|
|
|
|
Que las hay, las hay, y románticas Son las brujas, pero ninguna como la que lleva el nombre de esta ciudad belga, con su aire seductor del medioevo Existe una relación directa entre el romanticismo que caracteriza a una ciudad y la presencia de agua cercana a ella. Las ciudades más cutivantes son las están junto a un lago, un río o a orillas del mar. Basta imaginar a París sin el Sena, a Roma sin el Tiber y a Venecia sin sus canales para saber cómo perderían gran parte de su encanto. Brujas es una de las ciudades más seductoras de Europa. No está junto a un río caudaloso, junto a un lago, ni junto al mar, pero está surcada por canales intrincados cruzados por puentes antiguos que le dan un aire totalmente romántico. Aunque el nombre de esta ciudad resulte inquietante, en realidad se trata de la castellanización de la palabra flamenca brugge, que significa puente. Los puentes son su paisaje permanente, y ellos enlazan los distintos sectores de la ciudada la vez que sirven de comunicadores para cisnes que pueblan sus aguas, rompiendo los reflejos de las casas medievales con la estela que dejan a su paso. Vida de reyes Esta ciudad fue en la Edad Media una de las más ricas del Viejo Continente, porque era paso obligado de los buques mercantes que surcaban el Mar del Note. El fasto de sus fiestas deslumbró a reyes y reinas. Entre parques verdes, plazas arboladas, colinas suaves, callejuelas empedradas y entre casonas medievales se extiende esta ciudad deliciosa y única. Se la conoce mejor en bicicletas que se alquilan en locales cercanos a la estación. De esta manera podemos acercarnos a las plazas Burg y Markt, del centro histórico, para disfrutar en delicioso crépe o un gauffre, también conocido como waffle, un panqueque a la plancha que es invento belga. Tambien abundan los puestos rodantes de venta de papas fritas que se venden en cartuchos de papel y que los belgas suelen rociar con abundante ketchup y demasiado vinagre. En la Markt Platz se encuentra la torre o belfry del siglo XIII, con su campanario de 82 metros de altura y su carillón de 47 campanas que ofrece concienrtos de verano a las 21. Las belfrys eran el simbolo honorario de la ciudad, y nada peor podía pasarle a un ciudadano que el rey se enojara con sus subditos y mandara derrumbar el campanario. A la torre se puede acceder subiendo 366 escalones para obtener una vista panorámica de la ciudad. Una iglesia que llega al cielo El monumento más es la iglesia de Notre Dame, un fabuloso edificio gótico con una haltura de 122 metros y cuyo más preciado tesoro es una pequeña estatua de Miguel Angel representando a la Virgen con el Niño. La plaza central se conserva como en tiempos medievales con un vistoso conjunto de edificios de techos a dos agus, como los antiguos tribunales, el Ayuntamiento, y la basilica de la Sagrada Sangre, que guarda la reliquia de la sangre de Cristo traida por Dietrich (o Tierry) de Alsacia, conde de Flandes, desde Jerusalen durante las Cruzadas. Cada lunes siguiente al 2 de mayo una enorme procesión lleva la sangre a través de calles y puentes en una deremonia estremecedora. Viendo tan majestuosas construcciones, uno se pregunta por qué tanta ostentación de riquezas en un perdido pueblito del campo flamenco. Lo que sucede es que Brujas nunca tuvo un pasado anónimo. En tiempos feudales, se hizo famosa por haber sido escenario de sangrientas contiendas entre terratenientes y campesinos. También fundo una liga hansática y manejó muy bien los comercios en su puerto, durante la Edad Media. Mas tarde fue un centro financiero mundial. La familia Van der Beurze originó, en el 1400, el sistema de especulación en la Bolsa de Valores y acabó donando su casa para que siguiera funcionando a tal efecto. Hoy el edificio Ter Beurze se puede visitar como reliquia arquitectónica. La riqueza de que gozó esta ciudad se aprecia tanto recorriéndola a pie como en los paseos en cruceros por los canales y en carruajes tirados por caballos. Al norte del centro histórico se halla el distrito de Sint Annakwartier, que es el centro mundial del encaje, la artesanía belga más famosa. Unos tras otros, los ventanales de casitas bajas muestran damas de variadas edades la moyoría de ellas ancianas ataviadas con la típica ropa flamenca de terciopelo negro o brodó, cuellos de encaje y cofia, tejiendo intrincadisímos motivos con fino hilo de lino de algodón con los que se arman manteles, cortinados, cubrecamas, carpetal y preciosos cuellos y puños para ropas. Tratándose de trabajos tradicionales y netamente artesanales, nada de esto es barato. En el mismo barrio se puede visitar la Jeruzalemkerk, un templo que es copia fiel de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. Otra zona también interesante de los alrededores es el Boudewijnpark. Se trata de un centro cultural, deportivo y de esparcimiento, que tiene una pista de hielo olímpica, piletas de natación, galerías de arte y un delfinario que brinda espectáculos al aire libre hasta octubre. Al lado del río, los molinos Otra de las atracciones de Brujas son los viejos molinos de viento (en perfecto estado de consercavión) , que se encuentran junto al río que rodea la ciudad y a los que se puede llegar dejando de pedalear y disfrutando la bris fresca con la mirada llena del verde de los prados salpicados de ampolas silvestres. Si uno va solo a Brujas, nota que enseguidda se le acaban los rollos de fotos. Si va en pareja, se vuelve a enamorar entre puentes, cisnes y callejuelas empedradas. Si va en verano, la frescura de la brisa, el agua omnipotente y las plazas arboladas aseguran un descanso agradable. En invierno, el aroma del café molido, de los finísimos chocolates belgas y de la manteca derretida en la que se doran los crépes hace que el desfrute de esta ciudad sea completo. Imperdibles Los mantes del arte no deben dejar de visitar los museos de Brujas, como el Groeningue y el Memling, que guardan obras de artistas flamencos como Van Eyck, Van der Weyden, Bosch y Hans Memling, entre otros tesoros pictóricos que abarcan a artistas belgas y holandeses del siglo XV hasta la actualidad. El museo Memling está en el edificio que fue el hospital de más prolongado funcionamiento en la historia. BRUJAS
(El Mercurio, de Santiago. Grupo de Diarios América).- Si uno se
mantiene en un estado físico aceptable, los primeros doscientos
escalones del Beffroi (el campanario de la ciudad de Brujas) se suben fáciles.
Lentamente, uno va observando por las ventanas de la torre cómo el
paisaje se abre y las calles estrechas se dibujan perfectas bajo los
techos rojos y puntiagudos de las casas. Poco
a poco también el bullicio de los miles de turistas que inundan la
ciudad se apaga y el silencio se apodera de todo, dejando paso únicamente
a una suave brisa primaveral algo fría, pero reconfortante. Ya
en el escalón número trescientos, la torre se hace más estrecha y los
músculos de las piernas comienzan a pedir su cuota de descanso, pero la
cima tan cerca hace que uno finalmente ceda a la tentación y siga hasta
el escalón 366, donde todo acaba. La
brisa es ya un viento que de inmediato seca la transpiración y apenas
un leve murmullo de voces se escucha abajo, a lo lejos. Desde
la cúspide del campanario, la bella Brujas, el tesoro de Bélgica y
quizás una de las ciudades más seductoras de Europa, aparece en toda
su dimensión de canales y callejuelas empedradas, iglesias y casonas de
fachadas escalonadas, un paisaje al que es difícil acostumbrarse a
pesar de los años. Una
breve mirada a todo ese espectáculo irremediablemente nos transporta a
la Edad Media y sólo el guiño de los autos o los letreros de los bares
dan cuenta del tiempo que ha transcurrido. Brujas
es una castellanización de la palabra flamenca brugge, que significa
puente: un nombre que le calza perfecto a esta pequeña Venecia.
Además de su encanto personal, la historia de Brujas es ya parte de la
atracción. Se remonta al 862, cuando un personaje llamado Balduino raptó
a Judit, hija preferida del rey Carlos el Calvo y la llevó al norte de
la Galia, tierra pantanosa y sometida a frecuentes invasiones de los
vikingos. Muy
cerca de ese lugar, en el estuario del río 't Zwin, Balduino levantó
una fortaleza alrededor de la cual se comenzó a formar la ciudad. Hoy,
la capital de Flandes occidental vive un auge turístico que la hace ser
parada obligada en cualquier viaje a Bélgica. Su
encanto, su magia medieval, sus cervezas, su cocina y su vida tranquila
-a pesar de los visitantes- la cubren de un aire seductor que encanta y
que transporta: rígidas leyes de construcción impiden que nuevas
arquitecturas amenacen la armonía del estilo flamenco o barroco de los
edificios, lo que finalmente provoca que todo parezca tal y como fue
hace cientos de años. Justamente, los belgas han captado que ésa es
una de las razones por las cuales los visitantes regresan una y otra vez
desde todos los lugares del mundo. Un
idioma raro En
Brujas es imprescindible andar con un mapa. A las decenas de callejuelas
sinuosas que terminan en otras callejuelas igualmente sinuosas se agrega
el hecho de que es imposible abstraerse del espectáculo arquitectónico
y además de lo extraño que para un latino resulta el idioma flamenco
que domina la ciudad. En
el Markt (o Grand Place) se encuentra el centro de la congestión turística.
Allí se eleva el campanario que encierra el carillón de Brujas con sus
47 campanas que en total suman 27 toneladas. En
el centro del Markt se encuentra la estatua en honor a Pieter de Coninck
(artesano que lideró la insurrección contra los comerciantes que
gobernaban la ciudad en 1302) y, justo a los pies del campanario, una réplica
de la construcción en miniatura ha sido colocada para que los ciegos
tengan una idea táctil de la torre. Al
lado izquierdo del campanario se encuentra el Palacio del Gobierno
Provincial, una edificación estilo neogótico que ocupa todo un costado
del Markt. Los
otros tres han sido destinados a restaurantes turísticos cuyas terrazas
se colman de visitantes en los días de sol, en almuerzos que se demoran
hasta media tarde. Para
planificar un buen tour por Brujas existen varias posibilidades según
sean los intereses, pero un recorrido por las iglesias es fundamental. Se
debe partir entonces por la basílica de la Santa Sangre en el Burg (a
mano izquierda del campanario, por la calle Breidelstraat). Según
cuenta la historia, Thierry de Alsacia, conde de Flandes, trajo de
Tierra Santa durante las Cruzadas unas gotas de la sangre de Cristo que
regaló a la ciudad. Un
templo monumental La
iglesia de Nuestra Señora (calle Mariastraat) fue levantada entre los
siglos XII y XIV y se la considera como una de las construcciones de
ladrillo más altas de Europa con sus 122 metros. Pero
sin duda que su atractivo principal, aparte del religioso, es la
escultura Virgen con el Niño, de Miguel Angel, obra que fue
donada por un generoso mercader de nombre Jan van Moeskroen. Otra
de las construcciones religiosas que no pueden dejar de visitarse es la
imponente catedral San Salvador, en la calle Zuidzandstraat. Además,
se debiera incluir la iglesia de Nuestra Señora de los Ciegos (en
Kreupelenstraat, calle de los cojos), Nuestra Señora de la
Potterie (en flamenco, Onze-Lieve-Vrouw van de Potterie) ubicada en
Potterierei 79, que alberga además un hospicio para ancianos, y la
iglesia de San Jaime (Sint-Jacobskerk), que guarda una interesante
muestra de arte, entre otras que aguardan al turista-caminante a la
vuelta de muchas esquinas. No
sólo ladrillos Pero
Brujas, además de sus iglesias y museos, sin duda que es reconocida en
los mapas turísticos por sus encajes, que pueden ir desde un simple
souvenir enmarcado en un aro hasta una gran pieza de arte esculpida en
tela. Tradicionalmente,
las ancianas tejedoras se ubican en Peperstraat, donde está el Centro
Encajero. Allí, aunque ya es más difícil, se les puede ver trabajando
en ese arte que le ha dado prestigio y turistas a Brujas. Bélgica
tiene una espectacular variedad de cervezas. Blancas, rojas, negras,
todas están ahí, en los bares de Brujas, y basta con hacer un pequeño
tour cervecero por los restaurantes del Markt para percatarse. La
Blanc de Brugges es ideal para el verano. Y
como para dar con todos los gustos, la gastronomía de Brujas incluye un
buen número de restaurantes (como De Snippe, Manoir Stuivenberg, 't
Pandreitje y De Lotteburg), donde se puede comer desde bien hasta muy
bien (dicen que los belgas inventaron las papas fritas, pero su
gastronomía va mucho más allá). No
se pueden perder los choritos al vapor acompañados de papas
fritas (Mosselen met Frieten) o los tomates rellenos con camarones
(Tomaat met Garnalen). Sin contar las chocolaterías, donde los pralines
(o bombones) son toda una experiencia. Si
entra a una de esas tiendas, pida una cajita con una selección de
chocolates. Sin saberlo, volverá con algo de ese sabor de Brujas que
es, sin duda, un pequeño toque de seducción para todos los sentidos. Por
agua y por tierra Una
perspectiva para conocer la ciudad es por sus canales. Hay
siete embarcaderos desde donde salen botes más o menos cada media hora:
calle Nieuwstraat número 11, Braambergstraat 1, Wollestraat 34,
Katelijnestraat 4, Huidenvettersplein 13, Noorweegse y Visserhaven.
Cuesta alrededor de cinco dólares por persona. También
existe la posibilidad de recorrer la ciudad en coche tirado por
caballos. Las
salidas son desde la plaza Burg (los miércoles, desde el Markt) y el
recorrido tarda media hora. Cada
coche cuesta 20 dólares, aproximadamente. La
Procesión de la Santa Sangre es una oportunidad única para viajar al
medievo en Brujas. La reliquia de la sangre de Cristo es transportada por las calles. Se expone todos los viernes, en la basílica de la Santa Sangre
|
|
Datos útiles Cómo llegar El pasaje ida y vuelta, desde Buenos Aires hasta Bruselas, cuesta aproximadamente 960 dolares, con tasas e impuestos incluidos. Brujas está en el norte de Bélgica, muy cerca del mar, a sólo 20 minutos de tren de Gante, a 40 de Bruselas y a 299 kilómetros de París, lo que permite conocerla desde la capital francesa en un viaje de un día y medio Alojamiento Una habitación base doble en un hotel 5 estrellas cuesta 150 dólares; en uno de 4 sale 125 y en uno de 3 alrededor de 75. Más información En la embajada y consulado de Bélgica, Defensa 113, Piso 8, de lunes a viernes, de 8.30 a 13; 4331-0066 |
|
|