|
ESTEBAN
MOORE
|
|
|
(Buenos
Aires, 1952)
Poeta,
traductor y periodista. En poesía ha publicado:
La noche en llamas (1982), Providencia terrenal
(1983), Con Bogey en Casablanca (1987), Poemas 1982-1987
(1988), Tiempos que van (1994), Instantáneas
de fin de siglo (Montevideo, 1999), Partes Mínimas
y otros poemas (Mar del Plata, 1999).
Ha
dado a conocer traducciones de Charles Bukowsky, Raymond
Carver, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg, Gregory Corso,
Gary Snyder, Bill Berkson, Anne Waldman, Andrei Codrescu,
Seamus Heaney, entre otros.
En
1996, la UNESCO publicó sus traducciones de Lawrence
Ferlinghetti, América desierta y otros poemas, (Ediciones
Graffiti/Unesco, Montevideo Uruguay).
En
la actualidad prepara una antología de poesía
irlandesa contemporánea y una antología
de Lawrence Ferlinghetti.
En
1990 fue invitado a la escuela de poesía The Jack Kerouac
School of Disembodied Poetics, fundada por Allen Ginsberg,
donde realizó un proyecto de traducción. En
1994 expuso sobre poesía y traducción en la
escuela de poesía de Viena, Schüle fur Dichtung
in Wien. Ha participado de diversos festivales en su país
y en los de Montevideo (1993), Medellín (1995) y en
1998 fue invitado por Amiri Baraka a formar parte del comité
de homenaje a Allen Ginsberg que realizó un encuentro
en Nueva York, del que participó.
Colabora
con publicaciones del país y del extranjero. Su
obra ha sido parcialmente traducida al inglés,
italiano, alemán y portugués e incluida en diversas
antologías.
Una
selección de sus poemas traducidos por Craig Czury,
fueron publicados en diversas plaquettes por Red Pagoda Press,
(Pennsylvannia, EEUU, 1998-1998)
Pueden
consultar un estudio sobre Esteban Moore AQUÍ
|
|
SELECCIÓN
DE POEMAS
|
Partes
Mínimas / Minima Naturae
Índice
1
Nota
2 Prólogo Jorge Andrés
Paita
3 Partes Mínimas 1-17 (Poemas)
4 Data
5 Noticia de los autores
Partes
Mínimas 1-17 fueron publicadas en Partes Mínimas
y otros poemas, selección realizada y prologada
por Osvaldo Picardo, Ediciones Martín, Mar del
Plata, 1999.
Selecciones
de Partes Mínimas aparecieron en:
revista
El Duende, San salvador de Jujuy,
revista literaria Diario Presencia, La Paz, Bolivia;
revista Crítica, Universidad de Puebla, México;
revista La Guacha, Buenos Aires;
revista Letralia, Mérida, Venezuela;
revista Rizoma, Buenos Aires;
Partes
Mínimas, por Jorge Andrés Paita
Esteban Moore confirma ahora, en Partes Mínimas,
la condición de poeta personal e innovador que ha
venido mostrando en otras ocasiones. Así, por ejemplo,
cuando nombraba "la patria", desentumeciendo la
expresión de hieratismo de museo y reanimándola
en una atmósfera de ternura casi doméstica;
así cuando arriesgó, indemne, más de
una jugada con el voseo, aventura siempre tentadora y problemática
en estas latitudes (como observó con profundidad
Murena en un ensayo de El pecado original de América),
de la que hay muestras también en este libro.
Componen
Partes Mínimas diecisiete muy breves poemas
en prosa, de carácter voluntariamente fragmentario,
que comentan o son comentados por otros tantos brevísimos
epígrafes, líneas de autores muy diferentes
entre sí, de diversas épocas e idiomas, si
bien predominan los de nuestra lengua. Grato misterio si
los epígrafes -con referencia bibliográfica
al final y con traducción, cuando es el caso-inspiraron
los poemas o si éstos, una vez formados en la mente
del autor, los reclamaron como complemento. Porque sí
es evidente la tensión unitiva entre unos y otros,
como si fueran voces-ecos o ecos-voces en inesperada y como
predestinada colaboración.
La
conjugación de las dos series de fragmentos, los
del poeta y los de los autores citados, es el recurso compositivo
que estructura y unifica el libro. La bella unidad que éste
presenta no parece originarse meramente, con todo, en esa
operación estilística de unificación,
en esa integridad de forma; se diría que nace de
la unidad de concepción o de fondo. Porque es único,
y bastante insólito, el motivo que recorre y vertebra
los textos: la acción de la incesante y omniabarcante
naturaleza. Si se prefiere un símil de la terminología
teatral, digamos que el protagonista de estos poemas es
el planeta. Esa pizca de cosmos que es nuestra Tierra nos
muestra en Partes Mínimas una variada gama
de sus actividades, que llamamos fenómenos naturales
(Desde antes del famoso terror de Pascal ante el "silencio
eterno de los espacios infinitos" nos tranquiliza llamar
a los fenómenos terrestres naturales y no
cósmicos, aunque de hecho lo sean).
Y
algo intranquilizador resulta, para qué ocultarlo,
que el conjunto de estos poemas -suerte de fuga consistente
en variaciones del único tema, o suerte de Aleph
que lo visualiza en imágenes impresionistas o expresionistas-no
destaque al mundo humano contrapuesto (o por lo menos especialmente
integrado) a la naturaleza, como instintivamente reclaman
nuestros ya inveterados hábitos mentales; aparece,
cuando aparece, más bien sumido en ella y en postura
a menudo marginal. Así las grandes ruedas de un tractor
detenido entre la maleza removida por la vasta oleada de
la brisa; las lámparas eléctricas que convocan
nubes de insectos en la selva nocturna; la combustión
de un motor y el ritmo de la sierra mecánica, en
medio de un sugerido bosque, presentados como, en otro fragmento,
es presentado un halcón que planea midiendo la distancia
entre la presa elegida y sus garras.
La
frecuente combinación de magnitudes máximas
y mínimas hace intensas las imágenes; las
graciosas codornices, vívidamente captadas por el
ojo poético de Moore, nada saben del fragor del lejano
deshielo, pero de algún modo lo leen en el brillo
de las gotas; la mano que sopesa un canto rodado palpa también
un inmemorial trajín de aguas y de edades; otra piedra
tocada, al despertar en la mente la palabra "meteoro",
desencadena una instantánea percepción de
espacios siderales. Cuadros misteriosos, cuya atmósfera
se enrarece aún más cuando, en algún
pasaje, la marginalidad de lo humano se margina hasta desvanecerse,
dejando ante el lector un mundo entrevisto un instante antes
o un instante después de la presencia del hombre
en la tierra, un mundo de puras presencias elementales o
puras ondas de energía en caprichoso entretejido.
La imaginería, de impresionista y expresionista,
pasa entonces a ser abstracta; la mirada del cosmólogo
se ha combinado con la de un físico atómico
algo fantaseador y travieso.
Personal, por cierto, un libro que suscita pocas comparaciones
posibles. La filiación de Heráclito u otros
presocráticos, si no del todo desechable, se diría
algo incidental y lejana.
El
título del famoso poema de Lucrecio, De rerum
natura, parece resonar en la variante latina del título
de Moore, que completo es Partes Mínimas/Minima
Naturae. Cosas o partes mínimas de la naturaleza.
Pero la similitud es también tangencial. Aparte de
que la palabra "naturaleza" no tiene el mismo
sentido en los dos casos, ya que en la sistemática
concepción del romano vale como "índole
o carácter esencial" (de las cosas, de la realidad),
este azaroso ramillete de miradas al mundo que nos tiende
nuestro compatriota no intenta el compendio de una filosofía;
tampoco el diseño de una cosmología, si bien
la trasunta en sus imágenes. Trasunto que intriga,
como todo lo tácito.
Si
Esteban Moore profesa implícitamente la cosmología
creacionista predominante en Occidente, no parece adherir
a su formulación canónica, que es también
la más popular, fabulosa y problemática: la
Creación ocurrió en el umbral del tiempo y
lo que vino después (el tiempo) es su consecuencia;
se diría que acepta una versión menos reductible
a términos espaciales (en la que tal vez coinciden
aun sin decírselo casi todos los poetas): la Creación
no ocurrió sino que está ocurriendo incesantemente,
proceso del que sus poemas serían vívidas
instantáneas. Criterio que se toca con la cosmología
no creacionista de doctrinas como el taoísmo y el
budismo, que podría resumirse así: el universo
es infinito y eterno precisamente porque es increado.
No
faltarán quienes vean en algunos rasgos de escritura
-ciertas aventuras con el lenguaje, concebido como patio
de juegos de las "palabras en libertad", y un
sistema de puntuación cuya extraña complejidad
se revela prescindible a la lectura atenta-uno de los méritos
experimentales de este libro, opinión que, debo decirlo,
no puedo compartir. Tales recursos, muy empleados aún
por jóvenes y no tan jóvenes (y, por lo visto,
hasta por poetas capaces de innovación esencial,
como Moore) no son ya experimento sino repetición
o variación módica de experimentos de décadas
atrás, cuando e.e. cummings minusculizaba con furia
y gracia, cuando pocos estampaban sin sonrojarse un punto
final, cuando Huidobro, o Larrea, o
jugaba con violondrinas
y goloncelos correteando por el horitaña de la montazonte
Conformistas, casi académicos nos van pareciendo
los remedos de aquellas audacias, pues cumplen ortodoxamente
los ritos de una heterodoxia consagrada en los años
'20 y ya canónica en los '50. Pero no nos equivoquemos:
si nos van pareciendo también anticuados no es porque
exhumen una moda de ochenta años sino de sólo
ochenta años. El vanguardismo de retaguardia -llamado
ahora estilo 'posmoderno', con neologismo que revela
por sí mismo su indigencia de significado - es anticuado,
por cierto, pero por falta de antigüedad.
Claro,
la formidable crisis que sacude a nuestra especie reclama,
aun en lo estético, balances históricos más
abarcantes, panoramas de altura, pero el fin de siglo distrae
en su pequeña crónica, bajo cuyo peso parece
inclinarse, abatiendo también la mirada de quienes
ceden a su inervante influjo. Tal vez como todos los fines
de siglo, sólo deja brotar de su tierra exhausta
el preciosismo decadente y, como alternativa, el nihilismo.
De allí que los conservadores más extremistas
de lo que fue la revolución literaria y artística
de principios del siglo XX adopten actitudes desesperadas,
divergentes aunque complementarias. Mientras unos practican
la estética de la degollación de las formas
y la procacidad sistemática, combinada o no con el
reciclaje de deshechos ideológicos, otros se aplican
a dos extravíos mayores: desarrollar una suerte de
"dialecto órfico", o de lengua exclusiva
de la poesía (productora, en el mejor de los casos,
de un plástico verbal de más o menos atractivo
diseño) y fraguar un idiolecto, o lengua exclusiva
de cada poeta, delirio responsable de la circulación
de galimatías varios.
Pero
bien, a esta altura, debo también decir, para cerrar
la digresión, que los juegos verbales, leves e incidentales
en este libro, no empañan el pensamiento poético
de Moore y que la abstrusa puntuación no altera el
fraseo rítmico y la imaginería diáfana
de sus poemas, tal vez como señal de que por debajo
de la puntuación escrita opera otra puntuación
oral, que es la común y corriente. Una observación
más: los comienzos con minúscula y los finales
sin punto resultan funcionales, pues subrayan el carácter
fragmentario de los textos. Y otra, a mi juicio más
significativa: lejos de los extremos señalados, Partes
Mínimas mantiene en general el saludable ejercicio
de la lengua común, que con todas sus virtualidades
no comunes es el único y universal vivero de la poesía
que atraviesa ilesa modas y modos.
No
en el plano de la escritura sino en el de la concepción
se dan, me ha parecido ver, los logros experimentales, es
decir, de innovación esencial, que ofrece este libro.
Uno, ya mencionado, reside en que la obra se estructura
sobre la asociación de la voz del poeta con la de
otros escritores, también poetas en su mayoría.
Que el concurso de voces complementarias tan heterogéneas
no comprometa la homogeneidad del conjunto es mérito
del sentido selectivo, de la idoneidad poética, pero
también de la sujeción de ésta a la
visión poética, a la unidad de fondo ya señalada.
Como, además, varios de los autores citados son geográfica
y temporalmente distantes, la operación constituye
un infrecuente ejemplo de "sinfronismo", o sea
de "diálogo entre los espíritus a través
del tiempo y el espacio" (creo ser fiel a las lejanas
clases del ilustre y querido profesor Castagnino). Y es
de celebrar que un poeta ponga en lugar central ese género
de diálogo, ya que es el hecho central por el que
la literatura sigue viva, a pesar de los parámetros
sincrónico y diacrónico, entre otras necedades
con que los críticos "científicos"
de los últimos decenios están tratando de
matarla.
Partes
Mínimas revela otro rasgo infrecuente cuando
se observa que, prescindiendo de una tácita convención
más que secular, ensaya un tipo de poema que no es
estrictamente el poema lírico. Si bien la lírica
es, desde la antigüedad clásica, una de las
manifestaciones específicas (y de las más
bellas) del arte de la poesía, a partir del Romanticismo
se ha venido erigiendo en especie exclusiva, reduccionismo
que ha dejado baldíos y sin cultivo, salvo excepciones,
los otros dominios de ese arte: la poesía como narración,
la poesía como drama y la poesía como meditación.
Pues bien, los poemas de este libro trascienden el lirismo
aunque no lo abandonen en sus modalidades habituales de
léxico y tono. No llegan a narrar, pero presentan
escenas y episodios de la naturaleza que permitirían
hablar de una embrionaria épica de los elementos.
No reflexionan explícitamente, (y en poesía
no ser muy explícito es siempre una virtud), pero
impresionan como resultado de una meditación teñida
de sobria emoción y la suscitan. El derrame emotivo,
la peripecia autobiográfica o las máscaras
que asume el yo para mitificarse, procedimientos habituales
de la lírica, no intervienen. Yo no sabía
que Esteban Moore, porteño de pies a cabeza, tuvo
una niñez campesina; podría habérmelo
sugerido su sensibilidad para los vastos espacios y los
populosos reinos de la naturaleza; saberlo no hubiera agregado
nada, sin embargo, a estos cuadros surgidos de una visión
impersonal y universal, de linaje clásico.
Y
es justamente el inesperado punto de vista que ensaya esa
visión poética la innovación mayor
de este libro, si estoy en lo cierto. Es un punto de vista
que ha experimentado, de manera sutil y tal vez algo impensada,
un desplazamiento de la inveterada posición antropocéntrica
desde la que el hombre occidental mira todavía al
universo. De allí que la imagen y el sentimiento
del mundo plasmados en estos poemas traigan un 'no sé
qué' de continente nuevo y remoto, cierta atmósfera
de intemporalidad, una luz inquietante, como de amanecer
del Génesis o de atardecer del Apocalipsis. Claro
que, a diferencia de la señalada insumisión
a la hegemonía del lirismo, simple contravención,
al fin y al cabo, de un convencionalismo literario de poco
más de siglo y medio, esta imprevista forma de contemplación
cuestiona la concepción del mundo que hemos venido
manteniendo durante los últimos setecientos años.
Mejor dicho, nada cuestiona: pone en evidencia, implícitamente,
que el punto de vista básico de todo un ciclo cultural
ha perdido estabilidad, con lo que ha quedado desdibujada
la imagen del mundo que había venido elaborando desde
el origen de los tiempos modernos.
Desviación
profana de la revolución producida por el Cristianismo
con el Dios que se hizo hombre para salvación del
género humano -novedad sacramental que había
dilatado el horizonte etnocéntrico del judaísmo,
asentado en torno del Dios personal en alianza con su pueblo
elegido--, la actitud antropocéntrica, convirtiendo
en absoluta esa relativa exaltación del orden humano,
desbordó, ya desde fines de la alta Edad Media, todos
los diques teocéntricos con que la sabiduría
tradicional trataba de contenerla. Y empezó a gestar
la Modernidad. Y al calor de los ímpetus de este
ciclo histórico germinó la inversión
que la desviación originaria llevaba en su seno:
no el Dios que se hace hombre, por amor y para salvar, sino
el hombre que pretende deificarse, por su arbitrio y para
su ilimitado progreso. Hybris prometeica o soberbia
luciferina, a elección. En todo caso, felix culpa,
fecunda en grandezas y miserias.
Hace
mucho que la Modernidad dio sus momentos más altos
y luminosos (Humanismo e Ilustración, en el pensamiento;
Clasicismo, Barroco y Romanticismo, en las letras y las
artes), de los que todos somos en alguna medida criaturas,
y hace bastante que se empezó a denunciar su decadencia,
signada por un desarrollo unilateral, primero, de la razón,
con desconocimiento absoluto de la intuición, y después,
de la ciencia y la técnica. Desarrollo unilateral,
creciente y acelerado, cuyo reverso simultáneo fue
una creciente y acelerada desacralización: léase,
creciente y acelerado alejamiento de los principios metafísico-espirituales
que son fundamento de todas las grandes tradiciones religiosas;
léase también, creciente y acelerado olvido,
en medio del trajín humano, "demasiado humano",
de la realidad primordial, de la realidad cósmica.
La conciencia de esta última la conservan los místicos,
los maestros espirituales y, a veces, los poetas, como es
el caso del autor de este libro.
Si bien es cierto que ahora, en estas postrimerías
de la modernidad, la actitud antropocéntrica está
tan en crisis como casi todos los valores y presupuestos
del período, persiste sin embargo, como hábito
mental inconsciente, operando por inercia -y persistirá
sin duda mucho tiempo, redes televisivas e informáticas
mediante--, como por inercia persiste la visión geocéntrica
en la mentalidad cotidiana de todos nosotros, incluidos
los científicos. De allí que cuando un poeta,
desplegando con serena inocencia una mirada nueva, se desprende
de su tácito imperio haya que destacarlo. Los poetas
son las antenas de la tribu, como definía Ezra Pound;
sobre todo, se podría agregar, cuando al arte del
poeta como "artifex" se asocia la visión
del poeta como "vates".
No
habría que confundir los paisajes verbales de Partes
Mínimas con otro nostálgico "regreso
a la naturaleza"; parece evidente que, no obstante
su intemporalidad, captan imágenes de un momento
en el que la "aldea mundial"se topa frente a frente
con la naturaleza cósmica, manipulada hasta donde
ello es posible, pero olvidada en su esencia por nuestra
civilización. Un poema, con ecos de Heráclito,
coteja "las ciudades/que despliegan en la planicie
desolada sus abanicos circulares" con la "vibración
íntima" del fuego y la ceniza calcinada, coteja
el orden humano, artificial y efímero, con el orden
elemental del universo. Es un poema que hubiera podido tener
también como epígrafe este pasaje de Lichtenberg:
"Roma, Londres, Cartago, no son sino nubes más
perdurables que se transforman para acabar desvaneciéndose."
Si
en general Partes Mínimas se presta poco a
comparaciones, no sucede lo mismo con el sentimiento del
mundo que transmite. Al leer sus poemas acuden a la memoria
Thoreau, Merton, la poesía del zen, San Francisco
de Asís
, todos los que han mantenido con la
naturaleza una relación entrañable y han intuido,
en un súbito abrir de ojos, que lo cósmico
bien entendido empieza por casa, pues el nacimiento de un
niño es primordialmente un acontecimiento de la misma
esencia que el pasaje de un cometa por el firmamento. Es
un sentimiento del mundo primariamente religioso, que adelanta
lo que probablemente será tarea del próximo
siglo y del próximo milenio: resacralizar el mundo
y la vida. Y resacralizar también al hombre, que
bien maltrecho ha quedado entre las ruinas de la civilización
antropocéntrica, luego de precipitarse por un despeñadero
de abstracciones sucesivas: de Rey de la Creación
pasó a Cúspide de la Escala Evolutiva y ahora
es un ADN o un Grupo Sanguíneo; de Ciudadano, honroso
título con que la Ilustración lo inscribió
en nuestras viejas y queridas Constituciones, se ha convertido
en mero Consumidor y Contribuyente, computarizado a los
efectos Tributarios y Mercantiles, triste bípedo
descreído en trance de robotización. Y ojalá
que la resacralización de los poetas y de los pocos
sabios que en el mundo son se adelante a la que amagan los
hirsutos resacralizadores teocráticos, que asoman
en el horizonte de la estulta "globalización"
de los mercaderes: no son más espirituales y harían
más daño que el mal al que se oponen.
En
este tiempo de postrimería, en el que los poetas
han de elegir entre sumarse a la postrimería, o sea,
a la decadencia, o arriesgarse por la incierta y oscura
senda de los precursores, creo que Moore está sembrando
en beneficio de la poesía venidera. O dicho de otro
modo: estas Partes Mínimas, que componen un
volumen mínimo, son portadoras de más de un
destello de poesía mayor.
Jorge Andrés Paita
Buenos Aires, 1999.
"Como olvidar que lo sabemos
Tiempo que entreabre los párpados
Y se deja mirar y nos mira"
Octavio Paz
"Strahlenwind
deiner spragge" 1
el viento que sopla desde el desierto cristalino
tan blando como un terzo cielo -anunciará del
universo, infinitas desconocidas geometrías/el
más pequeño de sus detalles / los dominios
de
una agregada luminosidad
"not
things but minds" 2
los glaciares en la lejana patagonia impulsan/ el
tamaño -de su acumulado volumen/-- recreando
bajo la magnitud de sus formas/ --una música de
aguas
"confondant
la nuit et le jour" 3
la
naturaleza de las ciudades / que despliegan en
la planicie desolada -sus abanicos circulares/ no
será nunca correspondida/ de la vibración
íntima
que irradia del fuego -esta ceniza calcinada
"Piedra
como tú" 4
esta enlodada piedra de metal/ del tamaño ---de una
ciruela
del Alto Valle -que comparte con la roca gris y los arbustos
secos/ las arenas de este territorio -a tus ojos en la distancia
tendido/ no recuerda sus orígenes ---sin embargo
cuando tu
boca pronuncia la palabra "meteoro", fulgirá
ella de la fosa
profunda de tu voz/ constelaciones numerosas
"Aquí
en el silencio,/ oigo" 5
una brisa nocturna ---atraviesa los campos roturados
agita las hojas del eucalipto -el crecido follaje de los
cañaverales/ roza sonora ---las grandes ruedas de
un
tractor detenido
"The pebble/ is a perfect creature" 6
ese
canto rodado -que se desplaza lento en el repetido
ciclo de las aguas / podrá exponer en la palma de
una
mano / el mudo resplandor de su apariencia / -al tacto
inseguro de tus dedos -una estructura única
"al
sonido de su nombre" 7
el
nombre arbitrario de este objeto que te desvela
botella, tornillo, o piedra/ que si lanzado de voces
declina la invisible trayectoria de alturas/ entrega
al esfuerzo de tu oído/ el hueco eco de la colisión
la característica de los cuerpos, peso, tamaño,
etc.
"In
the main of light" 8
en
un escenario dispuesto por la luz/ -las rocas extienden
en sombras alargadas su inmensa redondez/ -en el aire al
zumbido en vuelo de los insectos/ -el escape de un motor
señala con el agobiado paladeo de furiosas erres
flotantes
dilatadas en una nube ácida de combustible quemado/
-el
ritmo de la sierra mecánica/ la tala de los árboles
"like
a thunderbolt he falls" 9
la onda de aire cálido/ que flota el cielo del pequeño
valle/ sostiene al halcón en magnífico planeo
de alas
abiertas/ y de él -el ojo atento/ que mide la distancia
que separa la presa elegida de sus garras/ ojo certero
que dirige preciso/ los relámpagos del instinto
"all
is emptiness" 10
la
curvada línea de fuego/ el rastro de este cometa
que -con trazos de luz explosiva, ilumina el oscuro
plano cóncavo del firmamento/ describe la cadena
encendida de su recorrido/ huella instantánea -que
al consumirse elude toda referencia orbital
"Altre
tu en clausura" 11
si mi ojo advierte de esas altas cúpulas del cielo/
una elipsis
que no culmina sobre sí misma/ entonces -vos podrás
iniciar
el proceso de cálculo de los ciclos del sonido -sus
resultados
distantes/ ulos-----rulos/ [círculos de la energía
en un tiempo
sostenido] rizos de velocidad varia que dividen -los campos
del vacío
a
j.a.p.
"bienes
de la tierra" 12
los dedos pulgar e índice --levemente combados en
labor de
pinzas/ presionan el contorno irregular --de esa piedrita
que
has recogido a la orilla del río/ la colocan bajo
la luz de una
lámpara eléctrica/ que alumbra de su figura
-la suavidad de
los bordes/ el tallado paciente de las aguas
"del
estado más sereno" 13
a
un costado de la autopista -miramos la extendida
llanura arada/ el tramado orden mecánico -de esos
surcos químicamente limpios de la apretada asfixia
de yuyales y maleza/ en cuya cima las hojas -de los
primeros brotes/ traspasan con firmeza la capa -del
blanco rocío escarchado
"de
manera que se sólo ver" 14
el
siseo lejano de las aguas que desciende de las altas
cumbres/ despierta a las codornices -que con agilidad
y repentina gracia -sacuden su plumaje/ aletean -en el
nido/ --esas aves que no han visto nunca/ del deshielo
la desatada furia de los torrentes/ observan --de la luz
el brillo distinto/ reconocen en ella -señales -secretos
designios
"Brillante
eternidad" 15
el impulso -que recorre oscuros canales licuificados/ ardientes
esponjas magmáticas --recibe en la latencia de cada
uno de sus
corpúsculos --fluctuantes destellos eléctricos/
voluntad -que el
ojo no podrá percibir, mucho menos cuantificar en
el espejado
campo de la memoria -ese impulso, su refracción digo:
ondula
giros centrífugos (derrama la virtud de su latido)
"noche
de sus bienes" 16
envueltas ---en el tibio aire del verano/ las
lámparas eléctricas/ -recrean --en el centro
de la noche -el círculo --de su luz/ flotando
en la oscuridad, -atraídos a ellas -se elevan
alzados en la brisa -los insectos
"Ciego
discurso humano" 17
pudiera
-quién/ de esa serpiente que se desliza
sobre la tierra seca/ reluciente en un espejismo
de sol/ evocar trazos -movimientos en el polvo
el contenido ritmo -de su vaivén/ los rasguidos
de una piel -desatándose en el aire
DATA
1 - "Strahlenwind deiner Spragge"; "La
ráfaga de viento de tu lenguaje"
Paul Celan, Sprachgitter, 1959.
2 - "Not things but minds"; "No cosas
sino mentes"
John Cage, Themes & Variations, 1982.
3 - "confondant la nuit et le jour"; "confundiendo
la noche y el día"
Jules Supervielle, Prophétie, 1925.
4 - "Piedra como tú"
León Felipe
5 - "Aquí en el silencio/oigo"
Eugenio Guasta, Papeles sobre ciudades, 1995.
6 - "The pebble/is a perfect creature",
"Este canto rodado es una perfecta
criatura"
Zbignew Herbert, Selected Poems, 1968. Traducción
al inglés de
Czeslaw Miloz y Peter Dale Scott.
7 - "al sonido de su nombre"
Rodolfo Alonso
"El paseo", revista Ficción (43/44), 1963.
8 - "In the main of light", "En lo
principal de la luz"
Seamus Heaney, "The goverment of the tongue",1988.
9 - "Like a thunderbolt he falls"; "Él
cae como un rayo"
Lord Tennyson, "The Eagle".
10
- "all is emptiness"; " todo es vacío"
Thomas Kinsella, New Poems, 1973.
11
- "Altre tu en clausura"; "Otro tú
cautivio"
J.V. Foix, "Sol, i, de dol, 1939.
12
- "Bienes de la tierra"
Francisco de Quevedo y V., "El escarmiento"
13
- "del estado más sereno"
Luis de Góngora, Soneto XII.
14
- "de manera que de sólo ver"
Santa Teresa de Jesús, Las Moradas, VI, cap.7.
15
- "Brillante eternidad"
Juan Calzadilla, Tácticas de vigía, 1982.
16
- "noche de sus bienes"
Edmond Jabés, La memoria y la mano, Versión
de Rubén Mejía.
Chihuahua, México, 1992.
17
- "Ciego discurso humano"
Luis de Góngora, Soneto CLVIII.
Noticia
de los autores
Jorge
Andrés Paita,
(Buenos Aires, 1931), poeta y ensayista. Ha publicado: Cuatro
Puertos (Editorial Cuarto Poder, Buenos Aires, 1976); Señales
del segundo milenio ( Editorial Monte Avila, Caracas, 1983)
y Eros en amazonia (Grupo Editorial Latinoamericano, Buenos
Aires, 1998).
Colaboró durante más de dos décadas
en la revista Sur, fue el responsable de la selección
y publicación de los textos de literatura aparecidos
en el Suplemento dominical del diario La Prensa de Buenos
Aires, donde se desempeñó como subdirector.
Fue jurado de los premios municipales, nacionales y del
Fondo Nacional de las Artes. Fue distinguido con diversos
premios, entre ellos, PEN Club, 1983; Premio de Poesía
La Nación, 1996; Premio Fondo Nacional de las Artes,
1997. Sus ensayos y artículos, que han iluminado
el panorama poético argentino, no han sido reunidos
en volumen.
|
| Haz
Click en los Banners y ayudarás a MundoPoesía |
|
|
|
|
|
|