JORGE RICARDO AULICINO

 

Nació en Buenos Aires en 1949. Publicó Vuelo Bajo (1974), la Caída de los cuerpos (1983), Paisaje con Autor (1988) en Ediciones Ultimo Reino; Hombres en un restaurante, Almas en movimiento, La poesía era un bello país (Antología) en Editorial Libros de Tierra Firme entre otros libros.

 

SELECCIÓN DE POEMAS



HACIA EL MAL


La muerte de Satanás fue una tragedia
Para la imaginación. Una negación
Capital lo destruyó en su morada
Y, con él, muchos fenómenos celestes.


Wallace Stevens


...en un mundo que no aclara
y borra
de sus límites lo que a corazón desborda.


Darío Rojo

Warner:
No veo más que un negro perro de agua;
puede ser una ilusión óptica de vos.


J.W.Goethe, Fausto


1.1
El peso del mal en cada gota
sobre las hojas de las enredaderas.
El pasto, el sábado, surcado por las huellas
de quien se postula como espíritu
sustentador de los árboles, el rocío.
Pero, y no es que este rocío esté contaminado
de hollines, restos, basura de combustión
que flota y con el agua mansa desciende sobre el pasto,
sino que el espacio con plantas
junto a las vías de un tren suburbano
es, básicamente, la herida,
y el espíritu sustentador no otra cosa
que lo que mantiene abierto este maná
del que nuestro mal se alimenta.
¿De qué se nutrirían nuestras raíces
sino de cualquier tajo de vegetación,
cualquier zumbido de panal en verano o lluvia
que no estuviese de verdad en los planes,
rotunda, absoluta, el golpe decisivo
del vacío natural en aquello que constituye
el día en el que navegamos sobre aguas inconscientes?

1.2
Aquellos que se acariciaban bruscamente
sobre la mesa del recreo junto al Río.
Habían llegado en una vieja moto,
era fácil confundirlos con el mal.
Pero no eran el mal por lo que aparentaban
con las camperas raídas y el amor a la nafta
en combustión y a los ruidos profundos de la máquina.
Si atravesaron toda la provincia en moto,
cualquiera hubiese apostado
que no se habían extasiado
ni intentado hacerlo con el vuelo de las garzas
a las orillas de la ruta,
ni con la vida del pantano,
ni con el movimiento del pasto bajo el viento.

Del mismo modo, tampoco los arroyos químicos
los inquietaron o mortificaron,
ni la basura en el bosque,
ni los neumáticos junto a los arroyos.
Esos ángeles insensibles partieron la naturaleza
por el asfalto. Fueron perfectamente equilibrados
sustentándose en su propia velocidad
y en la vida de sus cuerpos.
Y con lo que no habla no hablaron.

1.3
Tememos las ciudades, grandes escorpiones,
o inesperadas amebas gigantescas en la pampa.
Desciende el pájaro negro desde el árbol
y el chico en el parque se asusta y se fascina.
El pájaro sin duda le habló girando a veces su cabeza
hacia lo profundo del parque,
se diría desde lejos le indicaba cuánto de promesa
de bosque tenía la fronda ahí,
pero también en ese punto empezaba una fábula tenebrosa
de chicos y brujas, migas de pan y ogros (se sabe).
No hay salida, ¿no lo ven? Por todas partes
el miedo, el horror, el éxtasis, hicieron sonar
sus aturdidoras matracas y sus encantadores cascabeles. También nosotros
fuimos arrojados desde los cortinados del bien.
Y ahora nos excluyen las galerías de Occidente
que el capital construye como deidad sin deus
y más allá de él.
No fornicarás madre ni padre ni agustina hermana.
Darás al César.
Pero si leíste los libros, si leíste todos esos libros,
vago, fantasioso, inútil, en ese maldito cuarto en desorden
sin dedicarte a trabajar, si los leíste
leíste el único libro y no comprenderás.
La suma, la resta, la división, los logaritmos,
las fuerzas de la historia considerada como mecánica
de los cuerpos en el tiempo y ante la muerte
y todo aquello que pueda deducirse de esta palabra,
tienen por regla la inclusión.

2.1
(Me gustaría que entraras esta noche al cuarto de los biombos.
No podría dejar nada al César.
No podría dejar nada de este cuerpo desnudo al César.
Todo el cuerpo, hasta el último centímetro de piel.
es para que esta noche lo tomes en el cuarto.
Extendido blanco, junto a la ventana; te irías

de otro modo o nada tendría de vos si te fueras
sin haber tomado todo el cuerpo entre los biombos).

2.2
Así si el mal es lo que daña o perturba,
lo que sangra y escapa, lo que no puedo tomar
ni comprender y confundo.
Así si el mal es lo que no me contiene ni contengo,
entonces la belleza, entonces la belleza
es como el árbol encantado del mal, el hijo de la vida.
Si no hubiesen destruido hombres en esto,
y de algún modo también algo en cierto punto
del tejido del todo objetivo, entonces lo tendría
como el dolor de un lance,
una cruzada por la calavera personal,
por el pájaro que obcede desde el bosque,
el agua entre las manos, la arena
o el fetiche que de todo esto se haga.
Pero, por Dios, golpearon fuerte
en alguna zona fuera de nosotros.
Y ahora somos la playa que desdeña el libro
porque las escrituras fallaron en un punto.

2.3
Un planteo simple, según creo:
por haber expulsado a Satán y dar al César,
algo violó la ley del cálculo.
Hicieron de todo formas y dejaron el desierto,
los cardos, la taiga o el bosque,
las siluetas de los árboles
y los despeñaderos
librados a una imposible beatitud.

3.1
El viejo rezongaba,
sus costumbres eran insufribles.
Animadas por una lógica sencilla,
escapaban sin embargo al entendimiento.
Todo en el viejo era imposible
porque habíase hecho sujeto sin oración.
Salido del mercado, no era signo que pudiera leerse.
Y esto de orinar en el fondo entre las plantas
que se pasaba cuidando inútilmente el día entero,
o el rezongo como una respiración del cuerpo,
lo tornaron destituido como el verde,
las fotos que tomó -¿para qué?- a lo largo
de setenta y ocho años
y la jarra de un vino que nada alborotaba en él.
Distinto al ocio, el tiempo del viejo,

entre un árbol arruinado y los tomates,
el crepúsculo de la fe, el triunfo
de una razón que se alimenta de sí.

3.2
La religión engendra monstruos.
Antes de necesitar lo que el bien propone
hizo falta lanzarnos a los grandes desiertos.
Extraviados, habríamos de querer así el bien.
Pero de este modo, la totalidad se hizo pedazos.
Los nombres y los infinitos vuelos,
las infinitas ondas, los matices,
la leña y el árbol, el olor y el picante,
el azul o el pizarra, el cuervo y la alimaña,
no comulgarían entre sí ni con el zorro.
El canto de la nieve, los ejércitos,
todo aquello era una irremediable pérdida.
Aun encerrados en las casas o en los altos feriados,
en la magnífica cima o en la pena,
algo incompleto diríase acechaba.

3.3
Prosperó el imbécil, hablando al animal,
que era el fugitivo, negada su potencia, el mérito
de andar sin desvelo, de crear de sí mismo el gozo.
Confundidos los tantos, la inteligencia así surgida
era manca.
No hubo exclusión: Dios se fue.
De modo que las últimas semillas son del ángel
desbancado.

4.1
Y el dolor cuando te hablo
y el dolor cuando no estás:
la eterna conversación de la amante,
esta vez, interceptada por el vuelo de las gallaretas.
Ella se calló en la ventana.
El vacío en el teléfono
fue una decepción abismal para él.
¿Por qué, se dijo ella, habría de sentir este tirón,
esto como de músculo exigido?
La visión de la bandada no le produjo paz:
sintió de pronto que dejaba de sentir.
En tu vida ordinaria, en tu estricta vida ordinaria
estaría el tao (el potencial puesto por su cuenta).
No hay mensaje en la bandada, dijo.
Que no hay promesa en la bandada ni dolor, repitió.
El abismo para el amante en el teléfono gimió.

4.2
Hablamos demasiado con Dios.
Entre las muchas decepciones,
entre las ocupaciones,
en las mañanas sin color,
hablamos con Dios.
En el discurso del negocio,
en el discurso del amor,
hablamos mucho con Dios.
Un booguie-booguie, una guitarra latina,
una salsa de tomate, hablan con Dios.

5.1
Riela la luz del velero en el agua entre islas.
Toda esta previsible belleza, repitió.
El trago fuerte, el cigarrillo ligth.
¿Ustedes vieron la villa bajo la autopista?
Aquí, al llegar al puerto, preguntó.
Toda esa gente que lo rodeaba no tenía respuesta.
No tenía una respuesta moral. Y siguió fumando.
Los cigarrillos en la oscuridad trazaron el círculo.
No lo levantaron en toda la noche.
El ritual se cumplía una vez más.
No hubo historias ni recuerdos de mujeres
-sus vientres abrazados, su humedad entre las piernas.
Afuera del círculo quedó Satán: las mujeres, las villas.

5.2
Ahora bien, este es el viento seco.
Mirando cada mañana el viento seco.
Acompañado de las plantas sin ansiedad.
Mirando cada mañana el viento.
Ahí donde el viento golpea.
Ahí está aquello de nosotros que es nada.
Donde no hay pensamiento. Donde las ramas
se inclinan hacia el viento.

6.1
Y he de hacer del amor una simple y curiosa
necesidad.
Esto dijo.
En la puerta del hipermercado y mientras
se ocupaba de algunos paquetes,

frente a la avenida de ocho carriles
que se desliza naturalmente entre bajos edificios,
todo sostenido por la telaraña del sol,
un día perfecto, pero sin reparar en eso,
mientras su atención estaba en las bolsas
de plástico, las latas, la verdura,
y sin embargo tampoco era atención, dijo, sin conversar,
"el amor, una curiosa y simple necesidad".
Ahora, por dios, que conserve esas sílabas,
que nadie altere el ritmo, el color y la respiración
de esas sílabas,
que no despierte en ella la tempestad de la pasión
o la razón.
Que ojalá no recuerde.
Que no embolse el dogma o la moral eso que dijo
en las rápidas redes de las células profundas.

6.2
¿Esperar qué nervio, qué acción,
qué sistema?
¿Esperar cómo? ¿Hacer qué?
Aun en la basura, aun señor en la basura,
aun en la más profunda basura,
saltará tal vez la cuerda de este piano.
Romperá de otro modo la tormenta también
contra las rocas del mar.
Indigentes, no deseosos ya,
no trastornados por el mal,
de esta manera, no viento, no señor,
no anhelantes comparaciones,
no búsqueda, no sacrificio.
No comodidad ni su opuesto
ni círculo sagrado.

6.3
Y todo eso, y todo eso, dijo,
también se parece a un himno.
El Pastor no podía ser engañado.
Hablan al animal porque perdieron a dios
y todo sucede porque perdieron a dios.
Y aun cuando fuera dios quien nos perdió,
solamente se puede ir hacia El.
Dijo.
Cuando negás a dios, te acercás a dios.
Cuando destruís a dios,
vas a dios por el mal, porque de dios
son todos los caminos.
Aun de dios son los restos nauseabundos

que ponés en la tierra: basura, químicos, gases,
todo deviene de tu destrucción de dios.
Es el mal el cadáver de dios.
Los basurales, los restos de dios en vos.

6.4
(Y cuando dormís conmigo en el cuarto de los biombos,
y cuando dormís aunque no me hayas tomado,
siento que nada puedo pensar
y el pensamiento se quiebra en tu cuerpo.
Tampoco puedo decir que siento,
porque eso sucede nada más:
el pensamiento se quiebra en tu cuerpo
cuando dormís,
en el cuarto de los biombos).

7.1
Las ciudades como cangrejos blancos en la pampa
el miedo a los gatos o a los pájaros oscuros,
el caserón con rosas, lo perdido,
el rocío en el pasto, el tajo
de árboles entre los edificios,
¿no es lo dado a los sentidos aun del hombre neutral,
el buzo?
La pregunta cae como moneda sobre un plato.
En el sonido, la respuesta es mejor que en el sentido.
Molusco blanco, pampa, casa, rocío,
árboles, tajo,
buzo.
Y todavía en la palabra con légamo de fondo,
basura, grasa, balazo, gritería nocturna,
chapas, violación, infierno, son redimidos.
El mal es el hecho, todo hecho.
Un acto, cualquier acto, un paso,
ajustarse el reloj.
¿Qué pondrías en el cuarto de los chicos?
¿Qué pondrías que no tuvieras que arrepentirte después?
Un retrato de Kafka o un gato de peluche
podrían provocar desastres semejantes.

7.2
La única posibilidad yace en Sodoma.
ahí murió.
Y sin embargo continúamos huyendo de Sodoma.
Y volviendo a Sodoma y a Babel y a Kiev.
Nos sumergiéramos por fin en el mal.
La acción fuera de verdad, dijo fumando.

Mientras tanto, estamos quietos
y todo a nuestro alrededor se va.

7.3
Vamos a ver qué pasa, de todos modos dice.
Y si no fuera el vamos a ver, ¿dónde,
digo yo, estaríamos, piloto sobre el Sahara,
esquimal, enemigo de la aurora boreal?
En las conversaciones, en realidad,
entran las mujeres, la maldita humedad,
y alguien querría hacer algo por las villas.
También está el que levanta un trébol,
el que no trepida al pasar frente a los tachos
llenos de vejigas malholientes del mercado
o los restos de pizza sobre al pasto.
Tu vida ordinaria, tu verdadera vida ordinaria.
Ni la acción es no acción ni es no acción la acción ahí.
Quién no fumó sentado en la cama sin saber por qué.
Pero vos sabés, vamos a ver qué pasa.
Como quien nunca sabe cómo irá el negocio
que mantiene hace años.

8.1
Golpeando el pico de agua,
reparando, juntando las hojas secas,
quemando hojas y basura,
enhebrando las hojas sin cantar,
él era el canto.
Y en el trabajo la paz de los caminos
y la acción del mal.
Y en el descanso la intención, el sepulcro.
No vamos hacia él ni regresamos de él, dijo,
volviendo su cara en un gesto que, al comenzar,
pareció siniestro.

8.2
Dejaras de embromar, dijo, todo fue un "error"
de la primera molécula, todo un error,
el pasto que parece extasiarte, el rocío, vos,
las guerras de liberación, Moisés, tu cuarto,
ella quería reproducirse igual a sí misma
pero algo "falló", un lamentable error de la química
confirma la Biblia, escribe un evangelio negativo;
la biología, un desarrollo equivocado.
Te vas una vez más por las ramas, dijo.
Asombra, dije, la perfección del error.

8.3
Nadie trasmite un gramo de sabiduría. No hay
un solo gramo de sabiduría en ningún lado.
La revelación, si así debe llamarse,
es estas gotas de agua que vierte la manguera,
el pico roto, o cualquier otro objeto
que no diga nada, nada en absoluto,
a tu vanidad.
El peor aburrimiento, el vacío más rico,
podría llamarse, entonces, revelación.
Y cada uno sabrá su cielo verdadero,
y cada uno la ansiedad que lo lleva
al mal.
Ahora parten los barcos.
Allá parten los barcos y ahí no estás vos,
ni dios.

8.4
La estructura de la primera célula
contenía el círculo y
cada círculo que abrió contenía
el círculo,
y si todos los círculos se cerraran
sobre el primero,
se repetiría el error,
caminaría el camino inverso,
de círculo en círculo,
sosteniéndose en un maravilloso tejido negro,
en la seda de sus sueños revertidos,
el error.
No quieras matar el mal ni el bien desées,
los cañaverales y las corrientes rápidas
y la garza y el barro
no tienen leyes distintas a tu impulso,
pero carecen de drama, de ardor y de pecado.
Tu inteligencia que gira en el pantano del poniente,
ante sí misma bella,
debería valer el precio que pongas por el último gusano.

9.1
Ella regresó a la casa por la autopista,
con la carga del mercado.
No volvió a rezar en el teléfono.
Con los años sabría que la herida
atacaría cíclicamente.
Como ordenados ejércitos robot,

como buenas e insensatas guerrillas.
Esa noche y otras sopló el viento
y las hojas cantaron antes de morir
la vieja incomprensible canción.
Pero ella era, de todos modos, otra.
¿Dónde fue a parar entonces la energía
que la había animado y dónde
la energía de todos iría
si pudiesen mirar por la ventana
el mundo ralear en su inmensidad,
achicarse el ansia?
Esta era una pregunta inmerecida
para su descanso atento,
para la vigilia sin armas.
¿Había hecho lo que quiso el universo,
qué ley?
Escuchó al viejo que podría haberle dicho:
no prestes conformidad,
no prestes conformidad a los vestidos del diablo.
Cuando dejes de hablar con dios,
también él dejará su nido.

9.2
Las ventanas de un cuarto dejo abiertas en invierno
y las del otro, cerradas, calefaccionando uno,
el otro en los vientos que manan del abandonado
corazón de la ciudad.
Quise, quiero, todas esas plomerías, los galpones
en las grietas de cuyos pisos crecen cardos
y otras duras plantas. El viento se diría
viene de ellas. Y cuanto más frío el viento
más parece el aliento vivo de todo,
el aliento inverso, la majestad del corazón,
potencia, potencia,
cuando cesa la batalla por los bordes.

9.3
De este modo no sabrás quién te amó.
Ni el primero ni el último serás
que se excluya de la batalla y sin embargo
¿dónde está lo que de ellos pueda aprenderse?
Veamos cómo podrías hacer dieta del corazón.
Si no es por eso que tus dedos saben el sitio
del velador y el instinto te guía como a funámbulo
por sobre todos los hilos que permiten el día.
Se dice: no comer de ese plato,
y ¿cómo salvaríamos al condenado?

¿Cómo sabríamos que el peor de nosotros no debe morir?
¿Cómo lo rescataríamos de todos modos del pus que somos?
Porque de esto se trata cuando decimos,
en un gesto conmovedor para los planetas:
que quede aislado pero viva el que mató hijos de hombre.
No es fácil salirse de la horrible paradoja
a la que nos trajo el Hijo. Funciona como instinto,
tal como si un dispositivo ciego rearmara la fuga
en un nuevo diorama.

9.4
Supongamos un carnaval de santos,
una feria de divinidades,
un feriado universal de la ética.
Es entonces posible que lo dañado en tus cristales,
la impertinencia del sol, el dolor de ciertas figuras
a las que llamás paisajes, disminuya.
Hablarás al animal de manera tal
que se entenderán sin registro
y los movimientos de lagartijas de las galaxias
huyendo de sí mismas no entregarán sentido.
Buda no escribió, ni Cristo,
y ese fue el mensaje, el medio.
Pero es que quise poner en relación
el mundo abismal de los reptiles
con el de los severos halcones
y el placer que de allí deviene no cede.
Amurallado, lanza bengalas sobre su exterminio
como una incesante Troya.

9.5
Durmiendo en las noches de invierno, tu casa
bajo los planetas y los gases de las ciudades;
durmiendo en las noches de las ciudades,
tu pensamiento es una muela de herrumbrado molino.
Niguno de tus semejantes sabe si va contra sí.
El fin no es concebible,
ni siquiera en los ejércitos en lucha.
Y de todas maneras parece
que el metabolismo de su pensamiento
envenenara su alimento cada vez más.
Qué otra cosa que verlos ahogarse en rapiña e inocencia.

9.6
Camina el viento y habrá ruido en los pasillos.
Las hojas de todas maneras se vuelven
hacia aquellos principios, la madriguera,
el mandril, la tajante profundidad de la espesura.

Aliado del mal, amigo de las sabandijas, solo
de este modo gozarás de algo que se sabe cósmico
y podría decirse en aires enredados en cierta medida
-nada más que en cierta medida-.
Te sabrás por fin libre de cancelar tus pactos,
rebajar tu óbolo, deleitarte en el cuerpo,
la herida cerrando con picazón gozosa.
Esperando en el bien, en el mal prosperando.

 

PAISAJE CON AUTOR


1. Maniobras de diversión

"Porque no puedo ni quiero
creer que tú hicieras nunca nada,
aún lo más mínimo, sin contar
con alún espectador"

GUNTER GRASS,
El Gato y el ratón

BAHIA PELIGROSA

Alegre como el aire de los pinos
saludaba las naves negras que anclaban en la rada.
No fui un buen habitante de aquella playa de contrabandistas.
Ay era una palomita en mi gabán apichonada.
Ay era un músico de manos de plata.
Saludaba siempre al almirante de mirada rancia.
No terminé jamás mi plato de lentejas:
hubo plomo violentamente disparado
más contra mi estupidez que contra mi inocencia.
Ellos querían ser fantasmas transparentes
y yo encontraba en sus capas óxido y grasa.
Sus gestos eran del tenor de los pacíficos
y yo era una música de ventura y de nada.

MANIOBRAS DE DIVERSION

La diversión es mi tema predilecto.
No rechazo la vida en las grandes ciudades.
Con un gabán, cualquiera se pierde en la llovizna.
En los parques todos somos asesinos.

No quiero pasar por inocente
y me pinto ojeras con corcho quemado.

CAIDA DE SCOTLAND YARD

La requisa no daba resultados.
Faltaba un brazo, había un muerto en la bañadera,
pero era hábil para exhibirlo todo.
Nada parecía en absoluto sospechoso.
También las tenazas estaban sobre la mesa.
Ni un dato íntimo.
Se quejaba del estruendo del tráfico.
Declaraba su somnolencia sin rodeos.

Un inocente perfecto, un asesino consumado.

PESCA DE ALTURA

Es preocupante esta sigilosa gota
de sombra en la bañadera.
Mucho más golpea el abismo aquí
que en la profundidad del mar donde
la luz de los submarinos rasga la penumbra
sólo para verificar el dominio absoluto
de la noche.
El abismo insondable asusta a los tripulantes
pero la luz de la cabina los conforta.
En la bañadera no hay refugio posible.

TOMO CAFÉ

¿Estoy preso de mi dolor
o miro un papel de diario en el balcón?
¿Estoy muerto y miro absorto lo intranscendente?
¿O estoy preso en mi papel y miro mi dolor?

PAISAJE CON AUTOR

Vivió una escenografía de libros abandonados,
un televisor encendido después de la transmisión
y cigarrillos sin terminar.
Procuraba mirar de frente los objetos:
las roturas del asfalto o las plantas de un acuario.
Pensó en los objetos, soñó con objetos,
vivió rodeado de objetos sin traducción.
El mal y el bien no parecen distintos detrás
de un vidrio tan nítido.
Ahora piensa que el mundo está arreglado
de acuerdo con ciertos propósitos.
Y más allá de ellos los objetos se destiñen sin objeto.
El mundo se rinde de esta manera y uno sonríe
sin entender en qué consiste el triunfo,
mientras el sol brilla sobre una botella en los techos
o escucha los trenes o la lluvia
que vuelve a caer donde había caído y agrega
hongos, óxido, humedad, ciertos olores
a un paisaje que sin embargo no termina de explicarse.


2. Segunda Naturaleza

"…tomaban la propia fermentación
por espíritu, la carne desgarrada por
historia y los medios contra la descomposición
por civilización…"
STANISLAW LEM
Retorno de las estrellas

SEGUNDA NATURALEZA


En la trastienda de la pequeña estación ferroviaria
el jefe se hace gárgaras.
Canta un pájaro entre las cañas cercanas.
Para el pájaro no existe el tren.
Para el jefe -a menos que pase a horario- tampoco.

HABEAS CORPUS

Un cuerpo muere y estira su mano
(¿hacia un océano dorado, un invierno violáceo?; nadie lo sabe ni lo ve)
Un pintor puede pintar la mano de Rembrandt sobre la sábana
pero no la agonía del cuerpo entre sus columnas de obsidiana.
El cuerpo no se ve.
Ni con los ojos de la mente ni
con los ojos de la piel.
Nadie pinta en realidad un cuerpo.
Se ha pintado espuma en los ojos del que muere,
lo entrevisto en el alba;
hipótesis, en todo caso, sobre el cuerpo

PREFIRIRIA HABLAR DE CUALQUIER MODO

Como quien con la uña saquea una pera
así creyó que saqueaba la realidad;
en verdad dijo que las lluvias no lo contenían
y que las flores de jacarandá no lo contenían
y sintió como ráfagas en los techos
que la realidad vaciaba en el terreno verdadero, el de las metáforas.
Empezó de nuevo:
como campanas que suenan en otra región
un ángel descendió sobre él y le dijo:
nada queda de ti infeliz porque
creíste guardar tu tesoro de las analogías
y en verdad custodiabas una pista de maniobras abandonada
donde crece el cardón, azotan los alisios
y hay un como un rumor -gritos de amor- en los hangares vacíos.

GLORIA DE LOS PAYADORES

Aquellos payadores que se hacían preguntas
en versos sonoros y medidos,
¿cómo agrupaban, reducían a mínima expresión silábica
que parecía torturarlos?
¿No eran aquellos puentes cadenciosos la esencia de su arte?
¿No eran menos importante la pregunta que la sabiduría para formularla en versos sonoros, persuasivos?
¿No creaban de ese modo una estética desvinculada en el fondo de todo interrogante pascaliano?;
tal y como: el universo, su infinitud, ¿dónde nos tocan?;
y en cambio reían y se correspondían en el canto,
simple al fin, sólo hileras de ocho sílabas rimadas.
Y en tal ingenuidad:¿reinaba la solución del problema?
¿Reinaba el universo donde nada tiene respuesta final
en tanto se multiplican los sistemas y campos energéticos
como versos rimados o versos libres que cimbran sólo para sí?
¿No es función de la poesía el orden, al fin simple,
o a veces solapado, como si temiera -lo que no ocurre con los payadores-
que el universo que no se ocupa de nosotros
pudiera devorarlo, desmentirlo?

APOGEO DEL IMPERIO

¿Transcurría debajo de la mesa la gloria de Eduardo?
¿Entre los zapatos hinchados, la ceniza de los puros,
las peladuras de avellanas, el acre color de las medias?
¿Dónde transcurría exactamente la gloria del reino?
¿Importaba en el ambiente inflamado por el alcohol,
las carcajadas, el sentimiento de la alta noche,
el olor animal de las mujeres imponiéndose tercamente
entre los aromas de afeites y lavanda?

¿Testigos, convidados de la gloria, eventualidades,
fisuras del banquete, poros, pisos, peladuras,
calcetines sudados y abandonados sobre el parquet
cuando rugiendo en la íntima alcoba, borrachos de nada,
los cuerpos se arrojaban sobre sí?

Ansiedades de príncipes, aventureros, lores,
que vivían esa tosca, brevísima inmediatez como eternidad:
el pequeño olor intenso y acre,
la mano crispada sobre la espalda velluda,
la delicia de todo lo caído -ceniza, peladuras-,
de todo lo sudado, el orbe rápidamente corrompido
en violenta decadencia, por una sola vez.
Hasta que los altos cristales se llenaban de ceniza del alba,
madre de la realidad sin en sí, sin otra cosa
que la monótona, insidiosa, destructora duración

LA CIUDAD Y LOS BARBAROS

Bajaban a la ciudad desde montañas explosivas, rojas,
con barrenos y fósforo y mataban con cuchillos
y tenían olor a bosta, pero reivindicaban sus ojos azules.
Y después de matar robaban a los muertos,
los que a su vez habían bajado de la montaña roja
con barrenos y habían matado a todos con
fósforo y cuchillos y habían robado a los muertos.
Quienes habían bajado la montaña en medio de explosiones
rojas y habían matado con barrenos y bosta
y habían robado a los muertos.
Todos, en general, reivindicaban sus ojos azules
pero ninguno se enamoró de ninguna mujer ni tuvo descendencia.
El origen de la ciudad se perdía en los tiempos,
pero los desconocidos llegaban siempre
cuando la población estaba a punto de extinguirse.

LOS BARBAROS EN SI

Hacían chistes con la muerte, atravesaban el mar
en botes de tablas y dormían en el delta sobre las embarcaciones.
Aparecían en los noticieros con mujeres de otro planeta
y tenían fortuna en los negocios.
Murieron de peste en sanatorios refrigerados
y preferían callar las infamias: esa fue su única ética,
de dudosa estirpe.
Una mujer los vio, pero se perdió entre los autos.
Estuvieron un tiempo imposible de calcular en los desiertos cercanos
y se fueron definitivamente, la mayoría de ellos infectados,
con una muerte segura a corto plazo.
Se habla banalmente de los bárbaros ahora, pero
el misterio de su origen es casi tan grande
como el de la religión que profesaban.
Tuvieron un dios: a nosotros nos quedan las gaviotas
que no muestran decisión en resolver el problema.

AUSENCIA DE UN CARANCHO

Lo digo ahora que pasó el verano: aquel carancho
no logró establecer ninguna relación particular
con la noche, mientras gritaba sobrevolando la casa
en el campo.
No podía esperarse que nada dependiera de su vuelo ciego.
Lo ignoraron las tejas, el molino, y sobre todo
los durmientes de la casa.
La carretera, la lechuza cazadora, la lámpara ahumada
del cuarto,
tuvieron entre sí extrañas relaciones
a las que fue completamente ajeno el carancho.
He pensado largamente en sus alas
plateadas por la luna y en los piojos que le comen la barriga
y no produjo una sola idea digna de ser tenida en cuenta.
Ni piedad su exilio, ni irritación el recuerdo de su grito
agudo y ciego.

El carancho no se propuso como aviso de un límite,
no tiene dignidad de águila, es demasiado
animal para sostenerse en el poema.
La noche no fracasó por el carancho , ni siquiera
fue un aguafiestas.
Es imposible una relación con el sinsentido del carancho.
Y así debería ser el poema, como el vuelo y el grito del carancho.

COLORISTAS

Hay en ese bosque de Cezanne
la impresión de que ese bosque no está
ni estuvo.
No porque sea sueño, trama de sueños,
sino porque ha sido pintado en parte en
una tela,
en parte en la nada y -en gran parte-
en el lugar donde vimos un bosque.


3. Años

"La muerte miró la escena por
el rápido agujero."

JOAQUIN GIANUZZI

ZEN

El maestro vio caer
en el polvo
sus últimas muelas.
"Eran inútiles -se dijo-; con ellas
no podía morder ya el freno del olvido.
Ahora caerán sombras sobre las colinas de mi infancia.
La noche ocupará justamente su lugar.
Estoy en mi senda".

El maestro esperó que sus muelas fueran
cubiertas por el polvo día tras día.
"La noche llega" se dijo,
"como una tormenta de tierra."

Entonces vio cuervos descendiendo sobre el camino.
Oyó trenes en la aldea cercana.
"Todavía me quedan los ojos, los oídos", se dijo con pena.
Presa del error, cayó en la noche.
"No estoy a gusto: estoy en mi senda.",
dijo, antes que lo tragara el final.

OTOÑOS EN FLOR

Bajo nubarrones rosados
paradójicamente puede esperarse que se aclare
el sentido de todo.
Pero estás hecho para la muerte
que es nada.
El enigma seguirá en otra parte:
tu muerte personal no aclara
ni oscurece el panorama.

UNA VENTANA

El tiempo que devora no ocurre en este balcón:
la corrupción de las rejas, el hollín adherido al óxido.
Es una monstruosa ola que atrapa los techos
las copas de los árboles,
las paredes erguidas en la luz de la tarde.

La redención no está en el balcón de enfrente:
el helecho verde, las flores rojas;
la eternidad no es el sol sobre esas sábanas tendidas.
Todo está envuelto en la burbuja del tiempo destructor.

La vaga asonancia entre la necesidad del observador
y el golpe de los tallos, la luz sobre los viejos revoques
y el viento puro en el aire iluminado, crea la metáfora.
La metáfora de la eternidad -y la eternidad-
se terminan cuando los ojos quieren ver las cosas.
Y se resisten a ver al observador.

VERDAD DE PASCAL

Detrás de las carpas en las playas se tienden los menesterosos.
No los rodea el ruido de las conversaciones banales
pero tampoco los subyuga la calma del horizonte.
En cambio entran en contacto con un pueblo de moscas enanas
insectos zancudos tapas de botellas y raíces
resecos por la arena.
Pero nada de ese universo habla:
todo discurre indiferente como las conversaciones banales.

Antaño fui un menesteroso:
me tendía detrás de las carpas en la playa.
No gané mucho con ingresar al bando de quienes pagan
un sitio en la arena y tienen derecho a la contemplación
y a las conversaciones banales.
Pero tampoco perdí nada.
Allá o acá campea el silencio de las esferas
y el dolor de la resaca es el mismo.

UNA MANZANA

La redondez de la manzana no tienta al gusano.
La redondez de la manzana no seduce a la avispa.
El gusano, la avispa,
quieren la pulpa de la manzana.

Al poeta tampoco lo seduce la redondez de la manzana,
ni siquiera le gusta la pulpa.

Pero la manzana sobre la mesa
no le resulta indiferente;
la manzana que a cada segundo
muere un poco;
la manzana abandonada
expuesta a la violencia del aire.

ROSEBUD

Es decir estuve suficientemente solo bajo la rama de un arce.
Levantó los ojos, los bajó, con infinita insistencia. Se privó de todo.
Y cuando levantaba la vista veía: el arce
-una palabra-; humo, una nube amarilla.
Y cuando bajaba la vista veía una mata de pasto aplastada
donde habitaban unas moscas grises.
El hecho finalizó hacia la primavera de 1956.
Cuando presentó su experiencia a los mayores,
ellos entendieron que el chico volvía de la guerra de guerrillas,
porque en realidad no dijo una palabra.
"Este chico hablará el día del Juicio", dijo la abuela, pero se equivocaba.
Aquella permanencia bajo el arce -una palabra-
había sumido al chico en esta reflexión:
"Tengo la potestad de irme de las palabras,
lo que significa lisa y llanamente irme.
Y, de permanecer bajo el arce -una palabra-
no puedo decir nada, puesto que soy un chico bajo el arce".

No había que entender que aquello significara nada.
Excepto que el chico estaba bajo el arce, definitivamente
perdido para los significantes,
en una eternidad que carecía de sentido.

EL OJO DEL HURACAN

Mis amigos encienden una lámpara
para que hable por teléfono.
Cuatrocientos kilómetros de línea
nos unen o separan.
La ciudad se cae a pedazos
y no te veo.
Sólo veo una lámpara y pequeños insectos.

 

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Publica: MundoPoesía
Autor: Ismael Ríos
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