ALBERTO JIMENEZ VALLES

 

Alberto Jiménez Vallés

España –1964- ajimenez1@teleline.es

(Necesitamos información, colabora)

 

SELECCIÓN DE POEMAS

 

1936, Guerra Civil Española

En la última mirada
de un mediodía espeso, pleno
de amoríos mágicos, casi brujos.

En uno de esos silencios
de tarde ibérica,
arrancó la ira pupilas y corazones,
quemó el sol la piel de toro
con odios y temores.
En esa corrida nacional
en el fragor de la locura,
todo fue propio.
Tras las espesuras cálidas
de olivos y viñedos
aparecieron los fusiles del miedo.
Tras la línea clara
de la meseta seca,
se matizó la gelatina tensa
del hueco imperio,
desnudo, desdentado y eterno.
Y así, sin querer ver
en un terrible sueño,
nuestros niños guerreros
con sudor en las manos
salieron a matar hermanos.
Se añadió la muerte a estas
Españas de hambres históricos,
de justicias ausentes
de fantasías y pucheros.
Ardieron los campos
de sudarios vivos
de rosarios de viudas
de niños de ojos negros

Y al final, entre mares de llantos
se cubrieron los perdones
con mantos de olvido.
Sonaron nombres de algunos cuantos,
calladamente, lamiendo silencios.


La tierra roja (Africa)

Hubo una noche bruja
que me violó el alma.
Fue lejos,
donde los árboles se cubren de sol
y los muertos de olvido lejano,
donde los niños se cuentan cuentos
y las mujeres paren miedos y sapos.
Allí lejos,
con un cuhcillo de madera quemada
me abrieron mi alma de cebolla,
y un líquido de palabras
corrió en tierra de herejes.
Allí cerca,
me quedó mi cuerpo herido
bañado en una noche de agua
entre quiebros de pasión.
Volví,
y he vueltgo tantas veces,
que la noche bruja me acompaña
como mendrugo cabezón.
Y sin pasión
de un tirón,
se come mi cuerpo entero
como rodaja de melón.

Volveré otra vez
con mi alma de cebolla,
mi sonrisa de ratón
y mi cabeza de latón.


Pobre poeta

Hoy he paseado
por la calle herida
de mi poesía,
y las palabras
tropezaban en un asfalto
de papel blanco y claro
Mi corazón,
como niño sin sentido
subía y bajaba aceras
de servil postura al sol,
y miraba portales de sombra
con ojos de luz y espanto.
Y la vida,
esa ida vivida
de olvido y llanto,
se quedó sola y callada
ante el santo y seña
de una muerte guerrera.

Y mi alma,
soñadora ella,
buscó entre los olvidos
de una luz eterna
estas botas de poeta,
que no son sino
palabras cruzadas,
en un mar de cruces
y mujeres aladas.


Desamor sin fin

Se hundieron
mis versos de amor
en un mar de aguas submarinas.
Y mil sirenas de mil amores
beben flujos y reflujos
de aguas mil.
Y mil peces de mil colores
recitan versos y reversos
de palabras mil.
Se beben mis amaneceres
de sábanas blancas
y miradas amadas.
Se beben mi momento de pasión
en un abalorio de juegos
y burlas de ocasión.
Yo he amado tanto
entre los pliegues del alma
y una mujer bien parada.
Yo he amado tanto
entre los ojos de mi amada
y una estrella fugaz callada.
Tanto he amado,
que amar no quiero,
y mi corazón lleno de sal y encanto
vaga entre mendigos de pobre paño
y mujeres de facil mano.
Y mi palabra vacía de sol y santo
vaga entre poemas de antaño
y amores a desmano.
Así es la vida,
apero de yeso y basalto
entre mujeres al asalto
y algo humedo y henchido
en alto.

Así es la vida,
corazón desmayado
corazón enterrado.


Ahh..

El liso de las fachadas
se cubre de paños de noche,
y el tiempo seco y senil
vuela entre ecos de un día lejano.
La vida,
entre juegos de una niña mía
y viejos de vida postiza,
se entretuvo en un jardín
de palabras cantadas
y cantos de ocas plateadas.
Perdió su reloj cobrizo
de tiempo humano
y cuco endemoniado.
Y un viento de sedas blancas
le robó su mechón marcado
de niña tibia y soñada.
Caminó la vida
escuchando caracolas de mareas negras
y gavilanes de picos de plata.
Caminó entre hombres niños
con cuellos largos de tela blanca
y silencios de palabras paradas.
Caminó tanto entre arenas
de dioses de cristal y encanto,
que quedó tendida
como un lodo de lava y manto.

Ya se va,
sola en su barca de huesos blancos,
guiada por su gaviota de alas cruzadas,
en un cielo blanco claro
entre sirenas de aguas saladas.


Un gato en la ventana

Yo voy cantando
y andando,
embarado en mis piernas
como un injerto de hombre
en un mar de huesos,
embarrado en mis sueños
de zapatos sin suelas
y palabras sin muelas.

Ventana divina
de mirada cansina.
Así voy yo
por la calle vacía,
tocando tu luz oscura
de hueco enrejado
vacío de todo.
Así vestido
con la humedad
de tu eterna piedra,
ésa que trepa
en la soledad
de la frágil hiedra.
Todo está quieto
en tu plano de viento,
yo tenso
con mi arpón de palabras,
y un gato de tripas de trapo
-blanco y negro
triste y viejo-
se deja caer
en un salto grávido
como un soplo de agua
muere en su beso de sed.
El gato, la reja
la piedra y el viento
me ventean la lengua
en este momento sin tregua.

Y la pausa de un alero
hundido en su sombrero
de nubes sin soles
y cielos azules,
me dice.
“Vete ya,
acicate de palabras sin dueño
tomador de niñas sin sueño.
Vete ya
con tus postizos versos
que saben que algo mientes
y déjanos lo que sientes
-un grano de viento
entre tus manos de barro
y esa tinta viva de sarro-
y nada más nos cuentes
y nunca más nos tientes”.

 

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Publica: MundoPoesía
Autor: Ismael Ríos
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