CANCIÓN
PARA DORMIR A UN NIÑO POBRE
Ángeles
con espadas
custodian el aire.
Un toro de sombra
mugiendo en los árboles.
-
Madre, tengo miedo
del aire.
Mira
las estrellas.
Aún no son de nadie;
ni son del Obispo
ni son del Alcalde.
-
Madre, quiero una
que hable.
Patitas
de cabra
siguen vacilantes
al osito blanco
de la luna errante.
-
Madre, quiero un oso
que baile.
Pandero
de harina:
luna en el estanque.
Las cinco cabrillas
sin cesar, tocándole.
- Madre, se me hielan
las carnes.
Floridas
de escarcha
ya son como panes.
La aurora las dora
y acorteza el aire.
-
Madre, no te oigo.
¡Tengo
hambre!
¡Uuuuuuuh...!
Duerme, mi niño,
que viene el aire
y se lleva a los niños
que tienen hambre.
MADRIGAL
DE PAZ
Por
esta paz, esposa, que te ofrezco,
ya madura en la sangre, hecha corteza,
qué paciente tributo de tristeza
pagué día por día.
¡No
merezco
tanto dolor!
(El
hombre, entre las manos
a veces tiene un corazón y quiere
morir con él intacto. Pero muere
lleno de soledad.)
Ecos
lejanos
traen mi voz antigua de metales;
mi fría voz de hielos transparentes.
¡Que
hasta tu nombre, esposa, fue en mis dientes
tallo de amargas hieles minerales...!
Pero todo es ya campo sin orillas,
lleno de paz. El sol se transfigura
en la ceniza gris de esta clausura,
y abandona sus lamas amarillas.
Yo
soy para ti, esposa, como un viento
que humildemente llega y se deshace
contra tus ojos; en agua que renace
entre sus piedras, sin color ni acento.
No
es posible dar más de lo que he dado
para llenar el pozo al que me asomo.
EL pan que yo te traigo; e pan que como
tiene sabor de trigo macerado.
Trigo soy con sustancia. Pan en duelo
para el desconocido.
(El
hombre quiere
gritar "Amor" a veces, pero muere
en el silencio, en tanto el alto cielo
se llena de esta paz, esposa, de esta
consagración definitiva.)
-
¡ Toma
mi paz de sangre!
¡Goce
mi paloma
del esplendor caliente de su fiesta...!
SUEÑO,
PORQUE VIVO EN MÍ...
Sueño,
luego existo.
Pienso
que sueño tan hondo y cierto
que el sueño se me despierta
en mitad del pensamiento.
Y
me duele este soñar,
pensando que es tan sin sueño,
que lo sueños se me rompen
-espumas del pensamiento-
en las arenas del mar
en que, soñando, navego.
¿Pero
existo? ¿Dónde y cómo?
Aquí, encerrado, me encuentro
en el sueño sin salida
que teje mi pensamiento,
preguntándome, doliéndome,
de ser, soñándome, cierto.
Soledad
de soledades:
ya ni yo mismo me sueño,
pensando que existo y soy
sueño de mi pensamiento.