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Cerdeña,
amor a primera vista Muchas
variantes ofrece esta bucólica isla, llena de pueblos, paisajes
coloreados y personajes salidos de algún cuento CAGLIARI.-
Situada en el corazón del Mediterráneo, Cerdeña exhibe en cada pueblo
un crisol de legados culturales, marcas indelebles de una decena de
civilizaciones dominantes. Porque por el mismo mar que llegaron los
fenicios lo hicieron más tarde los púnicos, romanos, bizantinos,
genoveses, pisanos, catalanes, piamonteses... De ahí que ésta, una de
las regiones europeas menos habitadas, salte a la vista como un
verdadero museo al aire libre. Sin embargo, para descubrir los tesoros más
preciados del lugar sólo basta con emprender una de las tantas
excursiones que, como en una máquina del tiempo, viajan hasta la Edad
del Bronce. De
esa época (entre el 1600 y el 900 a.C.) datan los nuraghes, que fueron
utilizados primitivamente como refugios y luego para viviendas,
agrupadas en pequeños poblados. Asoman a la vista como un conjunto de
torres de diferentes alturas, unidas entre sí por corredores, y
rodeados de murallas. Parece increíble que aún se conserven siete mil
de estas construcciones vacías, levantadas sin cal ni cemento, únicamente
gracias a la superposición de bloques de piedra, rocas pequeñas y
arcilla. Pero es tan cierto como la historia que cuentan. En tiempos de
paz vivían allí los pastores guerreros y sus familias; durante las
luchas, servían como refugio para la población. Los
monumentos de la etapa nurágica, como los templos a pozos (de culto a
las aguas) y las sepulturas colectivas -como las Tumbas de Gigantes- son
sólidos testimonios de un pueblo que vivía de la cría del ganado y,
al mismo tiempo, atractivos que justifican en sí mismo un completo
recorrido por cuatro provincias de tierra antigua. Según
la leyenda, cuando Dios creó al mundo le sobraron algunas piedras; las
pisó y tiró sus pedazos al mar. Después sí pudo descansar, bromean
entre sardos. Los nativos llaman a la isla la más oriental de las
regiones occidentales o microcontinente, porque resume la geografía de
la península itálica. Esta última definición desafía a salir a la búsqueda
de paisajes disímiles. Por
dónde comenzar Si
bien gran parte del patrimonio arquitectónico de este lugar con mucha
piedra blanca se perdió después de los bombardeos de la Segunda Guerra
Mundial, su cuadro urbanístico de angostas y sinuosas callecitas
conserva todavía viviendas del siglo XVII. La
zona más alta, el Castello, revela la maestría de los pisanos
en torres como la dell'Elefante y San Pancracio, vecinas a la Plaza
Arsenale. Era el barrio de los dominadores, estrictos dictadores de
normas y penas severas. Los judíos, por ejemplo, sólo podían pasar
por allí en horarios determinados, con un distintivo amarillo. Desde
el norte de la metrópoli, haciendo foco en el puerto, se accede a un
punto panorámico de este gran golfo que mira a Africa. La
cara natural de Cagliari se advierte en los colores de sus jardines, en
sus doce kilómetros de playas, en las lagunas semisaladas habitadas por
colonias de flamencos rosados (la pigmentación intensa de esta especie
deriva de su alimentación: comen pequeños cangrejos colorados). Imperdible Tampoco
es posible perderse un miniviaje hasta la formación arqueológica más
importante de la isla, declarada Patrimonio de la Humanidad por la
Unesco. El nuraghe Su Nurxai, en Barumini, está situado en la misma
provincia de Cagliari. La
marca del arbolito Rumbo
a Oristano, el paisaje sufre un cambio abrupto y compone una postal de
verdes claros e intensos. Son varios los puntos que seducen al visitante
en la provincia representada por un simpático arbolito; sin ir más
lejos, la ciudad que toma su nombre. Una
estatua que señala el cielo con su mano derecha es lo primero que llama
la atención en el centro histórico. Esa pálida mujer es Eleonora de
Arborea, una emblemática figura de la liberación, que en su tierra
comparan con Juana de Arco. Mientras se contempla tamaño monumento,
nada como tener cerca a un sardo dispuesto a repetir de memoria un
relato impregnado de admiración y afecto sobre este mito local. Oristano
es, también, el lugar de la Sartiglia, la fiesta ecuestre
popular más importante de las que se suceden en el año, además del
destino preferido de los naturalistas. A 18 kilómetros, en Ala Birdi,
una cooperativa de casas de campo se dedica al agroturismo. Y es en
Arborea, la región más fértil de la isla, donde se organiza la mayoría
de las excursiones de ecoturismo. Es famosa la travesía a caballo por
los montes centrales. Una
anécdota sobre Cabras Dos
columnas desentonan con el aspecto de las centenarias construcciones.
Hasta un niño se daría cuenta de que son falsas. Pero por su causa, la
estafa no ofende. En la década del 60, un arqueólogo napolitano emplazó
los dos pilares de cemento en medio de las ruinas y se sacó algunas
fotos junto a ellas, que luego las envió a Roma. El inocente engañó
surtió efecto. Al poco tiempo se obtuvieron los fondos necesarios para
realizar más excavaciones. Para
comprobar que la afamada magia del complejo de Santa Cristina existe hay
que viajar hasta Paulilatino. El pozo nurágico es considerado una de
las más altas expresiones de la Edad de Bronce por su orientación
astronómica perfecta: cada 18 años y 6 meses, la Luna proyecta un rayo
al centro de la fosa que se propaga al exterior. Muy cerca de allí, en
Abassanta, es posible ingresar en el nuraghe Losa, con interiores
iluminados artificialmente para reproducir la luz que en sus tiempos
arrojaban las antorchas. Antes
de abandonar la provincia no debe excluirse un alto en Bossa, la
pintoresca ciudad declarada patrimonio nacional, nacida a los pies del
castillo de Malaspina y atravesada por las aguas del río Temo. Entre
pinetas y eucaliptos, los olivares plantados por los jesuitas en
los alrededores de Alghero señalan el acceso a Sassari. El
autóctono alcornoque y los margariones (una especie similar a la
palmera, adaptada al clima europeo) dan el presente en un nuevo cambio
de ambiente. Muchas
de las colinas siempre visibles en el subibaja del terreno exhiben
orgullosas torres españolas que custodian esta ciudad. Sin
duda, Capo Cacia -el extremo de la Bahía de Puerto Conte que más se
adentra en el mar- es el sitio indicado para perder unos cuantos minutos
de marcha y escuchar los rumores del viento. Vale
el intento de capturar desde allí la fotografía para la portada del álbum
de viaje. Este
es el sendero obligado para llegar a la Escala de Cabriol, único acceso
terrestre a la Gruta de Neptuno. Nadie que sueñe con develar los
secretos del mar puede obviar esta excursión. Por
el precipicio Como
en un juego de fantasías, los expedicionarios encuentran en las
formaciones calcáreas diferentes dibujos. Muchos
señalan el árbol de Navidad mientras otros permanecen boquiabiertos
junto a la llamada Recámara de Encajes. Olbia
(la feliz) se destaca como puerto turístico más importante de
Cerdeña y primer destino de quienes piensan en veranear en las playas más
preciadas. Desde
el turquesa hasta el azul marino, pasando por el verde que bautiza con
su tonalidad a la llamada Costa Esmeralda (ver recuadro), el mar
multicolor serpentea alrededor de la isla. Y en esta tierra antigua donde todo se expresa con metáforas, el paisaje termina de teñirse con el gris verdoso de la vegetación, el rojo de los alcornoques descortezados, el oscuro plateado del olivo. Muy
profundo Además
de su importancia en el ecosistema, grandes masas de hojas se acumulan
en las playas al finalizar el invierno: una protección natural para
conservar las costas arenosas y disminuir los efectos de la erosión. Por
eso, cuando en mayo se inaugura la temporada cálida, levantan estos
mantos que dejan ver las arenas blancas. Y es gracias a la existencia de
este pulmón verde que los turistas se enamoran de fondos de más de 40
metros de profundidad. Nuoro,
capital de la Barbarie. Según pasaron los años. Esmeralda a toda
costa. Nuoro,
capital de la Barbarie Hasta
la década del 50 los pastores eran muy pobres, comían poco, llevaban
una vida difícil. Ahora la situación no es la misma: formaron una
suerte de consorcio, exportan productos y viven en mejores condiciones
que los obreros. Sin
embargo, por la ruta que une Orosei con Fonni se penetra en la región más
íntima de la isla. Orgosolo sale al paso escondiendo su apodo de cuna
de bandidos. Pero el sobrenombre inquieta a los curiosos, que no paran
de preguntar por su origen. Hay
un proverbio sardo que dice roba quien llega del mar. El sentencioso
refrán habla de las susceptibilidades a las dominaciones sufridas y
explica el origen púnico de estos delincuentes que -a toda costa-
quieren permanecer en libertad. Leyenda
o no, cuentan que actualmente son 27 los buscados, especialistas en
secuestros de personas, que operan en bandas de a ocho y luego se
separan para no dejar rastros. Dicen, también, que para recibir el
dinero del rescate con mayor rapidez envían un pedazo de la oreja del
rehén a sus familiares. De encontrarlos, se los condena a la pena más
alta: 30 años. Estas
historias policiales son motivo suficiente para justificar que esta región
de la provincia de Nuoro reciba el nombre de Barbarie. Allí
se conserva la mayoría de las tradiciones. Una experiencia sin igual es
pasar un día junto a una familia de pastores adoptando sus costumbres
diarias: comer una entrada de quesos, leche caldeada, prosciutto y
olivas; degustar un cordero recién asado y terminar el almuerzo con
dulces caseros. Sigue
una inspección al Supramonte (en vehículos 4x4) y se clausura el día
al atardecer con un trekking de ascenso al monte Novo San Giovanni.
Desde la cima se puede ver la Punta La Marmora (1834 metros), el pico más
alto del cordón del Gennargentu. Pero aunque con frecuencia se defina a
Cerdeña como una isla- montaña, a las asperezas del relieve les falta
el elemento que más las caracteriza: la altura. Según
pasaron los años La
cultura que caracteriza la prehistoria de la isla, llamada Ozieri o de
San Miguel, llega 2700 antes de esta era. Entonces sólo se cultivaba,
cazaba, pescaba para subsistir; la gente fabricaba utensilios de piedra
y producía vasijas de uso ritual. Los pueblos se establecían cerca del
agua y surgía el desarrollo de las necrópolis excavadas en la roca
(casas de hadas). Eran tiempos de magia y religión. En
la Edad del Cobre -2700-1800 a.C.- Cerdeña conoce nuevas civilizaciones
y, con la afirmación de la Edad de los Metales, la era de los nuraghes,
notables ejemplos de ingeniería militar. Los sardos mantienen contactos
comerciales con los fenicios, que se establecen en el siglo VIII a.C.,
fundan puertos y colonias en las costas. Dos siglos más tarde es
conquistada por Cartago. De las ciudades púnicas se conservan murallas
y edificios termales. Desde
el 227 a.C. la isla vive frecuentes revueltas contra los romanos que,
con su conquista, se aseguran el dominio del Mediterráneo. Después
de un breve dominio vándalo, en el 534 se inicia el período bizantino
que dejó ejemplos significativos de su cultura, religión y arte. A
partir del siglo VIII, el control árabe transforma la isla: nace el
modelo de organización política en reinos autónomos. En
el 1100, genoveses y pisanos irrumpen en escena y la producción
cultural tiene impronta itálica. En
1297 se concede el Reino de Cerdeña y Córcega a la Confederación
Catalanoaragonesa que, en pocos años, ocupa los territorios pisanos. Se
suceden batallas hasta que en 1410, el territorio pasa a la corona de
Aragón. Pero durante la guerra de sucesión española queda en dominio
de los austríacos. De
1720 a 1847 es el período piamontés. En 1848 comienzan las guerras de
independencia que llevarán a la unidad de Italia. Desde 1861, Cerdeña
pertenece al Estado italiano; actualmente es una de sus regiones autónomas.
Esmeralda,
a toda costa Los
poblados que descansan sobre el Mediterráneo en el nordeste de Cerdeña
parecen reproducciones de libro de cuento. Sin excepción, la
arquitectura armónica que identifica el trazado de la renombrada Costa
Esmeralda emplea materiales locales, diseños típicos pintados en la
gama de las tierras, azules y pasteles. Exclusiva como pocas, en esta
margen se concentra la oferta turística no apta para bolsillos flacos:
clubes de golf, hoteles cinco estrellas y de lujo, todos con playas
privadas e impecables balcones que se asoman sobre un mar a pintitas (de
fondo esmeralda y lunares turquesas). El
centro recreativo de la zona es Porto Cervo -sitio de descanso para
suntuosos yates-, donde se despliega la actividad nocturna de
restaurantes, bares y discotecas. Este extremo de la isla también sirve de trampolín al archipiélago de la Magdalena y al parque nacional del mismo nombre. Para recorrerlo basta con un día de navegación a bordo de una embarcación pequeña. Fuente La Nación mayo 2000 |
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Datos
útiles Alojamiento Salidas Excursiones Más
información Ente Nacional Italiano de Turismo (ENIT), Córdoba 345, de lunes a viernes, de 10 a 12 y de 15 a 17; 4311-3542. |
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