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Por
Gonzalo Corona Marzol
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«Langbaum
y la actualización del pasado
como recurso en la poesía de Jaime Gil de Biedma.»
I
Jaime Gil de Biedma somete las relaciones entre el Arte
y la Vida a un complicado juego de espejos. Autobiografía
y consciencia artística son dos enfoques inseparables
en la poesía de Biedma, aunque no siempre coincidentes.
En cualquier caso, convendremos en que ninguno de los
dos puede sostenerse por sí mismo en su poesía
con independencia del otro. Esta doble vertiente explica
una de las muchas ambigüedades de la obra poética
de Jaime Gil, que reside en la necesidad de separar
al poeta del personaje que habla en los poemas: "La
persona poética es precisamente eso, impersonación,
personaje", dice Gil de Biedma en [1977: 25]. El
poeta se ha referido indirectamente a ello al afirmar
que "mi poesía fue el resultado de la invención
de una identidad" (Batlló [1982: 63]). Sin
embargo, todos hemos podido comprobar, después
de lo que ya se ha publicado sobre el poeta, que esta
"identidad fingida" se refleja en infinidad
de experiencias reales del hombre Jaime Gil de Biedma.
La distinción entre "personaje poético"
y poeta -o autor- la justifica Biedma a partir del libro
sobre la poesía inglesa escrito por Robert Langbaum,
The Poetry of Experience (The Dramatic Monologue in
Modern Literary Tradition) [1957]. Creo, con otros autores
que citaré de pasada, que es ésta una
obra importante en la formación literaria de
nuestro poeta. Gil de Biedma se ha referido a ella en
muchos escritos. Hablando sobre Esproneceda, cita tempranamente
"el monólogo dramático, según
denominación de Robert Langbaum" [1966:
12]. Más tarde, en su trabajo sobre Luis Cernuda
titulado "Como en sí mismo al fin",
cita la obra de Langbaum calificándola de "admirable
libro" y da pautas importantes para comprender
su influencia en él (Gil de Biedma [1977: 26]).
De este trabajo es de donde se ha extraído su
repetida frase de que el poema consiste solamente en
"el simulacro de una experiencia real" [Ibidem:
26]. Este mismo año de 1977, en una conversación
que mantuve con él con motivo de la tesis de
licenciatura que estaba escribiendo sobre su poesía,
me citó también The Poetry of Experience,
lo que se reflejó en mi tesina y en el libro
que resume parte de su contenido (Corona [1991]). Recordemos
además las notas que escribe sobre la poesía
de Jorge Manrique (se publican en Carlos [1990: 225]);
aquí recoge casi literalmente una frase de Langbaum,
que más adelante reproduciremos. En otras muchas
ocasiones se refiere al monólogo dramático
en general (así en el "Prólogo"
a los cuatro cuartetos de Eliot, recogido también
en Carlos [1990: 167]; o en la entrevista de 1986 con
Alex Susana, publicada en el número de Litoral
dedicado al poeta (García Montero [1986: 164]).
Interesan además dos citas en las que puntualiza
que "la poesía de la experiencia" (la
que él cultiva) no tiene que ver con el material
que se utiliza en los poemas (con su contenido, o no,
confesional) sino antes bien con una manera de tratar
formalmente estos contenidos: en la entrevista con Batlló
publicada en 1982 en Camp de l'arpa (Batlló [1982:
57]); y en la publicada en Quimera (Rodríguez
[1983: 51]), donde envía, para más aclaraciones,
al trabajo citado sobre Luis Cernuda.
La importancia del libro de Langbaum no ha pasado desapercibida
a la crítica. El primer trabajo que conozco que
lo ha mencionado es el que hicieron conjuntamente Ángel
González y Shirley Mangini en 1975 (González
[1975: 120]). Luego volverá sobre ello Mangini
en su antología de Júcar [1980: 76]. En
1986, en el número de la revista Litoral citado,
tres críticos mencionarán The Poetry of
experience: Juan Goytisolo en "Notas sobre la poesía
de J.G. de B." (García Montero [1986: 77]);
James Valender, en "Gil de Biedma y la poesía
de la experiencia" [Ibidem: 140]; y Álvaro
Salvador, en "Para leer a Gil de Biedma" [Ibidem:
151-152]. Por último, recientemente Carmen Riera,
en su artículo de la Revista de Occidente sobre
"Imágenes barcelonesas en dos poetas metropolitanos"
(Carlos [1990: 61]).
En este trabajo no voy a enfocar el tiempo desde el
punto de vista temático. Como tema ha sido ya
señalado y tratado en la bibliografía
sobre Biedma, a partir de su famosa declaración
de que el tema de su poesía es "el paso
del tiempo y yo" (en Campbell [1971: 249]). Tampoco
me ocupo de sus formas de expresión, como puede
ser, por ejemplo, el rasgo de su frecuente representación
espacial, fotográfica (como señala Pere
Rovira [1986: 199 y ss.]). El tiempo lo voy a estudiar
desligado del "personaje poético" y
del "poeta", haciendo con los componentes
temáticos y biográficos lo mismo que dice
Biedma ocurre con las experiencias reales en la poesía,
en "El ejemplo de Luis Cernuda":
La identidad, la aspiración a la identidad [entre
fondo y forma], sólo puede conseguirse mediante
un proceso de abstracción y formalización
de la experiencia -es decir, del fondo- que la convierte
en categoría formal del poema, que la anula en
cuanto experiencia real para resucitarla como cuerpo
glorioso, como realidad poética purgada ya de
toda contingencia. [1980: 72]
II
El tiempo en este trabajo lo voy a tratar como un recurso
de la poesía de la experiencia, aunque coincidente,
insisto, con una preocupación vital del personaje
poético, cuya funcionalidad explicaré
apoyándome en Robert Langbaum.
Una idea fundamental de su estudio sobre la poesía
de la experiencia es aislar "the poetry of experience
as a form, as a way of establishing in an anti-dogmatic
and emipiricist age a truth based on the disequilibrium
between experience and idea, (...)" (Langbaum [1957:
36]).
En "Intento formular mi experiencia de la guerra"
reproduce el "personaje poético" exactamente
la idea de Langbaum en la voz del speaker (salvemos
de momento la cuestión de cómo el poeta
ha transformado conscientemente la cita del inglés).
Nótese, como elemento muy significativo, que
los versos que voy a leer cierran el poema, es decir,
funcionan a modo de moraleja extraída de la propia
experiencia del protagonista ya adulto:
Quien me conoce ahora
dirá que mi experiencia
nada tiene que ver con mis ideas,
y es verdad. Mis ideas de la guerra cambiaron
después, mucho después
de que hubiera empezado la postguerra. [1982: 123-124]
Formalmente se plantea el problema de cómo mostrar
ese desajuste entre la experiencia y la idea, o cómo
revelar al lector, en el estricto marco poématico,
que la idea es incierta y problemática, como
recuerda Biedma comentando las Coplas de Jorge Manrique
en unas notas que se publican, en facsímil, en
el número citado de la Revista de Occidente.
Allí dice textualmente: "Langbaum: la idea
de que la aprehensión imaginativa obtenida a
través de la experiencia inmediata es lo primordial
y cierto, en tanto que la reflexión analítica
que la sigue es secundaria y problemática"
(Carlos [1990: 225]). El texto procede del primer capítulo
de la obra de Langbaum. Escribe éste, refiriéndose
al romanticismo:
That esential idea is, I would suggest, the doctrine
of experience -the doctrine that the imaginative aprehension
gained through inmediate experience is primary and certain,
whereas the analytic reflection that follows is secondary
and problematical. The poetry of the nineteenth and
twentieth centuries can thus be seen in connection as
a poetry of experience -a poetry constructed upon the
deliberate disequilibrium between experience and idea,
a poetry which makes its statement not as an idea but
as an experience from which one or more ideas can be
abstracted as problematical rationalizations. [1957:
35-36].
En cierta ocasión explica Langbaum una de las
razones por las que, en la poesía de la experiencia,
la idea es, como traduce Biedma, "secundaria y
problemática": "In the poetry of experience,
the idea is problematical and incomplete because it
must give way before the need of the life flow to complete
itself." [1957: 227]. Aquí vemos cómo
el tiempo es, entonces, un factor que determina el mundo
cambiante de las ideas, y por tanto su problematicidad.
Con otro interés muy diferente (el de explicar
la evolución interna de los libros) lo afirma
claramente Jaime Gil en el prólogo de Compañeros
de viaje. Cito sus palabras: "En la creación
poética, como en todos los procesos de transformación
natural, el tiempo es un factor que modifica a los demás."
[1982: 17].
Apliquemos esta idea, que pertenece a la vida y a la
experiencia de su autor, al poema y habremos encontrado
un medio de mostrar ese carácter inseguro y problemático
de las ideas que citaba Langbaum y repetía el
propio Biedma. Habremos, en otras palabras, encontrado
recurso o manera de provocar el desajuste entre la "experiencia"
(lograda a través del paso del tiempo y cargada
de sensaciones inmediatas) y las "ideas" asumidas
o aprendidas racionalmente.
Se habrá observado el hecho de que en "Intento
formular mi experiencia de la guerra" el significado
de "ideas" remite en realidad a un conocimiento
adquirido a través de una larga experiencia,
y el de "experiencia", por el contrario, remite
mejor a la ausencia de experiencias (la infancia) y
apunta a la visión (ahora sí auténticas
"ideas") que la sociedad y la familia pretendían
dar de la guerra y muy especialmente a los niños.
Pero, desde otro punto de vista, las "experiencias"
de la infancia están teñidas de impresiones
inmediatas y subjetivas, y las "ideas" posteriores
del poeta son una mezcla de experiencias diferentes
y de reflexiones sobre las experiencias pasadas. El
poema de Jaime Gil de Biedma lleva al límite
el conflicto, al convertir en algo inseguro y problemático
no sólo la "reflexión analítica",
sino también las mismas "impresiones inmediatas"
de la infancia. Hace un inteligente juego con el significado
de las palabras en la inversión de los significados,
pero, paradójicamente, conservando la misma idea
de fondo y las palabras características de Langbaum.
Conviene hacer enseguida una aclaración importante.
Sabemos que la racionalización, o las moralejas,
como las ha llamado el poeta al explicar el título
de Moralidades en la entrevista con Campbell (se publica
en Infame turba (Campbell [1971]), sabemos, repito,
que las racionalizaciones de sus poemas no son "ideas"
en el sentido de "conceptos inmutables aprendidos
que reproducen una visión del mundo ya establecida
por la tradición" (entiéndase, por
ejemplo, la herencia familiar del protagonista) sino
que apuntan a un conocimiento personal y experiencial
en el que cabe la subjetividad del personaje hablante.
Recordemos algunas expresiones de Gil de Biedma en este
sentido. Al hablar de la función integradora
en el poema de los hechos y las significaciones, escribe:
"(...) el poeta no puede limitarse a la simple
expresión de una realidad integrada, sino que
además ha de expresar su conciencia de la precariedad
y de los límites subjetivos de esa integración"
[1959: 5].
El perspectivismo y la defensa del punto de vista de
la experiencia es otra idea importante en Langbaum y
en Gil de Biedma. También en este planteamiento
el factor temporal aparece resaltado en el libro del
inglés. Compárese lo que voy a leer con
el desarrollo interno del conocido poema de Gil de Biedma,
titulado "Intento formular mi experiencia de la
guerra":
In these historical poems, the extraordinary moral position
and the extraordinary emotion become historical phenomena.
The past becomes, in other words, a means for achieving
another extraordinary point of view. Since the past
is understood in the same way that we understand the
speaker of the dramatic monologue, the dramatic monologue
is an excellent instrument for projecting an historical
point of view. For the modern sense of the past involves,
on the one hand, a sympathy for the past, a willingness
to understand it in its own terms as different from
the present; and on the other hand it involves a critical
awareness of our own modernity. [1957: 96].
A través de estos textos hemos visto la importancia
del factor temporal para hacer, en primer lugar, verosímil
el conflicto entre "experiencia" e "idea"
(piénsese si no, por un momento, cómo
desarrollar ese conflicto sin dar la imagen de un protagonista
esquizofrènico). Hemos visto, además,
cómo el tiempo servía en segundo lugar
para expresar el perspectivismo, quedando así
resaltado el punto de vista del narrador actual, al
suscitarse un conflicto entre el "yo" pasado
y el "yo" presente. En muchos casos se logra
sugerir, precisamente en el enfrentamiento entre estos
dos "yoes", los límites subjetivos
del conocimiento y a la vez la validez de la experiencia
común, que contiene la "moraleja" o
"racionalización" final donde se enjuicia,
desde el presente, las experiencias pasadas. Recordemos
algunos testimonios del poeta en este sentido:
Es la interacción entre esos dos factores -experiencia
común y subjetividad- lo que poéticamente
me interesa: ambos deben quedar expresos en una relación
particular y concreta que constituye el tema del poema
(Gil de Biedma, en Vela [1965: 82]).
Creo que con esto queda claro que mis versos no aspiran
a ser la expresión incondicionada de una subjetividad,
sino a expresar la relación en que ésta
se encuentra con respecto al mundo de la experiencia
común (Gil de Biedma [1965: 355]).
Hay que notar, además, que el "desequilibrio
entre experiencia e idea", en el sentido en el
que utiliza Biedma estos conceptos, es equivalente al
contraste, señalado por Langbaum, entre el juicio
y la simpatía. Porque, si bien este conflicto
parece aplicarlo Langbaum al lector más que al
speaker, Gil de Biedma, como rasgo que es -según
Langbaum- de la modernidad, y con el fin de transmitirlo
al lector, lo reproduce en el poema y lo inyecta en
el propio personaje poético. Ya Langbaum señala
la fusión del poeta y el lector en el poema.
En un momento determinado de su discurso habla de "The
dissolution of genres, as well as the dissolution of
the distinction between the poet and his material and
the poet and the reader,(...)" [1957: 232].
III
Entre todas las posibles modalidades con las que es
traído el pasado hasta el presente del "yo"
hablante, voy a ocuparme de la que me parece más
interesante, porque dramatiza de la forma más
eficaz el conflicto entre el juicio y la simpatía,
que se traduce frecuentemente en un contraste entre
razón y emoción. A esta modalidad he llamado
actualización del pasado. La actualización
del pasado no es solamente recordar unos hechos o unas
emociones que existieron tiempo atrás en el "personaje
poético" para hacerlos contrastar con la
visión actual, no es, pues, hacer uso de la memoria,
utilizando la famosa distinción, sino expresar
lo que es más propio del recuerdo en el sentido
apuntado, es decir, la reviviscencia del ayer en toda
su intensidad emocional. El poema "Piazza del popolo",
ejemplifica bien esta manera de retornar al pasado,
aunque en esta ocasión, como aclara el paréntesis
inicial, "hable" María Zambrano:
Fue una noche como ésta.
Estaba el balcón abierto
igual que hoy está, de par
en par. Me llegaba el denso
olor del río cercano
en la oscuridad.
(...)
Cierro
los ojos, pero los ojos
del alma siguen abiertos
hasta el dolor. Y me tapo
los oídos y no puedo
dejar de oír estas voces
que me cantan aquí dentro. [1982: 70-72]
Esta
actualización del pasado genera, cuando aparece
en boca del "personaje poético", un tipo
de conflicto muy intenso que revela mejor que ningún
otro la disociación entre el juicio y la simpatía
del hablante, o dicho de otro modo, el desequilibrio entre
experiencia e idea.
Nótese, en el ejemplo anterior, cómo se
establece una gran similitud en las situaciones del
ayer y el hoy para justificar ese retorno de lo vivo
lejano, utilizando palabras de Alberti. Este procedimiento
lo podemos encontrar también en otros poemas:
en "Después de la muerte de Jaime Gil de
Biedma" o en "Artes de ser maduro", ambos
de Poemas póstumos [Ibidem: 155 y 160, resp.].
Es casi una constante del fenómeno estudiado
el hecho de que después de la actualización
emocional del ayer (que suele encontrarse al final de
una secuencia narrativa en la que el protagonista rememora
su pasado, sugiriendo así que se ha llegado al
clímax y al auténtico motivo de tal rememoración),
es casi una constante, repito, que después de
la actualización suele haber un brusco cambio
tonal basado ya sea en una reflexión racional,
un golpe irónico ("Ampliación de
estudios" [Ibidem: 56]), una vuelta al presente,
a la fría realidad ("París, postal
del cielo" [Ibidem: 91]), o varias cosas a la vez
("Conversaciones poéticas" [Ibidem:
89]), contrastando vivamente con la actitud anterior.
El poema "Noches del mes de junio" de Compañeros
de viaje presenta una estructura, en este sentido, ejemplar.
El poeta nos introduce en sus recuerdos, señalando,
eso sí, la perspectiva actual (por ejemplo en
el paréntesis del cuarto verso). Una vez hecha
la narración, las emociones del pasado se actualizan
en el presente del protagonista (texto subrayado), para
terminar cambiando inopinadamente el tono con la racionalización
final de los tres últimos versos:
NOCHES DEL MES DE JUNIO
A Luis Cernuda
Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.
Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.
Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos [Ibidem: 45-46].
El
texto revela algunos procedimientos que son frecuentes
en la actualización. Aparte de la personificación
del pasado, simbolizado en las noches, destaca especialmente
la exclamación, que nos puede servir para representar
el conjunto de figuras patéticas de la retórica
tradicional; también la repetición de
palabras (cuántas veces y lágrimas), como
veremos más adelante, y la aliteración
son procedimientos frecuentes. En "Conversaciones
poéticas", en el momento de mayor intensidad
emocional aparece repetido el sonido palatal oclusivo
sordo 'k', intensificándose las aliteraciones
con la repetición de nunca o del sonido vocálico
de la 'a' conforme se llega al momento más intenso
de la actualización, que se ve bruscamente interrumpida
por la reflexión racionalizadora y la vuelta
al presente:
Fue entonces ese instante de la noche
que se confunde casi con la vida.
Alguien bajó a besar los labios de la estatua
blanca, dentro en el mar, mientras que vacilábamos
contra la madrugada. Y yo pedi,
grité que por favor que no volviéramos
nunca, nunca jamás a casa.
Por supuesto, volvimos.
Es invierno otra vez, y mis ideas
sobre cualquier posible paraíso
me parece que están bastante claras
mientras escribo este poema [Ibidem: 89-90].
La repetición de palabras o frases, estructurando
el discurso, es, como hemos visto en "Noches del
mes de junio", otro recurso muy utilizado en los
poemas. Lo vemos, por ejemplo, en "Ampliación
de estudios". Nótese cómo se va intensificando
la actualización conforme aumentan las repeticiones
y cómo se corta repentinamente con ese característico
cambio de tono y de perspectiva, logrado mediante el
distanciamiento racionalista y burlón de la interrogación
final:
Y si recuerdo ahora,
en las mañanas de cristales lívidos,
justamente después de que la niebla
rezagada empezaba a ceder,
cuando las nubes
iban quedándose hacia el valle,
junto a la vía férrea,
y el gorgoteo de la alcantarilla
despertaba los pájaros en el jardín,
y yo me asomaba para ver a lo lejos
la ciudad, sintiendo todavía
la irritación y el frío de la noche
gastada en no dormir,
si ahora recuerdo,
esa efusión imprevista, esa imperiosa
revelación de otro sentido posible, más
profundo
que la injusticia o el dolor, esa tranquilidad
de absolución, que yo sentía entonces,
¿no eran sencillamente la gratificación
furtiva
del burguesito en rebeldía
que ya sueña con verse
tel qu'en Lui-même enfin l'éternité
le change?
[Ibidem: 56].
O la repetición de las noches de "Pandémica
y celeste", cerradas por un quiebro tonal en los
dos últimos versos:
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur, goutée à ce mal d' être
deux.
[Ibidem: 135]
O,
finalmente, en "Un día de difuntos"
(como aquellas), donde encontramos un nuevo rasgo muy
interesante:
pero algo había uniéndonos a todos,
algo vivo y humilde después de tantos años,
como aquellas cadenas de claveles rojos
dejadas por el pueblo
al pie del monumento a Pablo Iglesias,
como aquellas palabras:
te acuerdas, María, cuántas banderas....
dichas en voz muy baja por una voz de hombre. [Ibidem:
115]
En
este fragmento encontramos otro procedimiento muy significativo
y frecuente. La presencia viva del pasado, en el momento
de la escritura, se subraya poéticamente con
la reproducción textual de palabras que proceden
de ese mismo pasado. Significativamente, suelen situarse
estas palabras al final de la actualización subrayando
el momento de clímax del fenómeno. Así,
como decía Pedro Salinas, se hace lo que se dice:
traer el pasado al presente "en cuerpo y alma,
como una imagen rota", como escribe Gil de Biedma
refiriéndose a la "historia" que nos
cuenta en "Pandémica y celeste". Sin
embargo, en este último poema y en el fragmento
que hemos reproducido anteriormente de "Ampliación
de estudios", las frases literales pertenecen al
mundo cultural (a Mallarmé, concretamente) y
cumplen la función exactamente contraria: el
distanciamiento racional y a veces irónico (nótese
que se sitúan ambas en el cambio de tono que
corta la actualización emocional). Véamos
otros ejemplos en los que cumple esa función
de revivir el pasado:
Y todavía, en la alta noche, solo,
con el vaso en la mano, cuando pienso en mi vida,
otra vez más sans faire du bruit tus músicas
suenan en la memoria, como una despedida:
parece que fue ayer y algo ha cambiado.
Hoy no esperamos la revolución. [Ibidem: 126]
En
"La novela de un joven pobre", la narración
de la historia de ese pampangueño culmina en
la reproducción de sus propias palabras, tras
las que, logrado el efecto, vuelve el narrador al presente
y a la realidad en la última estrofa del poema:
y el pobre se lamentaba
de lo que hacían con él:
"Me han echado a patadas
de tantos cuartos de hotel..."
Adónde habrás ido a parar,
Pacífico, viejo amigo,
tres años más viejo ya?
Debes tener veinticinco. [Ibidem: 104]
En
"Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma",
por último, el procedimiento no persigue una
actualización emocional efectiva, sino que sirve
mejor para revelar el sentido interno de este procedimiento:
cómo se ha fijado simbólicamente el pasado,
para el yo hablante, en las palabras dichas entonces:
Fue un verano feliz.
...El último verano
de nuestra juventud, dijiste a Juan
en Barcelona al regresar
nostálgicos,
y tenías razón. Luego vino el invierno,
el infierno de meses
y meses de agonía
y la noche final de pastillas y alcohol
y vómito en la alfombra. [Ibidem: 156]
En relación con este recurso, cabe señalar
que la actualización se sugiere también
con la profusión y súbita acumulación
enumerativa de precisos detalles y sensaciones del ayer
(reléase el texto reproducido de "Ampliación
de estudios" [Ibidem: 55-56]; o "Ribera de
los alisos" [Ibidem: 131-132], por ejemplo), o
simplemente en la concreción de alguno de ellos
(reléase el texto reproducido de "Un día
de difuntos" [Ibidem: 115]). En "Conversaciones
poéticas" es significativo el contraste
entre los recuerdos menos importantes, introducidos
por "Sólo muy vagamente/ recuerdo",
y la concreción que alcanza en el momento más
emotivo [Ibidem: 89-90].
Sin
duda podríamos detenernos con otros rasgos. Pero
terminaré señalando solamente el uso del
adverbio todavía, que podemos encontrar en "Elegía
y recuerdo de la canción francesa" o en
"Artes de ser maduro"; en "París
postal del cielo" se encuentra acompañado
de un verbo muy significativo también (nótese
la repetición literal de palabras procedentes
del pasado):
Todavía contemplo,
bajo el Pont Saint Michel, de la mano, en silencio,
la gran luna de agosto suspensa entre las torres
de Notre Dame, y azul
de un imposible el río tantas veces soñado
It's too romantic, como tú me dijiste
al retirar los labios.
IV
Estos y otros procedimientos se reúnen y combinan
para expresar la emoción del "personaje
poético", cuando la rememoración
del pasado alcanza su clímax emocional (lo que
hemos llamado actualización). A este clímax
sucede bruscamente la actitud racional, reflexiva o
irónica, y la vuelta a la realidad, al presente,
mostrándonos un conflicto que Langbaum consideraba
uno de los síntomas de la modernidad en su libro
sobre la poesía de la experiencia. Hemos visto
en este libro interesantes puntos de contacto con la
poesía de Jaime Gil de Biedma y también
razones para considerar la actualización del
pasado como un relevante recurso que sirve para provocar
el desequilibrio entre experiencia e idea, simpatía
y juicio o emoción y razón. Estos y otros
conflictos, como señalo en otro lugar [1991:
20-26], pueden tener diversas causas y distintas formas
de manifestarse, una de las cuales se fundamenta en
la distinta perspectiva con que se enjuicia el propio
pasado. En estos casos se realiza formalmente mediante
el fenómeno que he estudiado, en combinación
con la actitud que sigue y gracias al contraste que
provoca, en el presente del protagonista, dicha actitud
y la emoción, poéticamente rescatada en
la actualización del tiempo pasado.
-
Gonzalo Corona Marzol, además de director
de InterLetras, es Profesor Titular del Departamento
de Filología Española (Literatura) de
la Universidad de Zaragoza. Ha escrito diversos trabajos
sobre literatura del siglo XIX y XX. Destacan entre
los que se relacionan con la poesía actual los
siguientes: Aspectos del taller poético de Jaime
Gil de Biedma (Madrid, Júcar, 1991); Realidad
vital y realidad poética (poesía y poética
de José Hierro.) (Prensas Universitarias, Zaragoza,
1991.); y Edición, Bibliografía, Prólogo
y Notas a José Hierro: Antología poética.
(Espasa Calpe S.A., Madrid, 1993); "La poesía
de Ana María Moix.", Poesía en el
Campus (1987-88 Y 1988-89), Zaragoza, Actividades Culturales
del Vicerrectorado de Extensión Universitaria
de la Universidad de Zaragoza e Ibercaja, 1989, pp.
19-28
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