HABRÁ
Detrás
de los números
tendrán que estar las realidades
que se agotan en el hambre y las miserias
del progreso.
Detrás de las barrigas
orondas y fecundas de occidente
se esconden las demandas de justicia
que ya no son tan solo súplicas,
ni dádivas al aire o a la vida
que se torna ya en una ola irreverente
avanzando por las tierras del lujo y la abundancia,
por los cómodos rincones
de los amaneceres de tostadas y cruasanes.
Os
aviso: habrá tanta sangre derramada
como siglos de injusticias,
tantas lágrimas y desesperos
como hambres contenidas y olvidadas
en el cuarto mundo irrelevante
que comienza a rebelarse a trompicones.
De
momento van viniendo por los mares
con las espaldas mojadas y en silencio,
cruzando ríos y fronteras,
con la piel oscura y la lengua hueca,
con el perdón y las excusas escondidas
detrás de sus ojos inciertos.
Pero
sacarán sus uñas y sus dientes
afilados en el olvido de siglos de silencios
para arañar y morder sin remisión
porque aprenderán el juego del poder
que otorga la sangre y las ofensas.
Os
aviso: seremos piras y sepulcros
porque sepulcros y cadáveres fundamos
con nuestras bendiciones de factos y de olvidos
que dejaron el aire putrefacto.
LO
SABÍA...
Estábamos
comprometidos con la vida
aún sabiendo que esta se fugaba
hacia otras latitudes bien distintas,
aún sintiendo que los proyectos informales
eran cubículos de algodón azucarado
que tornaban a perderse sin ceder
casi ningún átomo importante.
Estábamos
dejando pasar el otoño
con sus tercas soledades,
al otro lado del invierno desquiciado
que dejó fríos en el cuerpo
y tiritonas pardas en el alma.
Estábamos columpiando risueños las palabras
porque creíamos en las promesas
que iban llegando desde el mar,
desde la tierra y desde el aire contagiado
por cantos de sangres y de odios.
Porque
aquí, en el lado claro
de mi figura inconsistente de payaso,
había demandas de silencios
que había que reventar a puñaladas:
aquí las tercas soledades, los amores
que andaban dejando cicatrices,
las ausencias de cálidos futuros,
los recelos, las depresiones del alma...
Estábamos
sabiendo
que nada importa nada a nadie
más que sus propios infortunios,
las cábalas prosaicas del sustento
o de la lujuria necesaria
que nos hacen amigos del lamento
monocorde y repetido
de ir sobreviviendo cada día
al compás del egoísmo.
(Nos quedaba un consuelo
de demandas)
Lo
sabíamos, y aún entonces
pensamos en volar los parapetos:
ahora que se van abriendo grietas
incerrables...