ANGEL ESPADA

 

Angel Espada.
Cidra, Juncos Puerto Rico.

(necesitamos información, colabora)

 

SELECCIÓN DE POEMAS


Que en sueños…

Y entonces dejé que el amor se marchara
cerré los ojos de cada recuerdo
y me hice a la ceguera del abismo
de tu ausencia.
Busqué en el aire las pinceladas
de aquel tiempo nuestro,
para borrar aquel
breve instante intenso
de luz en mi desierto.
Llegaba el día
y con él llegaba
el olvido de mis sueños
donde eras presencia
que transitaba de sueño a sueño.
Fingías entonces
amnesia y olvido
al clarear el día
porque te hiciste dueña
de la obscuridad nocturna
matando vampiros,
luciérnaga fuiste alumbrando
oníricos caminos
para dejarse oir
el revolotear misterioso
de murciélagos sin nido
que perdían su noche
por tu destello céfiro;
halo brillantino
que resplandeció palomas
y arrojó al abismo
las ondas tristes
y obscuras del pensamiento,
guaridas de los vampiros
que siempre acechan
recostados en cada sombra de pensamiento
para tragar luces de esperanza,
succionar la sangre
que la Musa lleva
para entonces ser olvido
que se queda vivo en su muerte
y busca, se aferra
como un único delirio
a las musas ajenas
que habrá de morder
para que no sean
en el día un sueño vivido
sino más bien,
meramente olvido.
De noche,
volverán de muerte
siluetas obscuras en lucha
con luz de recuerdos que se vuelven luna,
Perla de sueños
reflejada en una
laguna, un espejo
donde lo real es reflejo
y el recuerdo flota
entre luz y sombra
asentándose en suave onda
del misterio de este sueño
que es más vigilia
que estar despierto.
Voy vestido de negro
luto por el recuerdo
que se murió al día,
mas de noche sueño
que voy vestido,
de gala y de colores,
que celebro y tomo el vino
más tinto de la vid,
sólo porque estás conmigo
alzando tu copa
de tu blanco vino
para brindar al tino
del encuentro nuevo
que en estos sueños,
Yo, contigo vivo.

De Noche

He caminado la noche en cada sueño
buscando el sol de otro sueño
que se habrá perdido
en el recorrer de los pensamientos
que en las noches se sueltan
como los globos que amarrados a barandas
se elevan buscando nuevos cielos.
Así va mi pensamiento
suelto del hastío de estar despierto
a la razón lógica
que razona los misterios
y mata cada día
a inmortales duendes de los sueños.
Es la fantasía, la que busca mi sueño
donde el sol brilla
bajo las piedras del sereno.
Allí ha de estar
bajo algún terrón de azúcar
y ajenjo,
cambiando sabores
para sus días que marca
un año de colores.
Viva la fantasía de cada sueño
cuando somos libres
y flotamos más allá de los recuerdos
pues va henchida
nuestra vela del pensamiento
soltada de esquemas,
de patrones
marcados por la ciencia
que le dicta a las conciencias
la histeria de la cordura
que habremos de dejar
al umbral
de una canción de cuna…

Entre casas

Hay un hilo entre tu casa y la mía;
la casa donde moramos pasiones.
Casa de carne, de sangre y tejidos
y esa tu casa, pregunta al vacío.

Una es misterio, la tuya que sigo.
La otra es anhelo, y es tiempo finito.
Ambas son casas quien mora es el mismo
es el incienso que cambia incensario.

Ese hilo es niebla, lo dijo Unamuno.
La biblia eterna, constante hasta un punto;
y en ese punto; ¿acaso la muerte?
No sé, la Niebla es el hilo y es sonda,
es la presencia entre mi ser que sigo.
angel espada
Cidra, Puerto Rico

Luciérnaga

Y de ese vagar nocturno
me fui acostumbrando,
mis ojos se hicieron múcaros
y alzaron nuevos vuelos,
más allá de los confines
que la imaginación creyera.
Fue para aquel tiempo
que entonces me hice amigo
del misterio atisbado en antes
cuando creía saber tanto
sin haberme aún
a mí mismo asomado.
Una noche mis ojos se apagaron
porque así se antojaron
queriéndome dejar ciego
en un sueño voluntario,
cuando había tanto misterio
a derredor por descubrir.
No conforme a su destino
invoqué luciérnagas
y de ellas hice nuevos ojos
con un verde brillantino
que dejaban sendas en el aire
ante los suspiros nocturnales
del deseo que todos tienen por nacer.
Allí estaba ella,
con el ropaje de siempre,
el que tiene y comtempla
en cada mudanza cada cual.
Se me acercó en susurro,
sabía que era ella,
mas quise jugar a la ilusión
de que fuera ausencia
y el susurro tan sólo,
la intención de mi memoria inquieta.
No fue así,
me dijo cuando abras los ojos
habrás de verme
pues por fin
soy luciérnaga…
Tomé la mano de la amada
que a mi lado
navegaba en los sueños del olvido
y el susurro fue a mi oído
"dile que ya he partido".

***

Abrí los ojos
y entre la nada obscura
viajaba el presagio en cucubano.
En vuelo de pies hacia el rostro
el farol diminuto
escapado de mi último sueño
como un planeador
se deslizó entre el aire obscuro
del silencio
y al llegar a mis fosas
como no lo hice en otro sueño
que mastiqué las alas ínfimas
de otro espectro,
tomé aliento
y suavemente lo soplé
despidiendo aquel encuentro.
Volví a tomar la mano de la amada
para decirle sobre los muertos,
que aquella noche
que aún era entre la una y las tres
hablaron a mi oído
contestando siempre en mi pesamiento
la última conversación
que no se tuvo
que me pedía que le dijera
que por favor se había muerto.
De nuevo tomé su mano
pero el sueño la vencía.
¡Sabra Dios en qué ondas
remontaba fantasías
en aquello que es otra vigilia!
Decirle que su madre
a las tres me había dicho
que había muerto,
sería quizás una herejía
porque a las tres en los sueños
entre muertos y vivos
también hay vigilia.

 

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Publica: MundoPoesía
Autor: Ismael Ríos
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