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Por
Gonzalo Corona Marzol
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"LA
PRESENCIA DE RAINER MARÍA RILKE EN JOSÉ
HIERRO."
José Hierro es un poeta que la crítica
española actual ha situado tópicamente
dentro de los poetas cultivadores de la denominada poesía
social de finales de los años cuarenta y comienzo
de los cincuenta. Esta perspectiva crítica ha
limitado enormemente la comprensión de su obra,
cuyos planteamientos superan con mucho los presupuestos
teóricos de la citada poesía. No me voy
a ocupar ahora de este problema, sino de la presencia
en su obra de un autor, Rainer María Rilke, totalmente
ajeno a esa mal definida poesía social, y cuya
influencia apenas ha sido advertida o reconocida por
la crítica. José Luis Cano parece señalar
esta influencia en una acotación marginal y poco
comprometida. Dice textualmente: "En el prólogo
a sus Poesías completas nos había dicho
ya Hierro que su poesía sigue dos caminos: el
del poema-reportaje, y el del poema-alucinación
(en una terminología rilkeana, diríamos
poema-experiencia y poema- ensueño)". Esta
es la única vez, que yo recuerde, que se vincula
a Hierro con Rilke, y como puede observarse es un vinculación
muy breve y además indirecta.
I
Para
establecer la presencia de un poeta en la obra de otro
hay unas consideraciones previas que conviene tener
en cuenta. En primer lugar, si el poeta cuya influencia
se pretende confirmar tuvo o no tuvo algún predicamento
en la época y más concretamente en el
círculo cultural en el que se movía el
poeta supuestamente influido, y en segundo lugar si
éste pudo efectivamente tener acceso a los escritos
de aquél. Afortunadamente, sobre la primera consideración
hay un trabajo de Franciso Bermúdez Cañete
que nos exime de mayores comentarios. La influencia
de Rilke en la poesía española posterior
a la guerra civil es evidente en varios círculos
culturales y también la posibilidad de tener,
teóricamente al menos, acceso a sus obras. No
cita el ámbito cultural más próximo
a José Hierro, ni tampoco al propio poeta, por
lo que se hace necesario atender a la segunda consideración
con un mayor detenimiento.
Tras
la muerte de su padre, poco tiempo después de
salir de la cárcel donde fue recluído
por razones políticas, José Hierro se
traslada a principios de 1944 a Valencia donde residía
su buen amigo José Luis Hidaldo. Este amigo había
entrado en contacto con un círculo de escritores,
promotor desde Valencia de la revista Corcel, que se
publicaba en Madrid. Esta revista dedica precisamente
un número a Rainer María Rilke (núm.
3, febrero-Marzo de 1943). En él se recoge una
página de Azorín donde destaca la importancia
individual de la muerte, dos composiciones de Nuevos
poemas ("La Gacela", "Dama ante el espejo"
y un fragmento de Das Stunden-Buch) traducidos por Luis
Landínez, y un poema en francés (Solitud).
De la prosa de Rilke se incorpora un fragmento traducido
también por Luis Landínez de los Cuadernos
de Malte Laurids Brigge. La versión va encabezada
por una nota de Landínez sobre el significado
de la obra de Rilke. Lo más interesante de lo
traducido y publicado en ese fragmento de los Cuadernos
es su afirmación de que la poesía no es
sentimiento sino experiencia, y la importancia que concede
a la sedimentación del recuerdo para la creación
poética. Este fragmento central es el que se
reproduce al frente de la antología de Rilke
publicada en Barcelona, por la editorial Yunque, en
1939. Poco después la revista Garcilaso se ocupará
de Rilke traduciendo nuevos poemas en el número
11 (marzo de 1944).
Mientras
José Hierro y José Luis Hidalgo residen
en Valencia, no pierden el contacto con sus amistades
literarias santanderinas. Allí se está
gestando la revista Proel, sobre la que José
Hierro tendrá una influencia decisiva, muy especialmente
cuando, una vez muerto José Luis Hidalgo, vuelva
de nuevo a residir en Santander, su ciudad adoptiva.
No es extraño que en el número 10 de esta
revista, su "IV ANTOLOGÍA" esté
dedicada a Rilke. En ella se recogen cuatro poemas traducidos
por A. Fernández Arce: El interior de la rosa,
Fragmento, El preso y La muerte de la amada.
Está
clara la proximidad de José Hierro y de los círculos
literarios en los que se movía con la poesía
de Rilke. Nuestro poeta tuvo, necesariamente, que entrar
en contacto directo con ella, aunque sólo fuera
por estar al día en los acontecimientos literarios
del momento.
II
Establecida
claramente la proximidad y la oportunidad del conocimiento
de la poesía de Rilke por parte de José
Hierro es hora ya de mostrar de forma directa la presencia
del poeta alemán en su poesía. Hay algunos
temas en los que esta influencia es muy evidente. En
otros, sin embargo, es más difícil establecerla
dada la dificultad de la barrera lingüística,
pero en muchos detalles y en su conjunto es incuestionable.
Para
proceder a su exposición seguiré una organización
temática, mezclando en cada uno de los temas
todas las similitudes, ya sean formales, de imágenes
concretas o simplemente de fondo.
La
naturaleza.- En primer lugar, se manifiesta en el léxico
perteneciente al mundo de la naturaleza y en la tonalidad
panteísta: luna, ángel, alas, olas, azul,
negro, viento, álamo, árbol, noche, boca,
rosa, águila, piedra, frutos, ramas... Aunque
esta tonalidad panteísta pudiera venir de la
poesía de Aleixandre, encontramos una mayor proximidad
con la poesía de Rilke o de Juan Ramón
Jiménez por su raíz simbolista. Aún
podrían añadirse otros símbolos
importantes que relacionan la poesía de ambos
poetas: cántico, flauta, vino, caída,
silencio, adiós, noche, caminos...
El
contraste entre la permanencia de la naturaleza y el
pasar del hombre (de origen romántico) se encuentra
también en ambos: véase la quinta y la
octava de las elegías del Duino de Rilke y Tierra
sin nosotros de José Hierro, así como
el deseo de reintegrarse en ella, que puede hallarse
en la novena elegía del alemán (Rilke
[1968: 103]). Es importante también el motivo
del adiós destacado en la octava elegía
(Rilke [1968: 95]) que es la base del apartado "Entonces"
de Tierra sin nosotros (en poemas como "Caballero
de otoño" [p. 26], "Despedida del mar"
y "Distancia" [p. 28-30]).
A
veces es posible distinguir, con las reservas lógicas,
la influencia en imágenes concretas: las barcas
indolentes (Rilke, "Enterrado en la vida"
y Hierro [p. 29]); la imagen del camino (Rilke [1982:
48 y 105], por ejemplo, y Hierro [passim]). En "Ahora
ya es tarde. Quisimos." (Hierro [p. 199-201]),
titulado en su Antología Poética de 1953
"Ya no hay caminos", encontramos junto a éste
símbolo (de origen egipcio) el de los ángeles,
y una máxima ("Cuando nada se desea/ todo
se posee") que esconde la misma lógica interna
que la recogida en un verso de Rilke: "Te tengo
porque nunca te retuve.".
Quizás
el potente abrazo de la primera elegía de Ri
lke ([1968: 35] ó [1982: 69]) haya inspirado
el deseo de unos brazos en "Primavera" de
José Hierro [p. 25]; y que sea la misma aspiración
por conocer las estrellas de Rilke en la séptima
elegía [1968: 83] la que rechaza Hierro en "Noche
final" [p. 84]. Sin duda el poema de Hierro "Caballero
de otoño" [p. 26] toma su imagen fundamental
-y el motivo del juego- de "La primavera"
de Rilke [1982: 83].
Aunque
por su significación universal la imagen del
hombre mirando a las nubes del poema "Las nubes"
de José Hierro [p. 373] puede proceder de muchos
lugares (de "¿Cuándo echaré
mi barca en la mar" de Rabindranath Tagore, por
ejemplo), por la coincidencia con el tema del hombre
que se siente extranjero, sin patria, es posible que
provenga del poema "En un parque extranjero"
de Rilke [1982: 60]. Finalmente, el poema "El encaje"
(Rilke [1982: 57-58]) por su temática tan próxima
a la de Hierro pudo sugerir la imagen de "Luna
de agosto" [p. 34], poema que contiene tantas sugerencias
rilkeanas.
La
temporalidad.- La influencia de Rilke en el tema del
tiempo nos parece muy marcada en la poesía de
Hierro. No nos referimos sólo a la valoración
singular del instante único que aparece circunstancialmente
en Rilke [1968: 85] y que puede hallarse reiteradamente
en la poesía de Hierro, o a la consideración
de la discontinuidad del tiempo del poema "El momento
eterno" de José Hierro [p. 110-111] que
se encuentra en el tercero de los Sonetos a Orfeo o
en el poema titulado "Espejos" (Rilke [1982:
92]), sino de forma muy concreta en su vinculación
con el tema de la prisión, de la cárcel
(recuérdese que Hierro estuvo cuatro años
retenido en prisión). Es muy interesante comparar
los poemas "Oración por los locos y los
presidiarios" y "El preso" de Rilke,
incluidos en la edición bilingüe de 1939
(véase Rilke [1939: 58-59 y 54-55 respectivamente]),
con la poesía de José Hierro y su tratamiento
del tema de la cárcel, del tiempo y el movimiento.
Nótese cómo aparece el motivo de la luna
del primero de los poemas citados de Rilke, en el poema
"Canción de cuna para dormir a un preso"
de Tierra sin nosotros [p. 44-46]. El famosísimo
poema de José Hierro titulado Reportaje no se
explica sin la influencia de los dos poemas citados
de Rilke, de forma particular en relación con
el tema del tiempo. Dice José Hierro:
(Caminos
exteriores que otros andan.)
Aquí está el tiempo sin símbolo
como agua errante que no
modela el río.
Y yo, entre cosas de tiempo,
ando, vengo y voy perdido.
Pero estoy aquí, y aquí
no tiene el tiempo sentido.
Deseternizado, ángel
con nostalgia de un granito
de tiempo. Piensan al verme:
"Si estará dormido..."
Porque sin una evidencia
de tiempo, yo no estoy vivo [p. 242-243].
El contraste, tan marcado en el citado poema de Hierro,
entre la experiencia del tiempo del que permanece en
prisión y la del que disfruta de la libertad
está resumida en dos versos del poema de Rilke:
"que os transcurra el tiempo,/ porque vosotros
tenéis tiempo" [1939: 59].
Por
último, en el poema de Rilke "Esto es la
nostalgia" se recoge otra idea importantísima
en la poesía de José Hierro: "Esto
es la nostalgia: vivir en la agitación/ y no
tener patria en el tiempo" [1939: 93].
El
desdoblamiento.- El fenómeno del desdoblamiento
del poeta, que aparece repetidas veces en Hierro (véase
un caso extremo en el poema "Pasado" [p. 57]),
se encuentra en "Vecino" del Libro de las
imágenes de Rilke [1982: 32] o en su quinta elegía
(Rilke [1968: 69]). Aunque igual podría buscarse
la influencia en la poesía de Juan Ramón
Jiménez, creo que, por su dependencia del tema
del tiempo y por un rasgo estilístico particular,
debe en rigor atribuírse a Rilke. Este desdoblamiento
se expresa de forma concreta en el uso del imperativo
"Mira", frecuente en Rilke (véase [1968:
37, 83], [1982: 30, 90], y compárese con Hierro
[p. 35, 65, especialmente 111 y 299]) El verbo mirar
es expresivo del desdoblamiento, antes citado, y de
la separación de la realidad (el que algo mira,
se distancia de lo que mira).
La
muerte.- En el tema de la muerte, tan importante en
la poesía de José Hierro, hay muchas similitudes
con Rilke. El motivo del hombre que se ve muerto aun
cuando esté vivo, que encontramos en José
Hierro a veces unido al tema del desdoblamiento, aparece,
por ejemplo, en la primera elegía del Duino (Rilke
[1968: 39]), o en el poema "Enterrado en vida"
(Rilke [1982: 17]) donde nos parece encontrar la inspiración
de la imagen de las barcas del poema "Distancia"
de Tierra sin nosotros [p. 29].
La
preocupación por la muerte, los muertos, o la
vida de éstos es otra característica que
une a ambos poetas. En Hierro es una preocupación
importante que toma como referente la reciente guerra
civil española; en Rilke aparece especialmente
en las Elegías del Duino y en los Sonetos a Orfeo.
La
vida de los muertos es un tema abundantemente tratado
en la literatura desde el romanticismo. En la poesía
moderna española se encuentra, por ejemplo, en
García Lorca, quien pudo influir en José
Luis Hidalgo. Alguna influencia pudo llegarle a Hierro
por esta vía, aunque el tratamiento que le da
nuestro poeta no expresa esa religiosidad naturalística
que ha estudiado Álvarez de Miranda.
Así,
por ejemplo, en el símbolo de la luna. Si para
Lorca simboliza con frecuencia el lugar donde van a
morar los muertos. cuando lo encontramos en la poesía
de Hierro nos recuerda sus raíces románticas
y no observamos esa religiosidad mencionada. En alguna
ocasión parece encontrarse en la poesía
de Hierro la implicación lorquiana de luna y
sangre ("cuando la luna se desangre y ruede/ sobre
la adversa noche de este estío.", de "Luna
de Agosto" [p. 35]), pero el poema termina con
la nostalgia de la infancia y referencias al ángel
("ave de infancia muerta que desplumo,/sólo
un recuerdo: trémolo de violas/ gris y sereno
como un ángel de humo." [p. 35]), que remiten
a la poesía rilkeana. El significado que José
Hierro da a la luna está más proximo al
de Rilke (véase por ejemplo "Noche de luna"
del Libro de las imágenes, Rilke [1982: 29-30])
o, por ejemplo, al de Aleixandre (en "Luna del
paraíso" de su libro Sombra del paraíso)
que al lorquiano. La imagen con que la representa Hierro
en el poema "Luna" ("Pandereta de siglos
para dormir al hombre" [p. 25]) recuerda la imagen
de "la luna como un tambor" de Rilke [1982:
18] pero degradando su valoración mítica
en la sustitución de "tambor" por "pandereta".
Quizá la significación mítica y
arcaica de la poesía lorquiana se recoge en el
"medir" de un verso de Hierro que remite al
ciclo lunar: "media manzana de oro que mide nuestro
tiempo" [p. 25] (véase Álvarez de
Miranda [1963: 55-63]), pero el resultado final es su
destrucción racionalista, considerándola
una ilusión humana. En el poema de García
Lorca "En la muerte de José Ciria y Escalante"
encontramos la identificación entre luna y manzana,
que presentaba el anterior verso de Hierro: "Vuelve
hecho luna: con mi propia mano/ lanzaré tu manzana
sobre el río", donde la identificación
del fallecido con la luna expresa la creencia primitiva
de que ella es la morada de los muertos (Cf. Álvarez
de Miranda [1963: 43]). Es indudable la lectura de la
poesía de García Lorca, pero los temperamentos
y creencias de ambos poetas, tan diferentes, dan a los
referentes metafóricos o simbólicos significaciones
distintas. El héroe.- El tema del héroe
en la poesía de Hierro tiene muy claras semejanzas
con la poesía de Rainer María Rilke. Se
descubre especialmente en dos ideas. La primera es la
vinculación entre el héroe, la juventud
y la muerte. Es la idea que se recoge en el poema de
Quinta del 42 titulado "La muerte tarde",
sintetizada en su primer verso: "Para la muerte
hay que ser joven." [p. 245]. Compárese
el poema citado con el tratamiento de este mismo tema
en las Elegías del Duino: "Maravillosamente
próximo está el héroe a los muertos
jóvenes" (Rilke [1968: 77]; véase
también [1968: 37, 49, 79, 109]). La segunda
idea es el ser dueño de sí que caracteriza
a los héroes y a los jóvenes que tienen
fé en su destino y todavía no han sufrido
la caída (compárese "Con dominio
pleno de sí mismos" en Rilke [1968: 49]
o Rilke [1954: 65]; [1982: 88] con Hierro [p. 47, 289-299],
por citar algunos casos).
Todavía
podríamos citar más coincidencias con
Hierro: la decadencia de los dioses y desaparición
de la aventura, para aceptar "sabernos de arcilla
maleable" que hallamos en el soneto XXIV de Rilke
[1954]... Es muy probable que la expresión "Hierro
junto a hierro." del poema "Pero la bandera
no está" (Rilke [1939: 47]) haya sugerido
el verso -repetido dos veces- "Hierro contra hierro."
del poema "Segovia" de Quinta del 42 [p. 260]
(en Segovia estuvo encarcelado Hierro algún tiempo),
implicando así, en el enfrentamiento del personaje
con los barrotes de la cárcel, el tema de la
patria y del héroe.
El
ángel.- Los ángeles de Rilke aparecen
frecuentemente en la poesía de José Hierro.
La presencia del ángel y su significación
simbólica es muy abundante en la pintura y literatura
contempóraneas, pero en su vinculación
con el paraíso perdido de la infancia se encuentra
en la poesía de Cernuda, en Sobre los ángeles
de Alberti y en la obra de Rilke, siendo estos dos últimos
los que, creemos, más han influido en Hierro
en los comienzos de su obra poética. Citaremos
un caso muy evidente. El poema de José Hierro
"Vino el ángel de las sombras" incluído
en Quinta del 42 [p. 275] parece claramente inspirado
en el poema "El ángel" de Rilke [1939:
39]), cuyos versos finales dicen lo siguiente: "A
no ser que vengan// a ti de noche, provocándote,/
y atraviesen la casa, coléricos,/ y te toquen
como si te creasen,/ arrancándote de tu forma."
El
nombrar.- El importante tema del nombrar, por ejemplo,
se encuentra en términos idénticos a los
de José Hierro: compárese en su conjunto
el significado del lenguaje que se desprende de la novena
elegía (Rilke [1968: 99-101]), del soneto "Invisible
poema, respirar" (Rilke [1982: 91-92]) y de "Vergel"
(Rilke [1982: 99]) con el de los siguientes poemas de
José Hierro: "Entonces" de Tierra sin
nosotros [p. 23-24], "Después de la lluvia
de otoño" de Alegría [p. 96], "Para
un esteta" de Quinta del 42 [p. 230], "Nombrar
perecedero" de Cuanto se de mí [p. 335-336].
El
poema "Vergel" de Rilke presenta una visión
del lenguaje que coincide plenamente con la que desarrolla
José Hierro: la palabra del poeta puede ser un
obstáculo para acercarse a la realidad. Escribe
Rilke, intentando llegar al significado de "vergel"
a través del lenguaje: "Pobre poeta, al
que elegir le toca/ para decir lo que este nombre entraña/
un demasiado vago sustituto,/ o peor: valladar que cierra
el paso.". Frente a este lenguaje, encuentra la
manera de "usar tu nombre simplemente", un
"nombre lleno y transparente" (Rilke [1982:
99]). En esta interpretación del lenguaje, la
influencia de Rilke se suma a la de Juan Ramón
Jiménez en su búsqueda del "nombre
exacto", y se une en algunos momentos y de forma
un tanto paradójica con la de Sartre en ¿Qué
es la literatura?.
La
expresión.- Se podrían señalar
otros casos en los que nos parece ver la presencia de
Rilke en José Hierro. Por ejemplo, el poema "Encuentro",
dedicado a Rafael Alberti (Hierro [p. 435]) recuerda
el de Rilke "Permanece tranquilo" [1982: 97-98].
Pero vamos a dejar de señalar ya coincidencias
de este tipo para referirnos a la expresión.
De
una manera general la expresión de Hierro recuerda
intensamente la de Rilke en la forma melódica
de poema, basada en las repeticiones; en las interrogaciones
enlazadas que preguntan sobre parecidas cuestiones.
Compárese por ejemplo: "¿Pero quiénes
son, dime, esos (...) Para quién, por amor de
quién" de la quinta elegía Rilke
[1968: 67] con el comienzo de "Es díficil
explicar" [p. 233], primer poema del significativo
apartado titulado "Los hombres y las horas"
del libro Quinta del 42; o véanse los poemas
"Sin embargo- Aunque alguno de sí mismo",
"¿Podría alguien decirme...?"
y "El vecino" (Rilke [1982: 47, 23, 32 resp.]).
También coinciden en el tono coloquial, confesional
y conversacional de ambos; en el uso del "nosotros"
(véase el soneto XIV de la 2ª parte de los
Sonetos a Orfeo, Rilke [1954: 119]), etcétera.
III
Es
cierto que desde el punto de vista de la expresión
está el problema de la barrera lingüística.
José Hierro conoce el francés, y según
Pablo Beltrán de Heredia aprende algo de inglés
y alemán mientras está recluído
en prisión, aunque poco pudo aprender en tan
escaso tiempo. Sin embargo no es un obstáculo
importante: Pudo disponer de algunas traducciones, en
las que hemos visto gran parte de las similitudes que
hemos señalado (particularmente la antología
de la barcelonesa editorial Yunque [1939]). El artículo
citado de Bermúdez Cañete [1982] muestra
en líneas generales la influencia de Rilke en
la posguerra española y las posibilidades que
brindaba el panorama cultural para conocer al poeta
alemán. José Hierro, como hemos visto,
pudo tener acceso a estas obras a través de los
círculos literarios valenciano y santanderino.
No es casualidad que Enrique Sordo haya hecho recientemente
una traducción de Rilke [1982]. Este crítico
y poeta perteneció al grupo proelista que llevó
adelante la anteriormente citada revista Proel y estuvo
en contacto con Hierro durante sus años valencianos
y cuando retorna a Santander tras la muerte de Hidalgo,
pocos años antes de trasladarse a Madrid.
Para
acercarnos al sentido general que dieron los proelistas
-entre los que se puede situar a Hierro por esas fechas-
a la poesía de Rilke, es particularmente interesante
lo que Enrique Sordo escribe en el prólogo a
esta antología. El problema fundamental de la
poesía de Rilke, dice Sordo, es "resolver,
a su manera, el problema de lo absoluto, de las fronteras
entre lo real y lo irreal, entre la vida y la muerte".
Para Sordo, Rilke relata en el Libro de las horas esa
búsqueda de lo absoluto a la que le empuja su
"angustia metafísica" siguiendo las
vías de la meditación, la experiencia
y la soledad. Su obra es una meditación sobre
la muerte, que convierte cada acto realizado bajo el
sentimiento de ella en algo que "nos hace eternos
y nos eleva hacia lo absoluto". Establece las conocidas
relaciones entre su poesía y el pensamiento de
Heidegger (autenticidad, interrogación sobre
la vida y la muerte, angustia existencial, "estar
arrojados", desamparo, etc), y constata la inutilidad
de la razón como fundamento de la existencia;
su trayectoria poética parte de esa meditación,
y "ansioso de otro amor más inmediato, desciende
a la tierra, a sus frutos, a sus cosas, al alma de sus
cosas"; termina en sus últimas obras con
el descubrimiento del "espacio interior universal",
de la poesía como "medio de interpretar
una verdad superior" y la conclusión de
que "la frontera entre la vida y la muerte no existe,
que sólo se trata de dos momentos de eternidad".
Todas estas ideas están presentes en la poesía
de Hierro, como preocupación que con frecuencia
entra en conflicto con su realismo o sirve para definirlo
mejor.
Todos
los temas en los que hemos visto la presencia rilkeana
guardan en la obra de Hierro una íntima coherencia.
Los famosos comentarios de Heidegger a la poesía
de Rilke y Hölderlin pueden ser un buen punto de
partida para aproximarnos a dicha coherencia. Bermúdez
Cañete resume así un aspecto importante
de la influencia de Heidegger en la interpretación
de la poesía de Rilke, que es muy pertinente
para entrar con cierta profundidad en la poesía
de Hierro:
Si
la naturaleza arriesga a plantas y animales, a la vez
los mantiene seguros en «lo abierto». En
cambio, el hombre se coloca «ante» el mundo,
no «en» él. Esta capacidad de convertir
a la Naturaleza en objeto da al hombre una falsa sensación
de supremacía, y le pervierte en su destino,
que es estar (como los animales, pero en un nivel superior)
integrado en la Naturaleza como totalidad óntica.
El hombre debe llegar penosamente a aquello que los
ángeles ya han conquistado, la intimidad del
«Espacio interior del mundo»; su camino
y su riesgo es el lenguaje, que el poeta convierte en
palabra fundante, en canto que festeja, en la oscuridad
del tiempo de penuria, la unidad y la permanencia del
ser [1982: 40].
Esta ideación adquiere en la obra de José
Hierro un nuevo significado. Sus propias experiencias
biográficas y las de la generación que
vivió la guerra civil de 1936, les enfrentaron
interiormente con la realidad, provocando ese estar
«ante» el mundo (naturaleza distante, sentimiento
trágico de la temporalidad, preocupación
por la muerte) unido al recuerdo de una anterior armonía,
el estar «en» el mundo (nostalgia del ángel,
del héroe o de un paraíso terrenal perdido).
El resultado fue el desdoblamiento interior y la búsqueda
de un lenguaje (el nombrar) que sirviera para reintegrar
al hombre consigo mismo y con el universo, un lenguaje
que no significara una barrera entre el hombre y la
realidad, sino que, muy al contrario, le condujera hasta
ella: el lenguaje directo, cotidiano, transparente.
IV
La
influencia de Rilke en la posguerra, y en el propio
Hierro, no se limita a su poesía. Las Cartas
a un joven poeta fue un libro muy leído por aquellos
años. Es posible señalar también
algunas coincidencias de esta obra con Hierro, aunque
es difícil afirmar la influencia directa dada
la antigüedad y difusión de las ideas en
las que concuerdan. Entre ellas vamos a destacar dos
muy importantes.
La
idea, fuertemente asentada en José Hierro, de
la poesía como necesidad ineludible la encontramos
en Rilke: "Une oeuvre d'art est bonne quand elle
est née d'une nécessité."
(Rilke [1956: 22]); "Il suffit, selon moi, de sentir
que l'on pourrait vivre sans écrire pour qu'il
soit interdit d'écrire." [1956: 22]. Lo
más significativo de ello es que esta necesidad
parece estar relacionada con las tristezas (manifestaciones
recurrentes e involuntarias de cosas de la vida que
no se ha vivido [1956: 86]) que, si escondidas, reaparecen
constantemente y hay que cuidar. Estas tristezas que
asaltan al poeta pueden ser "des aubes nouvelles
où l'inconnu nous visite" [1956: 86] pero
pueden ser negativas si se ocultan y son negligentemente
desatendidas (así se expresa al comienzo de la
carta VIII, ya citada [1956: 86]). Ello convierte a
la actividad poética en una vía de curación
o salvación del propio poeta por la palabra,
quien es de este modo considerado como una especie de
enfermo.
En
las declaraciones de José Hierro donde habla
de la poesía y del poeta es fácil encontrar
la idea de que el poeta es un "enfermo" o
"endemoniado". José Hierro, igual que
Rilke, parece, en ocasiones, buscar la expulsión
de sus demonios interiores a través de la poesía
(véase [p. 175], por ejemplo, o el poema "Fuegos
de artificio en honor de don Pedro Calderón de
la Barca" [p. 475]). En un poema aparecido en la
última entrega poética de José
Hierro encontramos desarrollada esta idea con un posible
contagio directo de la poesía de Rainer María
Rilke. Dicen los versos:
Uno palpa razones inexplicables, barajando palabras:
Jamás una palabra es suya.
Acepta una de aquí, rehúsa otra de allá,
sin acertar lo que es allá y lo que es aquí,
con el instinto ciego del animal que olfatea la hierba
que ha de sanarlo.
Así olfateo yo, mas sin el firme instinto del
animal
unas palabras que podrían sanarme el alma.
(...)
Estas palabras,
estas figuras y ráfagas y signos...
En el texto se desarrolla la idea del poeta como un
enfermo que busca la curación a través
de las palabras. He recogido unos versos algo posteriores
al fragmento para que pueda verse cómo hay detrás
un conflicto con la interpretación de los signos
y su relación con la realidad, ya que hay unos
versos de Rilke donde se recoge la imagen de los versos
centrales de este fragmento. En la primera elegía
del Duino encontramos lo siguiente: "Y ya los animales
con la sagacidad del instinto se percatan/ de cuán
inseguros y vacilantes son nuestros pasos/ a través
del mundo interpretado." (Rilke [1968: 35]). En
tan pocas páginas no ha habido lugar para interpretar
el conjunto de la obra de Hierro y medir la importancia
de la influencia rilkeana. Era preciso primero establecer
la influencia antes de llegar a tal valoración.
Sí es obligado indicar ahora que la influencia
de Rilke es asumida y modificada por una personalidad
poética muy fuerte y valiosa, que la proyecta
en un universo poético distinto y sumamente complejo.
José Hierro, aunque lee a Rilke y lo recuerda
en sus poemas, funde esta influencia con otras muchas
lecturas y experiencias personales, a la postre más
importantes, para llegar a una muy original obra de
creación.Publicado en Turia (Teruel), 15 (1990),
21-32.
© Extraído de INTERLETRAS
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