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Galería de J.R.R. Tolkien |
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La savia manaba como si fuera sangre y se derramó por el suelo. Pero Ungoliant la absorbía y yendo de Árbol a Árbol aplicaba el pico negro a las heridas hasta que quedaron desecadas; y el veneno de Muerte que había en ella penetró en los tejidos y los marchitó: raíz, ramas y hojas; y murieron. Del oscurecimiento de Valinor
El Silmarillion, Quenta Silmarillion, Cap 8 |
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Entonces Morgoth esgrimió el Martillo de los Mundos Subterraneos, llamado Grond, lo alzó bruscamente, y lo hizo caer como un rayo de tormenta. Pero Filgolfin saltó a un lado, y Grond abrió un gran boquete en la tierra, de donde salían humo y fuego. Muchas veces intentó Morgoth herirlo y otras tantas veces Filgolfin esquivó los golpes, como relánpagos lanzados desde una nube oscura; e hirió a Morgoth con siete heridas, y siete veces lanzó Morgoth un grito de angustia, mientras los ejércitos de Angband caían de bruces consternados, y el eco de los gritos resonaba en las Tierras Septentrionales. Del oscurecimiento de Valinor
El Silmarillion, Quenta Silmarillion, Cap 18 |
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Entonces Turambar se decidió y cobró coraje, y trepó solo por el acantilado y llegó bajo el dragón. Desenvainó a Gurthang, y con todo el poder de su brazo y de su odio la hundió en el blando vientre del Gusano hasta la empuñadura. De Turin Turambar
El Silmarillion, Quenta Silmarillion, Cap 21 |
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Por último, en el año que Eärendil cumplió siete años, Morgoth estuvo preparado, y lanzó sobre Gondolin a Balrogs y Orcos y Lobos; y con ellos iban dragones de la estirpe de Glaurung, numerosos y terribles. El ejercito de Morgoth vino por las montañas septentrionales donde era mayor la altura y menos atenta la vigilancia. De Tuor y la caida de Gondolin
El Silmarillion, Quenta Silmarillion |
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Tenía la puerta redonda, perfecta como un ojo de buey, pintada de verde, con una manilla de bronce dorada y brillante, justo en el medio. La puerta se abría a un vestíbulo cilíndrico, como un túnel: un túnel muy cómodo, sin humos, con paredes revestidas de madera y seulos enlosados y alfombrados, provistos de sillas barnizadas y montonoes y montones de perchas para sombreros y abrigos; el hobbit era aficionado a las visitas. Una tertulia inesperada
El Hobbit, Cap 1 |
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Por alguna curiosa coincidencia, una mañana de hace tiempo en la quietud del mundo, cuando había menos ruido y más verdor, y los hobbits eran todavía numerosos y prósperos, y Bilbo Bolsón estaba de pie en la puerta del agujero, después del desayuno, fumando una enorme y larga pipa de madera que casi le llegaba a los dedos lanudos de los pies (bien cepillados), Gandalf apareció de pronto [...]. Todo lo que el confiado Bilbo vio aquella mañana fue un anciano con un bastón. Tenía un sombrero azul, alto y puntiagudo, una larga capa gris, una bufanda de plata sobre la que colgaba una barba larga y blanca hasta más abajo de la cintura y botas negras. Una tertulia inesperada
El Hobbit, Cap 1 |
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La oscuridad invadió toda la habitación, y el fuego se extinguió y las sombras se borraron; y todavía segían tocando. Y de pronto, uno primero y luego otro, mientras tocaban, entoncaron el canto grave que antaño cantaran los enanos, en lo más hondo de las viejas moradas... Una tertulia inesperada
El Hobbit, Cap 1 |
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Aquí abajo junto al algua lóbrega vivía el viejo Gollum, una pequeña y viscosa criatura. No sé de dónde había venido, ni quién o qué era. Era Gollum: tan oscuro como la oscuridad, excepto dos grandes ojos redondos y pálidos en la cara flaca. Tenía un pequeño bote y remaba muy en silencio por el lago, pues lago era, ancho, profundo y mortalmente frio. Acertijos en las tinieblas
El Hobbit, Cap 5 |
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El fuego se elevaba de los tejados de paja y los extremos de las vigas mientras Smaug bajaba y pasaba y pasaba y daba la vuelta, aunque todo había sido empapado en agua antes que él llegase. Siempre había cien manos que arrojaban agua dondequiera que apareciese una chispa. Smaug giró en el aire. La cola barrió el tejado de la Casa Grande, que se desmoronó y cayó. Unas llamas inextiguibles subían altas en la noche. La cola volvió a barrer, y otra casa y otra cayeron envueltas en llamas; y aún ninguna fleja estorbaba a Smaug, ni le hacía más daño que una mosca de los pantanos.. Fuego y agua
El Hobbit, Cap 14 |