ANGEL CRESPO

 

(Ciudad Real, 1926 - Barcelona, 1995)

Comenzó sus estudios al terminar la Guerra Civil y en 1943 acudió a Madrid para cursar Derecho. Tuvo contacto con los poetas del postismo, movimiento en el que figuró. Pronto sintió interés por la cultura portuguesa, a cuyo estudio y divulgación se dedicó con interés. Ejerció su profesión de abogado y la crítica de arte, viajando durante largas temporadas. Profesor de la Universidad en Puerto Rico desde 1967, en 1970 se instaló en Uppsala, donde llegó a doctorarse con un estudio sobre el Duqe de Rivas. Los últimos años enseñó en la Universidad de Barcelona. Es muy importante su labor como traductor, por la que recibió dos veces el Premio Nacional: La Divina Comedia de Dante, el Cantar de Roldán y el Cancionero de Petrarca, además de obras de Pessoa, etc. Su obra poética es extensa y continua. Una lengua emerge (1950) y Quedan señales (1952) son sus primeros libros. Les siguen: Todo está vivo (1956), Suma y sigue (1962), Docena florentina (1965). Y más tarde: Donde no corre el aire (1981), La invisible luz (1981) El aire es de los dioses (1982). Póstumamente se publicó Iniciación a la sombra (1996).

Hay diversas compilaciones: En medio del camino. Poesía (1949-1970); El bosque transparente. Poesía (1971-1981); El ave en su aire. Poesía (1975-1984). Finalmente, Pilar Gómez Bedate y Emiliano Piedra han realizado la edición de su obra: Poesía (e vols.) Valladolid, fundación Jorge Guillén, 1996.

 

SELECCIÓN DE POEMAS

 

UNA MUJER LLAMADA ROSA

Recuerdo a una mujer entre las reses
-su delantal, el cubo de agua-
buscando algo, agachándose,
entre las patas, las cabezas,
entre las ruedas de los carros.

Recuerdo bien su vientre, sus colores
subidos a la cara
y la mirada del marido
que era por cierto el mayoral de bueyes.

Bien lo recuerdo. Ella buscaba
entre las piedras del corral
- ¿una medalla, una moneda? -
y sin soltar el cubo de agua
que salpicaba entre los cantos.

Yo apenas si medía
lo que es preciso para hacerse oír.
Junto al pozo, a la sombra
de las poleas, contemplaba
aquel ir y venir, y del marido
la calma expectativa.

Recuerdo a la gallina que en las bardas
se encaramaba y no sabía
descender. Y recuerdo
cómo aleteaba. Y el palomo
zureaba en el porche.

Algo buscaba. Algo buscábamos
el mayoral y la mujer y yo
y las reses y el lento
prosopopéyico palomo

y la escandalosa gallina
y el djio que llevaba a medio hacer
esa mujer llamada Rosa
-que una vez hecho se llamó Daniel
y la muerte encontró en aquel corral
en el que nada halló su madre.

 

NO TE ASOMES

No te asomes al jardín
ni quieras descubrir sus rosas.
mueren tras ese idéntico
perfume, igual color,
y la sed llena el vaso.

No te acerque a ese jardín
si quieres que aún existas
y que tu amor de siglos no se apague,
y si amas la esperanza.

Déjalas bajo el sol: búscate dentro
esa otra rosa que renace y muere,
esa flor que sospechas que hay en ti,
esa rosa que fue, pasó, nunca hubo rosas.

 

JUEGO DE AZAR

NO escribo una palabra en la que no
me juegue cuanto tengo y cuanto espero
querer tener. ¿Así
habláis vosotros, dioses?
¿O es sólo por placer
de serlo, por un alto
capricho que no puedo
compartir, por malicia
inocente o lasciva, por lo que
me hostigáis días y noche?

Pero no he de escribir
una sola palabra
en la que no me juegue vuestro amor
o, siendo vuestro, el odio.

 

VENECIA RECORRIDA POR UN CABALLO

Venecia recorrida por un caballo
de noche por un caballo
banco animal que avanza
trotando por el aire de la noche
que todavía no se hace viento caballo
desconcertado es un caballo
recortado a golpes de luz ya al galope
fino como un ciervo una cierva
un unicornio caballo de crines
onduladas que no mueve el viento
como el caballo de un grabado
o de una tela sin montura
ni caballero descabalgado
caballo que cruza Venecia
de noche y ni vuela ni para
al espantarse de los puentes
con gracia de caballo manso
corriendo sin que se despeine
la crin rizada de la cola
al pie de casas y canales
deshabitados llenas de agua
que no le salpica los flancos
descabalgado blanco como
una luna que se refleja
en el aire un caballo
que se pierde en Venecia
entre mis versos: ese caballo.

 

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Publica: MundoPoesía
Autor: Ismael Ríos
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