«Es un grupo, que quede claro. no una generación,
por eso no falta nadie. No teníamos por qué
incluir a nadie más. Es un grupo dentro de una
generación», aclara desde Jerez un convaleciente
José Manuel Caballero Bonald, tres veces premio
de la Crítica, la primera en 1959 por «Las
horas muertas». «Sí, es un grupo,
no se puede hablar de generación de los 50, que
es un término mucho más extenso. Fuimos
un grupo que nos unimos en parte de forma espontánea,
en parte de forma voluntaria, imagino como le sucede
a todos los grupos», explica Ángel González
desde su casa de Madrid. «El debate está
en la crítica y en los lectores, pero no entre
nosotros. Evidentemente hay un grupo y no una generación,
que son cosas muy distintas», confirma Francisco
Brines desde su Oliva natal.
«Eramos un grupo de personas, más que de
poetas -describe Caballero Bonald-, unidos por la amistad,
por actitudes estéticas comunes, por la universidasd
y por la lucha clandestina contra el franquismo. Esto
fue lo que más nos unió, sin duda».
Ángel González refuerza las palabras de
Caballero Bonald: «Con nosotros se cruzó
la lucha antifranquista clandestina, sí, eso
creo que fue lo que más nos unió. Teníamos,
además, afinidades, amistad y admiración
mutua entre nosotros».
Autogestación
«Debió
pasar como con la llamada Generación del 27,
que era otro grupo y no una generación -describe
Ángel González, antólogo del 27
también-. Fueron ellos los que organizaron el
grupo, los que se unieron y los que hablaban unos de
otros. Esa autogestación obedeció a actitudes
naturales. Lo mismo ocurrió con nosotros».
«Yo llegué un poco tarde al grupo -recuerda
Brines, autor de «Las brasas», premio Adonais
en 1959-, porque cuando Castellet editó su antología
aún no había yo publicado mi primer libro.
Fue un año después. Pero sí, la
lucha contra la dictadura fue lo que más unió
al grupo». Pese a este nexo antifranquista, dice
el poeta valenciano, «los poemas de lucha contra
la dictadura son muy concretos y breves. Hemos tocado
muchos temas fundamentales para el ser humano. Realmente
nuestra poesía fue muy distinta, muy diferente.
No hubo ni hay una uniformidad. Ángel González
no tiene nada que ver con Claudio Rodríguez».
Ángel González asienta en aquella poesía
crítica de finales de la dictadura parte de la
popularidad de los poetas del grupo de los 50, incluido
José Ángel Valente, José Agustín
Goytisolo, Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma
y Carlos Barral, los cinco que ya han fallecido. «El
fenómeno como grupo surge en los años
50 y 60, durante la lucha contra la dictadura nosotros
decíamos cosas que la gente quería oír.
Hacíamos una poesía comunicativa, que
llegaba a mucha gente por lo que decía y evidentemente
lo decía bien, porque si algo caracteriza la
poesía del grupo como tal es la rigurosidad con
la que se emplea la palabra, no es en absoluto una poesía
desaliñada».
Independencia
«Literariamente
hablando -certifica Caballero Bonald- no teníamos
demasiadas afinidades, cada uno iba por su lado».
Y, como añade, «cada uno ha dejado escuela,
no como pertenecientes a un grupo, si no porque todos
eran poetas de mucho relieve y grandes críticos
de la cultura, como el caso concreto de Gil de Biedma.
Con el grupo de los 50 se puede afirmar que se conforma
la poesía española de todo un medio siglo».
Y, como dice, Ángel González:«Cada
uno ha sido un poeta único dentro de la generación
y del grupo. Ha habido y hay sobre todo grandísimos
poetas».
«Valor, calidad y estética». Estos
tres adjetivos describen, según Francisco Brines,
la gran aportación del grupo de los 50, que también
lo compara con el 27. «Le ocurrió lo mismo
que a los poetas de la generación del 27 -explica-,
que la notoriedad no se la dio su pertenencia al grupop,
sino la admiración de los lectores. Y todos los
poetas del 50 hemos tenido muchos lectores. Nuestras
obras están vivas, interesan y siguen leyéndose
cada vez más, porque con el tiempo hemos ganado
lectores».
«¿Que todavía somos noticia? Sí,
pero también porque es un grupo muy marcado desgraciadamente
por la tragedia y la muerte», manifiesta Brines,
recordando la reciente desaparición de José
Ángel Valente.