ENTRESUEÑO
Muchacho,
tienes ojos para mirar
y no ves nada.
Ni aún lo temerario
que puso Eva alrededor de mí.
Muchacho,
tienes manos para tañer el
arpa
o cuerpo hecho de mujer
o rodillas de niña.
Pero tus manos
son dos alas que vuelan.
Muchacho,
tu boca es un pozo
y ahogada estoy.
¿Tendré perdido acaso
de paso un pie en el
Paraíso?
Mi
atadura es tu existencia
muchacho
alma de cántaro
que de tanto ir al agua
se rompe en cien.
Ten cuidado
porque corto es el
tiempo y nadie sabe
si mañana,
si pasado mañana,
si nunca.
ESA
MUJER QUE PASA
¿Quién
es esta mujer que pasa,
esta sombra,
esta noche?
¿Quién
conoce su nombre?
¿Quién la nombra
del otro lado de la nada
para nada?
¿Quién
es esta mujer que pasa
y no deja nada de sí?
Sólo
su paso rueda en la noche.
Sólo su voz.
ESTO NO VOLVERA
El
polvo de todos los veranos
ha pasado por mi puerta
me ha tocado, se ha marchado.
Esto no volverá.
La
lluvia de todos los inviernos
cavó muy hondo junto a mi puerta.
Humedeció con furia mis cabellos,
enmoheció mis uñas y
se marchó.
Esto no volverá.
Así
el olvido de innumerables siglos
arrimará su sombra un día
junto a mi puerta
y yo estaré vencida.
Así el amor.
ELLOS TAMBIÉN
El
mar que contemplamos.
La arena que pisamos.
Las huellas que borramos.
Los otros que vendrán
a contemplar el mar,
a borrar nuestras huellas,
ellos también
darán cuenta del agua,
de la sal,
de la dura sed que nos mató.
COMO RAMITA EN ABRIL
Frágil
como una ramita en Abril
fue mi corazón.
Pero tú bien sabes que en estas
lides
nunca ganó el más fuerte
sino el más atrevido.
ESTOY
SOLA AHORA
Estoy
sola ahora, pero él ronda mi
vida
(afuera.
Das
vueltas alrededor de mi cuerpo.
Sé que estás ahí.
Sé que siempre has estado en
tu pequeño
(estrado
bajo el sol, esperando que yo salga
--contra viento y marea,
(rabioso y terco
aguardando la hora de mi amor--.
Pero
sé que estás ahí
donde no estoy,
donde nunca --mi vida he estado
donde jamás me buscaste ni
te hallaste
para trocar tu victoria en mi derrota
(y mi muerte
en tu vida.
Ahora
das vueltas alrededor de mi cuerpo.
Ahora estoy sola.
Muy lejos de donde tú, en mi
eterna
(búsqueda
golpeas irrefrenablemente la puerta
(gritando con
toda tu alma: "¡Sé
que estás ahí!".
Donde no hay ya claridad
ni huella alguna que te salve.
LA
DIOSA DE LA NOCHE
La
diosa de la noche me dice:
"Tan eterno como mi reino
será tu corazón..."
Amante, no abras la puerta
al alba.
EL AMOR VIENE CONMIGO
Desde
lejanos tiempos el amor viene conmigo.
Como un gato silencioso
me viene persiguiendo a través
de tardes hueras y cenagosos días.
Alguna que otra noche
he escuchado su ronroneo suave
y mi tacto ha sentido la uña
fiera
haciendo averiguaciones;
preguntando a mi piel
qué sed padece mi sangre,
el dónde de mis sueños,
el por qué de mis huesos.
Desde lejanos tiempos el amor viene
conmigo.
Está conmigo
palpando la ternura de cada costilla,
los tibios cuencos de mi ser
donde se esconde cada beso,
donde nacen los hijos,
donde se abren los gajos de dolor
(humano y tímido.
Desde lejanos tiempos el amor viene
conmigo.
Irá conmigo.
Arrasará mi sangre
y un buen día
escribirá en las arcadas de
mi vientre
mi canto de gloria,
mi honra fúnebre.
LADY
ROWENA
Lady
Rowena de Tremain:
dulce Lady de piel cascada
mustia como las flores de esta jarra.
Ahora tú y yo nos parecemos
un poco,
nada más un poco.
Tú apagando tu fuego,
yo pagando el mío.
CUANDO
SE OYE LA VOZ DEL AMOR
No.
No quiero oír su voz.
Amarradme cuando cante
porque su música
--oh, amigos
es insidiosa como canto
de sirenas
y no me dice sino
que después de él
yo no he de tocar
ningún otro
Paraíso.
PADRE Y MADRE
Padre
y madre llenan el pueblo.
Lo demás sobra.
Lo demás no hace falta para
afianzar
(pilares de esta casa.
Si madre con ademán de lince
preside
mis más escondidos pensamientos,
si padre llámame a la mesa
y yo
como volviendo de otras puertas
me acerco y beso los pliegues infinitos
(de sus años;
y si estamos los tres
regocijados uno contra el otro
y a horcajadas del tiempo
aguámosle fiestas a la tuerce,
entonces,
nada hace falta ni sobra
porque ya nuestro amor está
completo.
YO
HE MILITADO
Yo
he militado no sin gloria
en las lides del amor
y mi obra no podrán destruirla
ni las lluvias persistentes
ni la perenne marcha del tiempo.
Porque mi arte no fue inútil
ni siquiera contigo,
contigo que jurabas no conocerme
pero que un día llenaste
la ciudad entera con mi nombre.
PIEDRA
DE SACRIFICIO
Yo
di vida a este canto
y heme aquí reducida a polvo.
Desvencijada,
rota,
hambrienta.
Yo
lo tuve dolorosamente,
le di vida y me mata,
como cuervo me saca los ojos.
Al
final me llevará
a la piedra,
al sacrificio
donde he de soportar el hierro
que merezco.
ENCUENTRO
Esta
tarde me he encontrado con la muerte
caminando como si nada.
Nos cruzamos miradas puntiagudas
que llagaban el alma.
Ella altanera, yo humildosa
le mostré mis rodillas canceradas
mi sombra coja
mi vestido de novia ya vestido.
Ella
sonrió y me dijo
que ese era el aguinaldo de mi tuerce,
que el de ella ya vendría.
EL BLANCO SIGLO
Nada
sobrevivirá a nuestras vidas,
sino el pequeño fuego que prendimos.
Nada marcará el lugar en que
caímos,
sino la lágrima sola del amado.
Nada destruirá el inmenso mundo
que construimos,
sino el soplo del viento.
EL
TIEMPO Y SUS HECHURAS
Porfiado
y ágil sobre sábana
de hierba,
el tiempo hizo de mí lo que
quiso:
Una dicha fluyendo como el agua,
Un manantial de sangre solitaria,
Esta mujer que poseyó a pleno
sol
la sombra.
INSCRIPCIÓN
A LA ORILLA DEL CAMINO
Oh
pálido viajante,
tú que haces alto a mitad del
camino
acércate a mi tumba.
Mira, toca la desmoronada corona
de mi júbilo. Y recuerda
que aquí duermo yo.
Yo que un hermoso día triunfé
en el amor y que esta triste tarde
no puedo sobrevivir al olvido.
CARTA
Recuerda,
amado, cuando nos conocimos
bajo la gran sombra del Palazzo Corvaia,
frente
al gris remolino de la vía
del Corso; recuérdalo.
Recuerda
cuando música, pantera, amante,
dueña
(del amor,
yo clavaba mi ojo en el tuyo
y no había pie entre nosotros
de distancia.
Recuerda
las idas y venidas, las vueltas y
revueltas
y el amor muriendo y floreciendo.
Y nada más.
(Cuando yo era para ti como aquella
lejana
dulce muchacha de Brest).
Recuerda
de todo esto. De todo eso que se quedó
aquella mañana en la cruel
terminal de Reggio,
la dulce marejada que nos llevaba,
la que nos traía,
el agua mansa,
el líbrame Dios.