VIEJO
ESTRIBILLO
¿Quién
es esa sirena de la voz tan doliente,
de las carnes tan blancas, de la trenza
tan bruna?
Es un rayo de luna que se baña
en la fuente,
es un rayo de luna...
¿Quién
gritando mi nombre la morada recorre?
¿Quién me llama en las
noches con tan trémulo acento?
Es un soplo de viento que solloza
en la torre,
es un soplo de viento...
Di,
¿quién eres, arcángel
cuyas alas se abrasan
en el fuego divino de la tarde y que
subes
por la gloria del éter? Son
las nubes que pasan;
mira bien, son las nubes...
¿Quién
regó sus collares en el agua,
Dios mío?
Lluvia son de diamantes en azul terciopelo...
Es la imagen del cielo que palpita
en el río,
es la imagen del cielo...
¡Oh
Señor! La belleza sólo
es, pues, espejismo;
nada más Tú eres cierto:
¡sé Tú mi
último Dueño!
¿Dónde hallarte, en
el éter, en la tierra, en mí
mismo?
Un poquito de ensueño
te guiará en cada abismo,
un poquito de ensueño...
BRAHMA NO PIENSA...
Ego
sum quo sum.
Brahma
no piensa: pensar limita.
Brahma no es bueno ni malo, pues
las cualidades en su infinita
substancia huelgan. Brahma es lo que
es.
Brahma,
en un éxtasis perenne, frío,
su propia esencia mirando está.
Si duerme, el Cosmos torna al vacío,
¡mas si despierta renacerá!
DEIDAD
Como
duerme la chispa en el guijarro
y la estatua en el barro,
en ti duerme la divinidad.
Tan sólo en un dolor constante
y fuerte
al choque, brota de la piedra inerte
el relámpago de la deidad.
No
te quejes, por tanto, del destino,
pues lo que en tu interior hay de
divino
sólo surge merced a él.
Soporta, si es posible, sonriendo,
la vida que el artista va esculpiendo,
el duro choque del cincel.
¿Qué
importan para ti las horas malas,
si cada hora en tus nacientes alas
pone una pluma bella más?
Ya verás al cóndor en
plena altura,
ya verás concluida la escultura,
ya verás, alma, ya verás...
IDENTIDAD
Tat
tuam asi
(Tú
eres esto: es decir, tú eres
uno
y lo mismo que cuanto te rodea;
tú eres la cosa en sí)
El
que sabe que es uno con Dios, logra
el Nirvana:
un Nirvana en que toda tiniebla se
ilumina;
vertiginoso ensanche de la conciencia
humana,
que es sólo proyección
de la Idea Divina
en el Tiempo...
El
fenómeno, lo exterior, vano
fruto
de la ilusión, se extingue:
ya no hay pluralidad,
y el yo, extasiado, abísmase
por fin en lo absoluto,
¡y tiene como herencia toda
la eternidad!
KALPA
¿Queréis
que todo esto vuelva a empezar?
Sí responden a
coro.
Also
Sprach Zarathustra
En
todas las eternidades
que a nuestro mundo precedieron,
¿cómo negar que ya existieron
planetas con humanidades;
y
hubo Homeros que describieron
las primeras heroicidades,
y hubo Shakespeares que ahondar supieron
del alma en las profundidades?
Serpiente
que muerdes tu cola,
inflexible círculo, bola
negra, que giras sin cesar,
refrán
monótono del mismo
canto, marea del abismo,
¿sois cuento de nunca acabar?...
UNO CON ÉL
Eres
uno con Dios, porque le amas,
Tu pequeñez ¡qué
importa y tu miseria!;
eres uno con Dios, porque le amas.
Le
buscaste en los libros,
le buscaste en los templos,
le buscaste en los astros,
y un día el corazón
te dijo, trémulo:
"aquí está",
y desde entonces ya sois uno,
ya sois uno los dos, porque le amas.
No
podrán separaros
ni el placer de la vida
ni el dolor de la muerte.
En
el placer has de mirar su rostro,
en el valor has de mirar su rostro
en vida y muerte has de mirar su rostro.
"¡Dios!"
dirás en los besos,
dirás "Dios" en los
cantos,
dirás "Dios" en los
ayes.
Y
comprendiendo al fin que es ilusorio
todo pecado (como toda vida),
y que nada de Él puede separarte,
uno con Dios te sentirás por
siempre:
uno solo con Dios ¡porque le
amas!
EL TORBELLINO
"Espíritu
que naufraga
en medio de un torbellino,
porque manda mi destino
que lo que no quiero haga;
"frente
al empuje brutal
de mi terrible pasión,
le pregunto a mi razón
dónde están el bien
y el mal;
"¿quién
se equivoca, quién yerra?;
la conciencia, que me grita:
¡Resiste!, llena de cuita,
o el titán que me echa en tierra.
"Si
no es mío el movimiento
gigante que me ha vencido,
¿por qué, después
de caído,
me acosa el remordimiento?
"La
peña que fue de cuajo
arrancada y que se abisma,
no se pregunta a sí misma
por qué cayó tan abajo;
"mientras
que yo, ¡miserable!,
si combato, soy vencido,
y si caigo, ya caído
aún me encuentro culpable,
"y
en el fondo de mi mal,
ni el triste consuelo siento
de que mi derrumbamiento
fue necesario y fatal!"
Así,
lleno de ansiedad
un hermano me decía,
y yo le oí con piedad,
pensando en la vanidad
de toda filosofía...
y clamé, después de
oír
"Oh mi sabio no saber,
mi elocuente no argüir,
mi regalado sufrir,
mi ganancioso perder!"
JESÚS
Jesús
no vino del mundo de "los cielos".
Vino del propio fondo de las almas;
de donde anida el yo: de las regiones
internas del Espíritu.
¿Por
qué buscarle encima de las
nubes?
Las nubes no son el trono de los dioses.
¿Por qué buscarle en
los candentes astros?
Llamas son como el sol que nos alumbra,
orbes, de gases inflamados... Llamas
nomás. ¿Por qué
buscarle en los planetas?
Globos son como el nuestro, iluminados
por una estrella en cuyo torno giran.
Jesús
vino de donde
vienen los pensamientos más
profundos
y el más remoto instinto.
No descendió: emergió
del océano
sin fin del subconsciente;
volvió a él, y ahí
está, sereno y puro.
Era y es un eón. El que se
adentra
osado en el abismo
sin playas de sí mismo,
con la luz del amor, ese le encuentra.
ÉXTASIS
Cada
rosa gentil ayer nacida,
cada aurora que apunta entre sonrojos,
dejan mi alma en el éxtasis
sumida
nunca se cansan de mirar mis ojos
¡el perpetuo milagro de la vida!
Años
ha que contemplo las estrellas
en las diáfanas noches españolas
y las encuentro cada vez mas bellas.
Años ha que en el mar conmigo
a solas,
¡y aun me pasma el prodigio
de las olas!
Cada
vez hallo la naturaleza
más sobrenatural, más
pura y santa,
Para mí, en rededor, todo es
belleza:
y con la misma plenitud me encanta
la boca de la madre cuando reza
que la boca del niño cuando
canta.
Quiero
ser inmortal con sed intensa,
porque es maravilloso el panorama
con que nos brinda la creación
inmensa;
porque cada lucero me reclama,
diciéndome al brillar: "Aquí
se piensa,
también aquí se lucha,
aquí se ama."
¡OH CRISTO!
Ya
no hay un dolor humano que no sea
mi dolor;
ya ningunos ojos lloran, ya ningún
alma se angustia
sin que yo me angustie y llore;
ya mi corazón es lámpara
fiel de todas las vigilias,
¡oh Cristo!
En
vano busco en los hondos escondrijos
de mi ser
para encontrar algún odio:
nadie puede herirme ya
sino de piedad y amor. Todos son yo,
yo soy todos,
¡oh Cristo!
¡Qué
importan males o bienes! Para mí
todos son bienes.
El rosal no tiene espinas: para mí
sólo da rosas.
¿Rosas de pasión? ¡Qué
importa! Rosas de celeste esencia,
urpúreas como la sangre que
vertiste por nosotros,
¡oh Cristo!
EN PAZ
Artifex
vitae artifex sui
Muy
cerca de mi ocaso, yo te bendigo,
Vida,
porque nunca me diste ni esperanza
fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio
destino;
que si extraje la miel o la hiel de
las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles
sabrosas:
cuando planté rosales coseché
siempre rosas.
Cierto,
a mis lozanías va a seguir
el invierno:
¡mas tú no me dijiste
que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas noches
de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo
noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente
serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició
mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida,
estamos en paz!
LA RAZA DE BRONCE
Esa
llave desdentada
que no cierra ni abre nada,
para que la he de guardar...
Señor,
deja que diga la gloria de tu raza,
la gloria de los hombres de bronce,
cuya maza
melló de tantos yelmos y escudos
la osadía:
!oh! caballeros tigres, !oh! caballeros
leones,
!oh! caballeros águilas, os
traigo mis canciones;
!oh! enorme raza muerta, te traigo
mi alegría.
Aquella
tarde, en el Poniente augusto,
el crepúsculo audaz era en
una pira
como de algún atrida o de algún
justo;
llamarada de luz o de mentira
que incendiaba el espacio, y parecía
que el sol al estrellar sobre la cumbre
su mole vibradora de centellas,
se trocaba en mil átomos de
lumbre,
y esos átomos eran estrellas.
Yo
estaba solo en la quietud divina
del Valle. ¿Solo? ¡No!
La estatua fiera
del héroe Cuauhtemoc, la que
culmina
dispersando su dardo a la pradera,
bajo del palio de pompa vespertina,
era mi hermana y mi custodio era.
"Eras
tú, y a tus pies cayendo al
verte
te murmuré quiero
ser fuerte;
dame tu fe, tu obstinación
extraña;
quiero ser como tú, firme y
sereno;
quiero ser como tú, paciente
y bueno;
quiero ser como tú, nieve y
montaña.
Soy una chispa; ¡enséñame
a ser lumbre!
Soy un gujarro; ¡enséñame
a ser cumbre!
Soy una linfa: ¡enséñame
a ser río!
Soy un harapo: ¡enséñame
a ser gala!
Soy una pluma: ¡enséñame
a ser ala,
y que Dios te bendiga, padre mío!".
Y
hablaron tus labios, tus labios benditos,
y así respondieron a todos
mis gritos,
a todas mis ansias: "¡No
hay nada pequeño,
ni el mar ni el guijarro, ni el sol
ni la rosa,
con tal de que el sueño, visión
misteriosa,
le preste sus nimbos, y tu eres el
sueño!
"Amar,
¡eso es todo!; querer, ¡todo
es eso!
Los mundos brotaron el eco de un beso,
y un beso es el astro, y un beso es
el rayo,
y un beso la tarde, y un beso la aurora,
y un beso los trinos del ave canora
que glosa las fiestas divinas de mayo".
Yo
quise a la Patria por débil
y mustia,
la Patria me quiso con toda su angustia,
y entonces nos dimos los dos un gran
beso;
los besos de amores son siempre fecundos;
un beso de amores ha creado los mundos;
amar... ¡eso es todo!; querer...
¡todo es eso!
AZRAEL
Azrael,
abre tu ala negra, y honda,
cobíjeme su palio sin medida,
y que a su abrigo bienechor se esconda
la incurable tristeza de mi vida.
Azrael,
ángel bíblico, ángel
fuerte,
ángel de redención,
ángel sombrío,
ya es tiempo que consagres a la muerte
mi cerebro sin luz: altar vacío...
Azrael,
mi esperanza es una enferma;
ya tramonta mi fe; llegó el
ocaso,
ven, ahora es preciso que yo duerma...
¿Morir..., dormir..., dormir...?
¡Soñar acaso!
A KEMPIS
Sicut nubes, quasi naves, velut
umbra.
Ha
muchos años que busco el yermo,
ha muchos años que vivo triste,
ha muchos años que estoy enfermo,
¡y es por el libro que tu escribiste!
¡Oh
Kempis, antes de leerte amaba
la luz, las vegas, el mar Oceano;
mas tú dijiste que todo acaba,
que todo muere, que todo es vano!
Antes,
llevado de mis antojos,
besé los labios que al beso
invitan,
las rubias trenzas, los grande ojos,
¡sin acordarme que se marchitan!
Mas
como afirman doctores graves,
que tú, maestro, citas y nombras,
que el hombre pasa como las naves,
como las nubes, como las sombras...,
huyo
de todo terreno lazo,
ningún cariño mi mente
alegra,
y con tu libro bajo del brazo
voy recorriendo la noche negra...
¡Oh
Kempis, Kempis, asceta yermo,
pálido asceta, qué mal
me hiciste!
¡Ha muchos años que estoy
enfermo,
y es por el libro que tú escribiste!
REQUIEM
Oh
Señor, Dios de los ejércitos,
eterno Padre, eterno Rey,
por este mundo que creaste
con la virtud de tu poder;
porque dijiste: la luz sea,
y a tu palabra la luz fue;
porque coexistes con el Verbo,
porque contigo el Verbo es
desde los siglos de los siglos
y sin mañana y sin ayer,
requiem aeternam dona eis, Domine,
el lux perpetua luceat eis!
Oh
Jesucristo, por el frío
de tu pesebre de Belem,
por tus angustias en el Huerto,
por el vinagre y por la hiel,
por las espinas y las varas
con que tus carnes desgarré,
y por la cruz en que borraste
todas las culpas de Israel;
Hijo del Hombre, desolado,
trágico Dios, tremendo Juez:
requiem aeternam dona eis, Domine,
el lux perpetua luceat eis!
Divino
Espíritu, Paráclito,
aspiración del gran Iavéh,
que unes al Padre con el Hijo,
y siendo El Uno sois los Tres;
por la paloma de alas níveas,
por la inviolada doncellez
de aquella Virgen que en su vientre
llevó al Mesías Emmanuel;
por las ardientes lenguas rojas
con que inspiraste ciencia y fe
a los discípulos amados
de Jesucristo, nuestro bien:
requiem aeternam dona eis, Domine,
el lux perpetua luceat eis!
INCOHERENCIAS
Para
José I. Bandera
Yo
tuve un ideal, ¿en dónde
se halla?
Albergué una virtud, ¿por
qué se ha ido?
Fui templado, ¿do está
mi recia malla?
¿En qué campo sangriento
de batalla
me dejaron así, triste y vencido?
¡Oh,
Progreso, eres luz! ¿Por qué
no llena
tu fulgor mi conciencia? Tengo miedo
a la duda terrible que envenena,
y que miras rodar sobre la arena
¡y, cual hosca vestal, bajas
el dedo!
¡Oh,
siglo decadente, que te jactas
de poseer la verdad!, tú que
haces gala
de que con Dios, y con la muerte pactas,
devuélveme mi fe, yo soy un
Chactas
que acaricia el cadáver de
su Atala...
Amaba
y me decías: "analiza",
y murió mi pasión; luchaba
fiero
con Jesús por coraza, triza
a triza,
el filo penetrante de tu acero.
¡Tengo
sed de saber y no me enseñas;
tengo sed de avanzar y no me ayudas;
tengo sed de creer y me despeñas
en el mar de teorías en que
sueñas
hallar las soluciones de tus dudas!
Y
caigo, bien lo ves, y ya no puedo
batallar sin amor, sin fe serena
que ilumine mi ruta, y tengo miedo...
¡Acógeme, por Dios! Levanta
el dedo,
vestal, ¡que no me maten en
la arena!
LOS NIÑOS MÁRTIRES
DE CHAPULTEPEC
I
Como
renuevos cuyos aliños
un viento helado marchita en flor,
así cayeron los héroes
niños
ante las balas del invasor.
Allí
fue... los sabinos la cimera
con sortijas de plata remecían;
cantaba nuestra eterna primavera
su himno al sol: era diáfana
la esfera;
perfumaba la flor... ¡y ellos
morían!
Allí
fue... los volcanes en sus viejos
albornoces de nieve se envolvían,
perfilando sus moles a lo lejos;
era el valle una fiesta de reflejos,
de frescura, de luz... ¡y ellos
morían!
Allí
fue... Saludaba al mundo el cielo,
y al divino saludo respondían
los árboles, la brisa, el arroyuelo,
los nidos con su trino del polluelo,
las rosas con su olor ...¡y
ellos morían!
Morían
cuando apenas el enhiesto
botón daba sus pétalos
precoces,
privilegiados por la suerte en esto:
que los que aman los dioses mueren
presto
¡y ellos eran amados de los
dioses!
Sí,
los dioses la linfa bullidora
cegaban de esos puros manantiales,
espejos de las hadas y de Flora,
y juntaban la noche con la aurora
como pasa en los climas boreales.
Los
dioses nos robaron el tesoro
de esas almas de niños que
se abrían
a la vida y al bien, cantando en coro...
Allí fue... la mañana
era de oro,
Septiembre estaba en flor... ¡y
ellos morían!
II
Como
renuevos cuyos aliños
un viento helado marchita en flor,
así cayeron los héroes
niños
ante las balas del invasor.
No
fue su muerte conjunción febea
ni puesta melancólica de Diana.
sino eclipse de Vésper, que
recrea
los cielos con su luz, y parpadea
y cede ante el fulgor de la mañana.
Morir
cuando la tumba nos reclama,
cuando la dicha suspirando quedo,
"¡Adiós!",
murmura, y se extinguió la
llama
de la fe, y aunque todo dice.. "¡Ama!",
responde el corazón: "¡Si
ya no puedo...!";
cuando
sólo escuchamos donde quiera
del tedio el gran monologar eterno,
y en vano desparrama Primavera
su florido caudal en la pradera,
porque dentro llevamos el Invierno,
bien
está... más partir en
pleno día,
cuando el sol glorifica la jornada,
cuando todo en el pecho ama y confía,
y la Vida, Julieta enamorada,
nos dice: "¡No te vayas
todavía!";
y
forma la ilusión mundos de
encaje,
y los troncos de savia están
henchidos
y las frondas perfuman los boscajes,
y los nidos salpican los frondajes,
y las aves arrullan en los nidos,
es
cruel.... mas, entonces, ¿por
qué ahora
muestra galas el Bosque y luce aliños?
¿Por qué canta el clarín
con voz sonora?
¿Por qué nadie está
triste, nadie llora
delante del recuerdo de esos niños?
Porque
más que la vida, bien pequeño;
porque más que la gloria, que
es un sueño;
porque más que el amor, vale,
de fijo,
la divina oblación, y en una
losa
este bello epitafio: "Aquí
reposa;
dio su sangre a la Patria: ¡Era
un buen hijo!"
III
Como
renuevos cuyos aliños
un viento helado marchita en flor,
así cayeron los héroes
niños
ante las balas del invasor.
Descansa,
Juventud, ya sin anhelo,
serena como un dios, bajo las flores
de que es pródigo siempre nuestro
suelo;
descansa bajo el palio de tu cielo
y el santo pabellón de tres
colores.
Descansa,
y que liricen tus hazañas
las voces del terral en los palmares,
y las voces del céfiro en las
cañas,
las voces del pinar en las montañas
y la voz de las ondas en los mares.
Descansa,
y que tu ejemplo persevere,
que el amor al derecho siempre avive;
y que en tanto que el pueblo que te
quiere
murmura en tu sepulcro: "¡Así
se muere!",
la fama cante en él: "¡Así
se vive!".
IV
Como
renuevos cuyos aliños
un viento helado marchita en flor,
así cayeron los héroes
niños
ante las balas del invasor.
Señor,
en cuanto a ti, dos veces bravo,
que aquí defiendes el hollado
suelo
tras haber defendido el suelo esclavo,
y hoy en el sitio dormirás
al cabo
donde el águila azteca posó
el vuelo;
Señor, en cuanto a ti, que
noble y fuerte,
llegaste del perdón al heroísmo,
perdonando en tu triunfo a quien la
muerte
dio a tu padre infeliz, y de esta
suerte
venciéndote dos veces a ti
mismo:
¡ven,
únete a esos niños como
hermano
mayor, pues que su gloria fue tu gloria,
y llévalos contigo de la mano
hacia el solio de Jove soberano
y a las puertas de bronce de la Historia!
PERLAS NEGRAS
Bellas
mujeres de ardientes ojos,
de vivos labios, de tez rosada,
¡os aborrezco! Vuestros encantos
ni me seducen ni me arrebatan.
A
mí me gustan las niñas
tristes,
a mí me gustan las niñas
pálidas,
las de apacibles ojos obscuros
donde perenne misterio irradia;
las de miradas que me acarician
bajo el alero de las pestañas...
Más
que las rosas, amo los lirios
y las gardenias inmaculadas;
más que claveles de sangre
y fuego,
la sensitiva mi vista encanta...
Bellas
mujeres de ardientes ojos,
de vivos labios, de tez rosada;
pasad en ronda vertiginosa;
vuestros encantos no me arrebatan.
PERLAS NEGRAS - V
¿Ves
el sol, apagando su luz pura
en las ondas del piélago ambarino?
Así hundió sus fulgores
mi ventura
para no renacer en mi camino.
Mira
la luna: desgarrando el velo
de las tinieblas, a brillar empieza.
Así se levantó sobre
mi cielo
el astro funeral de la tristeza.
¿Ves
el faro en la peña carcomida
que el mar inquieto con su espuma
alfombra?
Así radia la fe sobre mi vida,
solitaria, purísima, escondida:
¡como el rostro de un ángel
en la sombra!
PERLAS NEGRAS - VI
Rindióme
al fin el batallar continuo
de la vida social; en la contienda,
envidiaba la dicha del beduino
que mora en libertad bajo su tienda.
Huí
del mundo a mi dolor extraño,
llevaba el corazón triste y
enfermo,
y busqué , como Pablo el Ermitaño,
la inalterable soledad del yermo.
Allí
moro, allí canto, de la vista
del hombre huyendo, para el goce muerto,
y bien puedo decir como el Bautista:
¡Soy la voz del que clama en
el desierto!
PERLAS NEGRAS - VIII
Al
oír tu dulce acento
me subyuga la emoción,
y en un mudo arrobamiento
se arrodilla el pensamiento
y palpita el corazón...
Al oír tu dulce acento.
Canta,
virgen, yo lo imploro;
que tu voz angelical
semeja el rumor sonoro
de leve lluvia de oro
sobre campo de cristal.
Canta, virgen, yo lo imploro:
es de alondra tu garganta,
¡Canta!
¡Qué
vagas melancolías
hay en tu voz! Bien se ve
que son amargos tus días.
Huyeron las alegrías,
tu corazón presa fue
de vagas melancolías.
¡Por
piedad! ¡No cantes ya,
que tu voz al alma hiere!
Nuestro amor, ¿en dónde
está?
Ya se fue..., todo se va...
Ya murió..., todo se muere...
Por piedad, no cantes ya,
que la pena me avasalla...
¡Calla!
PERLAS NEGRAS - XXIX
Yo
amaba lo azul con ardimiento:
las montañas excelsas, los
sutiles
crespones de zafir del firmamento,
el piélago sin fin, cuyo lamento
arrulló mis ensueños
juveniles.
Callaba
mi laúd cuando despliega
cada estrella purísima su broche,
el universo en la quietud navega,
y la luna, hoz de plata, surge y siega
el haz de espesas sombras de la noche.
Cantaba,
si la aurora descorría
en el Oriente sus rosados velos,
si el aljófar al campo descendía,
y el sol, urna de oro que se abría,
inundaba de luz todos los cielos.
Mas
hoy amo la noche, la galana,
de dulce majestad, horas tranquilas
y solemnes, la nubia soberana,
la de espléndida pompa americana:
¡La noche tropical de tus pupilas!
Hoy
esquivo del alba los sonrojos,
su saeta de oro me maltrata,
y el corazón, sin pena y sin
enojos,
tan sólo ante lo negro de tus
ojos
como el iris del búho se dilata.
¿Qué
encanto hubiera semejante al tuyo,
oh, noche mía? ¡Tu beldad
me asombra!
Yo, que esplendores matutinos huyo,
¡dejo el alma que agite, cual
cocuyo,
sus alas coruscantes en tu sombra!
Si
siempre he de sentir esa mirada
fija en mi rostro, poderosa y tierna,
¡adiós, por siempre adiós,
rubia alborada!
doncella de la veste sonrosada:
¡que reine en mi redor la noche
eterna!
¡Oh,
noche! Ven a mí llena de encanto;
mientras con vuelo misterioso avanzas,
nada más para ti será
mi canto,
y en los brunos repliegues de tu manto,
su cáliz abrirán mis
esperanzas!
PERLAS NEGRAS - XXXIII
Amiga,
mi larario está vacío:
desde que el fuego del hogar no arde,
nuestros dioses huyeron ante el frío;
hoy preside en sus tronos el hastío
las nupcias del silencio y de la tarde.
El
tiempo destructor no en vano pasa;
los aleros del patio están
en ruinas;
ya no forman allí su leve casa,
con paredes convexas de argamasa
y tapiz del plumón, las golondrinas.
¡Qué
silencio el del piano! Su gemido
ya no vibra en los ámbitos
desiertos;
los nocturnos y scherzos han huído...
¡Pobre jaula sin aves! ¡Pobre
nido!
¡Misterioso ataúd de
trinos muertos!
¡Ah,
si vieras tu huerto! Ya no hay rosas,
ni lirios, ni libélulas de
seda,
ni cocuyos de luz, ni mariposas...
Tiemblan las ramas del rosal, medrosas;
el viento sopla, la hojarasca rueda.
Amiga,
tu mansión está desierta;
el musgo verdinegro que decora
los dinteles ruinosos de la puerta,
parece una inscripción que
dice: ¡Muerta!
El cierzo pasa, y suspirando: ¡Llora!
PERLAS NEGRAS - XLII
Yo
también, cual los héroes
medievales
que viven con la vida de la fama,
luché por tres divinos ideales:
¡por mi Dios, por rmi Patria
y por mi Dama!
Hoy
que Dios ante mí su faz esconde,
que la Patria me niega su ternura
de madre, y que a mi acento no responde
la voz angelical de la Hermosura,
rendido
bajo el peso del destino
esquivando el combate, siempre rudo,
heme puesto a la vera del camino,
resuelto a descansar sobre mi escudo.
Quizá
mañana, con afán contrario,
ajustándome el casco y la loriga,
de nuevo iré tras el combate
diario,
exclamando: ¡Quién me
ame, que me siga!
Mas
hoy dejadme, aunque a la gloria pese,
dormir en paz sobre mi escudo roto;
dejad que en mi redor el ruido cese,
que la brisa noctívaga me bese
y el Olvido me de su flor de loto.
HOMENAJE
Ha muerto Rubén Darío,
¡el de las piedras preciosas!
Hermano,
¡cuántas noches tu espíritu
y el mío,
unidos para el vuelo, cual dos alas
ansiosas,
sondar quisieron ávidas el
Enigma sombrío,
más allá de los astros
y de las nebulosas!
Ha muerto Rubén Darío,
¡el de las piedras preciosas!
¡Cuántos
años intensos junto al Sena
vivimos,
engarzando en el oro de un común
ideal
los versos juveniles que, a veces,
brotar vimos
como brotan dos rosas a un tiempo
de un rosal!
Hoy
tu vida, inquieta cual torrente bravío,
en el Mar de las Causas desembocó;
ya posas
las plantas errabundas en el islote
frío
que pintó Böckin... ¡ya
sabes todas las cosas!
Ha muerto Rubén Darío,
¡el de las piedras preciosas!
Mis
ondas rezagadas van de las tuyas;
pero
pronto en el insondable y eterno mar
del todo
se saciara mi espíritu de lo
que saber quiero:
del Cómo y del Porqué,
de la Esencia y del Modo.
Y
tú, como en Lutecia las tardes
misteriosas
en que pensamos juntos a la orilla
del Río
lírico, habrás de guiarme...
Yo iré donde tu osas,
para robar entrambos al musical vacío
y al coro de los orbes sus claves
portentosas...
Ha muerto Rubén Darío
¡el de las piedras preciosas!
COBARDÍA
Pasó
con su madre.
¡Qué rara belleza!
¡Qué rubios cabellos
de trigo garzul!
¡Qué ritmo en el paso!
¡Qué innata realeza de
porte!
Qué formas bajo el fino tul...
Pasó
con su madre.
Volvió la cabeza:
¡Me clavó muy hondo su
mirada azul!
Quedé
como en éxtasis...
Con
febril premura,
¡Síguela!, gritaron cuerpo
y alma al par.
...Pero
tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas, que suelen sangrar,
¡y
no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos,
la dejé pasar!
SI UNA ESPINA ME HIERE...
Si
una espina me hiere, me aparto de
la espina,
... ¡pero no la aborrezco! Cuando
la mezquindad
envidiosa en mí clava los dardos
de su inquina,
esquívase en silencio mi planta,
y se encamina hacia más puro
ambiente de amor y caridad.
¿Rencores?
¡De qué sirven! ¡Qué
logran los rencores?
Ni restañan heridas, ni corrigen
el mal.
Mi rosal tiene apenas tiempo para
dar flores,
y no prodiga savias en pinchos punzadores:
si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,
se
llevará las rosas de más
sutil esencia;
y si notare en ellas algún
rojo vivaz,
será el de aquella sangre que
su malevolencia
de ayer vertió, al herirme
con encono y violencia,
y que el rosal devuelve, ¡trocado
en flor de paz!
VIA, VERITAS ET VITA
Ver
en todas las cosas
del Espíritu incógnito
las huellas;
contemplar
sin cesar,
en las diáfanas noche misteriosas,
la santa desnudez de las estrellas...
¡Esperar!
¡Esperar!
¿Qué? ¡Quién
sabe! Tal vez una futura
y no soñada paz... Sereno y
fuerte,
correr esa aventura
sublime y portentosa de la muerte.
Mientras,
amarlo todo... y no amar nada,
sonreír cuando hay sol y cuando
hay brumas;
cuidar de que en el áspera
jornada
no se atrofien las alas, ni oleada
de cieno vil ensucie nuestras plumas.
Alma:
tal es la orientación mejor,
tal es el instintivo derrotero
que nos muestra un lucero
interior.
Aunque
nada sepamos del destino,
la noche a no temerlo nos convida.
Su alfabeto de luz, claro y divino,
nos dice: "Ven a mí: soy
el Camino,
la Verdad y la Vida".
YO NO SOY DEMASIADO SABIO
Yo
no soy demasiado sabio para negarte,
Señor; encuentro lógica
tu existencia divina;
me basta con abrir los ojos para hallarte;
la creación entera me convida
a adorarte,
y te adoro en la rosa y te adoro en
la espina.
¿Qué son nuestras angustias
para querer por
argüirte de cruel? ¿Sabemos
por ventura
si tú con nuestras lágrimas
fabricas las estrellas,
si los seres más altos, si
las cosas más bellas
se amasan con el noble barro de la
amargura?
Esperemos, suframos, no lancemos jamás
a lo Invisible nuestra negación
como un reto.
Pobre
criatura triste, ¡ya verás,
ya verás!
La Muerte se aproxima... ¡De
sus labios oirás
el celeste secreto!
LA
SOMBRA DEL ALA
Tú
que piensas que no creo
cuando argüimos los dos,
no imaginas mi deseo,
mi sed, mi hambre de Dios;
ni
has escuchado mi grito
desesperante, que puebla
la entraña de la tiniebla
invocando al Infinito;
ni ves a mi pensamiento,
que empañado en producir
ideal, suele sufrir
torturas de alumbramiento.
Si
mi espíritu infecundo
tu fertilidad tuviese,
forjado ya un cielo hubiese
para completar su mundo.
Pero
di, ¿qué esfuerzo cabe
en un alma sin bandera
que lleva por dondequiera
tu torturador quién sabe;
que
vive ayuna de fe
y, con tenaz heroísmo,
va pidiendo a cada abismo
y a cada noche un por qué?
De
todas suertes, me escuda
mi sed de investigación,
mi ansia de Dios, honda y muda;
y hay más amor en mi duda
que en tu tibia afirmación.