por sus dos pares de brazos. A sus pies bautizan a los niños.

Afuera también hay una escultura tallada en piedra de Shiva, bajo los cuellos de las serpientes. Los hindúes creen que su dios supremo tiene en su garganta más veneno que las serpientes y que lo tragó para salvar a la humanidad del mal. Dicen que, si lo escupe, todo volverá a la nada.

Entre otras figuras sagradas está Durga, la diosa de las novias y del matrimonio, vestida en rojo y dorado, y la vaca sagrada, que es considerada una segunda madre porque alimenta con su leche. Por eso no se la come y le entregan ofrendas.

Para ver los rituales es necesario tener paciencia y esperar, porque es un lugar distante, pero siempre se encuentran los frutos que los fieles entregan a los dioses, si es que los baboons (monos) de la reserva no se lo roban todo en un rápido y efectivo asalto, como sucede a menudo. Es recomendable hacer la visita acompañado de un guía, y si es hindú el paseo será mucho más enriquecedor.

 

 

Datos útiles

Cómo llegar: la ida y vuelta a la isla Mauricio, volando por South African Airways, con escala en Johannesburgo, cuesta 1420 dólares más impuestos.

Alojamiento: la habitación en un hotel de 3 estrellas, con media pensión, sale 175 por noche. En uno de 4 estrellas, 250 y en uno de 5, 330.

Movilidad: el alquiler de un auto categoría B (VW Polo) sale 70 dólares diarios.

El traslado del aeropuerto al hotel en helicóptero sale 500 dólares, y pueden viajar hasta 4 pasajeros.

Actividades: crucero de 7 horas, por persona, cuesta 100 dólares. Una caminata submarina con escafandra, 35; viaje submarino, 45: alquiler de un barco para realizar pesca de altura, 190 dólares (entran 4 pasajeros). Un tour por la capital, Port Louis, tiene un costo 45 dólares y un shopping tour, 30.

Compras: los shoppings de Port Louis funcionan de lunes a viernes, de 9.30 a 17.

Los mercados callejeros abren a las 6 y los vendedores abandonan los puestos a la 19, de lunes a sábados; mientras que los domingos trabajan de 6 a 12.

Visa: no se necesita.

Más información: TC Asociados: Santa Fe 936, 6º piso, Capital Federal. 4312-3245.

En Mauricio: Autoridad de Promoción Turística de Mauricio (MTPA): Air Mauritius Centre, piso 11, John Kennedy, Port Louis. E-mail: mtpa@intnet.mu

Oficina de informes: en el Waterfront de Port Louis. 230-208-6397

Dirección en Internet:

http://www.mauritius.net

 

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