POEMA
12
I
Todos
velábamos a Dios
aquella noche,
como a un muerto gigante,
ahogado en nosotros.
La tierra se ahuecaba
para sorber la vida
mientras un cielo ausente
nos volvía la espalda.
II
Toda
una inmensa noche
nos trepaba los huesos,
llovíamos callados
sobre nosotros mismos,
la nada nos lamía
tibiamente las sienes,
era baldío el tiempo
que nos soplaba adentro.
III
Como
a madera vieja
nos digerían insectos,
el hombre era una jaula
abierta
para adentro,
nos poblaban arcángeles
extrañamente
ebrios,
muertos insomnes éramos
de pie bajo la tierra.
IV
Fermentaba
ya el Verbo
en las entrañas, y en las oleadas
nos llegaba su vacío,
átomo ausente
cayéndonos de abajo,
sombra desperazada
en vez de sangre
V
Piel
subterránea.
Latido volteado.
Eternidad de nuevo
bautizada.
Cielo crucificado
en vez del hombre.
Infierno inaugurado
en vez de nada.
POEMA
A
franciso y Ricardo Mardones
En polvo que rodando
se hará hombre
para iniciar de nuevo
su jornada
sin nacer otra vez,
rumbo a otro cielo,
desde su alta mar de ceniza.
Extraña
fundación, parto vacío, resucitado
sueño de la arcilla. Dios
consumido por el triste oficio
e ser la llama de su propia hoguera.
PARÁBOLA DE LA RESURRECCIÓN
A
la llorada memoria de mi tío Livio
Pérez Garay, guía y maestro.
Se ha apurado la sangre
inútilmente
desde el vacío cáliz de la carne,
se han sorteado en vano
las entrañas del hombre,
como vampiro inmenso
el cielo abre sus alas,
la tierra se desdobla
en dos maderos anchos.
Ya
ha consumido el sol
su propio fuego, como un licor
para embriagar al mundo,
y en el opaco alero de su sombra
sólo el lampo del hombre.
Como
un turbión de nubes
se despeña, la figura de Dios
sobre el abismo,
mientras su luz rebota
desde el fondo
como espuma hasta el hombre.
Y
se ha rasgado en dos
el velo de la muerte
en la hora novena,
y se ha borrado
el límite del tiempo,
mientras la cruz vacía
se yergue sobre el mundo
el hombre se reencarna
en la madera,
y fosforece.