NOSOTROS
LOS HOMBRES
Vengo
a buscarte, hermano, porque traigo el poema,
que es traer el mundo a las espaldas.
Soy como un perro que ruge a solas, ladra
a las fieras del odio y de la angustia,
echa a rodar la vida en mitad de la noche.
Traigo sueños, tristezas, alegrías, mansedumbres,
democracias quebradas como cántaros,
religiones mohosas hasta el alma,
rebeliones en germen echando lenguas de humo,
árboles que no tienen
suficientes resinas amorosas.
Estamos
sin amor, hermano mío,
y esto es como estar ciegos en mitad de la tierra.
Traigo
muertes para asustar a todos
los que juegan con muertes.
Vidas para alegrar a los mansos y tiernos,
esperanzas y uvas para los dolorosos.
Pero
traigo ante todo
un deseo violento de abrazar,
atronador y grande
como tormenta oceánica.
Quiero
hacer con los brazos
un solo brazo dulce
que rodee la tierra.
Yo
deseo que todo, que la vida sea nuestra
como el agua y el viento.
Que nadie tenga nunca más patria que el vecino.
Que nadie diga más la finca es mía, el barco...,
sino la finca nuestra, de Nosotros los Hombres.
ESTE SITIO DE ANGUSTIA
Uno
quisiera siempre tener su mano amiga,
su buen pan compañero, su dulce café, su
amigo inseparable para cada momento.
Quisiera no encontrar un solo fruto amargo,
una casa sangrando, un niño abandonado,
un anciano caído debajo del fracaso.
Pero
a veces los días se ponen grises,
nos miran con miradas enemigas,
y se ríen de nosotros,
se burlan de nosotros,
nos enseñan cadáveres de jornaleros tristes,
de muchachas vencidas, de niños sin tinero.
Se mira uno las uñas, como haciéndose viejo,
encoge las rodillas para no perecer,
y nada, nada bueno agita las campanas,
nada bueno florece en los hombros del mundo.
Entonces
es que uno llama al apio y le dice,
llama el rábano amargo y le dice también
que esta corteza de hombre debe ser un castigo,
un paisaje maldito donde el hombre no quiere,
no soporta vivir porque le sorben sangre,
porque le chupan sangre hasta dejarlo ciego.
LA MUERTE ESTÁ DESNUDA
La
muerte está desnuda frente al hombre.
Desnuda, simple, franca.
No es ojo cerrado por la sombra:
es una piedra blanca,
una pared escueta, una muralla
dura y definitiva.
Morir es entregar la batalla a otras manos
como una mano viva.
La
muerte está desnuda frente al hombre
y es simple como el paso,
el corazón, el labio,
la silla y el abrazo.
Simple
como las mesas cotidianas,
como la cena diaria.
Viva
como el amor y, como el cuerpo,
concreta y necesaria.
ARRANCADME LOS OJOS. ARROJADLOS
Arrancadme
los ojos Arrojadlos
al fondo tempestuoso de mi sangre.
No os quiero ver, no os quiero ver, no puedo!
Cómo podéis cenar sobre un cuello tronchado,
al borde de una cárcel?
Cómo
podéis amar y engendrar a la orilla
de un anciano cerrando con las manos
una herida más ancha que su carne?
Bajo el ojo del mundo que se cierra
mirándoos
de
sangre...
Junto
a las piedras vivas y rebeldes
avergonzadas de las calles.
Junto a la muerte, junto a la muerte.
burlándose debajo de los trajes...
Oyendo
la ciudad llover,
derruida,
oyéndola
quebrarse...
Quebrarse
los abuelos,
quebrarse sus oscuros ojos agonizantes,
quebrarse el hombre entero,
quebrarse su pequeño hueso de ángel...
ESTOY HECHO DE LUCHAS Y CIUDADES
Estoy
hecho de luchas y ciudades.
Silba en mi corazón el ruido vivo
del metal que trabaja.
Poblado estoy de pueblos y crepúsculos.
Hasta la piedra llega, me sacude las venas
y me habla.
Pero
el hombre,
madera,
piedra,
hierro,
el
hombre, dónde canta?
El hombre, dónde vive, dónde sufre,
dónde agoniza el hombre,
dónde,
máquinas,
dónde, mares, crepúsculos, trabajos?
De
qué me sirve esta ciudad ilímite,
si no encuentro despierto el hombre,
lo que amo?
Dame
al hombre, metales, dadme al hombre,
entero, libre, fraternal, impávido!
ÁRBOL SOY, AMOR MÍO. MIS RAÍCES
Árbol
soy, amor mío. Mis raíces
bajo tu sangre crecen.
Soy todas esas venas que en tu carne
luchan y se retuercen.
Soy la raigambre toda de tu pueblo.
Sus calles. Y sus frutos. Y sus viernes.
Heme
aquí, sacudido, vigilando,
lleno de ramas verdes,
protegiendo tu alma con mis hojas,
defendiendo tus besos con mis dientes,
sembrando este amor mío como un ojo
debajo de tu vida y de tu muerte.
Amanezco
cantando y anochezco
todo lleno de heridas. Pero siempre,
en todo y sobre todo, soy un árbol
que te hunde raíces mientras duermes.
Y
cuando sueño te derramo adentro
una baranda de arbolitos verdes.