De
La Memoria de Laquesis
ABADDON
A
Ernesto Sábato
Toda
la noche he combatido
con el Angel.
Hoy como ayer en sueños
has venido hasta mí
y con enigmas fustigaste
mi corazón. ¿Qué sol pondrá
luz en mis días?
Con andrajos de sueños
no son ahora sino sombras
de deseos de lo no sucedido.
Así habla lo no sucedido.
Por la boca del Angel.
LEYES
A
Lucio Portel
Y
sin embargo, Oh misteriosas
leyes, al hado sometido
y a memoria
fluyen mortal la vida y el cuidado.
Aunque el afán escarneciendo
límites y la sangre afanosa
en su deseo
criben demonios inquietud
y celos, flores retornan a poblar
los huertos sepultados
en sombras y en olvido.
A los fantasmas llamo hoy devoto,
y a sus encarnaduras me someto,
¡yo que al viento y al sol
me he prometido!
IMAGENES
a Antonio Aliberti
Si
he de morir, haz que me pierda
entre alguazales de oro
y hoscos talas o pajonales altivos
peinados en las lomas
por el fuego de enero.
Desbordadas están ahora
las imágenes.
A escuadra el mediodía
sobre la vaga sombra
de lejanas palmeras.
Evocado está el todo,
bañado en el silencio,
y en un leve declive canta insomne
el origen. Hoy como ayer espero.
Amarillos limones,
sumo frío y perfecto.
Zureos que recogen
las lenguas del deseo.
Abre las puertas ya,
las márgenes radiantes
y has que sea tu noche
el retorno a los montes
que abandone de niño.
Huye ahora el deseo.
Como la garza en vuelo,
Protégelo Señor.
ADONDE
A
José Ganora
Si
he de morir, haz que me pierda
entre alguazales de oro
y hoscos talas o pajonales altivos
peinados en las lomas
por el fuego de enero.
Desbordadas están ahora
las imágenes.
A escuadra el mediodía
sobre la vaga sombra
de lejanas palmeras.
Evocado está el todo,
bañado en el silencio,
y en un leve declive canta insomne el origen.
Hoy como ayer espero.
Amarillos limones,
sumo frío y perfecto.
Zureos que recogen
las lenguas del deseo.
Abre las puertas ya,
las márgenes radiantes
y has que sea tú noche
el retorno a los montes
que abandone de niño.
Huye ahora el deseo.
Como la garza en vuelo,
Protégelo Señor.
DE
UNA ARDIENTE PACIENCIA
PREGUNTAS
A ARCHI LANUS
Como
te amaba enero, cómo en mí te amabas,
y vibrabas en mí, construyendo sobre la piel,
sobre el lenguaje de la piel,
conmovidos espacios,
envíos y promesas que el aire trae,
estremeciéndose conmovido en las orillas de la
espera.
Oh voladoras manos, luces en el crepúsculo,
encantadas chicharras, presagios
de un incandescente verano que parecía eterno
como el clamor de un infinito mar.
Ah,
noches encendidas por estrellas que hablaban
el lenguaje del alma, el éxtasis de un presente
lleno de sí, ahora diferido de sí, escandido
ya para siempre, cuando los secos ojos
apenas divisan espejismos y sombras,
espectrales silencios, o preguntas jamás contestadas.
Una promesa fui, asediada de espectros,
- iconos que la carne crea,
para saberse a sí misma - ¿Qué
equivocada ruta?
que sendero provocador de inminentes naufragios,
de tempestades convertidas en símbolos,
de catástrofes más hondas que la muerte,
reencarnan la memoria exhumando cenizas,
pálidos huesos que brillan sobre sórdidas
lunas,
y soles que devuelven fantasmas - cegueras
iluminadas por la intemperie de heridas supuradas
sobre verdes orillas,
que humeantes escaldan, desexhuman, apagadas
cenizas humedecidas en la lengua febril de quien
espera sólo el silencio - la soledad imposible
-,
el susurro del nunca más.
¿Para qué más, aún más?
¿Para qué eternamente?
¿Y pues que eternidad fuera de quicio de un tiempo
que se descasta como un lienzo,
es sólo la promesa de un instante imposible,
desterrándose de una tumba a otra?
¿Para qué las frágiles resurrecciones,
si poseídos de espectros sólo fragmentos
somos
de himnos ya cantados?
¿Para qué resistir como la encina muerta,
la tempestad del rayo si a la intemperie
tiemblan los augurios de reunidos
más espectrales que las promesas y alianzas
del corazón con el sino?
¿Y para qué firmar si la firma es el espíritu
vacío
donde aúllan las impiedades de la raza?
¡Oh, infinito féretro de la escritura,
sepúltame,
desexhumándote de ti en el ras y el son
de los muertos daimones de esta tierra de ocaso!.
UNA
ARDIENTE PACIENCIA
A
Joaquín Meabe, mi amigo
Al
fin vencido por los demonios del clima, alma teñida
con cenizas y lavas, y cárdenas heridas supuradas
en la estación del odio. Sólo soy un pasajero
del hambre.
Y aquello que alabé, aquello innominado que iluminó
mi verbo y acarició mi alma con las dulces promesas
de los frutos más dulces, escarnio fue y castigo,
y condena
y exilio de mí mismo y del tiempo, que hice temblor
y
canto. Una ardiente paciencia iluminó mi vida,
aceites
quemados en poemas, horas entregadas a la bendición
de
la ignominia, pasos en el desierto que no conducen a
ninguna
- puerta, sal en los sembrados donde vertí mi
sangre -,
pobres temblores y aleluyas, pobres ossanas, caídos
en la indigente estéril tierra de mi patria!
Le edad madura,
los dolores fermentados en la soledad de la que me
exhumada una y otra vez para asistir una y otra vez
a mis
propios entierros, pájaros que molestan el silencio
en que
estoy, pasos que violan la paz los sepulcros, manos
tendidas que no alcanzan a componer el sudario que protege
la paz, la pútrida carcoma que protege los méritos,
único
escudo contra la cruel incuria y la infamante flama
de un
tiempo que me escande-, las manos tendidas hacia el
febril
silencio de una ardiente paciencia, sólo persiguen
sombras,
siluetas que se disipan ahora con las impudicias del
clima.
Entregado que fui a la alabanza y al éxtasis,
y rendido a los
clamores de la sangre y el viento, oráculo de
las voces secretas,
temeroso y osado coreuta de las dioses, ahora aquí
vencido, despojado, vedme espectral en sueños,
despedirme del canto con que arome mis horas.
II
A
Mario Casalla y Claudia
Ahora
que tus imágenes y voces
fueron desalojadas de mi boca
y el trabajo del duelo se desplaza
como una cobra en celo sobre mi corazón
Ay de vosotras, garzas voladas por el agua
del deseo, a que llamar por mí,
en mi nombre, nombre de muerto,
pues quien respondería y en nombre
de que imágenes, a las visitaciones
que ahora me reclaman desde un presente sin presente?
- fuera de quicio el tiempo -
jamás pleno presente así presente,
de la rosa que se abre y funda el tiempo
del instante absoluto.
¿A que adherirse pues a una ardiente
vigilia donde ni vida o muerte
hablan en el lenguaje del origen?
Si diferido el sueño de los nombres,
la atroz deriva, el circulo vicioso
que repite, pasajes muertos
osadas alegrías y el habla plena
de la espuma del día,
promesas abiertas como heridas,
de un cuerpo ya sin sombra
donde se pudren restos de un naufragio?
¿A que apegarse pues a una ardiente vigilia,
a luminosos templos o sepulcros y
fantasmas, simulacros de espectros
que reclaman estigmas,
ceremonial de cuerpos confundidos
en el abrazo del día y de la noche?
Espectrales lenguajes, lenguajes
del lenguaje puras virtualidades
del blanco y del azur -hoy, ayer, mañana?
¿Y el viaje finito que nos conduce
de enterrar a los muertos (muertos vivos)
a ser enterrados, vivos muertos,
por espectrales sueños del deseo.
¿A que esperar pues, a qué diferir,
lo que en sí difiere de sí?
Desalojado de mí, ahora que tus imágenes
y voces,
hablan en el lenguaje indescifrable - ahora, ahora -
¿A que esperar en la ardiente vigilia?
No hay lugares ni tiempos para los dones
del tiempo ni los acaecimientos propicios.
Ahora, ahora, aquí y ahora ni la innombrable
otredad,
ni la caricia emergida de las llameantes fauces
del espíritu, podrían ya salvarnos.
Responsemos pues al yacaré en la luna
y bajemos silenciosos y mudos hacia el lugar
vacío - la nadeante nada - donde tal vez el viaje
recomienza, donde tal vez las maldiciones recomiencen.
Loreto, 3 de enero de 1996
RECUERDOS
Primero,
una vasta llanura donde gritaban monos,
y lejanas palmeras agitándose bajo los densos
aires
de esterales tendidos al ras de un dios desconocido
que jugaba en nosotros a la infancia del mundo;
el horizonte era un sueño de manos que volaban
al infinito
cielo del corazón del niño, al acompasado
latir del corazón que es todo espera de un mañana
inmediato.
tormentas de verano, gritos salvajes junto al declive
de la tarde,
esperando las gráciles caricias que daban pres
a nuestras ansias.
Como olvidar las madrugadas límpidas,
la dulce madre-todo-madre, atravesando esteros
entre flores de camalotes lentos
que sólo comunican el sentido del ciclo,
los deseos del día y de la noche. Como olvidarlo
ahora
que atroces pesadillas vienen desde otros mundos
a perturbar los sueños
y memorias de quien juega entre cardos, y ve las humaredas
de pajas incendiadas, con tacuaras al ras de las llanuras,
llevadas por las manos de un Dios que juega
sin saber que es un dios llamado a perecer
ser un hombre un nombre apenas,
una firma entre otras, sepultada en memorias, llamado
por los
sueños
a despertar un día, entre vanos espectros,
espantado de sí, de las memorias, atravesando
sombras, dudas, saberes, contrariadas pasiones,
hasta llegar a ser olvido, - un olvido profundo -, en
el costado
de cada frase o juramento inscriptos en las traidoras
lapidas
de la memoria?
Aquello era apenas un día, un amanecer entre
algas,
un deseo de ser, un saltar entre frondas, un regocigarce
entre
zúreos hoy enmudecidos, que ama la vida como
su corolario
para hacer del azar un prohibido destino.
De la llanura al Seol, de la vida, a la prohibida vid
de los muertos que no pueden morir, baje, subí
luego a las
cumbres
donde soplan el viento que a la memoria
aleve pone nombres y olvidos, di mi carne a los buitres,
volví, volví hasta las llanuras a buscar,
a buscarme
entre olvidados actos,
entre siestas y cimbras sepultadas en huertas,
pero el que busca es sólo una sombra
que se ignora entre sombras, una palabra vana,
un nombre los nombres, una escritura indescifrada
entre otras escrituras,
un cementerio que espera volver a estar entre los vivos.
Ser piadosos con los espectros es todo,
aceptarse entre espectros, saludase entre espectros
y enterrar a los vivos y los muertos, trabar alianzas
entre vivos y muertos, es todo lo que queda
de aquél amanecer
entre sonidos, entre silbos ocultos y deseos dormidos.
Una
guitarra en soledad profunda (o una acordiona?) guarda
otros
secretos, cuando mi madre viene, furiosa en carros de
fuegos
a repetírmelo que nunca me dijo, no sólo
soy la dulce que lo
tolera todo.
Soy también la del mito, la Erina que fulmina
con su negra
mantilla.
Algo a quedado sin cumplirse. Y sólo cuando todo
haya
acabado descubrirás lo que es.
VIENES
Vienes
de noche a verme, a perturbar los sueños
desta ardiente paciencia, donde se queman humos de lo
fui-,
y me recuerdas rostros, espectrales silencios, nostalgias
y silencios
poblados de las furias que aplaqué con poemas,
pobrecito de mí,
yo el desterrado, yo el conterrado, un espectro entro
espectros
subiendo del Seol - tierra de muertos -, con los vencidos
ojos
y en las manos trayendo el agua de la vida. Todo lo
he intentado
y Proserpina duerme, mientras lo finito se cierne sobre
mí
con el hambre del lobo, o Prometeo gime la suerte del
poema,
la edad madura en ciernes, los apagados ojos, la muerte
del
deseo.
Subo despacio mientras cae la noche. Otros más
grandes que yo
lo han intentado ya y han fracasado. En la intensa llanura
nada me espera. Vano es todo retorno y vivir es un uso
que se
quiebra al instante en manos del espectro, que a mí
mismo me
espera,
-doble de mí el espectro, dobles de mí
las furias que en
mis manos
comieron - y ahora me disparan envenenados dardos.
Séame, séale al que se aventuro al poema,
la tarde placida,
venturosas mañanas, y noches sin memorias asediadas
de dobles.
Del Seol a llanura, beber el agua plácida del
río del olvido
y que el uso del Láquesis le proporcione olvido
a mi aterida alma.
Ya no soy lo que fui. Ignoro quien seré. Basta
con venir del la
tierra donde jamás
el Sol pone sus dulces mieles, y aceptar como amigo
los remos
que nos llevan más allá. Séame
pues propicia está
ardiente paciencia
y maldita sea entre mis manos toda lira profana que
desafíe
al dios
que disipó mis penas, allá lejos, al ras
de otros días, llanuras
y doncellas sin hablas y sin gritos. Vuelva a mis sueños
los
despertares
gratos, entre escobas y voces musitadas al alba cuando
el alma, dormida aún, rezando entre candelas
y oros quemados
por los dioses alejados del mundo. Un niño como
un mundo aún
pregunta en mí, abre sus ojos al deseo de mundo,
mientras cae el
ocaso y la paciencia cede, y el aliento cede al terror
del mundo.
La carne ingrata, el libro, y las dormidas letras que
me
quitan el alma.
esperan sus triunfales momentos. Dios de la Lira, calla
en mí,
despose mi lengua de palabras y cantos, devuélveme
a
las plácidas
llanuras y los ardientes vientos que llagaron mis horas,
allá,
en venturosos días, donde ningún espectro
se atrevía a perturbar
mis sueños, donde ninguna furia - doble de mí
-,
me recordaba lo otro,
- el lugar de Otro- y haz por último questa ardiente
paciencia,
me dispense del odio, de la entrega entre quejas de
lo que
fue vencido,
la sed, la sed, la sed, el deseo vencido, la escaldada
mora de la
carne
vencida, el goce lila vencido y en la llanura intensa,
entre álamos
tiernos y lunas encantadas, otra lengua musite la canción
de la vida,
el salmo de la vida sin preguntar porqué. Sin
porque
florece la roza.
Haz que olvide mi alma ahora sin preguntar porqué.
Haz que muera a mi lado todo, todo se desvanezca,
sin preguntar porqué.
ELOGIOS
Primero
fue la música del viento en la vasta llanura,
la música invisible de lo invisible encarnada
en los ojos,
penetrando en los ojos hasta llegar al alma y salir
por la boca-
el viento, el viento fue primero y todo disipándose
en imágenes
que fluían por la garganta de las cosas hasta
atrapar la lengua,
la saliva como un salobre mar sacudiéndose en
olas y los labios
musitando oraciones, preces ungidas con el color del
bronce
y el tañido del pétalo y luego fue la
boca como azulada bóveda
sacudiéndose a impulsos de las altas mareas del
viento
y de la música del viento. Ay, que intenso y
que enorme
silencio.
El pastor de una ardiente paciencia jugaba con las sílabas
de un mar hecho de vientos, cálidos vientos de
violentos
veranos, surcos de vientos cálidos tañidos
por la flauta
de otoño,
y luego el océano de viento y música hablando
por la boca
de los muertos que yo resucitaba, a instancias de aquél
intenso deseo de música y de viento que lo envolvía
todo.
Preso fui
del demonio que jamás abandona a quien le ofrece
el alma,
el alma enmudecida por el viento de la música
insomne
de la mar
que es infinita como el deseo de infinito, y que en
esta
se aquieta
por momentos, como se aquieta el niño frente
al sueño,
pero luego la música la torna, la pesadilla de
recordar
en sueños, el verbo antes del verbo, el prelenguaje
que se sabe
a sí mismo y se busca en ayunas, construyendo
palacios
para domar al viento del amor, al corcel del deseo,
encabritado
en las llanuras, donde el niño cantaba ya el
destino
que ignora su destino. Oh, salvaje música del
mar, libro infinito,
muerte infinita del lenguaje que se habla a si mismo,
murmullo
de un instante que insiste en serlo todo, el mundo-
el mundo,
aunque quemen las llamas de la luz y la locura
esconda los tesoros
bajo la luz del cielo. Y aquí en la noche, sólo
inclinándome sobre
los pentagramas, vacíos ya de música y
de vientos,
estos vuelven
a mí, oleajes de palmas, de aguas quietas bajo
el sol dormido como los ojos de mi madre, absorta en
el trabajo
de estar muerta y estar viva en música de mar,
en la obsesiva
música que mueve astros y llanuras, manos y teclas,
y sube
hasta la boca y canta y canta, el canto poderoso del
amor
de los muertos. Ay, larga es el camino que conduce a
la costa
donde se espera el canto de sirenas en la ardiente paciencia.
II
El libro no fue escrito, el libro de la música
del mar y el viento
de la música que lo contiene todo. El sueño
de la muerte en la
vigilia,
la vigilia que es sueño de la muerte, el deseo
de amar
que es otro
viento y es el mismo,, la poesía que caía
del cielo hasta las manos y respiraba, cantando el canto
de los
vientos, la música del mar, haciéndose
saliva, lengua, boca,
del libro eterno traducido a esta soledad que ahora
dicta, inclinándose suavemente sobre un amanecer
dulcísimo en donde sopla el viento del amor,
la música del mar
en las vastas llanuras del amor,
y en su insomne locura.
III
Y
finalmente he olvidado mis manos, los ojos de mis manos,
el calor de mis manos, el temblor y el fervor que ocultaban
mis manos, el agua oscura que subía de mis manos
al cuerpo
y desataba vendavales, palabras que volaban de mis manos,
amor amor amor, bendecido en mis manos, santificado
por el alma
de mis manos, mis manos que poseían todo lo que
soy,
que ocultaban todo lo que soy, mis manos que cantaban
y
escribían
junto a las ruinas, en las orillas del mar, bajo las
tiernas hojas
del banano,
mis manos que ahora callan, mis manos que ahora duermen
olvidadas de sí, olvidándome, sepultándome
en el olvido de sí,
mis manos que despedían rayos e iluminaban las
noches
más oscuras,
mis manos que profanaban albas y oraban entre roces
de sombras
más aleves que el deseo del deseo del otro, fatalmente
huido
de mí, el otro que ha olvidado mis manos, que
ha mutilado
mi aliento,
que ha truncado mi canto. Y ahora mudo, petrificado,
yerto,
bajo el olvido de mis manos - mis manos olvidadas de
sí -,
de las voces
que un día puso entre sus palmas, de los labios
que rozó
con su aliento-, me consumo, ardo aún sin la
memoria
de mis manos,
lamparas que gotean el aliento del mundo. Adonde habéis
dejado
mi nombre y el nombre de mi nombre, adonde olvidasteis
aquél
cuerpo bañado por la luz del poniente y la repetición
del canto,
y las caricias dolorosas entregadas al azar de las cosas,
oh manos que ahora desposeídas de todo, manos
sin mundo,
huídas ya de sí, abandonáis memorias
y voces, pasos
bajo la luna,
y otras manos, otras manos que alimenten ésta
sed de absoluto,
éstos ojos, ciegos en la penumbra, que ya no
encuentran
sino la nada,
el centro de una nada sin centro, voladoras del desconcierto
cuando cae la noche y sólo el sueño oscuro
pone aceite sobre
el dolor del olvido, ah manos, encontrareis vosotras
vuestro
nombre
en el nombre de otras manos, de otros cuerpos abiertos
al color
del infinito ? Despertaré del olvido de vuestro
olvido, cuando el
cielo,
la tierra, las palmas bajo la luz ardan en vuestros
cuencos como
antaño,
oh manos mías, expiadoras de nombres, nombradoras
de nada?