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Por
Javier Meneses Linares
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VOZ
Y LENGUAJE EN EUGENIO MONTEJO
ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL SÍMBOLO POÉTICO
Resumen:
La obra de Eugenio Montejo, esencialmente poética,
es el producto de la ensoñación del
autor volcado a sus recuerdos, bebiendo de sus raíces,
recogiendo las voces de su gente, de otros años.
Nostalgia y ternura se filtran en su obra, ricamente
tejida con imágenes y metáforas espléndidas,
poemas labrados con la emoción del que espera
y del que persigue, en un intento de expresar su propia
disposición a emitir el nuevo mensaje poético,
donde la superación del límite se da
en y desde lo cotidiano. Este acercamiento a su obra
poética forma parte de un proyecto de Investigación
mucho más amplio donde nos planteamos el estudio
de las principales figuras literarias contemporáneas
en Venezuela en el cual han surgido todo tipo de voces,
tan disímiles y tan evocadoras como la de Juan
Sánchez Peláez o la de Ramón
Palomares; la de Alberto Silva Estrada o la de Ludivico
Silva, en un ciclo fundamentado por la reflexión
del hombre- escritor y su palabra.
Palabras
Clave: memoria, vida, sueño, eternidad,
NOTAS
INTRODUCTORIAS:
La
historia de la poesía es una constante oscilación
entre Ios extremos de la opulencia y la austeridad,
entre la abundancia y la contención retóricas,
entre el exceso y la sencillez. Cada cierto tiempo el
lenguaje poético, muchas veces saturado de su
propia abundancia, se limpia a sí mismo y vuelve
a manar como un torrente prístino y sereno: inversamente,
cuando ese torrente llega a parecer exiguo y sin variedad,
se va engrosando con materias y corrientes diversas
hasta alcanzar un volumen y una fuerza tormentosas,
cuya naturaleza es la desmesura, o como dice Kant en
su libro "Crítica del Juicio": "es
la facultad de la exposición de ideas estéticas,
entendiendo por ideas estéticas a la representación
de la imaginación que provoca a pensar mucho.
Sin que sin embargo pueda serle adecuado pensamiento
alguno es decir concepto alguno y que, por lo tanto,
ningún lenguaje expresa del todo ni puede del
todo hacerlo comprensible".
Puede
decirse que este movimiento dialéctico contiene
la clave de la historia de los gustos y pasiones de
nuestros poetas "modernos". Negaciones y contradicciones,
reafirmaciones y revisiones del pasado configuran el
proceso de la poesía desde hace tiempo; y en
el presente eso no ha hecho sino agudizarse y perfilarse
como una continua pugna entre modelos que percibimos
como irreconciliables, pero que son, ambos, necesarios
al vigor y a la experiencia misma del arte.
La
complejidad, que es también su problemática,
abarca más, en tanto que denota la particular
aprehensión del ser humano: individuo de múltiples
relaciones con la historia, con su época y consigo
mismo, como bien lo expresa Montejo en el siguiente
poema:
"La
vida toma aviones y se aleja; sale
sólo de día, de noche a cada instante
hacia remotos aeropuertos.
La vida es el misterio en los tableros,
Los viajantes que parten o regresan,
El miedo a la aventura, los sollozos..."
LA
PALABRA EN MONTEJO: vaivenes de la "Terredad"
La
disposición especial de Eugenio Montejo para
emitir el nuevo mensaje poético, lo debe ubicar
en nuestra historia literaria, como uno de los abanderados
de la moderna poesía venezolana, lo que cultiva,
brota de un modo directo de mirar la vida y descubrir
que, en su diario discurrir, hay pequeños milagros,
misterios y maravillas de los que no siempre somos conscientes,
se trata como dice Paz "de un experimento, en el
sentido de prueba de laboratorio: de provocar un fenómeno,
por la separación o combinación de ciertos
elementos... en todo caso aparece muchas veces una falsa
armonía en juego; y el hombre la ha conquistado
aunque sea parcialmente. La obra de Montejo es desde
todo punto de vista una propuesta de la utopía,
el investigador Blas Coll (Eugenio Montejo) incesante
de un lenguaje por crear dice muchas cosas que el propio
Montejo no puede razonablemente decir. La dialéctica
hombre- contorno en Montejo ha empezado a encontrar
sus líneas adecuadas, integrando por la palabra
los elementos abrumadores de una aparente desproporción,
abandonando los detalles pintorescos. Llegar a este
principio de dominio de la realidad ha impuesto desde
luego varias etapas. La primera, por supuesto, el horror
al vacío:
"algunas
de nuestras palabras
son barcos cargados de especias;
vienen o van según el viento
y el eco de las paredes.
Algunas de nuestras palabras
Las inventan los ríos, las nubes
De su tedio se sirve la lluvia
Al caer en las tejas"
La
misión que se ha planteado el poeta es, como
una suerte de revelación: todo puede ser prodigioso,
si lo vemos y lo sentimos de un modo íntimo y
perdurable. La palabra es posesión suya, dice
Heidegger que "la flor ocupa en el árbol
el medio, justo, entre la raíz; de que todo ha
venido, y el fruto, de que todo va a venir. Así
que la flor es el límite preciso entre pasado
del árbol y fruto del árbol". Percibimos
en Montejo una sombría celebración de
los placeres de la familia, los objetos cotidianos,
el recuerdo, los viajes, la presencia diaria de la muerte;
es decir del mundo que se abre y se cierra según
medida y nos arrastra como él mismo dice: "no
más lejos que un árbol, no más
inexplicable; / livianos en otoño, henchidos
en verano/ con lo que somos o no somos, con la sombra./
la memoria, el deseo, hasta el fin."
La
dimensión de lo imaginario sobrepasa los límites
de la razón de manera extraordinaria, porque
su temple se forjó primero en la esencia del
hombre, su ser, por todos los mecanismos de la memoria,
del afecto, de la emoción y se fundieron en el
espacio y en el tiempo con todo lo que participa de
su vivencia, la poesía en definitiva ha sido
su "laboratorio". Alimentadas de un lirismo
que cautiva, las palabras de Montejo no están
allí para ser leídas simplemente, hay
que pronunciarlas despacio, decirlas a nuestro propio
oído para que podamos apreciar la música
que de ellas brota. Dice Víctor Fuenmayor que
"si quisiéramos pensar lo que es esencialmente
todo ser humano, en cualquier lugar del mundo y en cualquier
cultura. No pudiéramos pasar por alto que el
grado cero de la humanidad estaría en la conjunción
de un cuerpo con los símbolos, implicando el
asujetamiento del cuerpo de la especie humana a la lengua
materna, ingresando con esta a una cultura que le pertenecerá
por siempre con todo el fondo de humanidad que ella
contiene...", así como la tierra está
hecha de profundas contradicciones: sencilla y compleja,
hospitalaria y cruel, fértil y estéril,
el mundo de Montejo está regido por principios
similares, muchas veces inexplicables, un tanto caprichosas
otras, pero íntimamente ligado a esas cosas,
en medio de ellas:
"la
vida vale más que la vida, sólo eso cuenta.
Nadie nos preguntó para nacer,
¿qué sabían nuestros padres? Los
suyos qué supieron?
Ningún dolor les ahorró sombra y sin embargo
Se mezclaron al tiempo terrestre.
Los árboles saben menos que nosotros
y aún no se vuelven..."
Dijimos
anteriormente que Montejo aparte de ser un gran poeta,
ha elaborado también una obra crítica
importante y su trayectoria presenta dos fases: una
de práctica del canto, la otra de reflexión
sobre la práctica, lo que nos da un preciso testimonio
que enlaza las dos orillas de su existencia literaria.
Su lectura es una experiencia fascinante que nos permite
ver todo lo que no es él, "las humildes
y caducas realidades", y ver como las arrastra
consigo para hacerlas participar de esa interiorización
donde pierden su valor y su uso, su naturaleza falseada
y donde pueden también sus estrechos límites
penetrar en la verdadera profundidad. "A esos juegos
de palabras de la vida -dice Víctor Fuenmayor-
se dobla con los juegos de las palabras de la escritura,
entrando en la creación de las formas que nos
llevan a un nombre- cuerpo diseminado en las letras
y sílabas de un poema... de una lengua materna
que elabora las formas simbólicas de un cuerpo
deseante":
"ahora
soy esta luz que duerme, que no duerme,
atisbo por el hueco de los muros;
los caballos se atascan en fango y prosiguen,
miro la tinta que anota los nombres,
la caligrafía salvaje que imita los pastos..."
"soy esta vida y la que queda,
la que vendrá después en otros días,
en otras vueltas de la tierra.."
Su
obra es un registro de lo que siempre está allí,
de lo que acompaña nuestra vida en silencio y
casi sin hacerse notar, pero que hace de ella una experiencia
digna e irrepetible. Montejo siente la presencia de
la s cosas y los objetos que rodean nuestro días
con un "oscuro esplendor", como tratando de
devolverle a las cosas la alta función que cumplen
en el mundo de los hombres. Rescatándolas del
olvido y de su propia mudez, convirtiéndose en
textos y poniéndonos al lado de ellos. En el
libro "Hölderlin y la esencia de la poesía"
dice Heidegger que "somos un diálogo y esto
quiere decir: podemos los unos oír de los otros.
Somos un diálogo y esto viene a significar además:
somos siempre un diálogo. La unidad del diálogo
consiste, por otra parte, en que la palabra esencial
se hace patente lo uno y lo mismo en que nos unificamos,
sobre lo que fundamos la unanimidad, lo que nos hace
propiamente uno mismo..."; de esta forma Montejo
ha purificado el lenguaje y ha enriquecido la comprensión
de la existencia cotidiana con una realidad que asombra.
Su obra apunta en el sentido múltiples dim ensiones.
Esta reflexión de la poesía sobre sí
misma, es recurrente en la tradición y se acentúa
en la poesía moderna desde Holderlin y Novalis.
Es la poesía que canta al canto, o al cantar
habla del canto; todo cargado de una fuerte impronta
emocional, de allí, el tejido de injerencias
que encontramos en el rico mundo de la palabra de Montejo,
poblado de significación, de "unión
del signo con las pasiones y emociones estableciendo
como reto encarnar en el cuerpo con las palabras":
"La
terredad de un pájaro es su canto,
lo que en su pecho vuelve al mundo
con los ecos de un coro invisible
desde un bosque ya muerto.
Su terredad es el sueño de encontrarse
en los ausentes,
de repetir hasta el final la melodía
mientras crucen abiertas los aires
sus alas pasajeras,
aunque no sepa a quién le canta
ni por qué,
ni si podrá escucharse en otros algún
día...
desde que nace ya nada lo aparta
de un deber terrestre,
una persecución sin tregua de la vida
para que el canto permanezca"
La
poesía de Montejo se permite un mundo perfectamente
acabado, pero es también un universo distinto
y propio donde muchos de los elementos aparecen con
un significado diferente al que normalmente se le atribuye.
Se di ría que es un gran proscenio en el que
van apareciendo representados todos aquellos objetos
y sentimientos que nos son tan familiares, con el pequeño
matiz de que sus nombres no se corresponden muchas veces
con las funciones habituales que estamos acostumbrados
a atribuirles, precisamente por esa concepción
acorporal que muchas veces ha dominado nuestro pensamiento,
pero que sin embargo están allí:
"Si
existe algún simbolismo universal en gestos,
posturas y movimientos, todos ellos se corresponden
al esquema corporal... las tendencias actuales de la
investigación en las ciencias humanas encuentran
en ese concepto uno de los pocos aportes donde cuerpo/lenguaje,
cuerpo/mente, cuerpo/idea, no se encuentran separados"
(Fuenmayor, 1998:5). Ese despertar creativo por medio
de expresiones integrales (cuerpo, escritura) no es
otra cosa que los procesos creativos de poetización
de la vivencia: "arte de la vida", desde que
nacemos hasta que morimos, donde la palabra de la lengua
materna es la base de "múltiples representaciones
e interpretaciones" en este poema que aquí
se estudia.
En
la mujer, en lo profundo de su cuerpo
se construye la casa,
entre murmullos y silencios.
hay que acarrear sombras de piedras,
leves andamios,
imitar a las aves.
Especialmente cuando duerme
Y en el sueño sonríe
..........nivelar hacia el fondo,
no despertarla,
seguir el declive de sus formas,
los movimientos de sus manos...
Este
poema titulado "La Casa", nos da una idea
de los lazos muy particulares de Montejo; la casa es
el mundo en miniatura que configura al mismo tiempo
que es configurada. La personalidad del hombre se refleja
en su casa, pero a su vez, la personalidad de la casa
influye en el hombre. La memoria de la casa se proyecta
en el pasado y a la vez en la intimidad del escritor,
es expresividad incalculable, humanizada y cálida.
Es indudable, que este lenguaje poético procede
de una constante operación transformacional,
padecida y sentida en la búsqueda de la expresión
del mensaje; nos conduce por las escondidas regiones
en las que la palabra poética, paradógicamente
se ilumina para cumplir su fu nción estética.
En su obra hay armonía y visión del destino
del hombre, desembocando, como dice Ferrari, en la cuestión
capital de la escritura del poema, de lo que él
es decible o indecible.
Una
vez que Montejo en su poesía es capaz de incorporar
el misterio, descifrarlo en su lenguaje y ofrecerlo
a la comprensión y sentimiento del hombre a través
no sólo de la palabra sino de la música
que hay en sus versos que no pretenden ni imitar ni
reemplazar.
Pierre
Reverdy, refiriéndose a los poetas, dice: "prisionero
de las apariencias, estrechamente situado en el mundo,
por lo demás puramente imaginario, en el que
está contenido lo común, franquea el obstáculo
para alcanzar lo absoluto y lo real, allí un
espíritu se mueve con holgura. Es allí
donde habrá que seguirlo, pues lo que existe,
no ese cuerpo oscuro, tímido y menospreciado
con que tropezáis distraídamente en la
acera - ese pasará como todos los demás
-, sino esos poemas, esos cristales depositados después
del efervescente contacto del espíritu con la
realidad.
La
palabra así, es centro del universo poético
en Montejo, más que la realidad, en tanto que
sus palabras no sólo podrían describirla,
sino crearla, de lo que se trata es de crear la realidad
en poesía, tornándose naturaleza, en tanto
que ella no es más que parte de la naturaleza
del hombre, ese hombre que ha logrado hacer corresponder
su interioridad con la naturaleza misma:
Se
doran cuando el sol las recompesa,
tendidas, calmadas, sin un gesto
aunque atesoren sobre su regazo
la paciencia del mundo.
nos ven envejecer aguardando que hablen,
nos van siguiendo al apartarnos
de ciudad en ciudad,
ondulando a través de remotas ventanas.
yacen colgadas con sus capas en el aire,
las doblamos mirándolas de lejos,
son trajes de bodas antiguos pero intactos,
en las fotografías enmarcan lo que fuimos
y hasta sonríen
siempre tan calmadas bajo el sol que las dora
serenísimas madres.
La
palabra concebida así, hace desaparecer las mediaciones
de eso que es inmedible: el tiempo. Por lo tanto un
símbolo representa en muchas ocasiones por medio
de una asociación de carácter irracional,
aunque facilitando siempre un respiradero, un indicio
que ayude a la identificación del objeto o sensación
representada; un símbolo representa así,
como decíamos, varias cosas diferentes y alternativas:
la figura de un pájaro puede estar relacionada
con el tema de los viajes, pero también con el
retorno a la tierra y al nido o con el mito de Ulises
y su regreso a Itaca. La música de los pájaros
no quiere imitarla pero si quiere arrancar de ellos
el lenguaje que sigue buscando.
El
cuerpo del cual hablamos, dice Víctor Fuenmayor,
es el de las técnicas corporales, pero no de
cualquier técnica, sino esas con las cuales una
cultura ha construido la semejanza de un futuro sujeto
con la presencia de otro sujeto hablante en una lengua
materna que le pre- existe. El poeta a veces considera
estas formas en su simple estar ahí, visiones
aisladas, objetos del recuerdo, del deseo o del ensueño
poético, construyendo su forma en sus significados:
"experimentando".
Ese
centro de la realidad, que puede estar ubicado en nuestro
cuerpo y controla nuestro actos, es también el
centro de nuestro espíritu y el que en definitiva
organiza nuestras relaciones con el centro del mundo.
A
manera de Conclusiones:
Desde
sus primeros poemas, Montejo ha venido desarrollando
un intento de ordenar el universo de su poesía.
La inanidad de este esfuerzo resulta evidente porque
responde a una visión que alude a la esencia
del ser, al pronunciarlo se encierra en la magia de
la palabra para poder apropiarse de ella.
La
palabra es la mediadora entre el presente y el pasado,
asume la función de portar el mensaje desde "el
gran tiempo": la poesía, de esta forma,
la palabra se apodera de los seres y rasga sus vestiduras
con sólo nombrarlos, atraviesa todos los obstáculos,
desafiando las simas universales y llevando al hombre
hacia el reencuentro del hombre.
Su
procedimiento sensibilizar el espacio, dándole
el calor necesario para que cobre vida, y "naturalizar"
al hombre de tal forma que ambos estén en una
pretendida armonía, para llegar a este principio
"ese cuerpo (la obra) simbólico ha reunido
corporalidad con materialidad de todas las expresiones,
se marcan vivencias por donde el sujeto vaya, estableciendo
las conexiones que lo lleven a un reconocimiento de
esa integridad" (Fuenmayor, 1998:4).
La
progresión del Montejo es romper esas barreras
acorparales, estableciendo un fluir continuo entre todas
y cada una de las categorías esenciales del universo
del hombre:
Dura
menos un hombre que una vela
pero la tierra prefiere su lumbre
para seguir el paso de los astros.
dura menos que un árbol,
que una piedra,
se anochece ante el viento más leve,
con un soplo se apaga.
dura menos un pájaro,
que un pez fuera del agua,
casi no tiene tiempo de nacer,
da unas vueltas al sol y se borra
entre las sombras de las horas
hasta que sus huesos en el polvo
se mezclan con el viento.
y sin embargo, cuando parte
siempre deja la tierra más clara.
© Javier Meneses Linares
Instituto de Investigaciones Literarias y Lingüísticas
La Universidad del Zulia
Venezuela
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