TATUAJES
INVISIBLES
Esas
distancias,
esos cortejos de la memoria
a la cobardía que sueña profundo la cobardía
de tu nombre
sin otro rostro que el martillo sangrando la punta de
infancia
los libros que me custodian ante los días y las
noches
donde no hay corazón que valga sobre la piel
en mi escama tartamuda de viejos precipicios anulados
en la miseria de girar sobre la nada y sentir el golpe
de la tristeza
sobre los panteones imaginarios
donde se apoyan las breves cirugías bajo el sol
vestidos de plomo y sal para los hornos de la carne
y el orden
presiento
el advenimiento del dios
sobre este cuerpo inscripto en su lejana materia de
mundo
donde las líneas ya no son del color rojizo infranqueable
de los
muertos
o de las visitas periódicas de la palabra a las
urnas secretas de mi
soledad
allí,
donde no hay cielo para soportar la belleza
siento el filo de la navaja abriéndose despacio
sobre mi pecho
sin nada más que pájaros invitados a una
cocina mutilada de sexo
llenos de playa y de mar, bajo el delirio y las hojas
donde busco el lugar de mi corazón en las vegetaciones
de los ojos
hundiéndome en la arena hasta saber la punta
de espada
como incendios de una mudanza donde las aves sueñan
su vuelo
en todos los peligros que acechan
como muerto envejecidos de no enterrarlos
huéspedes
flotantes de la vigilia
visitadores de una venganza que condena la belleza de
mi brazo
y llega a ser fuego y obra ante el poema debido
sin otro oficio en el mundo que ser artesano de los
tatuajes invisibles