Aquel
beso, mujer, aquél que era
Aquel beso, mujer, aquél que era
tan hondamente nuestro, ¿qué se hizo,
a dónde se nos fue, por qué no quiso
seguir siendo en nosotros primavera?
¿Por cuál razón ya no te desespera
y el oro que te cae en ese rizo,
sin resentir la ausencia de su hechizo,
solamente la brisa lo vulnera?
Aquel beso, mujer, aprisionado
en ámbitos terribles, se ha perdido.
Es un cristal opaco y acabado.
Un cantar en olvido convertido,
un desecho por sombras despreciado,
un recuerdo de nada, fenecido.
Por
haber aquel beso despreciado
Por haber aquel beso despreciado
en busca equivocada de otro sueño.
Por oponerle muros a su empeño
y negarse constante a su llamado.
Por haber permitido y silenciado
el trágico rodar a su despeño.
Por ubicar su muerte en lo pequeño,
cotidiano, fugaz y no anhelado.
Por izar entre risas la bandera
cuando entraba hecho sombra a la agonía.
Por indagar otra ilusión en vera
y profanar su espuma muda y fría,
por todo eso, mujer, la primavera
no volverá a tu vida ni a la mía.