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Nadie ha inventado la mirada poética, una mirada que se posa sobre las personas y las cosas y evoca pequeños sucesos que aunque están atados a un espacio y un tiempo determinados, permanecen en la memoria colectiva, bien porque ya están ahí -una luz, una mirada, una sombra, un vacío, un reflejo, una coincidencia, un encuentro- o porque se incorporan nuevos. Las imágenes también son experiencia, información, enseñanza para la vida, para vivir. Todos podemos ir a los sitios que ya hemos visto en imágenes y pasear nuestra propia mirada: esa mirada no se contradice con las demás miradas, al contrario, todas las miradas pueden ayudar a ver a nuestros ojos. Algunos encarcelan la poesía entre los barrotes de un libro pequeño y normalmente breve sin darse cuenta que son muchas las formas en las que el sentimiento poético puede manifestarse en la vida. La Alhambra de Granada es una de ellas: las paredes interiores de los palacios y las torres están decorados con poemas epigráficos en caracteres
árabes de al menos 3 poetas. Estos poemas se iluminan cuando la luz del sol atraviesa las ventanas y los arcos. De la misma manera, algunas imágenes afortunadas (igual que algunas melodías pop y rock, igual que algunos dibujos iluminados con colores) se quedan grabadas en el cerebro y se iluminan cuando otras imágenes parecidas o sucesos reales semejantes pasan ante esa ventana del cerebro que son los ojos.