LUIS FELIPE VIVANCO

 

(San Lorenzo de El Escorial, Madrid, 1907 - Madrid, 1975)

Estudió la carrera de Arquitectura, terminada en Madrid en 1932, profesión que ejerció posteriormente. Siguió también cursos de Filosofía y Letras, formando grupo con Luis Rosales y con los hermanos Juan y Leopoldo Panero. Sus tíos maternos, Rafael y José Bergamín, tuvieron importancia en esta doble dedicación: con el primero colaboró pronto en proyectos de arquitectura, y publicó sus primeros trabajos en la revista Cruz y Raya del segundo. Comenzó a escribir bajo la influencia de Machado, pasó al vanguardismo (hacia 1927, aunque sólo publicó esos poemas en 1958, con el título Memoria de la plata) para terminar en poeta amoroso y trascendente (antes de la guerra) y más religioso e intimista tras ese "tiempo de dolor"; su militancia en la guerra le llevó a una severa ausencia pública (y no sólo política) posterior. Fue crítico de arte, y además conferenciante y ensayista, especialmente con Introducción a la poesía española contemporánea (1957) y con Moratín y la ilustración mágica (1972). Póstumamente se ha editado una breve selección de su Diario (1946-1975). Son sus principales obras poéticas: cantos de primavera (1936), Tiempo de dolor (1940), Continuación de la vida (1949), el descampado (1957), Memoria de la plata (1958). Y en prosa: Lecciones para el hijo (1966) y Prosas propicias (1972).

Antología poética, Madrid, Alianza Editorial, 1976.

 

SELECCIÓN DE POEMAS

 

ALLEGRO

Termina la mañana como una calle en cuesta
que baja hacia las frondas naturales del Prado.
Y ese joven doloroso y urgente
¿quién sabe lo que quiere después de tanta música
padeciendo a la orilla de su criatura única?
Quiere que haya retamas en flor y ramas extendidas de castaño
dentro de sus moradas de angustia sin pecado.
Quiere que el insistente, curioso y solitario toro de las alturas
descienda hasta el origen de su felicidad sin mezcla de ocupaciones serias,
Quiere que le atraviese la bendición del agua más delgada
junto a un pétreo y bruñido acantilado de buitres
y que brille en secreto una red invisible de aciertos espirituales
entre los viejos puentes y los cerros bermejos con olivos.
Quiere que su ejercicio de estrellas desveladas
sea un olor creciendo de realidad de fuera.
Y al cabo de la racha de alegría invasora
quiere su ocio del campo y distancias andando...

(Pero también prefiere acudir a su cita de soledad y de retraso con la música
y seguir padeciendo a la orilla inhumana de su criatura única.)

 

3

Cálida voz despierta en tu dulzura,
tierno temblor en tu quietud florece,
y una experiencia virgen que se ofrece
con el asombro de su nieve pura.

Donde tu cuerpo anuncia sombra oscura
la claridad más viva resplandece,
y su milagro recogido acrece
toda la fe que mi dolor apura.

Porque siempre detrás de tu mirada
reina la sombra, y misteriosa impera
tu altiva convicción de ser amada.

¿Cómo soñar tu gracia verdadera
si estás en mi ilusión acompañada
por una oscuridad que no quisiera?

 

EL DESCAMPADO

A Dámaso Alonso


Tú estás en ese taxi parado, sí, eres Tú
-un bulto en el crepúsculo- junto al bordillo blanco
donde se acaba el campo de enfrente o descampado.
Lo sé, aunque no te he visto (y aunque dentro del taxi
no hay nadie). Está lloviendo con fuerta. Está empezando
a oler en la ciudad a campo de muy lejos...
Y tú estás en el taxi como en una capilla
que fuera entre las hazas ermita solitaria.
(Lo sé, porque esos trigos que se iluminan, lejos...,
y ese río parado, con sus aguas crecidas
de pronto...) Llueve fuerte y estás dentro del taxi
(tal vez junto a ese chófer fatigado al volante).

Sé que dentro del taxi no hay nadie, pero huele
a lluvia de muy lejos. Suena esa luvia. Y pienso
sin ganas: ser poeta, suspender en el aire
laborioso de un día y otro día unas pocas
palabras necesarias, y quitarse de en medio.
Porque uno -su difícil vivir- ya no hace falta
si quedan las palabras. Ser poeta: orientarse,
como esa luz dudosa cruzando el descampado
y en vez de una existencia brillante, tener alma.
Por eso, algo me quito de en medio: estoy viviendo
como un taxi parado junto al bordillo blanco
(y hay un cerco de alegres sonrisas y de manos
fieles a sus celestes cotnactos en la sombra).
Porque Tú, el más activo -yel más ocioso- estabas
aquí, junto al farol de luz verde en lan oche.
Tú, sin libros; Tú, libre con brazos, con miradas,
estabas sin testigos y medías -ocioso-
mis pasos por mi cuarto (donde caben mis años).
Y los trigos en éxtasis de Castilla la Vieja,
los ríos llameantes con sus aguas crecidas,
seguían a lo lejos relevándote (mientras
detrás de mis cristales aparece el retraso
de ese barro, esos charcos del ancho descampado,
¡yo también descampado, desterrado del campo!)

 

PENSAMIENTO DE OTOÑO

Aún quedan viejas tapias en el mundo.
(Sabemos que morir no es estar muertos.)
Aún quedan en el alto acantilado
              flores de brezo.

Sabemos al morir que nuestros pasos
cansados no querían ir tan lejos.
(Aún queda esa colina bronceada
              de helechos secos.)

La entraña del pinar es sombra pura.
Rayos de un sol de otoño velan, trémulos,
su orilla de vivientes florecillas
              y húmedo suelo.

Rayos de un sol de otoño, nuestros pasos
no nos quieren llevar fuera del tiempo.
Morir -o huido barco entre las olas-
              no es estar muertos.

 

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Publica: MundoPoesía
Autor: Ismael Ríos
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