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Por
Luis Bravo
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Tras
la pista de Antonio Machado
Vínculos con la literatura uruguaya
En
el rastreo de las posibles vías de contacto directo
entre Antonio Machado (1875-1939) y el ámbito
de la literatura uruguaya, los primeros datos condujeron,
de inmediato, a Julio J. Casal y la Revista Alfar. A
ese relacionamiento se dedica la primera parte de esta
pesquisa, revisando de paso las posturas estéticas
de Antonio Machado ante el advenimiento de las vanguardias
de posguerra y de la década del 20 en España,
de las cuales Alfar fuera vehículo protagónico.
De
la fermental, convulsionada, y ya trágica, década
del treinta, la personalidad literaria de Antonio Machado
emerge como una figura emblemática de la dignidad
y el compromiso de los intelectuales ante el momento
histórico vivido por España. El planteo
fue rastrear la conformación del "paradigma
machadiano" a partir de una publicación
uruguaya, concretamente, el Boletín de la AIAPE
(Agrupación de intelectuales, artistas, periodistas
y escritores). Su relevamiento muestra que la difusión
de las posturas del poeta durante esa década
(en materia ética, estética y de política
cultural), así como la resonante cobertura de
su muerte (una suerte de martirologio de ojos abiertos),
fueron factores determinantes para la construcción
de ese paradigma en el imaginario de las letras uruguayas.
Relacionando el trauma histórico de la Guerra
Civil española, con las posturas de A. Machado
ante las circunstancias previas, y puntuales, a este
hecho, la pesquisa se propone aportar datos para una
hipótesis. La misma refiere a que el pensamiento
del poeta, en los varios niveles mencionados, haya oficiado
como factor coadyuvante del desmontaje vernáculo
de las vanguardias de los años 20, prefigurando
así, la conformación de un canon (crítico
y poético) más volcado a la responsabilidad
civil del compromiso literario y ciertamente desconfiado
de otras búsquedas estéticas o de experimentación
expresiva.
Ya
en la década del 40 es posible visualizar la
huella de A. Machado en los nuevos poetas del momento,
subrayando la presencia de José Bergamín
en nuestro país (a partir de 1948 y en distintas
etapas hasta avanzada la década del 50) como
un hecho determinante para que el vínculo con
la obra de Machado se diera en forma más entrañable
que hasta entonces.
La
pesquisa continúa hasta esbozar su presencia
influyente, como un sustrato decantado (y nunca tan
explosiva como la de García Lorca) entre los
poetas que se inician en los años 50 y 60. Allí
puede visualizarse lo que he dado en llamar una "poética
de la temporalidad", heredera, en buena medida,
de A. Machado (y de su apócrifo más contundente,
Juan de Mairena) quien puede considerarse ejerció
un verdadero magisterio poético a distancia,
para muchos escritores de estas latitudes.
En el inicio fue Alfar
Las
pistas parecen indicar que la relación de Antonio
Machado (A.M., de ahora en adelante) con las letras
uruguayas tiene un punto de confluencia, comprobable,
hacia principios de la década del ´20:
la Revista Alfar, y su mentor, el poeta Julio J. Casal
(1889-1954). Dicha publicación estableció
un puente de intercambio fundacional entre la poesía
española y la del resto de hispanoamérica,
denominándose al principio Revista de Casa América-Galicia,
adoptando el nombre de Alfar a partir del Nº34.
Su entrega se divide en dos épocas: 1921-1928,
editada en La Coruña, España, y entre
1929-1954, en Montevideo. Considerando que la etapa
montevideana, duramente criticada entre otros por Rodríguez
Monegal, ha opacado la relevancia de la etapa española,
se impone revisar, a los efectos de esta pesquisa, la
relevancia de Alfar en su primera época, cosa
que han hecho con más justicia los críticos
españoles que los uruguayos (1).
Desde
1909 J.J. Casal cumplía en Galicia funciones
diplomáticas como cónsul de nuestro país,
desarrollando también en Madrid, una intensa
actividad cultural, como conferencista y poeta, que
desembocaría en la legendaria publicación.
El proyecto contó desde el inicio con la colaboración
de señalados escritores de la Generación
del 98, entre ellos, Miguel de Unamuno, Antonio Machado
y Azorín, algunos a quienes la familia Casal
conocía personalmente. La poeta Selva Casal,
hija menor del matrimonio Casal-Muñoz, recuerda
que su madre, María Concepción, solía
evocar la bonhomía y la bohemia, siempre proverbiales,
de A. M. Incluso las cartas recibidas por J.J. Casal,
de Unamuno y de A.M. fueron exhibidas, junto a los primeros
Alfar coruñenses, en un homenaje que se le hiciera
al poeta uruguayo en la década del ´50
en la Galería de la Asociación Uruguaya
de Escritores.
En
la celebración del 25º aniversario de Alfar,
donde participara el recién llegado José
Bergamín, J.J. Casal evocaba la gestación
de aquel proyecto de confluencia poética: "Galicia...Andaba
un viento frío por las calles de la vieja ciudad
cantábrica. Pero nosotros teníamos fuego
en el corazón. Y para recorrer los caminos de
la noche nos alcanzaba con la lámpara de nuestros
versos. En un juego de peligrosa poesía nació
Alfar. Queríamos imponer nuestra religión
de escritores y se entabló la lucha (...)"
(2).
En
la misma conferencia hace el recuento de quienes colaboraron
en la fundación de la misma, y al primero que
nombra es a A.M.: "(...) de todas las distancias
nos alcanzó el lenguaje de la sangre, la esperanza
de los nuevos, las abejas laboriosas de los consagrados:
miel de Antonio Machado, de Miguel de Unamuno, de Gabriel
Miró y hasta nosotros fueron llegando (...)"
(3). Sigue una impresionante lista de colaboradores
que, como se sabe, abarcó, además de los
noventayochistas, a gran parte de los poetas de la naciente
generación del 27. Entre éstos Casal destaca
la presencia de Rafael Alberti, "el más
nuestro de todos", con quien mantendría
una estrecha amistad, viajando juntos a distintos puntos
del país en las estadías orientales de
Alberti y María Teresa León, durante su
prolongado exilio rioplatense, etapa en la que Alberti
se asumirá com uno de los principales difusores
de la obra y de la vida de A.M. La lista de colaboradores
de Alfar continúa con: Vicente Aleixandre, Emilio
Prados, Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre, Pedro Salinas,
Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo
Diego, los amigos granadinos García Lorca y Moreno
Villa, además de los ya veteranos Juan Larrea,
León Felipe, y sobretodo Juan Ramón Jiménez.
Alfar integró a su vez a los más destacados
pintores de la época ( Salvador Dalí,
Esplandiu, Bores, Francisco Miguel, Cebreriro, Abelenda)
con el infatigable talento de Rafael Barradas en primera
línea, ilustrando gran parte de las carátulas.
Pero el puente intercultural tendido por Alfar era de
ida y vuelta, por lo que no es difícil deducir
que durante esos fértiles años ´20,
la revista cumple con establecer un contacto más
directo y fluido, entre los artistas españoles
y la cultura uruguaya. En ese sentido parece más
que una feliz coincidencia de fechas el que, entre 1919
y 1924 (4), A.M. escribiese el cuaderno borrador de
Los Complementarios (5) donde figura esa curiosa, y
a los efectos de nuestra pesquisa, llamativa mención,
a Montevideo. Me refiero a la escueta biografía
del segundo de los poetas del "Cancionero Apócrifo
(doce poetas que pudieron existir)", que en rigor
serán catorce, donde aparece "Víctor
Acucroni" de quien se dice: "De origen italiano.
Nació en Málaga, en 1879. Murió
en Montevideo, en 1902". Acaso la vinculación
con Alfar podría ser la referencia puntual que
diera motivo a ese destino de su joven apócrifo,
fallecido en Montevideo a los 23 años. Del tal
Acucroni sólo queda el testimonio de cinco versos
que juegan con la semejanza del sonar y el soñar:
"Esta bolita de marfil sonora/ que late dentro
de la encina vieja,/ me hace dormir.../ En sueño,/
un ave de cristal -¿mli!- en el olmo suena".
Machado entre dos polos
La
década del ´20, marcada en España
y en Francia por el surgimiento de removedores vanguardismos,
será el momento en que la poesía de A.M.
sufra, de refilón, algunos cuestionamientos,
o deje de ser, pasajeramente, un referente para los
más jóvenes. El empuje de las normativas
de vanguardia supo tener por lo menos un denominador
común, el de adoptar una actitud de "depuradores"
de todo "sentimentalismo", y en su afán
por limpiar el terreno lírico de cualquier huella
romántica o postromántica, disparará
sus baterías estéticas desde varias revistas,
entre ellas Litoral, Verso y Prosa, Mediodía,
y la propia Alfar. Al respecto Juan Cano Ballesta afirma
que "el ideal de una poesía depurada de
todo lo no poético estaba muy arraigado en la
estética de los años veinte, hasta tal
punto que en el segundo lustro de la década se
convirtió en preocupación casi obsesiva"
(6) . Para el caso de la "estética depuradora",
proclamada por Huidobro, por los ultraístas,
y luego por los "puristas", Cano Ballesta
cita oportunamente a Hugo Friedrich, quien enumera otros
rasgos que involucran a dicha corriente: "eliminación
de materiales tomados de la experiencia cotidiana, supresión
de toda finalidad didáctica, de los sentimientos
del individuo y de toda embriaguez del corazón"
(7) . Desde Alfar Jesús Bal confirma esa actitud
de época: "los malos resultados que la embriaguez
nos ha traído impelen hoy a los artistas hacia
una ejemplar ley seca (...) El arte que corre (...)
en cada momento último más depurado, exige
una disciplina no solamente del modo expresivo sino
de la misma emoción" (8). Será justamente
esta beligerancia distanciadora de lo emotivo, luego
ya más radicalmente volcada al uso del lenguaje
figurado, la que encuentre en A.M, a un sólido
antagonista. En una postura riesgosa, muy personal,
y en una tercera posición entre ambos polos (el
vanguardista y el confesionalismo postromántico)
el posicionamiento de A.M. puede ser vislumbrado desde
1916. En ese año Vicente Huidobro desembarca
en Europa, dando un impulso relevante a la polémica
de corrientes de vanguardia que desembocará en
el Creacionismo. Establece una serie de vinculaciones
que incluirá a los ultraístas (Rafael
Cansinos-Assens y Guillermo de Torre) así como
la activación del intercambio artístico
del eje Madrid-París, donde actúan cubistas
y dadaístas. Por ese entonces será A.M.
uno de los primeros que salgan al cruce de las nuevas
posturas estéticas. Puede confirmarse su crítica,
franca y directa, en el artículo, fechado en
1916, titulado Sobre las imágenes en la lírica
(Al margen de un libro de Vicente Huidobro) (9), que
si bien no identifica al libro en cuestión es
de suponer refiera a Espejo de agua (10) donde figura
el programático "Arte poética"
del chileno, con propuestas distanciadoras de lo emotivo
como "El rigor verdadero/ reside en la cabeza".
Sobre el libro dice A.M.: "Son tantas y tan fáciles
las objeciones que pudiéramos hacer a una lírica
que sólo se cura de crear imágenes, que
casi me inclino a prescindir de todas ellas, a renunciar
a su exposición, pensando que de puro obvias
se habrán presentado con sobrada frecuencia a
la reflexión de los nuevos poetas". Más
adelante contrapone su pensamiento estético al
respecto: "¿Por qué, pues, no recordar,
sin pesadez, lo que hace veinticinco años pensaba
yo sobre el uso de las metáforas? (...) Mi opinión
era ésta: las metáforas no son nada por
sí mismas. No tienen otro valor que el de un
medio de expresión indirecto (...). Si entre
el hablar y el sentir hubiera perfecta comensurabilidad,
el empleo de las metáforas sería no sólo
superfluo, sino perjudicial a la expresión".
En otro texto de la misma época, La poesía
integral y la desintegración de la poesía
(11), su antagonismo es aun más claro y contundente:
"Disto mucho de estos poetas que pretenden manejar
imágenes puras (limpias de concepto (!) y también
de emoción), sometiéndolas a un trajín
mecánico y caprichoso, sin que intervenga para
nada la emoción. Bajo la abigarrada imaginería
de los poetas novísimos se adivina un juego arbitrario
de conceptos, no de intuiciones. Todo eso será
muy nuevo (si lo es) y muy ingenioso, pero no es lírica.
El más absurdo fetichismo en que puede incurrir
un poeta es el culto de las metáforas".
Pero
nada detendría el impulso renovador de la década
del ´20 que culminaría exhumando el barroco
de Luis de Góngora. Ante el empuje gongorino,
A.M. comienza a dar a conocer, en 1928, el "Arte
poética" de Juan de Mairena, que se autodenomina
"el poeta del tiempo". Oponiendo la poesía
de Jorge Manrique a la de Calderón de la Barca,
Mairena discute con altura filosófica y humor
al ras, el arte barroco español. Desde una posición
que siempre intenta los matices, y "en previsión
de fáciles objeciones", afirma que "el
talento poético de Góngora y el robusto
ingenio de Quevedo, Gracián o Calderón,
son tan patentes como la inanidad estética del
culteranismo y el conceptismo". Mairena concluirá,
categórico, en que ambas corrientes son "expresiones
de una misma oquedad, cuya concomitancia se explica
por un creciente empobrecimiento del alma española"(12).
Los siete puntos, de extensa fundamentación,
con los que Mairena define su antibarroquismo, además
de ser exhaustivos a nivel teórico en cuanto
al alcance de la forma en materia poética, son
el más serio y contundente contra-manifiesto
que pudiera haber recibido el neogongorismo surgente.
Como es obvio, sus palabras no apuntan tanto al siglo
XVII, sino al presente más inmediato, a la estética
que los más jóvenes poetas, reunidos por
el torero Ignacio Sánchez Mejías en el
Ateneo de Sevilla en 1927, habían reivindicado.
Según Alberti el festejo del tricentenario del
poeta cordobés, había sido para los nuevos
un acto de frontal desafío a la oficialidad académica
de entonces : "Por aquellos días (...) ardía
nuestra batalla por don Luis de Góngora (...)
Poeta vilipendiado en casi todos los manuales literarios
al uso, se sabía que la Real Academia de la Lengua
declararía la guerra del silencio a tan magna
fecha" (13). En tal sentido, no parece mera casualidad
que justamente en 1927 la Real Academia Española
intentara capitalizar a A.M. para sus filas, designándolo
como miembro.
Son
los años en que José Ortega y Gasset saca
a relucir su tan discutido diagnóstico de "La
deshumanización del arte", afirmando que
"Lo personal, por ser lo más humano de lo
humano, es lo que más evita el arte joven".
A. M. hará frente común con tal posición,
y en su Discurso de ingreso en la academia de la lengua
(14), nunca leído públicamente, así
lo explicita: "Esta lírica desubjetivizada,
destemporalizada, deshumanizada, para emplear la certera
expresión de nuestro Ortega y Gasset, es producto
de una actividad más lógica que estética
(...)".
El
hecho es que, si bien Alfar ha sido históricamente
identificada con la postura de los propiciadores de
"la nueva sensibilidad", publicando adelantos
de Huidobro, del Trilce de César Vallejo, y varias
de las polémicas de época que involucran
a la Generación del 27, nunca dejó de
contar entre sus colaboradores con A. M., manteniendo
en medio de la puja generacional y estética del
momento, un evidente equilibrio.
En
concreto en dos entregas de 1924 Alfar publica sendas
series de poemas de A.M. bajo los títulos: "El
mar y la sierra" (Nº37) y Canciones y apuntes
(Nº43), incluyendo en éste, el artículo
"Crítica concéntrica: Antonio Machado",
de Juan Chabás.
En
el Nº 55, del año 1925, la revista abre
con una colaboración de A.M. que contiene versiones
y textos no recogidos en libros posteriores. La primera
parte consta de cuatro poemas bajo el título
"Apuntes líricos para una geografía
emotiva de España" (véase de acuerdo
al contexto planteado la importancia de la expresión
"geografía emotiva"). Los dos primeros
textos ("Ya había un albor de luna"
y "En la sierra de Quesada") aparecen en Poesías
Completas (Colección Austral, Espasa Calpe, Decimocuarta
edición, España, 1973) bajo el título
Viejas Canciones, en la sección Nuevas Canciones
(1917-1930). Pero los dos textos restantes (3 y 4) con
los versos de apertura "¿En donde, sobre
piedra aborrascada?" y "Por estas tierras
de Andalucía", no figuran en dicha edición.
La otra serie titulada Coplas populares y no populares
andaluzas, con ilustración de Barradas, consta
de ocho composiciones breves, tampoco recogidas en dicha
edición de sus Poesías Completas.
Ya
en 1942, cuando el nombre de Antonio Machado era molesto
para la oficialidad franquista encaramada en el poder,
y era, paralelamente, sinónimo de entereza para
los vencidos, Alfar (Año XX, Nº80) publicará
cuatro sonetos autógrafos del poeta, enviados
especialmente por sus hermanos, junto al conocido dibujo-retrato
de don Antonio realizado por el menor, José Machado.
Esta colaboración es un dato confirmatorio de
la amistad y confianza existente entre los tres hermanos
Machado (Manuel también había colaborado
en la revista) y Alfar. En la introducción de
esos textos Casal confirma: "Antonio Machado, que
fue uno de los más generosos animadores de Alfar,
vuelve a vivir entre nosotros, allegando su presencia
a esta razón de lucha con que aspiramos a levantar
el tiempo de nuestra obra. Desde Santiago de Chile,
sus hermanos, nos traen, en conmovido espejo evocador,
aquella distancia -oscuros encinares- que anduvo siempre
por entre el ceño distraído del poeta"
(15).
Antonio Machado, una figura sustantiva hacia el "compromiso"
Una
activa militancia de solidaridad y el consecuente clima
de exaltación por la causa republicana pueden
corroborarse en los enfoques que el Boletín mensual
en formato tabloide de la AIAPE, comienza a publicar
al inicio de la guerra en España (1936), y que
se prolongan hasta 1944. Es posible detectar a través
de este órgano que durante esos años la
figura de A. M. fue constituyéndose para los
agentes culturales vernáculos, en un sólido
paradigma del "compromiso" del intelectual,
en varios sentidos. Paradigma en tanto sus posturas
estéticas, que a partir de 1931 vuelven a ser
revaloradas por los más jóvenes poetas
españoles, van a marcar incluso a poetas e intelectuales
uruguayos en relación a sus propias opciones
entre vanguardia y compromiso naciente. Un compromiso
que comienza siendo de solidaridad, que tiene su raíz
en lo socio-político, y que pronto se trasladará
al plano estético. Un paradigma de dignidad y
de libertad de pensamiento, por parte de un integrante
de la Generación del 98 que se desmarca de la
ideología elitista de sus propios coetáneos
y apuesta a la defensa de una cultura popular en momentos
en que la República española vive momentos
dramáticos.
En
varios planos, entonces (el vital, el político
y el estético) A. M. será visto como un
ejemplo del intelectual comprometido con las circunstancias
históricas, o "a la altura de las circunstancias",
como lo afirmara Guillermo de Torre (16). Desde el histórico
primer acto del 14 de abril de 1931, en Segovia, A.M.
había aceptado la presidencia de la Agrupación
al servicio de la República; la AIAPE uruguaya
se constituirá, con similares objetivos de solidaridad
republicana, bajo la consigna "Por la defensa de
la cultura", defensa ante el avance de los fascismos
europeos, así como ante los muy cercanos enriedos
autoritarios del propio país, con la reciente
dictadura de Gabriel Terra (1933-34) cuya maniobra de
fachada legalista se prolongó hasta 1938.
Mientras
tanto, en España, la confrontación con
el "purismo" dejaba paso a polémicas
más determinantes para el futuro político
del país. El desafío de la hora pasaba
por consolidar la República, y estrechar vínculos
entre cultura y pueblo. Así las Misiones Pedagógicas
organizadas por Alejandro Casona, o el grupo de teatro
universitario "La Barraca" dirigido por Federico
García Lorca, viajando por los más remotos
pueblos de la península, eran ejemplo de que
la circunstancia histórica y los valores primordiales
eran otros. Al respecto Cano Ballesta recuerda que "Antonio
Machado, que vive intensamente los graves problemas
del momento, halla muy conveniente este acercamiento
de cultura y pueblo, y levanta su voz contra los que
hablan de crisis de la cultura porque se la intenta
hacer llegar al pueblo", para luego citar palabras
del poeta: "Que las masas entren en la cultura
no creo que sea la degradación de la cultura.
El artista, como hombre, debe estar metido en las contigencias;
también a él le atañen las cuestiones
políticas y sociales" (17).
En
un reportaje publicado en el periódico El Sol,
(Madrid, noviembre, 1934) A.M. dará su posición
personal al respecto de tan sonado tema: "La poesía
jamás podrá tener un fin político,
y en general, el arte. No puede haber un arte proletario
ni un arte fascista". Su pensamiento al respecto
de esta polémica puede leerse también
en la colaboración que hace en 1934 para la revista
Octubre, integrada por R. Alberti y catalogada de revolucionaria,
titulada "Sobre una lírica comunista que
pudiera venir de Rusia (18). Guillermo de Torre presenta
la posición del poeta de esta manera: "el
democratismo de Machado no le llevaba a ninguna supeditación
servil (...) Se reservaba la libertad genuina del intelectual,
la de disentir y poner reparos, buscando los límites
exactos de cada cuestión. No aceptaba, por ejemplo,
la idea de un arte para masas, que al cabo es un arte
dirigido, sea cualquiera el signo político bajo
el que se practique" (19).
No
es fácil establecer hasta qué punto estas
posiciones personales de A.M. fueron entendidas en su
justa medida, en medio del fragor y la indignación
generalizada de la época ante el avance de la
reacción. El hecho es que, salvando sus diferencias
ideológicas con el marxismo, y ante el triunfo
del Frente Popular en 1936 (casi simultáneamente
al levantamiento contra-revolucionario) A.M. adoptará
una posición de primera línea en defensa
de los valores y derechos republicanos. Así lo
pone en evidencia el Boletín de AIAPE (Año
1, Nº3, 1937, pág. 7) al publicar un recuadro
titulado "Antonio Machado y la juventud".
El texto refiere a la designación de A.M. esta
vez como Presidente de Honor de la Conferencia Nacional
de la Juventud, realizada en Valencia, en enero de 1937.
Las palabras del poeta son en tal sentido tan sinceras
en la autocrítica generacional, como comprometidas
con el presente: "A los que éramos hace
treinta años jóvenes se nos hablaba de
una revolución desde arriba. En el fondo, una
transformación de España a cargo de los
viejos, yo no he creído nunca en ella, y en esto
estuve siempre en desacuerdo con los jóvenes
apolíticos de mi generación (...) La revolución
es siempre desde abajo y la hace el pueblo. Una gran
parte de la juventud española ha abrazado valientemente
la causa popular, y España tiene hoy lo que hace
mucho tiempo necesitaba: una juventud sana y enérgica,
capaz de mirar serenamente el mañana (...) Yo
no soy un verdadero socialista, y además no soy
joven; pero, sin embargo, creo que el socialismo es
la gran esperanza humana ineludible en nuestros días
y que toda superación del socialismo lleva implícita
su propia realización (...) Confío en
vosotros, que sois la juventud con que he soñado
hace muchos años. Con vosotros estoy de todo
corazón".
El
Boletín de AIAPE (Año III, Nº23,
enero-febrero, 1939) cubrirá de inmediato, a
escasos días de sucedido, el fallecimiento de
A.M. el 22 de febrero en la localidad francesa de Collioure.
Se publica una doble página con un extenso editorial
sin firma, varios poemas, y una tercera página,
bajo el título "Un célebre discurso
de Antonio Machado" que da a conocer el texto leído
por el poeta ante el Congreso Internacional de Escritores
(Valencia, 1937) titulado "Sobre la defensa y la
difusión de la cultura". Allí puede
apreciarse, igual que en el discurso a las juventudes,
el desmarcarse de A.M. del pensamiento de Ortega y Gasset,
cuando éste aun mantenía una filosofía
favorable al liderazgo de las elites por encima de cualquier
otro aporte gregario, "declarándose partidario,
como única fuerza regente, de las minorías
selectas" (20). Al respecto del concepto de hombre-masa,
A.M. puntualizaba, y advertía, al final de esa
conferencia: "Cuidado, amigos míos. Existe
un hombre del pueblo, que es, en España al menos,
el hombre elemental y fundamental; y el que está
más cerca del hombre universal y eterno. El hombre
masa no existe; las masas humanas son una invención
de la burguesía, una degradación de las
muchedumbres del hombre, basada en una descualificación
del hombre que pretende dejarle reducido a aquello que
el hombre tiene de común con los objetos del
mundo físico: la propiedad de poder ser medido
con relación a unidad de volumen. Desconfiad
del tópico "masas humanas". Muchas
gentes de buena fe , nuestro mejores amigos (refiriéndose
a Ortega y Gasset) lo emplean hoy, sin reparar en que
el tópico proviene del campo enemigo: la burguesía
capitalista que explota al hombre, y necesita degradarlo;
algo también de la iglesia órgano del
poder, que más de una vez se ha proclamado instituto
supremo para la salvación de las masas. Mucho
cuidado; a las masas no las salva nadie; en cambio siempre
se podrá disparar sobre ellas. ¡Ojo!".
A
partir de la muerte de A.M. la movilización de
AIAPE se intensificó, máxime al recibir
la información de que los refugiados españoles
en Francia, no habían sido ni bien recibidos
ni puestos a resguardo, sino que venían siendo
maltratados y hacinados en campos de concentración,
bajo el mando de tropas integradas por soldados senegaleses.
Así lo testimonia el tocante artículo
enviado desde Estados Unidos por Angel del Río
(el mismo que fuera amigo de García Lorca y lo
recibiera como profesor en la Universidad de Columbia,
en 1930) titulado "La muerte del Poeta de España,
Antonio Machado" (AIAPE, NºIII, Nº27).
Del Río relata, al detalle, sobre las opciones
que A.M: fue haciendo desde la caída de Valencia
hasta la penosa peregrinación que, junto a su
madre, y a un contingente de refugiados, lo llevaría
finalmente a la frontera francesa y a su muerte. En
un fragmento se cuenta: "Machado habló con
un grupo de amigos y camaradas. Les dijo que había
ofrecido sus servicios a varios departamentos del ejército
sin éxito alguno y explicó porqué
a diferencia de varios ilustres colegas suyos, no podía
aceptar un refugio en el extranjero, uno de los muchos
que le habían ofrecido en Europa, en Rusia, en
América". Del Río cita luego las
palabras de poeta: "No hay más elocuencia
en España que la del soldado. Es triste estar
condenado como yo a la de la pluma. La única
moneda con que podemos pagar lo que debemos a nuestro
pueblo es la vida". Este tipo de información
relevante sobre Machado y su heroica actitud de resistencia,
brindada en el fragor de los hechos por el Boletín
de AIAPE, será un ingrediente fundamental para
crear una adhesión profunda hacia su persona,
moldeando el paradigma mencionado. En tal sentido las
últimas palabras de Ángel del Río
en ese artículo, bien podrían pasar al
acervo del imaginario de los intelectuales uruguayos,
en torno al poeta: "En Machado el hombre y el escritor
alcanzaron una profundidad cada día mayor, al
punto de que al año de empezar el conflicto se
le juzgó no ya uno de los cuatro, sino el primer
poeta de España".
En
la misma entrega de inicios de 1939 el Boletín
publica un llamado del Comité de Ayuda de intelectuales
radicados en Francia (integrado entre otros por Picasso,
Jean Cassou, Louis Aragon, José Bergamín)
denunciando los campos de concentración de San
Cipriano de Argelés, advirtiendo de la necesidad
de rescatar a los refugiados españoles del trato
intolerable dado por las autoridades de ese país.
AIAPE, organiza el envío de ayuda a dicho Comité,
mientras realiza en esos meses un gran homenaje a Antonio
Machado, en el Ateneo de Montevideo. Aparece así
una extensísima lista de la agrupación,
en carta a Jules Supervielle (en ese momento en Francia)
nombrándolo embajador de los "intelectuales
demócratas uruguayos" ante el "gobierno
de la intelectualidad mundial que hoy ha sentado su
sede en París", para plegarse al mismo y
a la ayuda a los refugiados españoles.
Hasta
aquí lo relevante de la cobertura del Boletín
de la AIAPE es que arroja, con evidencia, a la figura
de A.M. como una personalidad nucleadora del conflicto
vivido en España y de las opciones, siempre comprometidas,
que éste fuera haciendo a lo largo del mismo.
En
el plano de la concepción o del pensamiento ético-estético,
cabe preguntarse, en qué medida el "caso
Machado" coadyuvará para reafirmar en nuestras
letras, una nueva orientación. Y aunque se precisaría
una mayor profundización de análisis al
respecto, me inclino a pensar que el desplazamiento
de los ismos surgidos en el Uruguay durante la década
del ´20 (dígase el Nativismo de Fernán
Silva Valdés, el particular ultraísmo
de Alfredo Mario Ferreiro, el polirritmo de Parra del
Riego, entre otros) hacia una poética de mayor
inserción del poeta en la temporalidad (en el
sentido incluso de atender a la circunstancia histórica
y social) estuvo marcado, no sólo por los acontecimientos
bélicos en sí mismos, sino también
por el posicionamiento de un poeta como A.M., que se
erigirá en referente sustantivo para tales cambios.
En tal sentido es ilustrativa la actitud de un poeta
como Juvenal Ortiz Saralegui (1907-1959) quien a sus
veinte años publicara un poemario de sesgo ultraísta,
Palacio Salvo (1927), y que luego, junto a su íntimo
amigo J.J.Casal, renegara de tales vanguardismos, hasta
llegar incluso a sentir de cerca el "compromiso
social" de la poesía, mediante el legado
español. Así lo dice él mismo:
"Dos acontecimientos han producido verdaderas conmociones
en mí: la guerra de España y la conflagración
mundial. Más aquélla que esta, que a los
jóvenes de entonces nos llenó de lucha
y de poesía. Nos protegían, por una razón
de sangre más familiar, un pueblo hambriento
de justicia, sus tradiciones culturales y la flor de
sus poetas sacrificados. ¡Días trágicos
de García Lorca, Miguel Hernández, Unamuno,
Antonio Machado!¡ En qué desmedida proporción
nos inundó de solidaridad y amor! Fue legítimo
que nos incorporáramos a la llamada "poesía
social" (alguna vez fue anti-social la poesía?)
y que escribiera yo La Rama ardiente (1942) y el Canto
a Roosvelt (1945)" (21).
Machado en la valija y en el corazón de José
Bergamín: 1948-1949
El bienio 1948-1949 marca una serie de coincidencias.
El primer punto a destacar es el exilio montevideano
(1948) del escritor español José Bergamín,
quien será una fuente directa para el acercamiento
aun más entrañable de A.M. entre los,
por aquellos años, jóvenes de la generación
del 45. Bergamín había sido desde siempre
un estudioso y un fervoroso adepto de la poesía
de A.M. Entre 1924 y 1940 publicó cuatro trabajos
sobre el poeta, entre ellos el prólogo a una
edición titulada Obras (Editorial Séneca,
México, 1940) en la cual figuraban, como un tesoro,
los poemas militantes de la última hora del poeta
(La guerra, por ejemplo) y las prosas de Mairena, entre
otros textos que en España, a esa altura, eran
impublicables. La poeta Amanda Berenguer confirma plenamente
que un conocimiento más profundo de A.M. llegó,
en su caso, de la mano de Bergamín. Conserva
incluso el recuerdo de esa edición de Obras que
le regalara don "Pepe Bergamín", con
la que, junto a su marido, el escritor José Pedro
Díaz, viajaron llevándola con ellos de
polizonte, a España, en 1950. En algún
momento que tuvieron oportunidad, leyeron esos textos
"censurados" a algunas personas que se les
acercaron para estrechar vínculos. Berenguer
también cuenta que en Segovia se acercaron hasta
la casa donde había vivido el poeta. Allí,
sin hablar gran cosa, pues eran años de mordaza,
una señora les condujo por las habitaciones que
rezumaban una tremenda austeridad. De esa íntima
peregrinación aparece un breve testimonio en
Autobiografía (El monstruo incesante, Arca, 1990):
"Visitamos la casa desolada de Antonio Machado
en la Calle de los Desamparados, en Segovia: las paredes
encaladas, la cama sencilla de hierro, la escalera estrecha
por la que subimos, el balcón que daba sobre
un paisaje árido por el que corría allá
abajo el cauce semi seco de un río. ¿Dónde
estaban Guiomar y los chopos temblorosos?".
Cuarenta
y cinco años después de ese viaje, otra
poeta uruguaya, Gladys Castelvecchi, publica el poema
Carta íntima a Don Antonio Machado (Por costumbre,
E.B.O., 1995) cuyo argumento es una visita a esa misma
casa. En otras circunstancias el lugar igual mantiene
su aire de pobreza, aunque dependa ahora del Ayuntamiento.
Castelvecchi confiesa con picardía cómplice,
el destino del gajito de una planta que se trajo, para
su jardín, de aquel lugar. Si bien la anécdota
parece ser real, adquiere significación si interpretamos
el crecimiento de ese gajo en el jardín de la
poeta, como elemento simbólico de una reconocida
herencia o prolongación machadiana, en la poesía
de Castelvecchi.
....................................
y
el jardín tu busto grave
¿por
qué me han clavado aquí?
Yo trepé por la escalera viejecita de madera
No
pude conocer más por una razón muy seria:
la
llave la custodiaba el Señor Ayuntamiento
que
de un tiesto que colgaba
de
la escalerita viejecita de madera
robé
un gajito (dos, tres)
de
una plantita cualquiera?
Y han crecido aquí en mi casa
y
yo los cuido y los quiero
como
a usté, mi don Antonio (...)".
El poema, uno de los más entrañables que
se hayan dedicado a A.M. en nuestro país, finaliza
con dos versos que confirman, a su vez, ese valor ético,
emblemático, que ya desde la década del
´30, había construido el imaginario intelectual
vernáculo en torno a la figura de A.M., dice:
"(...) usted que es signo en la frente / mejor
de la España entera".
Otro
texto de similar impronta, pero con la diferencia de
haber tratado personalmente al poeta, es el "Retrato
a Antonio Machado" de J.J. Casal (Cuadernos Julio
Herrera y Reissig, Nº7, Segunda Serie) publicado,
justamente, en 1949. La primera y última estrofa
son las más emotivas y dan la pauta de la cercana
amistad que unía a Casal con Machado:
"Abrías
las manos y fluía el trigo
de
un paisaje de azar cuando llegabas.
En
la luz de tu pecho se encendía
el
sueño de las últimas cigarras"
...................................................
Fuiste
doblando esquinas por el mundo
hasta
que te perdiste en una de ellas.
Yo
amaba la ceniza de tus ojos
recogida
a lo largo de tu pena".
Dos números después, los Cuadernos Herrera
y Reissig (Nº9, 1949) lanzan una serie titulada
"Retratos", del director de la publicación,
Ortiz Saralegui. En el dedicado a Antonio Machado, hay
un verso que parece coincidir con el final del poema
de Casal, dice: "en la verde ceniza de tu pena".
También en 1949, al cumplirse los diez años
de la muerte de A.M., Bergamín publica por primera
vez en nuestro país un artículo de su
autoría dedicado al poeta: "Antonio Machado
y su sombra: In memoriam (1939-1949)" en la Revista
Escritura (Nº7,1947-1950) de la cual será
un colaborador permanente.
En
ese año Berenguer comienza a escribir su libro-poema
El Río (1949-1952) uno de cuyos tres epígrafes
iniciales convoca a A.M.: "Todo se mueve, fluye,
discurre, corre o gira;/ cambian la mar y el monte y
el ojo que los mira". En éste hay una sección
("rápidos") dedicada a José
Bergamín, así como "Delta" inicia
una "serie española" que incluye "España
presente" y "Córdoba", poemas
donde da cuenta de paisajes desolados que aluden a esa
España diezmada por la guerra. Resulta sintomático
que El Río sea reconocido por la poeta como el
primer libro válido de su obra, dejando de lado
otros anteriores como Canto Hermético (1941)
o Elegía por la muerte de Paul Valéry
(1945) marcados justamente por su cercanía a
un purista como Valéry. Este giro, caracterizado
por Emir Rodríguez Monegal como "el tránsito
de la poesía poetizada a la poesía experiencia"
(22), índice de la personal maduración
lírica de la poeta, también puede ser
entendido como consecuencia de la huella profunda dejada
por la posguerra española, y por los poetas que
representaron su tragedia (García Lorca y Machado
son rastreables en pasajes de El Río) en quienes
la circunstancia temporal adquiere decisiva importancia.
Ya a manera de síntesis de su trayectoria como
artista de la palabra, Berenguer establece en la citada
Autobiografía, la decisiva importancia de estos
dos poetas, y de un pintor, en su búsqueda poética,
dice: "Las palabras de Machado: "se canta
una viva historia contando su melodía",
y las de Valéry: "hone d´etre comme
la Pythie", más el "ostinato rigore"
de Leonardo, me planteaban una inquietante propuesta".
Editado
por La Galatea (la imprenta doméstica de Díaz
y Berenguer) se publica La luz de esta memoria (1949),
primer poemario de Ida Vitale, también integrante
de la Generación del 45´. Allí aparece
un poema en el que los paratextos son sumamente significativos:
el título es "Elegías de Otoño",
está dedicado A José Bergamín,
y lleva un epígrafe de A.M. "¡Esta
lira de muerte!". Consultada al respecto, para
esta pesquisa, Ida Vitale confirma la gravitación
de Bergamín, mientras brinda su lectura valorativa
de A.M.: "Obviamente la figura de Bergamín
resultó removedora porque ofrecía el marco
para colocar un mundo de lecturas, y no sólo
españolas. Juan Ramón y Machado aparecían
como Escilas y Caribdis, los dos escollos inevitables
del 98. Bergamín les unía, discreto, a
Unamuno, que quizá le fuese a él, el más
entrañable. Machado era el gran lírico
"natural", del hallazgo que nos acompaña
siempre, ("Alamos del amor cerca del Duero",
por mucho tiempo inexplicable hasta que descubrí
su "química", su sabio juego de aliteraciones).
En general prefería su poesía última,
no claro por el trasfondo de la guerra sino por una
cierta presión, una cierta irreparabilidad. Juan
Ramón era la búsqueda permanente, la insatisfacción
y la sabiduría irrefutable. En cuanto a ese poema,
la dedicatoria, la cita: siendo de desarrollo más
ambicioso que otros, y debo haber creído que
mejor, era obvio que se lo dedicara a Bergamín,
el primer "maestro" que conocía (ahí
importaban más que los conocimientos, la personalidad,
la vida vivida, su resonancia siempre dispuesta ante
cualquier tema). Las citas no implican la aceptación
de una obra entera sino reconocer la exactitud de un
verso, en este caso de un autor que estaba en su aire".
Poéticas de la temporalidad en los ´50
y´60
Si
bien el primer estudio crítico sobre la obra
de A.M. en nuestras letras data de 1929 (23) , y pertenece
a Lauxar (Osvaldo Crispo Acosta, 1884-1962), las primeras
señales críticas de su influencia en un
poeta uruguayo son mucho más tardías y
se relacionan con Líber Falco (1906-1955), esto
sin referir a la mencionada influencia ejercida en J.J.
Casal, que nunca ha sido estudiada. En prólogo
de Arturo Sergio Visca al volumen póstumo de
Tiempo y Tiempo (Universidad de la República,
Montevideo, 1963) que reúne la obra conjunta
de Falco, el crítico traza un significativo paralelismo
entre la poesía de éste y la misma paradigmática
copla de Antonio Machado citada por Berenguer, dice:
"En su conjunto, los poemas de Líber Falco
parecen distintos momentos de un sólo gran poema
expresivo de la totalidad de una vida humana. Esos poemas,
y según pide la copla de Antonio Machado, cantan
y cuentan una viva historia. Esa viva historia es la
autobiografía de un alma. Pero esa autobiografía
es contada, y según exige la misma copla, cantando
sólo su melodía, esto es: contando no
la exterior indumentaria anecdótica de la vida
del poeta sino sólo su latido y sentido esenciales".
Dos
poemas de Falco lo vinculan al tema de la España
en guerra, Canción por la España Obrera
firmado en 1936 y publicado en su primer libro Cometas
sobre los muros (1940) y Nuestra España (Tiempo
y Tiempo, 1ª edición, Asir, 1956) éste
dedicado a Juan Bertullo, un militante antifascista.
Mario Arregui en su testimonio sobre el hombre y el
poeta, titulado simple y entrañablemente Líber
Falco (Arca, 1964) deja constancia que Machado era el
único poeta entre los escasos autores que Falco
conocía y admiraba en profundidad: "No fue
hombre de libros, aunque leyó lo suyo y conocía
su Dostoievsky, su Tolstoi, su Antonio Machado...Sentía
un gran amor por Romain Rolland". Emir Rodríguez
Monegal señala las influencias españolas
en la poesía uruguaya al iniciarse la década
del 40, diciendo: "(...) al aparecer en un momento
en que la lírica hispánica está
dominada por fabulosos técnicos como Jorge Guillén,
por poetas de torrencial superrealismo como Vallejo
o Neruda, por la popularidad (algo excesiva) de ciertos
ayes y juglarías de García Lorca, tanto
(Beltrán) Martínez como (Líber)
Falco (que están en la línea intimista
que entronca sobre todo con Antonio Machado) parecen
opacos, resultan casi invisibles"(24). Luego, el
crítico contextualiza el origen de la poesía
de Falco en simultaneidad con la tragedia española
("hacia 1938, en una hora del mundo que (...) pide
al poeta una solidaridad humana y combativa que Líber
Falco, luchador, hijo de luchadores, ni quería
ni podía negar") para volver a vincular
su mundo poético con el de Machado: "un
mundo de cosas humildes, de paladeado inventario de
cosas humildes, como el de Antonio Machado (...)"
(25).
De
aquí en adelante la ascendencia de lo español
aparece como rasgo común en buena parte de quienes
se inician hacia mediados del cincuenta y a principios
de los sesenta, predominando por sobre otras poéticas
como la anglosajona o francesa. El factor aglutinante
más evidente de esa línea española
parece ser la poética de Antonio Machado, observación
ya señalada por el crítico Enrique Elissalde
en artículos del diario Epoca (Nueva poesía
uruguaya, 4/6/65) así como en La poesía
en el Uruguay (Separata de la Revista Razón y
fábula, Universidad de los Andes, 1967). En la
introducción titulada Poética, de 1931
(para la antología preparada por Gerardo Diego)
A.M. acierta con una máxima que sintetizará
su pensamiento poético magistralmente: "la
poesía es la palabra esencial en el tiempo".
Así, prefigurando al existencialismo de Heidegger,
como bien lo señalara María Zambrano (26),
A.M. habla del "ser que deviene, de su propio existir"
y del poeta al que "no le es dado pensar fuera
del tiempo, porque piensa su propia vida, que no es,
fuera del tiempo, absolutamente nada". Sin embargo
no será a partir de la filosofía de Heidegger,
sino del "existencialismo comprometido" de
Jean Paul Sartre, mediante el cual parece haber sido
recepcionada, entre los uruguayos, esa "inmersión
en lo temporal" de la que habla Machado, en sus
dos sentidos: el de la temporalidad íntima y
el de la circunstancia social e histórica.
Será
en la tríada de poetas de Tacuarembó (Washington
Benavides, Circe Maia, adoptiva de ese departamento,
y Walter Ortiz y Ayala) en quienes mejor se refleje
tempranamente la ascendencia señalada. En el
caso de Benavides la presencia de A.M. no es visible,
como en otros, mediante epígrafes, ni títulos,
ni referencias expresas, teóricas o intertextuales,
sino más bien por el clima global de su verso
en "compenetración íntima con el
paisaje y sabores de su solar nativo", según
Isabel Gilbert (Marcha, julio, 1966). Su poética
se nutre de múltiples reflejos y en esa pluralidad
discurre la falsa oposición entre lo culto y
lo popular, que Benavides bien sortea, igual que el
propio Machado lo hiciera a su manera, en sus Canciones,
o en Proverbios y Cantares, o en Romances, sin ir más
lejos. Un manejo métrico que tanto la emprende
con las formas populares de tradición hispánica
como con la milonga, y que puede abarcar referencias
tanto trovadorescas como anglosajonas (Ezra Pound o
Chaucer), sitúan al poeta en uno de los registros
más abiertos, y mejor dotados, del instrumento
lírico. Pero a pesar de tal diversidad, Ricardo
Pallares ha planteado, más bien se ha preguntado,
con mirada certera lo siguiente en relación a
la herencia machadiana: "En su obra se da - por
vía del acendramiento intimista y subjetivo-
la aparición de textos cuyo motivo parece excesivamente
apegado al entorno y a la circunstancia de los horizontes
personales del poeta y de sus paisajes de cultura. (¿Descendencia
machadiana? (...)" (27)
En
breve prólogo a su libro de título machadiano,
En el tiempo (1958), Circe Maia asume la poesía
en tanto "respuesta animada al contacto del mundo",
para subrayar, que "La relación con la realidad
es, por consiguiente, estrecha, íntima: se trata
de un diálogo". Dice compartir "la
opinión que ve en la experiencia diaria, viva,
una de las fuentes más auténticas de poesía".
No será sólo en esa cotidianeidad de donde
extrae su decir poético, sino también
en la forma que adopta el lenguaje para expresar tales
vivencias, donde Maia se vincula con A.M.. Según
Heber Benítez dicho libro "abre una poética
en la que las secuencias descriptivas se ligan bajo
el signo de sospecha ante la representación mimética.
La temporalidad suspende a ese universo para tematizarlo
bajo sus presiones, en donde cabe hablar de reescritura
machadiana (tanto en niveles citacionales como en los
del comentario) y de la intución de la duración,
de un Henri Bergson, también inscripto en el
discurso del sevillano" (28). Si superponemos algunos
planteos teóricos de A.M. a los mencionados por
C. Maia en dicho prólogo, la filiación
se hace evidente. Mientras el español declara
ser "poco sensible a los primores de la forma,
a la pulcritud y pulidez del lenguaje, y a todo cuanto
en literatura no se recomienda por su contenido",
para Maia la "misión del lenguaje poético
es descubrir y no cubrir; descubrir los valores, los
sentidos presentes en la existencia y no introducirnos
en un mundo poético exclusivo y cerrado".
Si Machado confiesa que "Lo bien dicho me seduce
sólo cuando dice algo interesante, y la palabra
escrita me fatiga cuando no me recuerda la espontaneidad
de la palabra hablada", Maia estima que la "expresión
adecuada es un lenguaje directo, sobrio, abierto, que
no requiera cambio de tono con el de la conversación,
pero que sea como una conversación con mayor,
calidez, mayor intensidad". Es C. Maia, por tanto,
quien acaso ha asimilado en forma más integral
(a su propia voz y contundente obra) buena parte de
la estética machadiana entre quienes se inician
al filo de los ´60.
En
1963 Walter Ortiz y Ayala arrasa con los premios de
la Feria del Libro y el Grabado obteniendo el primer
puesto con un título que remite sin ambages al
poeta español: Hombre en el tiempo, llevándose
además, dos menciones, con libros que publicará
posteriormente: El Trotacalles (1964), cuyos sonetos
están fechados entre 1950-60, y Los espejos (1965),
éste con el epígrafe "Mas busca en
tu espejo al otro,/ al otro que va contigo (...)"
del Machado de Proverbios y Cantares. Realizando paralelismos
con la obra del sevillano, Benavides dice que esta poesía
"nos introduce, como a través de un viaje
en ferrocarril (de los de antes, a vapor y leña)
en la comarca encantada, en la provincia. Pero no recurre
para ello al autoengaño, a la ficción
arcádica. Ahí está la provincia,
con su valor indudable, sobre todo en cuanto a la calidad
humana de sus seres, pero también está
la sórdida provincia, la del engaño, la
tierra de Don Guido o cualquier anti-hombre de nuestro
tiempo" (Contratapa de Obra Junta, E.B.O., Montevideo,1980).
La
presencia de Antonio Machado puede verificarse significativamente
en los paratextos (títulos, dedicatorias, epígrafes,
prólogos y contratapas) de varios primeros libros
de otros que recién se inician en los ´60,
así como en el abundar en tópicos subordinados
al concepto de la temporalidad: referencia a la infancia,
ensoñación evocativa, fugacidad de la
vida o en la "otredad", como deriva de lo
íntimo a lo colectivo, mientras que a nivel de
estilo, se verifica en cierta discursividad que desemboca
en lo descriptivo paisajístico o costumbrista.
Tales
rasgos pueden entonces rastrearse en las obras iniciales
de una larga lista de poetas de la época, algunos
relevantes, otros hoy más olvidados. De ese voluminoso
conjunto cabe citar a: María Amelia D. de Guerra
(1924), Desde antes de la infancia (1964) y Poemas del
tiempo (1965); Jorge Meretta (1940) en La otra mejilla
(1964) y a lo largo de su ya vasta obra; a la citada
Gladys Castelvecchi (1922) desde su primer No mas cierto
que el sueño (1965) y en Fe de remo (1986) con
epígrafe de Machado ("Malos sueños
he. Me despertaré"); Alejandro Peñasco
(1914-1979) "al que lo liga una entrañable
afinidad (con Machado)", según José
Pedro Díaz (prólogo a Infancia de la muerte,
1976); Luis Anastasía (1930) en El viento y la
sombra (1962) en cuya solapa se habla de la "tradición
de Antonio Machado, con cuya poesía hallaremos
en este libro no pocos puntos de contacto"; Rubinstein
Moreira (1942-1996) en Nocturnos de las horas (1964)
con epígrafe de Machado ; Walter de Camilli (1926)
cuyo único poemario se titula, sin más,
Palabra en el tiempo (1964); Diego Pérez Pintos
(1937-1987) caminante entre neblinas, y visionario de
presencias aladas en su destacable y único poemario,
Los Pasos (1965); Jorge Arias (1931) estrenándose
en Cinco poetas jóvenes uruguayos (premio compartido,
1ª Feria de Libros y Grabados, 1961), quien afirma:
"Yo no escribía cuentos, sino poesía,
surgida como un manantial bíblico de la lectura
de Antonio Machado" (prólogo de Piedras
Libres, 1974).
Por
último entre los estudios en torno a la obra
de Machado realizados por poetas uruguayos cabe citar:
de Idea Vilariño "Grupos simétricos
en la poesía de A.M." (Revista Número,
15/17, julio-diciembre, 1951); el exhaustivo trabajo
de Roberto Ibañez (Cuadernos de Marcha, Nº25,
Montevideo, 1969) uno de los más fervientes estudiosos
de su obra;
también
los poetas Alejandro Peñasco y Cecilio Peña
elaboraron conjuntamente un "Estudio sobre Antonio
Machado" (1976). En cuanto a la poesía de
Cecilio Peña pueden señalarse prolongaciones
de los poemas de amor de Machado en una serie de sus
textos titulados "Leomar", "Guionor",
"A Guionor" y "Guionor...hallada?"
(Canto y Señas, Talleres gráficos impresión,
1994) que juegan con la composición de los nombres
de Leonor y Guiomar, creando así una intertextualidad
que prolonga en forma metapoética la obra de
A.M. en su propia voz. Pero quien ha publicado más
trabajos que nadie en torno a A.M. en nuestro país
es el poeta Jorge Arbeleche, a saber: "Los caminos
de Antonio Machado" (Fundación de Cultura
Universitaria, 1973), Homenaje a Antonio Machado (Fundación
de Cultura Universitaria, 1975); Antonio Machado, poeta
del misterio (Acali, 1979) y Antonio Machado: Poesía
y Poética (en Responsabilidad de la poesía,
Rosgal, 1997). Además, Arbeleche en varias oportunidades
se ha hecho eco y portavoz del pensamiento poético
de A.M.. En el discurso pronunciado recientemente (12
de junio, 1997) a su ingreso a la Academia Nacional
de Letras, titulado "El velo de los dioses"
(en El hilo de la lumbre, Ediciones De La Plaza, 1998)
al primer poeta que cita, en mensaje dirigido a los
más jóvenes, es a A.M. en carácter
de "maestro", y dice: "Quiero también
mencionar a aquello poetas jóvenes y aún
a los que todavía están en agraz, porque
ellos habrán de continuar esta tarea sin principio
ni fin, bajo la definición del maestro Antonio
Machado: poesía, cosa cordial, ya que serán
sus palabras las que establecerán el lazo indispensable
de noble, cordial comunicación entre los hombres
para desterrar la soledad estéril e implantar
el necesario reconocimiento de cada uno en el otro".
Quede dicho mensaje, entonces, como ejemplo y síntesis
de la gravitante, y aún vigente, presencia de
Antonio Machado en el ámbito de las letras uruguayas.
Luis
Bravo
(Montevideo, 1957) Poeta, crítico literario,
editor y docente egresado del Instituto de Profesores
(IPA) del Uruguay. Actualmente es docente de la Universidad
Ort del Uruguay en la Facultad de Diseño y Comunicación,
y es catedrático de Literatura General (Universal)
III del Instituto de Profesores (IPA) del Uruguay.
En una beca de posgrado obtuvo título como Profesor
de Lengua y Literatura en el Instituto de Cooperación
Iberoamericana (I.C.I.), Madrid, España, 1990.
©
Luis Bravo 1999
Espéculo.
Revista de estudios literarios.
Universidad Complutense de Madrid
El
URL original de este documento es
http://www.ucm.es/info/especulo/numero11/machado.html
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