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Por
Luis Veres
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EL
MODERNISMO Y LOS ORÍGENES DE LA POESÍA
DE PABLO NERUDA
Sin duda alguna, y esto es un punto en que la mayoría
de la crítica ha coincidido, el movimiento modernista
marcó profundamente la poesía de Pablo
Neruda o al menos la primera parte de su producción.
Manuel
Durán es uno de los críticos que defienden
que la estética modernista siguió presente
en la obra de madurez del poeta chileno. Para ello,
Durán divide el movimiento modernista en Chile
en tres sectores: el de los parnasianos de los cuales
nunca gustó Neruda; el de los neorrománticos,
ejemplificado en Gabriela Mistral, poetisa unida al
chileno por lazos de amistad y que posiblemente marcó
los primeros pasos de Neruda; y finalmente el de los
metafísicos finiseculares como Rimbaud y Baudelaire.
De estos tres grupos todos presentes en la obra de Darío,
Neruda se decantará por los neorrománticos
y por los metafísicos. Octavio Paz en El caracol
y la sirena señala que esta fue la gran puerta
por la que Neruda dio salida a la melancolía
de sus primeros versos.
En
este período, como atestigua Darío, el
modernismo no se había asentado en Chile. Acertadamente
Alazraki señala que:
"el modernismo que recién entraba en la
poesía chilena, antes de consolidarse y dar una
obra imperecedera, se apresura a buscar salidas. Apenas
usado el nuevo traje, se busca adaptarlo a las nuevas
modalidades del posmodernismo. Le es difícil
a la poesía chilena, así nos lo indican
sus poetas, soltar las amarras de los puertos viejos
y seguros del nativismo y de lo popular, y navegar en
las aguas nuevas del parnasianismo modernista".
Y
más adelante:
"Tal es la situación de la poesía
chilena cuando comienzan a aparecer los primeros libros
de Neruda. Las conquistas del modernismo han sido incorporadas
a la lírica chilena que ahora forma un remanso
del romanticismo".
A
pesar de esta situación de inestabilidad del
modernismo en el país andino, el poeta araucano
vio en su estética una puerta hacia los nuevos
rumbos. De Baudelaire y Darío tomará el
simbolismo del que revestirá sus versos de triste
melancolía. Ya en "Pelleas y Melisanda"
se ve el influjo de Maeterlinck:
Melisanda
la dulce se ha extraviado de ruta
Peleas, lirio azul de un jardín imperial,
se la lleva en los brazos como un cesto de fruta.
Según
Manuel Durán, la poesía de Neruda se diferencia
de la de Darío en la abundancia de citas mitológicas
y literarias y de palabras cultas y polisilábicas
de las que hace uso el nicaragüense. Este punto
es el primero que trata Cardona Peña al comentar
Crepusculario y el mismo Alazraki apunta:
"Los
contactos de Neruda con Darío se producen en
esa parte de la lírica del nicaragüense
que está más cercana a la sensibilidad
del chileno; no la Francia de los Luises, no los exotismos
orientales ni las mitologías, sino en esa angustia
de vivir, mezcla de duda y desencanto, y esa inquietud
por los misterios de la vida presente en Cantos de vida
y esperanza".
Si
rastreamos podemos encontrar otras huellas de Darío
en Crepusculario. Ya en el poema "Pantheos"
vemos en su inicio:
que
recuerda el verso del poema XV de Cantos de vida y esperanza:
Oh
miseria de toda lucha por lo finito.
También
"Lo fatal" aparece en "Campesina":
Entre
los surcos tu cuerpo moreno
en un racimo a la tierra llega
------------------------------
Tu carne es tierra...
Y la carne que tienta con sus frescos racimos.
Para
Durán, lo que Neruda toma del modernismo para
la confección de Crepusculario es "la tristeza
un poco lánguida" procedente de Verlaine
y Maeterlinck. Un ejemplo de este fenómeno es
el poema "Los crepúsculos de Maruri":
LA TARDE SOBRE LOS TEJADOS
......(Lentísimo)
La
tarde sobre los tejados
cae
y cae.
¿Quién le dio para que viniera
alas de ave?
Y este silencio que lo lleva
todo.
¿Desde qué país de astros
se vino solo?
¿Y por qué esta bruma
plúmula, trémula
beso de lluvia
sensitiva
cayó en silencio y para siempre
sobre mi vida?
Durán,
que analiza este poema señala que la acotación
"lentísimo" es un índice poético
de musicalidad que producen las aliteraciones y los
paralelismos.
Anderson
Imbert en un artículo titulado "La prosa
vanguardista de Neruda" señala que es en
el libro Anillos donde confluyen la mezcla de prosa
y poesía, en un conjunto de poemas enlazados,
propio de los modernistas, con la corriente de vanguardia.
Neruda salta entonces del impresionismo modernista al
expresionismo: "la realidad se deformaba en un
estallido de imaginación, sentimiento y voluntad".
El paisaje confirma de esta manera la idea que el poeta
tiene del universo.
Por
su parte A. Roggiano rastrea el tema de la soledad en
la poesía de Neruda y encuentra su punto de partida
en el modernismo; especialmente en Darío:
"El
modernismo fue el fin del S.XIX, por lo menos de lo
que era más evidente y dramático del siglo:
la glorificación del poeta aislado, incomprendido,
incomunicable, que llevaba al incierto hombre de "Lo
fatal" con que termina la modernidad".
La
evasión poética dará lugar a la
glorificación del arte por el arte y el modernismo
abrirá nuevos caminos para la poesía del
S.XX. Se ha señalado la fecha de 1910 como año
de la disolución del modernismo. Enrique González
Martínez escribe el famoso verso "Tuércele
el cuello al cisne" y este ave preciosista, símbolo
de la poesía latinoamericana finisecular se sustituye
por el "búho": el poeta será
un vigía que ha de guiar a las muchedumbres.
En
esas mismas fechas Leopoldo Lugones publica Lunario
sentimental. Lugones innova formalmente y presenta una
visión del hombre y del mundo como una duda del
ser y de la verdad de las cosas. Para Jorge Schwartz
, estas modificaciones en el último modernismo
serían claudicaciones ante los nuevos tiempos,
pues dice:
"La
libertad permite que la sed de horizonte y de galope
se sacie dónde y cómo le parezca y para
ello es necesario que ejerza primero la ruptura con
la mala positividad de las convenciones osificadas.
Después, o en el curso de la lucha, el escritor
va a enfrentar su asunto, que lo llevará de vuelta
a sus experiencias vitales y sociales significativas.
La libertad, entonces, señala nuevas técnicas
y límites, exigiendo el tono justo, la perspectiva
cierta. Y el modernista, a su vez, cederá ante
el moderno que sobrevive a las modas."(6)
Estos
principios son recogidos por Neruda en Tentativa del
hombre infinito para rechazar los principios de la teoría
creacionista como poder universal.
Ya
en Crepusculario encontramos la búsqueda de sí
mismo: el Neruda encerrado en su angustia vital como
en un "castillo sin ventanas" o en un "túnel
sin salida". Como en Darío aparece una inquietud
metafísica en el plano del conocer: no sabe de
dónde venimos ni adónde vamos. Así
en "Pantheos" dice:
Si
quieres no nos digas de qué racimo somos
no nos digas el cuándo, no nos digas el cómo
pero dinos a dónde nos llevará la muerte".
Pero
los principios del modernismo pronto desaparecerían
de su obra, según Volodia Teitelboim. Este crítico
olvida elementos que se mantendrían en su obra
de madurez y que veremos más adelante cuando
dice:
"Neruda
se libra casi al empezar de los modelos del modernismo.
Su sentido de la vida natural está determinado
en buena parte por la presencia de las tierras húmedas
de la Frontera, donde la lluvia, el vapor del agua entre
los bosques que circundan la ciudad recién nacida,
todo ello lo hace melancolía, pero a la vez ansioso
de compañía; donde las flaquezas intelectuales
de un ambiente fenicio despertarán en este poeta
una respuesta de poderoso y variado registro que se
revela contra todas las tiranías del verso establecido,
pero a la vez impondrá, por presencia arrolladora,
que llena cincuenta años de poesía chilena,
su propio dictado, contra el cual ha intentado inútilmente
insurreccionarse generaciones sucesivas de poetas".
Lo
cierto es que Pablo Neruda, al contrario que numerosos
grupos y corrientes poéticas de la Latinoamerica
de estos años, jamás despreció
el modernismo. Consideró a Darío como
el gran poeta de la América anterior, aunque
llegara un momento que necesitara quitarse de encima
el molde de la poesía decimonónica. El
alejandrino con toda su rigidez no gozaba de la flexibilidad
necesaria de la que el poeta chileno requería
para dar libre cauce a todo su pensamiento.
No
fue así la postura de su compatriota Huidobro,
que en el "Prefacio a Adam" de 1916, dice,
respecto a los poetas antiguos:"la idea es la que
debe crear el ritmo y no el ritmo a la idea, como en
casi todos los poemas antiguos.".(8)
Aquí
Huidobro destruye todo el fundamento de la poesía
modernista que había cogido al ritmo como base
de su expresión..
En
Méjico, Manuel Maples Arce también dirigiría
sus críticas más duras contra el modernismo.
En el manifiesto "Actual n1", texto
pegado en los muros de Puebla en el año 1921,
arremete en contra de la poesía inmediatamente
anterior. Es bastante evidente su repudio en la plasticidad
de la imagen "los que no han ido a lamer los platos
en los festines culinarios de Enrique González
Martínez" o cuando habla de la caducidad
de la estética anterior en términos de
"edores de pulquería y rescoldos de fritanga".
Maples Arce abogó por una estética nueva:"de
la pesadez nos hemos sacudido los prejuicios" y
califica de sagradas las nuevas leyes ("tablas
evangélicas"). Finalmente solicita la muerte
de la poesía anterior cuando pide "la cabeza
de los ruiseñores escolásticos que hicieron
de la poesía un simple cacareo rapsoniano"
y los considera "canales edílicos del domingo
burguesista", olvidando que una de las consignas
del ideario modernista fue la lucha contra la sociedad
burguesa.
Sin
embargo, dentro del general desvinculamiento que los
movimientos de vanguardia revelan respecto al modernismo,
existieron posturas de respeto. Este es el caso de la
nueva poesía en Nicaragua. El "Primer manifiesto"
de José Coronel de Urtecho, publicado en el Diario
Nicaragüense en 1931, se abre con un texto de Rubén
Darío: "De las academias líbranos
señor". Ellos más bien se decantan
contra la mala poesía y respetan el nombre del
autor más grande de su literatura. De este modo
el mismo manifiesto revela que los vanguardistas en
Nicaragua no despreciaron la tradición poética
tal y como aparece en otras escuelas de vanguardia como
la creacionista. Más adelante dice:
"El
movimiento de investigación tiende a descubrir
y sacar a la luz toda manifestación artística
nicaragüense del pasado, que pertenezca a la vela
pura de nuestra tradición nacional, movimiento
que supone la anteposición de combatir toda manifestación
del pasado que sea espúrea, hechiza, estéril,
en una palabra, académica. El movimiento de creación
se refiere a nuestras propias obras construidas en un
espíritu esencialmente nacional y por consecuencia
umbilicalmente personal."
El
mismo fenómeno sucede en Cuba, donde el órgano
de la vanguardia de dicho país dedica un número
monográfico al más grande de sus letras:
José Martí .
Tal
vez por ello Borges escribiera:
"El
rubenismo fue nuestra añoranza de Europa. Fue
un suelto lazo de nostalgia tirado hacia sus torres,
fue un largo adiós que rayó el aire del
Atlántico, fue un sentirnos extraños y
descontentadizos y finos. Tiempo en que Lomas de Zamora
versificaba a Chipre y en que solemnizaban los mulatos
acerca de Estambul, se descompuso para dicha de todos.
Quede su eternidad en las antologías: queden
muchas estrofas de Rubén y algunas de Lugones
y otras de Marcelo del Mazo y ninguna de Rojas..."
Un primer ejemplo del distanciamiento del modernismo
lo encontramos en Tentativa del hombre infinito:
hogueras
pálidas revolviéndose al borde de las
noches
corren humos difuntos polvaredas invisibles
fraguas negras durmiendo detrás de los cerros
anochecidos
la tristeza del hombre tirada entre los brazos del sueño
ciudad desde los cerros los segadores duermen
debatida a las últimas hogueras
pero estás allí pegada a tu horizonte
como una lancha al muelle lista para zarpar lo creo
antes del alba
árbol de estertor candelabro de llamas viejas
distante incendio mi corazón está triste
sólo una estrella inmóvil su fósforo
azul
los movimientos de la noche aturden hacia el cielo
La supresión de la puntuación establece
respecto al lector una mayor sensibilidad sobre la unidad
estrófica y el desorden sintáctico de
los versos. El desorden de las imágenes se estructura
alrededor de un símil central en el que se comparan
las luces de la ciudad con las de un barco que zarpa.
Este nocturno se distancia ya bastante de los de la
tradición modernista. Su inicio no se asemeja
a una descripción autónoma sino más
bien a un canto de la épica moderna. El resultado
se asemeja a un plano cinematográfico: cada estrofa
representa el plano de una acción. René
de Costa habla en este poema de un recurso de zoom fílmico.
El mismo crítico señala que el principal
valor del poema reside en la creación de lo extraordinario
a partir de un componente léxico de tipo tradicional:
"En
el primer canto, por ejemplo, ciertos términos
preferidos por el modernismo hispánico (pálido,
difunto, invisible, negro, inmóvil, azul), a
menudo invocados como epítetos de lo exquisito
y lo inefable son utilizados de modo especial. Al retornar
el adjetivo a su posición de calificador, después
del término modificado, Neruda aumenta su función
determinativa, ya que la cualidad especificada no es
intrínseca al sustantivo: "hogueras pálidas,
humos difuntos, polvaredas invisibles, aguas negras,
estrella inmóvil, fósforo azul".
El hecho de combinar términos que son poéticamente
familiares pero semánticamente divergentes sirve
para evitar la incongruencia del oxímoron al
crear un conjunto original de imágenes que atribuyen
sustancia y forma concretas a la expresión lingüística
de una realidad imaginada."
Neruda
logra mostrar una nueva versión de una modalidad
tan manida en el principio del S.XX como el nocturno,
no realizado desde una postura tradicional sino vanguardista,
como preludio de la temática del viaje nocturno.
Vemos, pues, como Neruda recoge el léxico de
la tradición y cómo a partir de un molde
del pasado logra un producto novedoso en línea
con las nuevas tendencias artísticas.
Pero
fue sin duda en Crepusculario donde Neruda arrancó
de los moldes tradicionales, especialmente en cuanto
a esquemas métricos se refiere: dísticos
pareados en "Melisanda" y "El estribillo
del turco", dísticos blancos en "Farewell"
y "La muerte de Melisanda; cuartetos asonantes
en "Dame la maga fiesta", en "Aromas
rubios en los campos de Lancoche", en "Aquí
estoy con mi pobre cuerpo", en "Hoy que es
el cumpleaños de mi hermana"; cuartetos
consonantes en "Tengo miedo" y en "El
pueblo"; tercetos encadenados en "El padre";
romances en "Me peina el viento los cabellos";
y cuatro sonetos de versos alejandrinos conforme al
modelo modernista en "Esta iglesia no tiene...",
en "Pantheos", en "Viejo ciego llorabas"
y en "El nuevo soneto a Helena". EL verso
libre, marca preferente de la nueva poesía, aparece
sólo en las composiciones poco relevantes y que
escasean a lo largo del libro. Todas ellas de arte menor:
"Puentes" y "Los jugadores". Para
Hugo Montes en este variado panorama son dos las notas
que destacan: la variedad métrica y una gran
independencia frente a la retórica anterior.
Es por ello que frecuentemente varían las estrofas
dentro de una misma composición.
Esta libre concepción de la métrica tradicional
traspasa los límites de Crepusculario y llega
a los Veinte poemas, aunque desaparece en los libros
siguientes donde se impone el verso libre a excepción
de sus conocidos Cien sonetos.
Para
Hugo Montes este hecho tiene una gran significación:
el deseo de distanciamiento por parte de Neruda de los
moldes modernistas. Para el crítico chileno,
Neruda sigue una trayectoria parecida a la de su amiga
Gabriela Mistral, cuyo poemario Desolación se
enmarca en la estética rubendariana que será
abandonada y depurada en sus libros posteriores.
El
alejandrino modernista será el verso adecuado
para los Veinte poemas, pues le dará un ritmo
lento y una serena melancolía. Al respecto Guillermo
Araya dice:
"Parece
que una voz profunda y tranquila expusiera sus penas
más bien hondas que dramáticas. La melodía
del poema se desenvuelve mesurada y lenta, impedimento
el arrebato y el dinamismo. Estas impresiones son las
que se imponen al leer los poemas 15 y 20 o al escuchar
un adecuado recitado de ellos.>>La canción
desesperada<< para expresar la desesperación
y la angustia ha debido combatir la majestuosa serenidad
del alejandrino con numerosas exclamaciones e interjecciones.
En ella hay una apreciable abundancia de oh,ah, y de
signos exclamativos. Estos elementos están al
servicio del ritmo cortado, desesperado e imprecatorio
de este poema".
Para
Silva Castro la influencia de Darío pervive en
los Veinte poemas como "lastre de lecturas juveniles",
de manera que pronto superaría Neruda al nicaragüense
en el tratamiento de estos temas:
"zumbando
entre los árboles, orquestal y divino...
Ebrio de trementina y largos besos,
estival, el velero de las rosas dirijo..."
El
verso se mantiene todavía fundamentado en el
componente rítmico y en una musicalidad que se
construye por medio del léxico todavía
modernista: la sonoridad del verbo zumbar, el adjetivo
"orquestal" que refuerza este aspecto sonoro;
o la construcción "ebrio de trementina",
muy recurrente en la poesía anterior e inimaginable
en el futuro.
El
gusto de Neruda por el modernismo se delata en Crepusculario
en la abundancia de citas y nombres clásicos:
Helios, Pantheos, Helena, Melisanda; junto a frases
de Ronsard y Eça de Queiroz. Como señala,
Hugo Montes," la cultura libresca se une a la espontaneidad
del poeta virgen, sureño, del Neruda que aún
no entra en la juventud plena".
El
modernismo aparece de nuevo en la unidad de tono del
libro: un tono de penumbra, de crepúsculo y de
colores tenues, junto a una actitud de tristeza y depresión:
el pueblo provinciano, el amigo, la amada, el padre,
todo bajo una óptica melancólica. La difuminación
de rasgos y la confusión de planos, junto a una
interrelación cromática y musical denuncian
de nuevo la presencia del modernismo.
La
lengua de Neruda es rica en innovaciones lingüísticas.
Su fuerza reside no en la forma sino en el modo de creación.
Si analizamos el componente léxico del libro
Crepusculario, se distancia de la corriente modernista
en cuanto al carácter del neologismo.
Gaston
Carrillo Herrera, estudiando este fenómeno, defiende
que este alejamiento se produce a partir de Residencia
en la tierra.
Neruda
a los dieciséis años había leído
ya a Darío, a Vargas Vila, a Amado Nervo, a Pezoa
Veliz, a escritores franceses como Sully Prudhome, André
Spire, Henry de Reguier, Paul Fort, Baudelaire, Verlaine
y Bataille. Por encima de este universo poético,
a Neruda le influye " el mundo natural de la frontera,
respirado desde la más tierna infancia, con sus
bosques y sus ríos, su noche, su mar y sus trigales".(14)
En
el soneto de Crepusculario "Esta iglesia no tiene",
construye el poema sobre un lenguaje modernista, pero
como,o señala J.Concha "si bien desechó
el exotismo rubeniano, se conservó su función
de superestructura del mundo poético, la que
ahora pasó a ser cumplida por un difuso plano
de aspiraciones e ideales del poeta".
Esta
iglesia no tiene campanarios votivos,
no tiene campanarios ni ceras amarillas,
no necesita el alma de vitriales ojivos
para besar las hostias y rezar de rodillas.
El sermón sin incienso es como una semilla
de carne y luz que cae temblando al surco vivo:
el Padre-Nuestro, rezo de la vida sencilla,
tiene un sabor de pan frutal y primitivo...
Tiene un sabor de pan. Oloroso pan prieto
que allá en la infancia blanca entregó
su secreto
a toda alma fragante que lo quiso escuchar...
Y el Padre-Nuestro en medio de la noche se pierde,
corre desnudo sobre las heredades verdes
y todo estremecido se sumerge en el mar...
El
soneto construido sobre alejandrinos remite en cuanto
versificación , vocabulario y cromatismo a sus
raíces parnasianas. Es decir, Neruda renuncia a
la reproducción del preciosismo modernista, consciente
de su precariedad y su caducidad, pero extrae aquellos
elementos que pervivieron en la poesía posterior:
versificación, léxico y el trabajo con los
colores. Evidentemente, la versificación es de
corte modernista junto al léxico religioso preferido
por los modernistas para aportar connotaciones irreverentes:
alma, misa, candelabros, sermón, padre-nuestro.
El juego con el color aparece en las "ceras amarillas"
y la "infancia blanca", juego que remite a la
teoría cromática tan usada por la filosofía
decadentista.
Pero
ya en esta composición, se manifiesta una de
las constantes de la poesía nerudiana: su inagotable
fusión con la naturaleza.
La
elección del vocabulario religioso de origen
parnasiano, supone en Neruda una dicotomía entre
el mundo religioso y el mundo natural.
Uno
de los poemas que muestra mayor madurez en Crepusculario
es "Tengo miedo", que no deja de precipitar
reminiscencias del modernismo más sonoro:
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.
En
la poesía que cierra Crepusculario, Neruda no
tiene reparos en reconocer las múltiples influencias
que acechan los versos del libro. Es el poema "Los
crepúsculos de Maruri".
Elementos
modernistas también se pueden rastrear en Residencia
en la tierra, aunque un crítico de la categoría
de Saúl Yurkievich lo pasa por alto cuando alude
al hecho de que, en la poesía residencial, Neruda
le da la vuelta al movimiento poético anterior:
"desmantelar
el sistema literario precedente, desarmar los dispositivos
placenteros, la estilizada elegancia, los rebuscamientos
verbales y los arreglos eufónicos del modernismo."(15)
Sin
duda Neruda con su Residencia trastoca los cánones
del modernismo sobre todo en el terreno sintáctico,
pero no es menos cierto que siguen apareciendo, aunque
en menor medida, rastros del modernismo en determinadas
expresiones y vocablos. Por ejemplo en "Tango del
viudo":
Y
por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo
de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina,
obstinada,
cuantas veces entregaría este caso de sombras
que poseo,
y el ruido de espadas inútiles que se oye en
mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi
frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas"
La
aparición del feísmo, recurso que como
afirman Schullmann o P. de la Peña, fue uno de
los principales logros del modernismo, junto con una
adjetivación de corte modernista, (trémula,
argentina), completan, si no desechan la tesis de Yurkievich.
Manuel
Durán por su parte señala dos ejemplos
en que ese modernismo avanzado no ha desaparecido del
todo. El primero corresponde a "Arte poética":
...como
si llegaran ladrones o fantasmas,
y en una cáscara de extensión fija y profunda,
como un camarero humillado, como una campana un poco
ronca,
como un espejo viejo, como un olor de casa sola
en la que los huéspedes entran de noche perdidamente
ebrios,
y hay un olor de ropa tirada al suelo, y una ausencia
de flores,
posiblemente de otro modo aún menos melancólico
pero la verdad, de pronto, el viento que azota mi pecho,
las noches de sustancia infinita caídas en mi
dormitorio,
el ruido de un día que arde con sacrificio
me piden lo profético que hay en mí, con
melancolía,
y un golpe de objetos que llaman sin ser respondidos
hay, y un movimiento sin tregua, y un nombre confuso.
Así, el eminente crítico afirma:
"y
de paso observemos la supervivencia de ecos del modernismo
tardío, sentimental, tipo Amado Nervo, en la
repetición de 'melancólico' y más
tarde 'melancólicamente'"
Después en "Walking Around":
Sucede
que me canso de ser hombre
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchita impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza
Durán señala en este poema la inversión
del símbolo modernista convertido en un objeto
antipoético. Y a continuación afirma:
"A su manera, distinta desde luego, a la de González
Martínez, Neruda le ha torcido el cuello al cisne".
Ya
A. Alonso en 1940 había señalado algunas
concomitancias entre la poesía de ambos poetas
en Residencia en la tierra. El citado crítico
rastreó el tema de lo erótico en diversas
composiciones: Tiranía, Angélica Adónica,
Oda con un lamento y, en especial, Las furias y las
penas, para concluir que el nicaragüense lo había
hecho antes, aunque en su época de madurez. El
poeta chileno logra aquí un acento propio que
se aleja mucho de la retórica dariana.
Pero
a mi juicio, el mejor estudio que se ha hecho hasta
la fecha sobre la presencia de Darío en Residencia
en la tierra es el de Gutiérrez Mouat- el cual
pone el dedo en la llaga cuando considera a Darío
el fundador de las letras latinoamericanas con su Azul
de 1888 y cuando señala:
"también el acto de fundación emprendido
por el poeta nicaragüense aparece repetido en la
obra de los grandes poetas latinoamericanos posteriores,
que de cara a un espacio cultural ya colmado se ven
en la necesidad de colmar nuevos lenguajes poéticos.
Este proceso es bastante obvio en Huidobro y Vallejo
por cuanto ambos poetas forjan su nuevo idioma desde
dentro del modernismo, a contrapelo."
Este
aspecto es importante pues Neruda sigue una trayectoria
similar, ya que arrancando desde las voces del modernismo
es en los Veinte poemas y en Anillos donde ha tomado
una ruta personal que se manifestará más
evidentemente en Residencia en la tierra, aunque en
esta obra seguirán leves ecos darianos. Era imposible
permanecer impasible ante el influjo del poeta que había
revolucionado las letras hispanoamericanas.
Gutiérrez
Mouat comenta que ya en el tercer poema de Residencia
el rastro dariano es evidente en el título. "Caballo
de los sueños" como símbolo remite
ala tradición clásica y sólo hay
un poema en la tradición latinoamericana con
este título:"pegaso" de Darío.
Sin embargo, no creo que Neruda pensara en el poema
de Darío cuando creó el suyo, pues las
referencias contextuales que ofrece este autor para
refutar su tesis no parecen convincentes, aunque si
bien es cierto que la utilización de las "violetas
envejecidas", las "alfombras del arco-iris"
o el "dulce catecismo" recuerdan la retórica
de Darío. Veamos a continuación:
De lo sonoro sale el día
de aumento y grado,
y también de violetas cortadas,
de extensiones, de sombra recién huyendo
y gotas que del corazón del cielo
caen como sangre celeste.
----------------------------------------
Es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.
Aunque
el tono melancólico no sea suficiente para relacionar
ambos poemas, puesto que este aspecto supone una constante
nerudiana, no hay duda de que Neruda y Darío
utilizaron una forma similar para la expresión
de un sentimiento diverso, aunque dependiente de un
mismo sujeto angustiado. En su libro, Amado Alonso señaló
la intertextualidad entre la "Barcarola y el "Caracol"
de Darío. El caracol es una metáfora del
instrumento poético, presentado como una cámara
de ecos que devuelve lo que la voz del yo le entrega.
Es además de naturaleza erótica pues se
trata de un "caracol de oro/ macizo y recamado
de las perlas más finas", que ha sido tocado
por las "manos divinas". Sin embargo, Neruda
invoca una figura femenina que pasa a la función
de simple intermediario para un fin mayor. La diferencia
reside en el fragmentarismo y disgregación de
este ser, así como en su atribución de
cualidades negativas:
Así
es, y los relámpagos cubrirán tus trenzas
y la lluvia entraría por tus ojos abiertos
a preparar el llanto que sordamente encierras,
y las alas negras del mar girarían en torno
de ti, con grandes garras, y graznidos, y vuelos.
Para
Gutiérrez Mouat estos textos se caracterizan
porque el "yo nerudiano aparece de espaldas a la
tradición dariana y a una poética solipsista
de la angustia". Esto supone un distanciamiento
ciertamente, pues hay que pensar que es con este acento
propio cuando Neruda adoptó, con su postura ecléctica
al recoger varias fuentes, un tono más personal
y una voz con mayor originalidad.
© Luis Veres
Facultad de Ciencias de la Información
CEU San Pablo
Universidad Politécnica de Valencia
Revista Espéculo
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