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ALBERTO
ANGEL MONTOYA
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(1902
- 1970)
Poeta colombiano, nacido en Santa Fe de Bogotá.
Cultor de un tono romántico trabajado en sonetos magistrales.
Enamorado de la bohemia, del amor, y de la mujer, en niveles
de suma elegancia, el poeta mereció el calificativo
de "Maestro del soneto galante". Y eso fue, con
toda justeza y exactitud.
Su vida estuvo dedicada a la poesía de modo exclusivo.
Sus diversos libros, entre los cuales se destacan "Las
vigilia del vino" y "El alba inútil",
fueron reunidos en un solo volumen con el título de
"Lección de poesía".
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SELECCIÓN
DE POEMAS
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SONETO
AL AMOR I
Cuántas veces, amor, por retenerte
puse a tus pies mi juventud rendida.
Y cuántas a pesar de estar herida
te la volví a entregar por no perderte.
Cuántas veces también, altivo y fuerte,
por alcanzar la gracia prometida,
me batí frente a frente con la vida,
o me hallé cara a cara con la muerte.
Y hoy, cuando mi ilusión vuelve a tu lado
trayéndole al misterio de tu hechizo
la pluma azul del pájaro encantado,
torna otra vez a mi pupila el lloro
al mirar desde el puente levadizo
que está cerrado tu castillo de oro.
SONETO AL AMOR II
Este dolor de amor que me fue dado
a cambio del amor que di sin tasa,
para el olvido que al amor traspasa
ya tiene el corazón crucificado.
Esta sangre fluyendo del costado
será el placer de ese otro amor que pasa,
dolor que hiere y júbilo que abrasa:
otro amor a nacer para olvidado.
Herir el gozo a que clamando aspira.
Sufrir gozando de saberse herido.
Oh, amor con su verdad y su mentira.
Toda la angustia del amor perdido,
y el gozo triste que al amor le inspira
poder de corazón hacer olvido.
SONETO AL AMOR III
Hiere más fuerte, amor, hiere más hondo,
que aún en tu dardo está toda mi vida.
Para que goces con tu propia herida,
ni el alma oculto, ni la llaga escondo.
Mira un momento hacia el ayer. Al fondo,
otra --aquélla-- desángrase vencida.
Trasfúndele la sangre de tu herida,
y por lograrlo, amor, hiere más hondo.
Qué triste fue nuestro placer, qué vano.
Oh, carne con sus rosas y racimos,
manjar para el necrófago gusano.
Y ha de ser el final lo que quisimos
desde un tiempo, oh amor, ya tan lejano.
Mas vencidos, amor, nos redimimos.
A TI
Como la fruta original tú tienes
duplicidad de hieles y panales.
Eres todos los Males y los Bienes,
sin saber de los Bienes y los Males.
Buscando paraísos terrenales,
discurrí por tus núbiles edenes,
y al hollar de vaivenes tus rosales
hallé todos los males y los Bienes.
Al amparo de signos augurales,
diademó la inocencia de tus sienes
un gajo de las ciencias primordiales;
y, así, otra vez, a mi reclamo vienes,
trayendo en tu querer todos los Bienes,
y en tu beso fatal, todos los Males.
ANA
He vuelto al puerto tropical que un día
miró el reposo de mi sed liviana
bajo la sombra de tus brazos. Ana,
tu boca era una fruta al medio día.
Después amor y estío en romería.
Viajes por hielo en el borgoña grana.
Y tras el vino, la caricia vana.
Mío el desdén y tuya la porfía.
Hoy de otro cuerpo mi placer se ufana.
Al "Café de los guamos" todavía
llega en vinos nocturnos la mañana.
Pero un dolor invade mi alegría:
no haberte amado cuando fuiste mía
y amarte ahora que te sé lejana.
DOS MUJERES
Agua amarga de un mar cuya ribera
era el párpado azul. Qué cielo ido
de ese mar a otro mar, entristecido
de lágrimas también y azul ojera.
Yo las amé a las dos. La una era
triste y frágil y pálida de olvido.
Y la otra.... ¿la otra?... hubiera sido
--si sido hubiese-- igual a la primera.
¿Qué misterio de amor será este vano
ambicionar el fruto no caído,
cuando se tiene el fruto entre la mano?
Y soñar en un cielo descendido,
soñándolo lejano, y tan cercano
de una mar a otra mar el cielo ido.
RENUNCIAMIENTO
No sabes tú, doncella que a mi dolor te ofreces,
que mi alma está cercada de horóscopos fatales?
¿No sabes que en mi copa sólo quedan las
heces
sacrílegas e impuras del vino de los males?
Si ante la sola angustia de un beso te estremeces,
cómo acoger podría tus dones virginales
aquél que a las virtudes prefirió tantas
veces
el goce de los siete pecados capitales?
Huye de mi deseo. La divina serpiente
no cabe entre la curva de tu seno incipiente.
Yo que soy un fantasma de lo que fui, no puedo
contagiarte de sombra. No quiero que en tus ojos
brille una sola lágrima. Huye de los despojos
de un corazón en ruinas por donde vaga el miedo.
VARIACIÓN SOBRE EL TEMA DE SUS MANOS
Yo las miré juntándose en un acto
de pío amor, por el amor transidas.
Sutil comparación de nuestras vidas:
la dicha igual y el corazón exacto.
Qué vanidad de nieves en el pacto
de tus manos unánimes, unidas
sin otro espacio entre las dos, floridas,
que el jardín invisible de su tacto.
Blanco efluvio de angélicas redomas,
nubilando las bóvedas sombrías,
mezclaban los inciensos sus aromas
a la blancura de tus manos pías.
Qué emulación de nubes y palomas
bajo los cielos de las letanías.
ELLA
Ella está aquí, presente en la distancia
que separa su nombre de mi oído
y está aquí en el espacio estremecido
que hay entre mi recuerdo y su fragancia.
Ella se fue, y aún yerra por mi estancia
su nombre en su perfume diluído,
que por marcarle un límite al olvido
se hizo nombre y perfume la distancia.
Ella está aquí, presente en el abismo
de su ausencia en aroma. En el amargo
acento de su nombre en mi mutismo.
Que de tan corto amor, dolor tan largo,
sólo es nombre y perfume...Y sin embargo
yo pude acompañarla hasta mí mismo.
SE EVAPORÓ SU NOMBRE....
Se evaporó su nombre y ha quedado
su recuerdo en mi ser desvanecido,
como queda un arbusto alzado en nido,
ya sin trino, en el aire, despojado.
¿Cómo era su nombre? ¿En qué
ignorado
alfabeto del aire está perdido?
Y una voz acercándose a mi oído:
Se llamaba --me dice-- ... Lo he olvidado.
Aún queda su perfume. Pero en dónde,
si él con su nombre estaba confundido
como el llanto en la lágrima se esconde?
Se lo pregunto al aire estremecido,
mas en el aire sólo me responde
un silencio que cruza hacia el olvido.
SOUVENIR
Este amor que ha llegado entre la niebla,
igual que en otro invierno, sigiloso,
todo un ayer con su presencia puebla.
No turbarán el don de su reposo
crueles palabras ni celosos daños.
Sólo la facha en la oquedad del foso.
Así vuelve el amor con sus engaños
a ser fiel esta tarde en que el invierno
le augura nieve a los perdidos años.
Vuelve otra vez amor con ese tierno
acento de ilusión en que creímos
hallar la clave de un amor eterno.
Y otra vez a la carne le pedimos,
por hallar otra vez lo que encontramos,
rosas negras y cándidos racimos.
Pero el amor de ayer no lo olvidamos.
PASIÓN TARDÍA
Toma la copa y bebe, que mañana
no habrá vino en tu copa ni en la mía.
Inútilmente prolongué mi fría
indiferencia mentirosa y vana.
Rompe la copa y ríe.....Que si un día
te hizo llorar mi juventud liviana,
en el fervor de mi pasión tardía
te llamo mía, y te apellido hemana.
Que importa si en ruidosas bacanales
o en los brazos de todas las rivales
burlé tu lloro y angustié tus días,
si hoy al final de haber reído tanto
preso en la red que me tendió tu llanto
vengo a llorar para que tú sonrías.
ESA MUJER
La noche junto a mí. La compañera
del alcohol, los besos y el desvío.
La noche en el espacio y en el frío.
La noche en fin. Y una mujer cualquiera.
Una mujer cualquiera en el desvío
de la hora que ríe placentera.
Una cualquier mujer que no supiera
más que pasar la noche bajo el frío.
Pasar la noche y esperar la aurora.
Y al vino devolver su primitiva
forma de uva, la boca tentadora.
Esa mujer eterna y fugitiva.
Esa mujer de siempre y de una hora:
Mariela, Esther, Emperatriz, Oliva.
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