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Por
Paolo de Lima
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Poesía
Peruana Actual: 1978 - 2000
Lo que aquí se ofrece es una muestra de poesía
peruana desde fines de la década del setenta
hasta la fecha. La ordenación de los veinte poetas
incluidos es cronológica, y sólo se menciona
en cada nota personal lugar, fecha de nacimiento, y
libros de poesía publicados. Algunos tienen en
su haber cuentos, novelas, ensayos y crónicas
periodísticas, pero se ha preferido no incluir
estas obras en las listas: no contamos con los datos
precisos de todos los seleccionados, y no queremos cometer
injusticias contra ninguno. La presente muestra es por
supuesto a gusto personal; los autores solamente tienen
como denominador común el hecho de ser peruanos
y de mantenerse en el oficio de la poesía. Carlos
López Degregori, Róger Santiváñez
y Dalmacia Ruiz Rosas formaron parte (junto a Edgar
OHara, Enrique Sánchez Hernani y el narrador
Guillermo Niño de Guzmán) del grupo La
Sagrada Familia (1977 1979). Posteriormente,
la trayectoria poética del primero sería
mucho más insular. Insular también fue
la aparición de Mario Montalbetti, el más
apreciado por algunos poetas posteriores. Mientras que
Oswaldo Chanove (quien había obtenido un premio
en 1979) prontamente formaría parte de las actividades
del grupo arequipeño aglutinado alrededor de
las revistas "Ómnibus" y "Macho
Cabrío", encabezado por Alonso Ruiz Rosas,
y conformado, además, por Patricia Alba, Misael
Ramos, entre otros. Y esto ya es en los ochentas. Paralelamente,
en Lima aparecería el Movimiento Kloaka (1982
- 1984), el cual se asumió como "conciencia
vigilante" de la sociedad. Precisamente Santiváñez
sería fundador y animador de este grupo, conjuntamente
a Mariela Dreyfus (aunque inmediatamente tomaría
distancia del mismo) y Domingo de Ramos, entre otros.
Pero a Dreyfus podemos más bien incluirla dentro
del llamado "mini boom" de la poesía
hecha por mujeres, surgido en los ochentas. Rocío
Silva Santisteban fue rápidamente asimilada dentro
de este espectro, y es que en ambas se puede percibir
(no en todos sus textos, por supuesto) una tendencia
al erotismo, a los temas del cuerpo y la pareja. Mientras
que Rossella Di Paolo y Magdalena Chocano, también
de los ochentas, han preferido mantenerse al margen
de cualquier diferenciación de género.
En todo caso, Dalmacia Ruiz Rosas podría oscilar
pendularmente entre ambas posturas, con un sustrato
mucho más underground, subterráneo. Ella
no formó parte de Kloaka, pero sí fue
uno de sus "aliados principales" (junto a
José Antonio Mazzotti). Domingo de Ramos es quien
encarnaría con mayor determinación esta
postura subterránea, a la que él diferencia
de la maginalidad: "Uno es marginal ante un grupo
que lo margina. Pero un subterráneo tiene una
opción, ha decidido vivir en las cloacas",
dice en una entrevista. Mazzotti, Eduardo Chirinos y
Raúl Mendizábal dirigieron juntos la revista
universitaria "Trompa de Eustaquio" (1980
1981). Los tres se conocieron en la Universidad
Católica, de Lima, y empezaron muy pronto a cosechar
premios con poemas que se beneficiaban básicamente
de los aportes poéticos de los años sesentas
y primeros setentas (Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza,
Luis Hernández, Manuel Morales, Abelardo Sánchez
León, Enrique Verástegui, entre otros).
Actualmente los dos primeros destacan además
en el campo de la crítica académica norteamericana,
mientras que Mendizábal comparte su trabajo en
la ebanistería con la escritura. César
Ángeles, Rodrigo Quijano y Jorge Frisancho también
estudiaron en la mencionada casa de estudios, y gracias
a su postura poética (y política) fueron
rápidamente invitados a formar parte de La última
cena (1987), antología de poesía de los
ochentas confeccionada por Mazzotti, Santiváñez
y Rafael Dávila-Franco. Montserrat Álvarez
pudo respirar de estos aires poéticos en sus
primeros acercamientos a la escena cultural limeña.
Aunque su libro Zona dark es de 1991, una mirada atenta
(como la que ha realizado el crítico Gustavo
Buntinx) señala una obra que se ubica en los
bordes del periodo de la violencia política.
Poseedora de una postura escéptica y hasta egoísta
(reconocida por ella misma, y posteriormente asumida
por casi todos los poetas jóvenes aparecidos
a lo largo de la década de los noventas), su
poesía no deja de referirse a los símbolos
políticos y sociales más representativos
(y estremecedores) de los ochentas: una ciudad a oscuras
apenas iluminada en sus cerros por hoces y martillos
de fuego (en alusión al sabotaje contra las torres
de energía eléctrica realizado por Sendero
Luminoso, que para el habitante peruano se volvería
habitual), paros armados y el creciente escalamiento
de la guerra interna. Es decir, el reino de la violencia
(y de la necesidad, como bien señaló Frisancho).
Una violencia política la cual conduce a que
muchos de sus actores sociales observen "el sol
a rayas" (por su condición carcelaria).
En todo caso, es desde el ahora que señalamos
las características de esos años, y a
nuestro entender quienes no eludieron lo que su época
les exigía produjeron una poesía de mayor
profundidad. Y es que, como dice el verso de Rodrigo
Quijano, "para conocer debo acercarme más".
Entre ambas posiciones (Álvarez y Quijano) disímiles,
y tensas en tanto no saber hacia dónde se enrumbaría
finalmente la historia, se movía el escenario
poético en el Perú de principios de los
noventas. Es entonces cuando hace aparición Xavier
Echarri, cuyo poemario Las quebradas experiencias y
otros poemas, de 1993 (a un año de la captura
de Abimael Guzmán, líder de Sendero, y
esto sólo como dato histórico), expresó
a su manera la fragmentación no sólo del
texto sino del escenario social. José Lezama
Lima (y Mirko Lauer en casa) son dos claras influencias
en este libro; es decir, insertado en una tradición
neobarroca, así llamada por los antologadores
de la muestra de poesía latinoamericana Medusario
(Fondo de Cultura Económica, 1996). Por otro
lado, ya en 1990 había hecho aparición
el Movimiento Neón (Leo Zelada, Juan Vega, Carlos
Oliva, Miguel Ildefonso y quien esto escribe, entre
otros), cuya opción grupal llamaría inmediatamente
la atención. Sin embargo, el grupo se disolvería
en 1993, dentro de una tendencia general de desapego
político. A partir de entonces (años del
fujimorismo, y ya el lector avisado entiende de lo que
estamos hablando) las posturas y posicionamientos se
diversificarían considerablemente. A puertas
del siglo XXI, la poesía que individualmente
los autores peruanos vienen desarrollando en el Perú
(o fuera de su territorio1) toma a su antojo diversas
partes del gran bloque. Y de este modo cada uno construye
sus personales e intransferibles caminos. (El Paso,
Texas, marzo del 2000).
-
Uno.
Carlos López Degregori. Lima, 1952. Ha publicado
Un buen día (1978), Las conversiones (1983),
Una casa en la sombra (1986), Cielo forzado (1988),
El amor rudimentario (1991), Lejos de todas partes (1994)
y Aquí descansa nadie (1998).
EN
UNA ANTICIPADA DESPEDIDA
Espejo
que de pronto despiertas y caminas por el cuarto
abrazando por última vez a la cama, a las sillas,
al
ropero
en
una anticipada despedida
que
algún día tendrás que devolver.
Te llevas mis negras alas de ángel
risas, sombras, murmullos, traiciones, arañazos
que fueron contigo pareciéndose a mi cara.
Mañana
me comenzarás a doler.
Mañana golpearé con mis manos de fierro
el
lugar que has dejado
vacío
en la pared
y
se me hincharán los labios de repetir
que
siempre fuiste un mal espejo
y ya sólo deseo que te pierdas.
Pero no será verdad.
Te quiero bien.
Huye de los ropavejeros en las calles que pueden atraparte,
no te hundas en un lago o vueles en relámpagos,
no vayas a trizarte.
Y
mañana,
si tienes suerte y sobrevives,
si despiertas inexplicablemente en mi habitación
al
otro lado del mundo
y
si en ella no estoy porque he salido
para
no regresar más
o
he enfermado de carbón
o
he muerto:
recuerda que siempre fuiste un mal espejo
y un mal espejo, para descansar al fin, debe entregar
lo
que retuvo:
ya mi cara no será importante
quédatela seca
pero devuélveme mis alas que las voy a necesitar:
guárdalas bien dobladas en el ropero otra vez,
siéntalas en las sillas,
tiéndelas, para que me esperen dormidas, en mi
cama.
CEMENTERIO
DE PERROS
Una
tarde encontré siete perros muertos en la carretera.
Canté aspirando el aire, las moscas, la violencia
y supe que sería definitivo mi verano.
Cómo
llegaron aquí.
No sé.
La sabiduría es siempre de los huesos.
Pero pronto cumpliré los 33,
me casaré y tal vez tenga siete hijos.
Y cuando llegue la tarde en que confluyan veranos, carreteras
y una mosca perfecta me recuerde
este cementerio de sol
cantaré
de nuevo el triunfo de los perros.
-
Dos.
Mario Montalbetti. Lima, 1953. Ha publicado Perro
negro, 31 poemas (1978) y Fin desierto (1995).
LLEVA
AL MARRANO MÁS ALLÁ DE LOS CERROS
Lleva
al marrano más allá de los cerros
y regresa antes de que comiencen las lluvias.
Cenaremos, me dirás que me amas y encenderás
la última vela que nos queda en el armario
para que pueda leer y tú jugarás con el
perro
pastor que mantiene unidas las ovejas del rebaño
y luego
saldremos juntos a contemplar la luna (las lluvias
habrán cesado) y entonces me dirás
(los pinos apenas se mecen con el viento
la cerca de las vacas necesita repararse)
que mañana partes para las montañas.
Me propondrás dormir
afuera y entonces
entendí que tu serenidad era real y un beso
y con el aire como solitario desayuno
no
tendré noticias tuyas sino hasta después
de un año. El tono de mi vida habrá cambiado.
Perderé la costumbre de leer y pasaré
las noches (los días me serán casi imperceptibles)
tratando de entender las constelaciones.
Miraré Orión y también algún
capitán extraviado
en el Indico lo hará y hasta llegaré a
ver la
estrella polar desde el hemisferio sur.
Las noticias dirán que lograste llegar
a Europa, que te civilizas,
y que un finlandés próspero maderero
te divierte interminablemente entre los pinos
(sus pinos) marrones. Recordaré entonces
nuestra última noche. Y luego dos, tres, cinco
hijos y dos cesáreas y el finlandés
en Nápoles y luego en Grecia
y luego en Austria tu salud comenzará con la
tos
a derrumbarse pero el finlandés en Dinamarca
y entonces quedará muy poco de ti apenas
un borroso recuerdo mío y una tarde y el
finlandés perdido en el mejor desierto africano
y
entonces ya no tendré las redondas constelaciones
encima y todo paraíso estará
irremediablemente perdido.
Vete ahora;
lleva al marrano más allá de los cerros.
SALMO DE INVIERNO
si
quieres ganar el cielo primero debes saber perderlo
recoge
por ejemplo un clavo
e imagina el agujero del que provino
¿qué
dijo brodsky? que reconocemos a nuestros hermanos
no por sus rostros
sino
por sus espaldas
en las colas que forman en los confesionarios
la
vida pasa como pasa la corriente
cuando agarras un cable pelado
arroja
el clavo
guarda el agujero
arroja
el agujero al suelo
-
Tres. Oswaldo Chanove. Arequipa, 1953. Ha
publicado El héroe y su relación con la
heroína (1983), Estudio sobre la acción
y la pasión (1987), El jinete pálido (1994)
y Canción de amor de un capitán de caballería
para una prostituta pelirroja (2000).
EL
HEROE Y SU RELACION CON LA HEROÍNA (I)
A
ella la conocí en un bar: tocaba un grupo de
trompetistas y la gente bailaba.
La gente giraba en torno como cuando se cae una botella:
la vi deslizarse del
grupo y venir.
La gente bailaba como cuando una botella se rompe.
Bailamos hasta el amanecer como si hubiésemos
estado casados 25 años.
Escuché su historia:
-en la puerta la esperaba un caballo y una llanura
-en su casa su esposo la devoraba.
Grité que era mía y partimos en mi barco.
Pero el corazón me saltaba con el ruido del mar.
Y el corazón me saltaba mirando la luna.
Y el corazón me saltaba cuando nos batíamos
a cuchilladas.
CANCIÓN
DE AMOR
Ninguno
de ustedes ha tenido jamás un amor como el que
yo he tenido
Ella secaba mi armamento con su perfumada cabellera
Me alimentaba con miga y con leche y humedecía
mis labios con vino
jamás ustedes viles y brutos tendrán un
amor como el mío:
tierno
sensible e inquietante
en la cama
Ustedes no conseguirán siquiera un beso
como el de ella: aromático
de delgada humedad
y
que evocaba no el primer beso obtenido
sino el primer beso soñado
Sus ojos
además cuando no se perdían en melancólicos
ensueños
se ocupaban en seguir
mis pasos
en leer
mis labios
en contar los movimientos
de mis manos
Ningunos de ustedes, cerdos, fueron jamás bendecidos
por un amor
tan grande y tan bueno
y
por una felicidad tan honda
Por eso
ahora que huyo
como una bestia indigna
acorralado
por indescifrables espasmos
ninguno de ustedes, miserables, ha sido merecedor de
una maldición mayor que la mía
-
Cuatro.
Raúl Mendizábal. Piura, 1956. Ha publicado
Dedeálade, poemas y canciones (antología,
Filadelfia, 1995).
EN EL MOMENTO QUE VENGAS A MÍ
(y antes de las lluvias tu complacencia
y por los parques tu vientre hayas abandonado)
me hablarás de tu raigambre en las cosas elementales
te diré: en lima garúa
solamente
y
en el momento que vengas a mí
(y antes de la ternura tus palabras necias
y tu sexo como una flor abierta sea previo a los sinsabores)
yo te rociaré con abundante espuma
tú un vals arrepentido dirás bailar
2/Dic/78
VIAJE
AL CORAZÓN
rosy
voy a dormir
apaga la luz del 2 de marzo de 1956 cuando vine
para conocerte
pues
quién es más ligero? tú
quién ama más? tú
quién tiene el rostro de mi muerte? tú
tú turútu
tutú
19/Ene/92
-
Cinco.
Róger Santiváñez. Piura, 1956.
Ha publicado Antes de la muerte (1979), Homenaje para
iniciados (1984), El chico que se declaraba con la mirada
(1988), Symbol (Princeton, 1991), Cor cordium (Amherst,
1995), Historia francórum (1999) y Lauderdale
(1999).
GUERRA
La
Poesía es un texto contra el Mundo.
Demasié asaltó el cielo. Encuentro. Verdad.
Fusión.
"Oye, qué estás hablando" y
allí fue donde citó
esa rara relación relativa einsteniana entre
poetas y militares.
Se
recuperó tu lindísimo cuerpo sólo
escuchando la música
de las paleteadas más arrechas en el íntimo
del reverso
de tus calzones, hábilmente quitados con la furia
de la mujer
alejada en la nitidez del clip que he grabado para tu
paja
porque
un hombre solitario es también un hombre
y si redacta internos documentos aprende otra experiencia
quizá la del amor a golpes de muchacha con manos
de greda
en escándalo callejero cantando con tu perra
voz
dorada
en el reflejo del vaso de cerveza y tu histeria
Qué hacías buscando guerra un sábado
por la noche
mientras el rioba se desbordaba desgranándose
y las muchachas descifraban su música tristísima
Tú
-una de ellas- pura imaginación radio curié
que te limpió ese día de toda tu amargura
y eso
deberías agradecérselo al Señor
(en su negro precipicio
de dolor) y tu eléctrico soto, urbano en short
color de tu nombre
Hagas
lo que hagas, perdóname con tu plisada caída
que era de la abuela, que te quiso no más que
mi
alma encadena a tus axilas de vampira peruana
en el rímac ausculten sus designios religiosos
esta
es una arquitectura simple como tu lenguaje
¿Qué es la guerra? preguntaste ¿siempre
no hemos estado
en es? ¿En qué, ah? decía como
acariciándose el rompeolas
en el que magnificó sus días y escondió
su inocencia.
2
Esta
es la historia de un hombre solo
Cuyo oficio es la Poesía. Busca entonces
Alguien de corazón sin razón más
clara
Luz
Ariadna desenrolló el ovillo
Con su alegre fe, con su pura
Inocencia sentida tal la hermosura de mi
madre
Una
hermosura que a ella dedicaré
Por salvarme la vida con sus golpes
Tan suaves yo sé pero no hablaré
Sino
cantaré y canto con el don del Señor
En su morada enamorada monje
De sí mismo narciso que no miró el espejo
En
el fondo de la Poesía la Virgen ya
Estaba por aparecer en Cova de Iría
Pero prefirió el plan de los niños santos
No
fue a Ninguna Parte, sólo César
Comprendió que Poesía es efecto de la
causa
Del que fue su causa hasta que brotó la
SANGRE
-
Seis.
Dalmacia Ruiz Rosas. Lima, 1957. Ha publicado Secuestro
en el jardín de las rosas (1998).
ESTOY
SEGURA...
estoy
segura que si me paro a coger un libro
se me caerán los ovarios al suelo
saldrán
rodando
de mi cuarto hacia el jardín
no pararán hasta recostarse contra el pino
donde los encontrarán mis perros
y se pondrán a jugar con ellos
estoy segura que cuando baje de tu carro
voy a patear mi cabeza lejos
mis
pies
preferirán quedarse fuera de la casa
pues es muy largo
el camino hasta mi cuarto
y el brazo derecho
quedará colgando del llavero
LAS
BUENAS PERSONAS...
Las
buenas personas se preocupan por nosotros
que estemos sanos, bien cómodos, que lleguemos
temprano.
Las buenas personas escuchan nuestros planes, nos secundan
regalan libros, agendas, tarjetas navideñas
recuerdan nuestros santos.
Yo quiero a tu padre, más bueno que el pan.
Tú quieres a mi madre, más buena que el
pan.
Más buenos que nosotros.
Ya pasó la época de los escándalos.
De los sobresaltos.
Es verano
las hojas en los árboles brillan como antorchas.
-
Siete.
Magdalena Chocano. Lima, 1957. Ha publicado Poesía
a ciencia incierta (1983) y Estratagema en claroscuro
(1986).
XV
Ella
pule sus escamas
bajo el claro de luna
un silencio perfecto cae sobre las olas
y la mar es una inmensa lágrima gastando los
escollos
Ella
fulge de fulgor mineral
bajo la luna nueva
un demudado mar calla rozando las arenas
y el brillo de la ceniza danza sobre las aguas
El
Universo ha sido escarnecido
por la aciaga imposición de otro universo
y ha fugado hacia el Reverso del espacio
Nadie ha de alcanzarle
allí donde la soledad
es venganza de teoría irrefutable
XXIV
Yo
soy intratable
ninguna luz me alumbra
El corazón puro es un cuchillo acezando
navegable incrustación del mar
Yo
soy transparente
ninguna luz me evade
Óyeme
espora habitante
no sé si soy eterna no estoy segura
Quien
a Sí Se crea a Sí Se destruye
Materia es energía
Luz es energía
Materia es luz
Círculo de tiza donde nada concluye
Estoy
formándome/ estoy creciendo
mi cabeza enterrada empieza a abrir los ojos
voy a reunir las partes todas de mi cuerpo
voy a contemplarme
Aire/Tierra/Agua/Fuego
¿sabéis de mí?
No. Nadie sabe de mí
Ni yo misma me sé
Auscultemos
la fibra cándida y salvaje del silencio
Oye el estampido de esquejes reluciente
vibración de telares
Oye el rumor de epopeya que transgrede la vida
Huraño
exceso el de mi transparencia
asaz deslumbrante
Empáñeme
yo?
Hágame
soportable?
Vuélqueme
opaca y mortal?
Celebro la Arista.
La
espina de la rosa.
La punta del proyectil!
Todo lo que vale a la hora de sacudir el polvo de las
sandalias
Al final
Quien
a Sí Se crea a Sí reposa
por
eso nunca me equivoco o siempre
y
la luz desespera de seguirme
-
Ocho.
Eduardo Chirinos. Lima, 1960. Ha publicado Cuadernos
de Horacio Morell (1981), Crónicas de un ocioso
(1983), Archivo de huellas digitales (1985), Sermón
sobre la muerte (Madrid, 1986), Rituales del conocimiento
y del sueño (Madrid, 1987), El libro de los encuentros
(1988), Canciones del herrero del arca (1989), Recuerda,
cuerpo... (1991), El equilibrista de Bayard Street (1998)
y Abecedario del agua (Valencia, 2000).
"TE
HAS ARRODILLADO DESNUDO EN LA LOSA..."
TE
HAS ARRODILLADO desnudo en la losa
y has observado largamente tu propia mierda, Eduardo,
Eduardo,
luego de tres días sin comer has vaciado tu cuerpo
y lo has visto como a un manso animal descansando al
borde de la carretera.
Estás desnudo, Eduardo, Eduardo, has acariciado
torpemente la bola de
cristal y nada has visto,
apenas un fragor de caballos quebrando la pista,
apenas tus huesos podridos flotando en el mar.
Estás solo, Eduardo, Eduardo,
ahora es el momento de cerrar los ojos y rascar con
la uña la vana superficie
del espejo, ahora es el momento
de romper medallas y escupir los retratos de la B. de
Portinari.
Tus
genitales señalan al sur, Eduardo, Eduardo,
la flecha impostora desvía bandadas de pájaros
que equivocan el camino
y juntas las palmas de las manos hasta procurar el fuego;
así es el mundo, Eduardo, Eduardo,
el mundo que hace del amor un grito inescuchable,
el mundo que hace del amor una ventana rota.
La
mitad del mundo es tuya y la otra del demonio, Eduardo,
Eduardo,
mas la otra es una malla de cobre donde cuelgan las
palabras
vacías como cajas de cartón en espera
de ser utilizadas.
Has plagiado un verso, Eduardo, Eduardo,
te has inclinado ante tu propia mierda a desclavar estacas
y volverlas a clavar,
te has observado inútilmente en el espejo
hasta saber que ahora es el momento de decir unas palabras.
No sea que despierte el manso animal que descansa al
borde de la carretera
y lo atropellen.
RETORNO
A LOS PROFETAS
El
sol se hará oscuro para ellos
pero pronto han de volver
MIQUEAS, III, 6
Los
profetas han muerto.
Cuernos de guerra anuncian la pronta llegada de la peste,
nuevos tiempos de miseria y escasez.
El campo de batalla está desierto, el cielo se
oscurece, la infinita
rueda se ha quebrado.
Dicen que ángeles bellos y monstruosos nos vigilan
pero ya no tenemos ojos para verlos.
Los profetas han muerto.
Atrás los sucios velos que ocultaron la verdad
de nuestros rostros,
las ramas que ocultaron la Serpiente cuando rogamos
placer
y nos dieron a cambio la resignación.
Textos venerables son ahora pasto de las llamas,
sólo la lechuza mira con indiferencia la corona
que rueda a los pies del más miserable de los
dioses.
Sólidas estatuas se arrodillan, gimen, se arrancan
los cabellos,
los mástiles que antaño sujetaran los
más bravos marinos
golpean la memoria de los dioses que quedan,
¿a quién debemos acudir cuando nos coja
la peste?
Los mendigos del reino asaltan los jardines, desprecian
los oráculos,
reparten por igual sus pertenencias.
Los nobles del reino conservan sus arcas, sus vinos,
sus mujeres,
el miedo que gobierna la implacable voluntad de los
presagios.
Los profetas han muerto.
Nadie ahora nos engaña, nadie nos confunde, nadie
nos dice la verdad y estamos solos.
Estamos solos esperando la señal que nos indique
dónde hemos de ir para honrar con dolor a los
profetas.
-
Nueve. Mariela Dreyfus. Lima, 1960.
Ha publicado Memorias de Electra (1984) y Placer fantasma
(1993).
MEMORIA
DE ELECTRA
Soy
un hombre.
He construido un templo
donde mi virilidad no tiene límites.
Cinco vírgenes me rodean
de día las desnudo al contemplarlas
de noche cubro sus cuerpos
con mi semen angustioso y renovado.
Esta necesidad
me viene de muy niño;
cuando intentaba soñar
me despertaban los gemidos
de mi madre y de su amante.
Pero soy un hombre.
Que nadie se atreva
a profanar mis reinos.
ENTRE
LAS CUATRO PAREDES...
ENTRE
LAS CUATRO PAREDES de mi cuarto,
el mundo
se suaviza.
Esta tarde, poseída a plenitud, meteórica,
pinté un poema
sobre una maderita que ahora luce junto al niño
Jesús.
Los libros que se amontonan, obstruyen el camino y la
limpieza:
de no haberte cruzado por mi vida, yo no sabría
leer.
A
las 5 p.m. la enfermedad es una buena disculpa
para esperarte solitaria en la ventana, cuando
tengo el pecho apretado y este aire me asfixia.
Pobre hígado, es como haber probado éter
y estar bajo el dominio de la presión o la temperatura.
El
tiempo transcurre en el poema, mi frente hierve
tú, entre nervioso y displicente, te apuras en
mover
un poco de azúcar en el café pasado.
Es hora de apurarse, de dejar que cada poro de mi cuerpo
diga lo que tiene que decir.
(En estas circunstancias, no es difícil pensar
en el adiós
y toda confesión se vuelve perentoria.)
Cada una de las edades que conforman mi edad
pasarán turbulentas y yo volveré a ser
la jovencita que a los quince estuvo a punto de sucumbir
pero que aún respira.
-
Diez.
Rossella Di Paolo.
Lima, 1960. Ha publicado Prueba de galera (1985), Continuidad
de los cuadros (1988) y Piel alzada (1993).
DE
ENCANTACIÓN
La playa tendida como un lagarto
llora minuciosa
una vastísima lágrima.
Barcas en velan deambulan por su sal incesante
abrazando redes ateridas de peces.
Los
hombres avanzan desfigurando la rectitud de las calles
con voces de botellas abiertas y pies desnudos
pero
observan: Hoy la brisa
es pájaro invisible que las ramas presienten
como gitanas tintineantes
cuando desmadejan el hilo prodigioso de las manos.
La
tarde es un renglón de niños que cruza
las veredas
huyendo del árbol hojeroso
empeñado en dibujar sombras en la hierba.
(La
cola de un gato será la rúbrica gentil
de un sol que tiene sueño).
LAS
ALTAS DISTANCIAS
Si
yo escribo tu nombre en la arena
y tú escribes mi nombre en la arena
pero en otra playa
es que hemos descuidado las cosas;
hemos dejado que crezca el mar como hierba mala
y habrá que ir arrancándolo con cuidado
hasta alisar la arena de esa playa
donde puedas escribir mi nombre rozando el dedo
que está escribiendo el tuyo despacito.
-
Once.
Domingo de Ramos. Ica, 1960. Ha publicado Arquitectura
del espanto (1988), Pastor de perros (1993), Luna cerrada
(Filadelfia, 1995), Ósmosis (1996) y Las cenizas
de Altamira (1999).
DE
LA MADRE
Bendíjese
oh sí el altar de este catre desnudo
Allí entre velas que calentaban las arrugadas
manos de la madre
Vacié todo mi aliento y sobre un puñal
de cenizas recordé
La nervuda arena que entraba hasta taparme los pies
torciéndome en un lado diurno y otro oscuro en
esta pared
de esteras como plástico barroso que el invierno
apaga
y me hablasen de aquella que sobre el polvo me ha hecho
Ella que transida bajaba ululando su tordilla cabellera
por la pendiente haciendo trazos torpes por el peso
de la tardanza
O por el sol lastimando sus pómulos su frente
sudorosa
Como creí verla al ser arrojado sobre unas sábanas
blancas que amoriguaban mi caída En ese lejano
sembrío de viñas y yo como un recién
llegado recibí
estos ecos como si me aserrase el pecho lentamente
entre el rumor de los primus y voces que se cuelan
y hachan las sombrosas telas que aún apañan
las hendiduras
del tiempo y ella se levantase y yo en el sitio donde
no debo
y me dijese como un arrebol curtido racha y silente
con que me despierta y aún cegado por lo inesperado
me levanto a tientas a danzar alrededor de su falda
y ella cavilosa y runa contempla el paisaje
donde dirigió su rostro limpio hacia todos los
aires
!Oh ya no será más el aceite tierno de
las madrugadas violáceas
ya no seré el hijunagramputa que se incendia
falcado
en su regazo y me abrace con su chompa podrida sus cerezos
sus agujas su jardín metálico en que el
padre se arrecuesta
como un ocaso mi arrobamiento ante sus palabras necias
y dulces
como machacados ajos me llega su llanura sus manos
sus consejos ecayolados sobre mi mente que se acrece
y se arruga
en tiempos en que me devoran estas faenas impuras y
sangrientas
que partían mis noches oh la oscura y china noche
como diría
el padre al cerrarse el bar al borde del estribo
una mujer como el día me golpea en la nuca y
yo quisiera
al voltear mi tristeza en su tristeza
y bendíjese oh sí el altar de este catre
desnudo me dé
su inextirpable sonrisa que me azula.
LA DEMENCIA TIENE TU COLOR
La
demencia tiene tu color Bomba
tiene algo de tus labios Negros
tiene cierto olor Blanco
tiene por último sabor Orgía
reprimida nochería ronería
tiene mis días contados
Golondrina
pálida anida en los huecos
ladrillos de otoño Otoñal como tú
Mi testa se enciende por tu ventana
que cierras al anochecer
cuando tu cuerpo se tiende
entre mis piernas rubias rubias
mis manos sobre tu undosa cabellera
que a partir de las 7 amo sin-mesura
que a partir de las 8 cabalgo con-ternura
que a partir de las 9 odio con-fisura
fisura en el hueso en el cielorraso blanco
de tus ojos hielo hielo como el miedo
tus manos (mar retirándose a su cementerio)
Espinosas fosas son tus puertas
Los ascensores son las máquinas a los infiernos
cuya marca del 3 es 3 porque 3 no es
mi número favorito es mi sincronía
es la desolación del ángel la imprecisa
soledad de las noches de las novias
asqueadas de blanco de preñez
que ríen con un corazón enano
Ya nadie se suicida con un paracaídas
Yo que en añosa selva de tu cuarto oí
un rugido de moscas y 3 son los caminos
y 3 de todos los meses me encuentro
por 3 caminos hacia tu casa
3 por tu sordera 3 por tu ceguera
Y nunca tuve un cielo como el tuyo entre mis manos
abiertas de rama en rama con oloroso aguaje
y explore lo inexplorable lo inexplicable
Pero tú sentada en mi impecable soledad
y en el momento de un atardecer
que era un cuerpo desplomándose en la mar
no me veías nunca y acariciabas un árbol
una mesa tu piso de parquet
mas yo era yo
tirado como un cadáver sobre el quirófano
mirando no sé qué naufragio qué
calles
recuerdos cuadros bellos como
el de una mujer haciendo el amor
a solas
-
Doce.
Carlos Oliva. Lima 1960 1994. Tiene publicado
Lima o el largo camino de la desesperación (1995).
LIMA
I
El
arte de caminar por tus calles
consiste en ver tus defectos
como versos aún no descubiertos en la noche
Yo voy más lejos que aquel poema extraviado
voy dibujando imágenes sin límites de
velocidad
palabras como una rosa que enloquece al vacío
con esta percepción de ángel alucinado
y febril
Lima
¿De
qué valen tus letreros luminosos?
Si sólo consiguen efectos psicóticos
tus
semáforos
si
sólo sirven para perturbarme
Pero también tienes tu encanto
tus
ascensores
sin
embargo no subimos ni bajamos
pasamos solamente
tus
teléfonos malogrados
¿Dónde
ciudad tragamonedas
iremos
nosotros los desheredados de tu belleza?
Tal vez a vomitar en el baño
de
alguna vieja cantina
Y
luego viajaremos en microbús
percibiendo los hedores de tu herida
Pero aún no nos espantamos
Y sigo por estas calles donde aprendí
abrir mi corazón a la melancolía
Abrir mi corazón como se abre la bragueta
y derramar mi amor
como orines sobre las esquinas
S
/ T
Tu
tesoro, Carlos Oliva, es el amor que perdiste
en tus manos de navegante ebrio,
de náufrago sobre un tronco a la deriva,
de marino agotado de tanto nadar contra la corriente,
para llegar tenuemente hacia la reseca.
Mi poesía en sí no tiene nada que ver
con la poesía:
es un clamor de condenado.
Es una protesta, pero esta protesta es principalmente
contra mí mismo.
El canto por el canto en sí no existe (ni siquiera
en los pájaros).
El objeto de mi canto lo que sea- es el de liberarme
de mí mismo,
negarme a mí mismo, es decir salvarme a mí
mismo.
De mi propia autodestrucción que está
a punto de desintegrar mi vida.
Es una protesta contra mi condición humana, narcisista
y sórdida y decadente.
-
Trece.
César Ángeles L. Talara, 1961. Ha
publicado El sol a rayas (1989) y A rojo (1996).
PN
A
mi madre
debiera enseñarle mi pene
tal vez se convenciera de
que ya no soy un niño
A
ti también
que te asustas cuando lees pene
debiera enseñártelo
tal vez así dejarías de asustarte
A
mi papá también
para que deje de aliarse a mi madre
(o
tal vez no debiera enseñar nada:
no vaya a ser que consideren
mejor reventarme los pulmones)
EN
ITALIA
Sin
vergüenza en un campo italiano. Desnudos con Lucía
en el campo italiano. Lucía recoge el saco de
granos.
Veo la luz reflejarse en su espalda, en ambas nalgas,
donde una ranura oscura provoca imaginar su sexo, sus
vellos, sus aguas eróticas.
La
piel refleja la luz solar. Lucía tiene cabello
como
crines que vuelan cuando la llamo y ve que soy yo.
Habíame dejado la barba.
Ahora
sentado en esta tierra que ella pisa, los mismos
pies que desayuné de madrugada.
Sin
vergüenza desnudos los dos, cultivando este campo
de trigo que será nuestro algún día.
Mantenemos -con otros
campesinos de manos más callosas- a la
vida que bulle en la ciudad.
Este instante sólo tengo ojos para contemplar
su cuerpo.
Dejo de trabajar.
-
Catorce.
José Antonio Mazzotti. Lima, 1961. Ha publicado
Poemas no recogidos en libro (1981), Fierro curvo (1985),
Castillo de popa (1988), Libro de las auroras boreales
(Amherst, 1994), Señora de la noche (México,
1998) y El zorro y la luna (antología personal,
1999).
YEGUA ES LA HEMBRA DEL CABALLO
(después
de una lectura de Roman Jakobson)
Yegua
es la hembra del caballo y yegua
es mi mujer impronunciable por el resto de mis días,
la frescura
de su sudor y de sus patas duras como un diente
y el lomo en que cabalgo rodeado de metrallas y sirenas
anunciando un bombardeo.
Yegua
es la hembra del caballo y yegua es mi mujer
de suave relincho a cien violines cuatro flautas dos
trompetas
y un músico olvidado y legañoso / a media
barba /
y noches de terrible soledad.
Ella
se mueve por los parques hinchando sus ancas
(yo hincho mis pulmones)
salta y patea y no conoce a los flemáticos
desnuda una sonrisa / como quien abre una bolsa de arroz
sabe y no sabe siente y no siente grita y no grita
y esparce el arroz entre los novios.
Yegua
es la hembra del caballo y yegua es mi mujer impronunciable
divina metalengua que pronuncio y no decoro
y salto y pateo y relincho y ya no sigo
sé que ella viene como un pasto dulce a perdonarme
estas palabras.
NARIHUALAC
para
Fanny Valenzuela
y Lelis Rebolledo
Polvo
del aire bajo ardientes algarrobos:
suena un pito
con alas que se aleja hacia un sol rojo.
Las pisadas
restallan como las acequias
escondidas en la arena, donde lagartijas
y hormigas juegan a los lados, reventando.
Narihualac
debió haber escuchado
al bajar de su balsa los cantos del chilalo y pensó:
"Aquí levantaré la fortaleza y verán
mis hijos
florecer el valle extenso tras el cual dejamos
la casa iluminada y la mujer en sombras, las pirámides
que miran hacia el cielo interrogando un nombre nuevo.
Tuvimos que salir para evitar la muerte.
Ahora nos quedamos para hacer la vida".
Y
entonces caminamos largas cuadras hasta ver el monte
donde quedan todavía algunas cruces y un templo
español
trepado en la cabeza de Narihualac.
Hernando
de Mendoza, hijodalgo,
derribó las altas columnatas y redujo
indios y tumbó las figuras que adoraban
por ser de los antiguos tiempos, donde llegaron también
del norte sus primeros padres, que ahora eran hermanos,
masticando
con ancha paciencia las continuas invasiones.
"Tuvimos
que salir para evitar la muerte", pensó
Hernando.
Ahora quedan
las débiles paredes en el barro, el templo devorado
por termitas.
Un pájaro encendido se levanta sobre ellos.
-
Quince.
Rocío Silva Santisteban. Lima, 1963. Ha publicado
Asuntos circunstanciales (1984), Ese oficio no me gusta
(1987) Mariposa negra (1993) y Condenado amor (1996).
CLITEMNESTRA,
INFIEL
Con
cuál de tus manos mancillaste los oscuros designios
de la Moira
echada sobre cuatro candados inaugurando un nuevo linaje
olvidas regar con linaza y afrecho el camino empedrado
el camino hacia el último baño.
Una perra huyendo de sus crías será maldita
hasta por dos mil años
pero tú supiste elevar tu arma sobre el oráculo
de Loxias
e inmortalizar la triste historia de las mujeres dignas
y sus amantes.
Quién se encargará de pintarrajear la
tumba de tu hija,
quién lavará las flores que crecen bajo
sus pies,
todos tuyos y somos ignorantes de tu ira
de la cólera impotente de comer con las entrañas
guisos violentos.
Dulce será el sendero empolvado del incienso,
la modorra con que juzgan a los héroes
dulce la niña que mojó tus piernas de
lágrimas sangradas
sin saber ella misma del hacha sobre el cuello
de las gotas negras que azotan los vientos de Estrimón.
Ni los dioses saben de este dolor de hembra
el grito que calla en la propia boca
el temor de las murallas ante el eco de la propia voz:
está vengada la muerte de dos niños con
la de este hombre.
Tira la daga inmunda y regocíjate
hiciste bien mujer, hiciste bien.
HARDCORE
Desde
aquí puedo decir:
Estoy lamiendo tus nalgas con desenfreno
Y
las tías, puaj, y las muchachas, puaj,
Y nadie sabe qué sentir.
Entonces
te volteo
Y continúo
Lamiendo
Con desenfreno.
-
Dieciséis.
Rodrigo Quijano. Lima, 1965. Ha publicado Un acercamiento
a Sarita Colonia (París, 1987) y Una procesión
entera va por dentro (1998).
UN
ACERCAMIENTO A S. COLONIA
Para
conocer debo acercarme más.
Se ha partido el cielo y ha cesado la lluvia que enrejaba
el paisaje.
Deja al perro lamerse las llagas y el pene encendido.
El neón es una lengua que sonroja santas y querubines
en las mudas sombras de un atardecer postal,
pensando que el tallo remonta sobre sí
y hace estallar palmeras y frutos que engordan como
garrapatas
al borde de un encerado cocktail de trópico y
desorden.
Para saber debo acercarme más, y aquí
me tienes.
La coloreada imagen de la niña-virgen es
la denuncia de un crimen consumado a medias, la isla
que eleva el único cirio que gotea luces, como
esas
cruces al borde de las carreteras,
así, mitad dispuestas por la arena, mitad por
los parientes
que se abandonan al silencio ante el silencio
de miradas que ofenden por su rapidez. Así dispuestas
esas cruces pueden ser casi el cierre-relámpago
de un país
que muestra sus intimidades, lo percudido y lo perdido.
Y la imagen de la niña gime: unas rodillas flacas
y la madre
suelta la sábana iluminando el cuarto con un
aroma
de trenzas que se abrazan en la madrugada, como en un
llanto
de despedida. Para saber
vuelvo a acercarme. El equilibrio del grillo tensa
la tarde, y la gente que regresa cansada de las playas
pule rostros en la superficie de sus ollas
y el crepúsculo me bombardea de neones tropicales
que se encienden a mi paso y en los plásticos,
ojos del gorrión
mi intuición emprende un vuelo sin retorno.
8.
Todo
está en su lugar
o todo está fuera de sí
pero ese ejército aguarda impasible
dos metros enterrado boca abajo
sus
muertos establecieron el comercio de estampas enmicadas
en las que brillaba todo lo que no era oro
y todo lo que no eran lágrimas de vidrio,
sino más bien
barrocos brocados y uñas rotas
en los esmaltados sucios pies de efigies santas.
Con
los huesos y las piedras
armaron habitaciones de arena y obvios laberintos
en cuyas hornacinas descubrieron
el oro y la noche y la plata y la noche
pero sólo para preguntarse de qué estaba
hecha
la carne de sus gordos corazones
y cual era el color de sus largas y sordas lenguas.
No
han tenido más espejos que los de sus santos
ni más sueños que el de sus prolongadas
propias muertes
y sin embargo alguien quisiera verlos morir
sólo por ver qué sucede.
-
Diecisiete.
Xavier Echarri.
Lima, 1966. Ha publicado Las quebradas experiencias
y otros poemas (1993).
APARTAMENTO
El
cajón del velador es un osario de ángeles,
Del parquet brota pasto,
Del caño salen lágrimas,
La ducha sabe.
La
claraboya nos sostiene del cielo, y el cielo, raso,
se
comba.
(Por ahí podría entrar un venado si es
que
simplificara su cabeza).
El cuadro es un vacío sin marco.
La televisión un médium de masa.
La
cortina revienta contra las rocas.
Los muebles se sacuden el polvo y hacen turno ante la
cola del baño.
Las sillas, en cuclillas, meditan.
La refrigeradora interrumpe su ronquido, y la nevera
se
calienta.
Los parlantes tienen la lengua afuera.
El tocadiscos se inyecta, el disco pide a gritos
una camisa de fuerza.
El teléfono entra al baño.
El despertador siente que se le viene.
El foco es
pera triste:
Di.
VE
Quiero
escribir con sangre y sólo salen lágrimas.
Las lágrimas son transparentes. Nadie ve.
Dieciocho.
Jorge Frisancho. Barcelona, 1967. Ha publicado Reino
de la necesidad (1988) y Estudios sobre un cuerpo (1991).
EPÍLOGO
Anudados
a esta triste memoria en las noches de invierno
sin ninguna violencia en los ojos, cuando se hace el
gesto o la repetición
de una risa perdida / un fugaz descendimiento / tú
comprendes
y nada posee tal exacta torpeza que nos llega, y toda
distancia
es tu nombre en la oscura palma de mi mano, en la clara
fluidez con que el tacto reposa en las orillas de este
cuerpo al fin vencido
por el mar / todo cansancio
y nada posee sino el ruido indescifrable y el color
de tus palabras / mis inútiles palabras que intentan
penetrar
una imagen oculta por la deformidad de los recuerdos:
aquel día amanece
golpeando de luz la blanquísima espalda de aquella
muchacha
y aquella muchacha
que amara cabalgando, entre el humo y las luces de aquella
ciudad
y aquella ciudad
donde todo movimiento ocupa la duración esperada
/ el deseo
esférico del vientre y su pobre delirio, sostenido
en la voz
y aquella voz
que nos descubre anudados a su triste memoria en las
noches de invierno
cuando se hace la distancia este fugaz descendimiento
/ cuando se hacen
mis palabras intentando, en un sueño, penetrarte.
FALSA
POÉTICA (EL ENEMIGO)
No
sueño ya con este espacio neutro, el de la palabra
y no he podido ver sino lo que pertenece ahora
a los recuerdos, en la otra banda de lo corporal.
Digo
entonces: ¿qué será de mí
cuando termine la noche
y qué es lo que soy en ella, esto que contemplo
y ríe insoportablemente?
(En
un peldaño oscuro del lenguaje o en el fondo
del pozo
como en una frágil estrategia de las apariencias,
mis sentidos
son sólo estos sentidos fijos en la bóveda,
y mi lengua es ahora la del enemigo).
-
Diecinueve.
Montserrat Álvarez. Zaragoza, España,
1969. Ha publicado Zona dark (1991).
LO
QUE NO SE DIJO
Como
Ucchu Pedro me bautizaron todos:
me gustaban los frutos violentos de la altura
Yo,
el lugarteniente de Atusparia,
no me rendí jamás
Fui solo fui leproso fui mendigo
y no les quedó nada de lo que despojarme
Nada sino mi aliento / En el umbral del fin
me burlé de la vida que ellos me arrebataban,
de un mundo que no quise ni pedí como era
cholos
sufridos para el trabajo cholos buenos para el hambre
cholos sufridos para las cárceles cholos buenos
para la masacre
cholos buenos para la muerte
Los
verdugos cortaron la cabeza
de Túpac Amaru, heredero del Imperio
La clavaron en una pica para que todos pudieran verla
y cada día se hizo más hermosa
Entonces la enterraron bajo la tierra oscura
Ellos tuvieron miedo porque era un rostro de príncipe
O
COMO MIERDA SE LLAME
A
veces me gustaría ser una buena muchacha
bonachona, campechana, gorda,
capaz de sentarme bajo el sol en mi piel
rica en melamina, en calor y en color
Tomar una gaseosa provinciana cuidando
de no manchar con nada mi ancha falda
Tener un corazón enorme y puro como el de un
caballo
Lavar la ropa de todos con mis ásperas manos
O, si no,
ser alguna de aquellas mujercitas
siempre sentaditas, inclinaditas
sobre su tejido, y haciendo punto,
calceta, o como mierda se llame.
-
Veinte.
Miguel Ildefonso.
Lima, 1970. Ha publicado Vestigios (1999).
VELATORIO
Hace
tiempo quiero decir que aquí la vida no vale
nada
ni pan para remojar en té
Una se pasa viendo y viendo cómo se van apagando
las velas del Señor
Oh dichosa ventura!
Aquí nadie (ni César) tiene vela en este
entierro
pero toditos tienen sed Cruz de Yerbateros hueso roto
y hablan como una maldición
Ya no quiero ver caras de sapos borrachos
ya no quiero resignación
porque hoy después de tantas y tantas palabras
me ha dado una rabia
una rabia que se ha abierto como un foso
hoy por ejemplo no ha venido la luna
sólo han entrado las moscas atraídas por
los lirios
y la oreja del perro
Pero a qué viene tanto silencio amor? Ese ventarrón
las tripas roncan como la puerta y la ventana
y yo ya no tengo lágrimas por lo menos desde
hace
veinte años
Hoy es té mañana será llantén
y esta casa que es muy vieja será más
vieja que yo
Todo Señor menos ver cómo se va apagando
la última vela
así como se apagó la vida de mi hijo
LO
QUE CANTABA EL BARDO
A
veces duermo en las calles ásperas y húmedas
luego de beber el licor del cemento y la saliva del
cuervo
en una sombra flamígera me siento luego de ser
golpeado
dulcemente por las olas turbias del viento
arranco la yerba del estío silenciando los arpegios
de la soledad y los deseos mugientes que resuenan
A
veces duermo bajo las ventanas lóbregas sin fin
entre la volátil ondulación del silencio
que se yergue
cuento mis pesadas monedas y las guardo en mi bolsa
con un nudo indescifrable
luego cuento las estrellas o sólo contemplo el
fulgurar
infinito bajo el acopio ígneo de los cielos sepultados
A
veces también duermo desplegando las alas del
deseo
mientras se eleva la luna entumecida y aturdida
me tiendo lentamente sobre el desierto de los cuerpos
fantasmales o sobre tibios cartones
y mientras trato de recordar alguna oración
me quedo dormido
Notas:
De
los poetas aquí incluidos, once se encuentran
fuera del país. Montalbetti, Chanove, Chirinos,
Dreyfus, Mazzotti, Frisancho, Echarri e Ildefonso viven
en los Estados Unidos; todos ellos (salvo Chanove y
Frisancho) ligados al campo académico. Chocano
reside en España, Ángeles en Alemania
y Álvarez en el Paraguay. El resto de los autores
reside en el Perú, muchos de ellos no saben hasta
cuándo. Carlos Oliva falleció trágicamente
en 1994, atropellado por una "combi" (servicio
informal de transporte metropolitano y, curiosamente,
símbolo del "poder informal" en el
Perú de los noventas). Otro poeta joven, Juan
Vega, sufriría igual suerte en 1996.
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