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Normalmente cuando voy a los maratones del Martí me echo una jeta en la tarde para poder aguantar toda la noche. En esta ocasión no pude hacer esto porque tenía un compromiso previo y me pasé todo el día cheleando. El caso es que llegué medio pedo al Martí. No me importa admitirlo porque no es la primera ni será la última vez que llego a un evento con aliento alcohólico.
Como ya se ha hecho costumbre, el Martí estaba de bote en bote cuando inició la función. Algo que probablemente se debe a que en los últimos maratones las películas ya se exhiben con subtítulos en español. Antes de las películas el organizador Jorge Grajales tuvo a bien exhibir trailers de Kill Bill, Hulk, Hero y Mortadelo y Filemón entre otras, además del corto animado de The Matrix. El primer largometraje de la noche fue My Sassy Girl, producción coreana del 2002 que resultó ser una excelente comedia romántica. A diferencia de las producciones gringas, donde todo es absolutamente predecible, My Sassy Girl tiene una serie de personajes y situaciones que se salen de lo común. Baste con decir que los protagonistas se conocen en el metro cuando ella, pedísima, se guacarea encima de un ñor y él no tiene más remedio que ayudarla. Parte del problema con las comedias románticas gringas es lo desabrido y soso de los actores que las interpretan. La mera verdad yo a Meg Ryan no le daría ni la hora (a Sandra Bullock sí). No me gustan las güeras y menos cuando son tan babosas y simplonas como el ventiúnico personaje de la Ryan. En cambio, la heroína de My Sassy Girl es borracha, neurótica y aficionada a la violencia, algo que para muchos es la definición misma de la chica ideal. El héroe no es tan interesante pero por fortuna está muy lejos de los galanes hollywoodenses tipo Ben Affleck que son más aburridos que La Hora Nacional. La respuesta del público fue abrumadora, en especial por parte de una chava en las primeras filas que se estaba orgasmeando de la risa (en sentido figurado, claro).
A continuación pudimos presenciar Una Erótica Historia China de Fantasmas que como su nombre lo indica es un revoltijo de lo sobrenatural, lo cachondo y lo cómico. El argumento cuenta las aventuras de un empleado de un gobernante local al que se le encarga que visite un templo maldito. El tipo acaba ayudando al sacerdote taoísta que cuida el lugar, más bien por casualidad, lo que no impide que su buena acción sea recompensada cumpliéndole cualquier deseo que pueda tener. El protagonista le pide al sacerdote que le ponga un pito mágico y así se convierte en el feliz poseedor de un chafalote incansable, de gran envergadura (valga la redundancia), que habla y hasta vuela. Esto da pie a un buen chiste que se repite demasiado y a una serie de escenas eróticas que deben ser mucho más entretenidas viéndolas a solas que en un auditorio con otros cien weyes. La tercera fue Jan Dahar, una cinta tailandesa más artística y pausada que las anteriores que trata de la vida de un bastardo que es maltratado por su padre. La película está bien hecha, tiene muchas escenas eróticas y a mucha gente le gustó, pero yo no quedé muy conforme. Me pareció demasiado telenovelesca y aunque no es normal que me queje de que una película tenga mucho sexo sí me pareció medio exagerado que todos los integrantes de la familia se la pasaran trepados en el guayabo. La casa parecía vulcanizadora: se la pasaban parche y parche.
La cuarta película me la perdí porque ya estaba muy cansado y como el principio es algo lento me quedé dormido. Me acomodé lo mejor que pude en las butacas del Martí, que parecen de microbus de lo pegadas que están, y traté de echarme un coyotazo mientras los que todavía estaban despiertos se chutaban La Isla, película coreana que al parecer en su país de origen provocó un escándalo. No sé ni de qué se trató, lo único que puedo decir es que entre sueño y sueño pude oír cómo la gente reaccionaba con frases como "¡No mames!" y "¡Qué poca madre!". Según me comentaron los que sí la vieron se trata de una película de horror chingaquedito al estilo de Audition. Por último, vimos Moju o La Bestia Ciega, una producción japonesa que sitios tan prestigiados como Midnight Eye han llamado una de las obras maestras del cine erótico japonés, uno de los géneros más practicados por aquellos lares. La película cuenta la historia de una modelo que es secuestrada por un escultor ciego que pretende recrear la belleza del cuerpo femenino en su obra. La película es bastante buena pero creo que tampoco llega al nivel de obra maestra, aunque me gustaría volver a verla con más calma y con menos sueño para poder apreciarla mejor. Es recomendable por el aspecto visual: la fotografía, la producción y los desnudos de la actriz.
- Marco González Ambriz
11 de marzo de 2003 ¿No te latió? ¡Miéntamela! smut_criminal@yahoo.com.mx
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