FRANCISCO OBRERO

 

Joven poeta español nacido en Sevilla donde aún continúa residiendo. Realiza labores de edición en revistas culturales y programas de difusión de poesía.

A continuación publicamos algunos de sus poemas.


Pueden contactar con el autor en  fobreros@yahoo.es

 

SELECCIÓN DE POEMAS

 

MUERTO DE OFICIO

"Quiso cantar, cantar
para olvidar
su vida verdadera de mentiras
y recordar
su mentirosa vida de verdades"

Octavio Paz

"Nada hay en todo eso,
nada que sea enteramente tuyo.
Y, sin embargo, todo eso eres tú"

Ezra Pound



Lo que hubo en ti de vida
ya no es vida.

¿Te olvidaron de vivir?

Sólo tú y tu loco empeño
en este mundo de todos que no es tuyo
de acerarte mucho más
el duro ejercicio de la vida.

Un papel, un verso y un "para nada"
y tu frágil equilibrio de los labios.

Tu egoísmo,
y el duro reproche a cuanto pides
para siempre devolver cuanto te falta.

Esta vida de todos que no es tuya
y este loco afán que no te entiende.

¿Te olvidaron de morir?

 

Tienes en tus manos la palabra soledad

      ¡ S O L E D A D !

como un florecer de parques
de frondosa verdura silenciosa
y un fluir glorioso de aguas.

      ¡ S O L E D A D !

Todas las palabras se inmensan
y adquieren su sentido preciso
en esta libertad de espacios.

      ¡ S O L E D A D !

Ahora que ya eres el gran olvidado

      ¡ S O L E D A D !

 

Te ases a la vida, niño terco,
con ese asombro inicial
de lo que todo te oculta
en su descubrir primero.

Alzas la vida en tus ojos
sin un por qué; o
elevas a peldaños más altos
el día, la voz y el alfabeto.

Un hilo pende ternuras
de tensión enhiesto,
y el viento hace
música de tu silencio.

Un proyecto en el alma
te tiene preso,
te ofrece cielo sin alas
y alas sin cielo.



Hermana,

hay un lugar llamado distancia
a dos veces la distancia
entre nosotros.

Un lugar que nos separa
más allá de las distancias
a dos habitaciones
y dos líneas telefónicas
de vosotros.

La casa está triste
y aunque mamá no lo diga
el número dos se repite
sin descanso.

Hermano,
¿cómo decirlo?
hay veces, que uno se queda
con las ganas en el verso
por hablaros y estrecharos.

 

Duerme, hijo, duerme...
                                       que yo
saldré con el corazón en las manos,
con las manos del corazón,
cándida como una niña
a recibir tu sueño
sereno como las estrellas.

Que el hombre ha de saber la extensa extensión
del tamaño del abrazo del mundo
que forma, tiernamente,
cual otro abrazo,
la palabra

¡MADRE!

 

Hijo mío,
es el triste lamento de la noche
y la plúmbea ingerencia de las nubes
la verde protesta de los prados.

Es su deslizar oculto
entre el sigilo de los gatos
por los andamiajes más frágiles y bajos
de la esfera del reloj
su búsqueda de mundos
en las crecientes raíces del insomnio,
en el frío sudor de la pesadilla,
y en la cóncava presión
de la insobornable insistencia de la gota.

Es lo que nos separa,
el silencio absoluto de distancias inasibles
y la voz callada
de los que ya nada tienen que decirse.

Hijo mío,
esta atmósfera de sienes golpeantes
ignora la tibia vida del latido
y golpea si es preciso hasta la sangre.

No es el golpe firme de la mano que abre puertas
quien nos llama.

Es el ansia de descanso sin descanso
en éstas, las horas, las más largas.

Es la noche, es la noche y su desgaste
hijo mío...

- Calla, calla,
que es temprano ya
y viene el amanecer
batiendo sombras.

 

Es la noche del hombre.

Las esperanzas vuelan en las rondas
permanentes de los cielos.
Sólo se entregan a los ojos
de quien sabe mirarlas.

Allí no hay
mas que un cúmulo de estrellas muertas
y lunas que se precipitan
contra mares dolientes como la vida misma.

Hay un sepulcro de miradas muertas
que duelen en el foso de la tierra
como un mal querer gris y profundo.

Las miradas pesan demasiado en los corazones mustios
con su cansina música de silencios
y el hombre ya perdió sus alas
en la fantasía de su propia mentira.

Es...
        la tristeza del hombre.

¡Las esperanzas se alejan y los ojos lloran!

 

hay caminos
que llevan a ninguna parte
y sin embargo están Ahí
como un fin de trayecto
donde alguien espera
de brazos cerrados
y sin embargo Ahí están

 

Son altas y frías.
Vienen del más allá de la oscuridad
y sus dentelladas cruentas
son enemigas de la ciudad como el silencio.

Vienen del descalzado insomnio
y sus sombras sin nombre
llevan un sin pecho
que les impide amar.
                                ¡Amar!

Tienen los ojos tristes,
profundos como fosas en la tierra de nadie
y equívocos como cristales rotos.

Recién salidas del último de los naufragios vienen
con toda la muerte a cuesta como si fuese un mal trago.

                                   ¡Son!
                                 ¡Vienen!

 

Estaba allí.
Era justamente la forma de un cuerpo.
Un repentino súbito frío
que nos hacía estremecernos
mientras otros,
apenas sí se enjugaban las lágrimas.

- Hay que resguardarse el corazón...
repetían en las rondas los más viejos
afirmándose el pulso. Eso decían,
y el asfalto, figuraba más negro que de costumbre,
más rojo.

***

Parecía tan tierno
que le asistía la mirada
que un niño entrega a su madre cuando tiene sueño
y se da al soñar desdibujando sus ojos
párpado a párpado, poco a poco...

Pero no eran párpados. ¡No!
Sólo ojos, sólo ojos,
y un dolor inlocalizado
que nos dolía la vida sin medidas.

***

Estaba allí
mientras decías con la mano al hombro
- Vamos, hermano, vamos...
aun sabiendo que no era yo
quien reemprendía la marcha
mientras te repetías insistente:
- Vamos, hermano, vamos...

 

POEMA OSCURO

"... tarde triste, encapotada y frío
y tú, con las astas de la muerte desoladas
tan temprano, tan lejos y perdido...

... todo parece unánime coartada
de grises adjetivos mal vestidos
en tus calles, tus gentes y conmigo."


F. Obrero


O  O
D  L  R
T

R    i
A        d
P              a

SSSilencio

Y

OLVIDO

 

Te busco, nada más.

Hace bruma en la memoria tu partida
y es el tiempo del tiempo el que socava
todo indicio de ilusión
en el recuerdo.

Pero no son años, es distancia...
distancia que separa
como nada pueda hacerlo
porque si algo es imposible
es seguirte el rastro frío
borrado por las calles sin tu paso
y sin tu aliento.

Te busco, nada más.
Pronuncio:

                  ¡ D I S T A N C I A !

y todo se puebla de un hondísimo silencio
en mi loca voz de eco
que sabe que te llama y que te estrecha
sin tu cuerpo.

Pero no son años, es distancia;
y tú, límite incierto de adverbio,
rayas el borde del jamás
doliendo tan profundamente lejos.

Te busco, nada más.
Tierra adentro.

Pero,
        ¿cuál medida en tu distancia?

 

POEMA

I

¿Qué podrá saber aquél
en el día en que se sepa ido en ojos otros,
en ojos tamtos o tam/pocos,
en el confín -¿al fin?- del fin?

¿Serán sus cicatrices los recuerdos?
- ¿Despojos o tesoros? -

¿Serán daños los bordes del silencio?
- ¿Suyos o nuestros? -

¿Serán saberse sidos a la fuerza?
- ¿Despiertos de otra vida? -

¿Serán?
- ¿Sabrán serlo? -

II

Habrá otra luz
de viejos ojos desusados,
olvidados...

Habrá otra luz.
Habrán de incorporarse,
habrán de ser incorporados.

De vidas otras
sentir el frío raso.

Habrán de amar,
amar y ser amados.
¡Amar con fuerza tanto!
amarlo todo, amarlo.

Habrán.
Habrán de hacerlo,
habrán de serlo,
habrán...

O mejor aún, no habrán Nada.

 

Una noche, no puede pesar lo que una muerte.
Y, sin embargo, cuánta noche en esta muerte
que no crece en el tamaño porque no hay ojos para ello.

Cuánta noche en esta noche que no es noche,
de ateridas manos y recuerdos, al modo del triste
corazón de un Dios arrinconado en el olvido
que trunca en confusión de destrucción
se extraño privilegio de la vida.

Quizá, una noche, nunca podrá pesar lo que una muerte
como tampoco aquí: papel y verso, cuerpo y alma,
cabría mi pequeño dolor de corazón
hecho palabra.

 

O pensar ¿por qué hay noche?
O ¿por qué nos queman las estrellas
o nos hiela la luna con suf río velo de ojo puesto?
O ¿por qué nos muerde el sueño?
O ¿por qué nada?
O ¿por qué todo?
O ¿por qué?
                     y nada más
                                        y solamente.

 

Y comprender
que la verdad es sólo una mentira.
Y mirarnos las manos
del alma sin uñas, de tan
arañada existencia.

Cero. Uno. Cero.

Como si nos bastasen las palabras
para sucedernos.

0  1  0

Como si todo.
Como si nada.
¡Como si ya no lo supiéramos!

 

La tercera calle es triste.
Evoca postales antiguas
y habitaciones cerradas.

Allí, se reúnen los más pobres niños
cansados de la tarde y de los juegos
al favor de los bancos en la plaza.

Tienen el pulso indeciso
mientras fuman a escondidas
y murmuran sobre la gente.

A la tercera calle
confluyen los más tristes niños
aún más tristes si recuerdan
un recuerdo recordado. Son

niños madrugadores
que hacen proyectos de un día
mientras se les adensa la voz
en sus bocas sin dientes.

Al anochecer,
anónimos y oscuros,
cuando arrecia el frío,
se marchan trabajosamente
cual si fuese cada cual el último
llevando en el peso de sus ojos
el amargo sabor de la despedida y
se entregan al descanso de los sueños
y se sienten jóvenes, alegres y ligeros
en la tercera calle
llamada Edad.

 

A PLENA VOZ

a  J. A. Valente

"La verdad es terrible,
pero es la verdad"

J. Luis Panero


Pero seamos, al fin,
intrascendentes.

Si dijese muerte, amor o vida
y nada más;
nunca serían vida, amor o muerte
y nada más.

Si escribiese muerte, amor y vida
y nada más;
nada más lejos de amor, muerte y vida
y nada más.

Cuando digo amor o muerte o vida...
o alguien ama o muere o vive...

Pero seamos, al fin,
intrascendentes,
y basta.

 

uno ignora cuánto uno es y será uno de Uno
cuánto uno es uno de entre todos los otros unos
y cuánto nada de nadie terminará siendo uno

uno nunca sabrá a ciencia cierta
si la matemática del Uno
o la problemática del Cero al consciente
serán el alfabeto de la duda o del silencio

o si le bastará a la respuesta con hacerse su pregunta
o si al hacer sudar a la palabra nos dará del pulpo la respuesta

y todo esto, ¡Dios mío!, porque uno sólo es uno
y no otro
y no Uno

 

Y no tendremos, al fin, con qué decir
con qué callando -si fuera en lo posible en el acaso-
del peso hondo de la angustia a tanta muerte
a tanto nada para tan poco tanto
y a tan sin-hombres por el hombre silenciados
diez veces cuatro y aún dieces cuatro mientras tanto
en los vértices del 3 de la madera, al fin y al cabo.

 

Un cielo alto, muy alto.
Liso e inmaculado.

Un mundo bajo, muy bajo.
Sórdido y frío.
¡Tan bajo!

 

Da miedo avergonzarse,
estrepitarse, sonreírse,
levantarse, lagrimarse,
estremecerse, prostituirse,
explotarse, jubilarse,
lacerarse, entristecerse,
indignarse, rebelarse,
concienciarse, descansarse,
existirse, etceterarse...

... abrir los ojos
y no cerrarlos.

 

No existe el amor, hermano,
¡no existe!

Este paisaje yerto de almas
atravesadas por la miseria humana
no existe, ¡no existe!

Es un triste invento del hombre
¡un triste invento!

 

El mundo.

Manos des / unidas.

Digan / lo / que / digan
comunica...

Manos des / unidas.
Comunica...

Digas / lo / que / digas
comunica...

¡Cuánta verdad
para tanta mentira!

 

¿Cuál voz que no sea escombro?
¿Cuál ternura que no arañe?

¿Cuál mano que no apriete?
¿Cuál cuchillo que no mate?

¿Cuál silencio que no es muerte?
¿Cuál cordero que nos salve?

¿Cuál distancia que no aparte?
¿Cuál destino que no acabe?

¿Cuál Señor que nos ampare?
¿Cuál amor que no maltrate?
...

¿Cuál cuál cosa
y no parecer un pato?

 

Poetas del mundo
nuestra madre tierra llora
y grande es el camino.
                                  ¡Partid!

Haced cantar, llorar, reír
a nuestra tierra madre
y a sus míseros hijos sin culpa.

Cantad, reíd, llorad,
bufones del mundo.

Contad el vacío de las palabras
aunque así se os quede cara de idiotas.

 

AMOR A TIENTAS

"Amor, tú, mi desconocido,
puesto en boca de los demás."

Francisco Obrero


Entre tú y yo han de existir
vastas extensiones celestes
e infranqueables muros
del tamaño del NO.

Lentas e inacabadas noches
contenidas en lo intenso de un suspiro
y vías libres que se alejen
del oneroso tributo de lo efímero.

Entre tú y yo ha de mediar
el más equidistante de los puntos,
el más posible amor de los amores cotidianos,
el más cauto amor de los amores cautos.

¡Entre tú y yo...!
para que nunca sepamos del extremo
lo terrible del daño de su filo.

 

"Razón de Amor"
Pedro Salinas

Pero como la voz, el corazón,
directo y limpio, no atiende a las fronteras
ni medidas, ni sabe más allá
del trémulo fulgor de las palabras
porque ese no es su cometido.

Revestido de inocencia, confronta
a la razón con su razón
amando en ocasiones demasiado
con el ímpetu y la fuerza irrefragable
del presentimiento de una madre.

Ocurre, corazón, que sólo a veces
¡Razón de Amor!
no nos mueres de amor el corazón
hasta nacérsenos una mar en la garganta.

 

Ella tiene tras de su velo
la noche, abiertos sus balcones
a la anchurosa plaza.
Noche, que a fuerza de oscuridad
no puede ser mas que noche.

¡Corazón sufre!

Ella tiene un matiz oscuro
la noche, un murmullo que entregado
al cielo, no es sino mantel
de estrellas tibias.

¡Corazón hiere!

Ella tiene sombras de síes
la noche, redes torpes,
saetas, nóes de hoy
que no pueden clavarse
sino en el pecho.

¡Corazón muere!

 

El corazón bermellón de la tarde
avanza de sol a luna
y por el cielo, nadie.

Traspuestos rostros de gente
tras las ventanas no salen
y en el centro de las calles, nadie.

Esquinas ocultas y esquivas
luces veladas y aire
y en el fondo de las sombras, nadie.

La noche cae soberana
mantilla de brunos corales
y en lo oscuro se pasea, nadie.

La nada traerá un lamento
y mi corazón lo sabe
en el centro de mi pecho, ¡Nadie!

 

Soneto del amor imperfecto

Así fue. Un Adiós. Simplemente.
Como si se le hubiesen apagado
las estrellas a la noche. Alumbrado
una a una, a dios, de repente,

todas las dudas del mundo. ¿Me entiende?
Como si se le hubiesen amputado
al amor besos y abrazo, olvidado.
Créame, eso es todo, tristemente.

Como a quien se le muere entre las manos
un pajarillo sin no esperarlo.
Como en un perderse, sencillamente.

Como presentes sin futuro, vanos.
Como en un imposible explicarlo.
¡Así es!, un Adiós, simplemente.

 

A Cesare Pavese

Se besaban con la plenitud
de un amor inigualable
entre la niebla y la apagada
luz mortecina de la calle.

Le turbaba su mirada
y el gesto repetido
de la insistencia.

Comenzó a recordar,
a morir un poco,
y a apretarse el corazón
en una quimérica sucesión de imágenes.

Dieron las 12. Se levantó.
Apagó la televisión,
y en el acto ritual de toda una vida
se fue a la cama
y puso a dormitar el alma.

 

A Don Manuel Machado, Poeta

¿Mi vida?
Una huella sin indicios.
Cuanto de ella haya tenido lo he gastado.
Nada sabrán quienes me busquen
en libros o tratados.

¿Escribir?
Esconder.
Evidencias de otras vidas.
Lo que de mí se fue dejado.

¿El amor?
Placer que causa daño.
Amar con mucha nada en ocasiones tanto.
No amar a veces demasiado.

¿Vivir?
¡Amar!

¿Morir?
¡No ser amado!

¿Mi muerte?
Testimonio de mi paso.

¿Mi amor?
Un mal poema.
Fanal sin luz
sin un pobre insecto
que llevarme a los ojos.

 

¡Que no pare el mundo!
que ha de mecer, todavía,
la pena sola de ese niño.

 

EL MAL POEMA

Podría ocurrir que esto un mal poema
se convirtiera a fuerza de decirlo
en un mal poema (aun sabiendo
que lo malo es siempre malo y aún es peor
si a fuerza de aseverar lo hacemos
más veces malo). Podría ocurrir
también que no lo fuera e incluso que
fuese un gran poema quizá el mejor
de cuántos poemas nunca se haya escrito.

Lo mejor quizá sería aplicarme
el beneficio de la duda y dar
por concluida esta estúpida propuesta
de arriesgado término y tirarla.
De esa manera ni tú ni yo
indistintamente estaríamos
o leyendo o escribiendo. Pero...
podría también habérsete ocurrido
a ti no habérsete ocurrido leer
un mal poema malintencionado
de un mal autor al que en nada podría
achacársele el hecho de escribir
malos poemas. -Te lo advierto ¡obstinado!
no todos los finales son felices-

¡Podrían ocurrir tantas muchas cosas!

Incluso que ésto un mal poema pudiera
en un giro inesperado llegar
a no serlo guardando un gran final
digno de admiración. ¿Crees en milagros?

Pero ya ves que ocurre lo que tiene
que ocurrir como ocurren todas las
cosas que ocurren: ocurriendo. Y
que en este juego del azar llamado
escribir a menudo uno emplea
todas las armas a su alcance. Incluso el Farol.

 

A MI HERMANA

Mi hermana nunca dejará de sorprenderme.
Suele levantarse cada 1 de Junio de cada año
y cumplir años.
¡Nada más lejos de lo común!
porque mi hermana es mi única y sola hermana.

Mi hermana tiene el don de la palabra, el de la voz,
y se pasea por el trapecio del equilibrio de las palabras
bajo un vacío sin redes
sólo equiparable al vuelo de sus ojos
en la obediencia del aire.

Mi hermana tiene el oído temprano de flores
y en sus manos el milagro de tinta verde.
A veces, es un oscuro baúl de secretos de niña
y otras, una caja abierta de música alegre.

A mi hermana, no es que la quiera porque sea su hermano
ni porque ella de mí lo fuere.
La quiero (y lo sé) porque a veces, por ella,
uno se acaba dejando la ternura en el pañuelo.

Mi hermana, sonrisa ancha y azul
lleva en sus labios el cielo
y es la alegría perenne
con la que nos alegramos.


Ya he dicho que mi hermana
nunca dejará de sorprenderme.
Va y cumple años el 1 de Junio de cada año
y por felicitaciones trae Felicidad.

 

Rebelación de la Poesía ReVelada

Primer Poeta:
Los poemas largos
no dicen nada.
Son largos.
Repiten y repiten
-se repiten-
no dicen nada.
Son largos.
A fuerza de repetir
Se hacen largos.

Segundo Poeta:
Los poemas repetidos
son los que son largos.
Los que a fuerza de repetirse
se hacen largos.
Créame, largos, largos.
Repiten y repiten
-se repiten-
no dicen nada.
Se hacen largos,
Pero muy que muy largos.

Voz de la poesía:
Son ustedes los que se repiten:
¡LARGO!

 

poeMARio

I

Yo no te canto mar.
Yo, no te canto.
No ha de ser yo
el que te canto.
Mar indefenso.
Mar, de indefensos
barcos...
Blancas manos arriba, desarmado.

Yo no te canto, mar.
Yo, no te canto.
Cantas tú. Tú
cantas. Y por tu canto
canto.

II

Quizá sea el mar
un cuadro que no acaba de secarse.
Obra inconclusa de un autro que insatisfecho
una y otra vez, volviera a repetirlo
en un ideal de Arte del desconocimiento
donde fueran imposibles de saber:
su autor, su estilo, su procelosa inspiración de cielo enfurecido,
su argumento... el nombre del anciano
que al recorrer la orilla escribe sin saberlo su camino.
Desconocerlo todo.

No saber, por qué al caer la tarde
comienzan a doler los ojos.

III

¿Aquella tarde, mar, adónde huías,
enfurecido,
escalera blanca de peldaños hacia el cielo?

 

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Publica: MundoPoesía
Autor: Ismael Ríos
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