"La
imaginación al poder" fue la consigna de
la protesta juvenil del 1968. Desde entonces los artistas
y educadores han venido entusiasmados por demoler las
viejas estructuras del autoritarismo y la mediocridad;
no obstante, muchos esfuerzos se han quedado en notas,
mítines, foros, asambleas y sueños de
idealistas y poetas. Sabemos que no es sólo el
entusiasmo el que guía una nueva educación,
sino las condiciones sociales y económicas hoy
en crítica reacomodación. Nuestra escuela
quiere pero no sabe cómo, ni con qué;
es en esta encrucijada cuando la imaginación
creativa se activa rompiendo las limitaciones materiales
y espirituales, a un bajo costo económico en
algunas casos, pero imposible sin un alto precio humano.
La práctica poética ha sabido siempre
sortear estas encrucijadas y por ello la debemos convocar,
sin ella la pedagogía no renovará su cripta.
Ahora bien, si el que práctica la creatividad
es el poeta o creador en el sentido antiguo del término,
éste en una cultura del "cuánto tienes
cuánto vales" según la canción
de Jorge Villamil, del fraude y el sicariato, no es
más que un apalabrador del mundo que nadie entiende
o nadie quiere entender, un "loco que escribe,
hace o dice cosas bonitas que no producen dinero",
un desadaptado que le gusta restañar heridas,
un extranjero que habla en otra lengua, que inventa
dentro de la lengua una nueva, como refirió Proust.
De manera que el poeta se aparta de los caminos trillados
de la lengua y la "hace delirar", ejerciendo
profundos cambios en el ver y en el oír. La lengua
inventada será siempre agramatical, asintáctica,
su incomprensibilidad es un efecto de ese afecto. "El
límite no está fuera del lenguaje, sino
que es su afuera: se compone de visiones y de audiciones
no lingüísticas, pero que sólo el
lenguaje hace posibles. También existen una pintura
y una música propias de la escritura, como existen
efectos de colores y de sonoridades que se elevan por
encima de las palabras. Beckett hablaba de "horadar
agujeros" en el lenguaje para ver y oír
"lo que se oculta detrás". De todos
los escritores hay que decir: es un vidente, es un oyente,
"mal visto mal dicho", es un colorista, un
músico" (Gilles Deleuze: 1996: 9).
No
estamos lejos de comprender porque la poesía
en una cultura que produce para el mercado, que se basa
en el cálculo y la medida para gobernar es algo
inútil. En su brillante estudio sobre las relaciones
entre "filosofía y poesía",
María Zambrano apunta que en la Grecia iluminada,
el logos que es palabra y razón se escindió
por la poesía, que aunque palabra es irracional,
embriaguez. De manera que la poesía traiciona
a la razón usando su vehículo: la palabra.
La traiciona porque "finge, da lo que no hay, finge
lo que no es; transforma y destruye". La poesía
es la mentira, justificaba Plantón; sólo
es sombras deslizándose por las paredes cavernarias
de la existencia, y lo que es más, el poeta no
únicamente defiende las sombras sino que crea
otras con tal de mantener el deseo siempre vívido
aunque imposible de estar desnudando lentamente el misterio.
Pero, por lo mismo que es mentira quizá siempre
diga la verdad (Takeray). Además, la poesía
desconfía de la razón, de su esperanza
y verdad tan abstractas y homogéneas, de su conciencia
tan cuidadosa y delineada. Si la filosofía quiere
el Todo, la unidad conceptual del pensamiento, el poeta
quiere un Todo distinto, una unidad que se está
haciendo a cada instante, una realidad tangible pero
también posible, y aunque la sabe incompleta
y fragmentada, logra comunicar al logos poético
con la poesía viva, pues ésta "es
de consumo inmediato, cotidiano; desciende a diario
sobre la vida, tan a diario, que, a veces, se confunde
con ella", porque "vivir es delirar. Lo que
no es embriaguez, ni delirio, es cuidado" (María
Zambrano, 1996: 23-35).
De
la creatividad se habla hoy como de una moda más
y adopta formatos publicitarios, quedando el binomio
selección-combinación supeditado a la
intencionalidad de mercado que desconecta el dinamismo
psicológico de la imaginación y lo supedita
a una ilusión predeterminada de libertad. Para
muchos, la creatividad no es otra cosa que "la
loca de la casa", la de los pies descalzos lavando
el garaje los domingos. Negar las fuerzas creativas
más elementales de la vida diaria sería
estar a favor de una mirada exclusivista, pero banalizarla
hasta el extremo de creer que el simple desplazamiento
de los objetos y la mera actitud burlesca es ya imaginación,
sería no poder establecer las diferencias y generalizaciones
de una potencia de la naturaleza humana. Otra cosa es
el arte popular (llámese tradición oral,
chistes, coplas, artesanía, folclor, etc.) que
en dialogía imaginaria de la memoria-experiencia
con la actividad creativa, producen artefactos, géneros
y experiencias estéticas que enriquecen la cultura
y que, por no proceder de academias legitimadas por
la elite ilustrada, no les es permitido el Partenón
artístico donde se dan cita las genialidades
universales (ver referencia: Goyes; 1999).
Las
escuelas no dejan de representar un espacio panóptico,
un tablero donde el juego lo distribuyen los que "conocen"
y el conocimiento no se cultiva con risa sino con un
doloroso ascenso que va desde la imitación al
servilismo. Las instituciones educativas expresan imágenes
antilúdicas: como candados, uniformes y pose
de Rodin, o pesadas como clase de matemáticas
en tarde soleada. Los días en que hay escuela
contrariamente a los festivos, son días repetitivos,
incluso en las mejores planteles la distribución
del espacio se hace en función del trabajo escolar,
del esparcimiento y del juego, y cada uno de estos espacios
está perfectamente acotado: la clase, el taller
de artes, el laboratorio, el patio de juegos, etcétera
(Gabriel Janer: 1989: 12). De la educación tradicional
heredamos el orden, la planificación y la utilidad,
alejándonos irreparablemente del sentimiento
lúdico de la existencia.
Por
otra parte, no se trata de conminar a los maestros a
que sean poetas, músicos, pintores, actores,
escultores; bello si lo fueran, si lo intentaran, en
el sentido en que una cultura como la nuestra le asigna
a ese "extraño" ciudadano denominado
Poeta o Artista. De lo que se trata es de inquietar
y seducir al niño que nada en el hombre a que
se ilumine con sensibilidad poética, a que se
abastezca de imaginación, de azar y ensueño,
proponiendo una pedagogía, una ética y
una estética que recupere el sentimiento lúdico
y el asombro. El maestro debe reclamar que la imaginación
suba al poder no burocrático sino energético,
para que cada niño-hombre sea capaz de descubrir
por sí mismo la fascinación de esa energía,
y pueda poetizar la vida que día a día
va construyendo, narrarse e interfabularse en medio
de la cotidianidad que lo alimenta.
2.- LA MEMORIA CREADORA
Educarse
todavía hoy es caminar domesticado hacia cuatro
paredes, ir cotidianizado hacia un centro memorializado.
Quizá el gran debate de hoy se centra en la escogencia
que se haga entre los espacios de la imaginación
y la memoria. Nada más falso que esta separación
dinámica. Lo que está en crisis no es
la memoria, en cuanto energía y plasma del alma,
sino la concepción reductivista que de ella se
promueve. Esta facultad desde el siglo de las luces
ha sido reducida a paquete de información, a
canasto de datos. Hoy la comparamos con el archivo o
el ordenador, cuando son estas prótesis las que
se hicieron a semejanza de la memoria humana. Nuestra
educación tradicional tiene fe ciega en la memoria
porque la considera: primero, como infalible, cuando
ella es siempre imperfecta y transformadora; segundo,
se pedagogiza la idea de que la materialización
de la memoria (los recuerdos) únicamente se dan
por experiencias padecidas, pero la verdad es que los
recuerdos son también fruto del mismo pensamiento,
de la ensoñación y la experiencia intrasubjetiva;
tercero, la memoria no siempre es el resultado de un
estado de vigilia consciente y concentrado, sino también
de un estado indirecto, relajado e inconsciente. La
memoria no es simple reconstrucción periódica
o jerárquica del ayer histórico, no hace
presencia a los sentidos en forma directa; la memoria
creadora está mediada por la percepción
y por ende el recuerdo estético no puede ser
reemplazado por la sensación inmediata. La memoria
como la inteligencia no puede ser creadora sino es mediante
un proceso creador que partiendo de la percepción,
se re-encuentra en la intuición abriendo posibilidades
de acción y valoración de la experiencia
nueva.
Las
re-creación del pasado es memoriosa porque es
fractura de la realidad que vuelve a sanar, visión,
ensoñación, evocación, presencia
en la ausencia. Marcel Detienne (1983), hablando de
la memoria del poeta, por ejemplo, dice que es una omnisciencia
de carácter adivinatorio, y la define como "saber
mántico, por la fórmula: lo que es, lo
que será, lo que fue". La memoria así
entendida posee dos valores: es videncia como palabra
eficaz y es el ser del hombre que la pronuncia. Pero
también es olvido, porque en su territorio se
escinde la infancia renaciendo cuando se despierta todo
su poder imaginario. Como olvido la memoria retorna,
se suspende silente y recomienza. La memoria y el olvido,
nos dice el etnólogo Marc Augé (1998),
guardan en cierto modo la misma relación que
la vida y la muerte, se necesitan mutuamente para liberar
el pasado de su carga y crear el futuro saludable. La
memoria y el olvido son a la imaginación lo que
los sentidos al cuerpo o las expresiones al arte, por
medio de la memoria cada arte se teje con las demás
artes, de allí que Mnemosina haya sido para los
griegos la madre de las Musas.
Ahora
bien, la acción creadora de la imaginación
es el resultado, por una parte de una roce interactuante
con la riqueza y variedad de la experiencia acumulada
por el hombre; de allí que entre más rica
la experiencia de la infancia mejor el material de que
dispone para su imaginación. Por otro parte,
realidad y imaginación entablan relaciones complejas
en las cuales ésta última se excede aportándole
lo no pensado o no visto, sacando al sujeto del encierro
al que queda sometido con su propia experiencia e integrándolo
con la historia y las experiencia colectivas. Memoria
e imaginación quedan así conectadas por
las fuerzas creativas que atan el suceso pretérito
con el acontecer futuro, produciendo un presente lo
suficientemente vívido para alimentar el porvenir.
3.- DESCRIBIR MÁS EXPLICAR NO ES IGUAL A COMPRENDER
El
educador de hoy es un funcionario con instrumental y
un intermediario. Cabe señalar la diferencia
que el profesor Jesús Martín Barbero hace
entre intermediario y mediador: el primero es un informador
y repetidor de esquemas; el segundo, un propiciador
de espacios de sentido nuevos y esperanzadores. El educador
que medía, yo diría el maestro que provoca
imaginarios, es aquel que pone por encima de cualquier
cosa la educación TOTAL de la persona, el que
estimula la originalidad, la alegría, la iniciativa,
la invención, la espontaneidad, la creatividad,
la expresión de la propia conciencia, el respeto
por el OTRO.
Hasta
ahora hemos creído que describir más explicar
es igual a comprender, pero esto es un error que nos
ha costado años de envilecimiento. La realidad
más que conocida desea ser comprendida, ha expuesto
el músico y economista chileno Manfre Max Neef,
pero los educadores insisten en acumular más
información sobre la realidad del mundo que apropiarse
de ella esforzándose por comprenderla. El describir
y explicar es parte del conocimiento de la ciencia,
el comprender es un saber profundo, un espacio de imaginación
que desborda la teoría como puesto de observación
voyerista. No es tampoco evitar la ciencia, esto sería
un contrasentido, sino repensar sus paradigmas metodológicos
y criterios de verdad, comprender que la razón
además de racionalista es imaginativa. Si en
vez de centrarnos en la evolución de las capacidades
lógico-matemáticas nos hubiéramos
ocupado también del desarrollo de las imaginativas,
quizá el perfil de evolución intelectual
fuese distinto (K. Egan:1994). La comprensión
se desliza por las esferas sensoriales puesto que es
experiencia creadora, honda, iluminadora. Es el umbral
de la imaginación siempre renovado de la vida.
¿Qué importa saber y explicar lo que es
el amor, la libertad, la solidaridad, la tolerancia...
si no podemos sentirlos?
4.- IMAGEN, IMAGINARIO, IMAGINACION
Tanto
la teoría clásica que reduce la imagen
a llanas asociaciones, la psicologista que considera
las imágenes como respuestas a determinados estímulos
y la imagen como recuerdo simple de la percepción
en la memoria, han sostenido el fundamento de la pedagogía
tradicional que terminó en una tecnología
del hacer creativo, una mecánica activista para
rellenar "el tiempo libre". Una didáctica
sin imaginario poético, sin afecto y sin efecto.
Hoy hablamos de una revolución cognitiva que
desvela los procesos de estimulación-respuesta
desde la teoría de sistemas y su proceso de información:
¿cómo procesa la mente humana el conocimiento?
En seguida se encuentra analogía entre el proceso
de conocer y los procesos cognoscitivos que interactúan
en lo social. De este arranque de los sesenta se saltó
a los ochenta con el impulso que la lingüística
le ha dado a las ciencias sociales e informáticas,
considerando el conocimiento como lenguajes y constructos
de la mente: modelos o imágenes construidas y
no reflejos o imitaciones de la realidad. De manera
que la realidad son las imágenes que hemos construido
en la interacción del hombre con el hombre y
de éste con el mundo. A primera vista esto resulta
alentador, puesto que el conocimiento se construye a
partir de la acción, pero de que tipo de acción
hablan los "constructivistas": ¿relacional,
procesal, analógica, radical? Se aboga por el
conocimiento construido por el sujeto a través
de la acción logisista (J. Piaget), pero no se
habla del papel de la imaginación en la creatividad,
relegando así el imaginario a un plano secundario,
a sabiendas que la imaginación es el impulso
o actividad que se manifiesta por igual en todos los
aspectos de la vida cultural posibilitando la creación
artística, científica y técnica
(Vygotsky). La pregunta debería ser ¿cómo
configura la mente humana los imaginarios?, o mejor,
¿cómo son las imágenes que la creatividad
humana produce? Estas preguntas nos llevan a otra más
importante: ¿Qué dicen, como se comportan
los imaginarios poéticos a través de la
memoria y la acción del hombre?
Antes
de seguir es preciso referir una terminología
que se presta a confusión, su claridad puede
abrir posibilidades pedagógicas inusitadas. ¿Qué
es imagen?, ¿qué es imaginario? y ¿qué
imaginación?. Imagen (del sustantivo latino "imago
inis"), equivale literalmente a reproducción,
representación. Hay variedad de imágenes,
las visuales, las auditivas y las cinestésicas,
entre otras. La imagen es re-presentación de
algo, por ello es una percepción objetivada.
Reproduce una pipa pero no es la pipa, es decir no la
puedo fumar (Ver el ensayo de Michel Foucault sobre
el cuadro "esto no es una pipa" de Magritte).
La imagen es un "analogon" (doble) de la cosa
representada, un signo que reemplaza la cosa misma,
pero también es signo de una realidad sugerida
o simbolizada, lo cual quiere decir que alcanza saberes
no comprensibles por vías racionalizantes. La
imagen como símbolo se mueve en las capas inconscientes
y no conscientes del individuo (Freud) o de la colectividad
(Jung). La imagen es entonces un doble, se disocia en
dos polos de la realidad, esta magia se interioriza
y subjetiva. Recordemos también que la raíz
del vocablo i-mag-o es idéntica al de mag-ia,
cuya similitud semántica es "encanto",
"hechizo" o "atractivo" (M.A.Santos
Guerra; 1998; 103).
La
imagen por tanto nos da a ver de un modo especial, distinto,
secreto; pues ella es presencia y ausencia, doble polaridad
de lo real, y esta realidad original se encarna en ella
reavivándola. Desde la antigüedad más
remota la presencia de la imagen ha diferenciado la
humanidad de la animalidad, los vestigios arqueológicos
son prueba de ello, pero aún seguimos viendo
su lado claro, efectivo, nos hace falta comprender su
lado oscuro, afectivo. Requerimos de una práctica
de la imagen (imaginación) en la educación,
entre otras cosas, porque esta supera el aquí
y ahora materiales, banales sujetos a la comprobación
sin más, y los remite al re-nacimiento de sus
fuerzas vitales.
Para
que la imaginación poética popular, por
ejemplo, alcance el dinamismo creativo y crítico
frente a los medios masivos de comunicación,
evitando que los receptores consoliden una percepción
realista y totalitaria de lo que ven y escuchan, es
preciso abrir las puertas a la recepción de dichas
fuentes expresivas y comunicativas. La práctica
educativa tiene que ir más allá de la
imagen instrumentalista, vehículo didáctico
como lenguaje para, a una pedagogía del lenguaje
de la imagen, a una textualidad de su expresión,
comunicación y significación, a un conocimiento
verbal y no verbal de lo que se vale la sociedad para
educar, seducir, persuadir, mentir, conocer, convencer...etcétera;
porque tener acceso a la imagen es tenerlo a la civilización
(Mentz; 1972). Esto quiere decir que tenemos que desmontar
la idea logocéntrica de que el medio más
eficaz para la aprensión y ejercicio del conocimiento
es la letra impresa. Fuera de los códigos orales
y escritos están los visuales. La capacidad crítica
para leer las imágenes será el bastión
del futuro, y no únicamente por que sea una ayuda
didáctica para las ciencias y saberes, sino además,
porque en sí misma la imagen despliega conocimiento,
como bien lo investigó Rudolf Arnheim, en "Pensamiento
Visual (1971). No únicamente vemos la imagen
sino además la miramos, evocamos, convocamos,
invocamos. Potenciar el nivel creativo significa que
la visión misma es una función de la inteligencia,
que las cosas no las vemos sino que las percibimos y
que la percepción es un proceso cognitivo-creativo
(diferencia y generaliza simultáneamente) que
nos permite relacionarnos con nuestro entorno físico
y social, pues toda imagen se halla integrada al contexo.
Así, quién imagina más ve más
y pro consiguiente piensa más.
La
imaginación poética propicia una Lectura-Escucha
de universos simbólicos diferenciales, porque
consolida un imaginario capaz de guiar al ciudadano
de hoy en la búsqueda de valores auténticos
que lo habiliten a con-vivir en la ciudad. Estas prácticas
al bordear los caminos del sonido, el silencio, la palabra
y la imagen, al reparar en su tejido, logran un deslumbramiento
metafórico y mítico hacia la imaginación
universal.
Hablamos
de un práctica de la imagen y esta es la imaginación;
pues el aislamiento de una representación no
causaría más que llana curiosidad, pero
es la intra e interrelación, el juego creativo
elaborado en selección y combinación imaginaria,
el que causa el asombro y el vértigo de un saber
nuevo. Es el imaginario que recolectando sensaciones
y sentidos, conecta a la imagen con la imaginación.
El imaginario es actividad, divergencia, multiexpresividad
pero en su desorden lúdico, en lo más
profundo esta estructurado y es de allí de donde
sale su originalidad energética y simbólica.
En esta actividad interior, el imaginario se convierte
en principio alquímico de la imaginación.
Esto quiere decir que la imaginación es una energía
organizadora o quizá debamos precisar, re-organizadora,
pues el sentido nuevo desacostumbra y quiebra cualquier
código acostumbrado. Colegimos, entonces, que
todos poseemos imaginarios pero no todos imaginación;
para alcanzar ésta última, tenemos que
activar la racionalidad estética, alimentar la
acción imaginaria proponiendo otra mirada sobre
lo real, entrenar nuestro deseo y nuestra sensorialidad
para desbloquear el imaginario y estructurarlo a través
de la escritura, la pintura, la música, la acción
dramática, el trabajo de formas arquitectónicas
y escultóricas, la composición audiovisual
y demás. Abrir las ventas de nuestra percepción
y estar dispuestos a escuchar-ver la Otredad no sólo
como imágenes que vienen desde el exterior sino
que emergen desde los arquetipos ancestrales que se
estructuran en la psique humana (Jung); es así
como podremos conocer y re-conocernos más holísticamente.
Segunda parte
5.- EL JUEGO O LA CAPTURA DE LO IMPOSIBLE
La
imaginación poética no se ha considerado
de sumo interés en tanto es fantaseo, goce, disfrute;
pero por eso mismo es escisión, herida en el
conocimiento de la realidad, asalto de afectos en la
oscuridad de la sabiduría, deriva que funda saberes
placenteros sobre la misma. El imaginario es goce conociendo
y no goce que lleva al conocimiento, porque el goce
no es instrumento ni recurso. Si el conocimiento se
da a través del goce pensemos la alocución
adverbial como quiere el profesor A. López Quintás
recordando un fundamento de Heidegger, "a
través" es lo lúdico interrelacionado
y simultáneo, conduciéndonos desde la
cátedra a través de la sala hacia la puerta,
pues no estamos ni aquí(cátedra) ni allí
(puerta); así quebramos la división espacio-temporal
lógica y objetivista. El error de las pedagogías
y proyectos curriculares es siempre acunar y adaptar,
ni siquiera adoptar o re-plantear las ideas foráneas,
pretendiendo alcanzar la felicidad educativa, el saber
como fin, como llegada; utopía que siempre la
pagaremos a un alto precio social.
Lo
importante es reparar en la felicidad como camino, en
la imaginación poética como práctica
educativa. Esta no es principio ni llegada, sino tradición-transición-trance.
Espacio y tiempo en el cual el hombre despliega su interioridad,
abraza el mundo y la realidad, entra a escena ya no
como espectador que ve la representación del
mundo sino como acontecimiento; es decir imaginario
que se excede, puesto que es espectador, actor y personaje
a la vez. La imaginación poética está
en el centro de la perturbación del conocimiento
y del saber total. El filósofo Cornelius Castoriadis
(1997) haciendo una re-lectura del "Tratado del
alma" de Aristóteles y de la historia del
pensamiento considera que "La imaginación
radical, imaginario social constituyente", puede
centrar la reflexión y reconstruir la filosofía,
la historia, el conocimiento general. La atención,
entonces, no debe ubicarse únicamente en el proceso
cognitivo que es ropaje nuevo del antiguo psicologismo
(pasos, niveles, jerarquías, hipótesis,
sistematizaciones, contrastaciones, conclusiones, preconceptos,
conceptualización y aplicación, etc.),
sino también en la urdimbre del lenguaje, en
su tejido poético lúdico (metáforas,
simbologías, homologías, analogías,
parodias, ubicuidades, absurdos, gestos, mimos, ritmos,
serpenteos, silencios, intersticios, misterios, incógnitas,
ensueños, etc.), lugares donde las imágenes
juegan plenas de vida y saber, donde constelan, interactúan
y configuran el imaginario que no es otra cosa que el
Deseo de estar de otro modo, el juego de ser Otro siendo
el Mismo.
La
imaginación desacostumbra la realidad y pone
en duda su existencia porque el hombre con su insaciable
pulsión de hacer, tener y saber, la inventa a
cada instante. La imaginación recupera el saber
del otro como juego dialógico. La cultura surge
es del juego, se transforma en el juego, pues éste
es más viejo que la cultura, seguimos a Johan
Huizinga en su estudio fundamental del juego en "El
Homo Ludens"(1968). El proyecto moderno se inicia
con la "idea clara y distinta" del "homo
sapiens" y del "cogito" que no permite
que imágenes, metáforas y analogías
lo desprendan de su carácter abstracto; de allí
que la educación científica sea una "purificación"
de todo lo dado como potencia imaginaria al sujeto.
Luego, ante la incapacidad de la razón idealista
de producir valor económico se asume práctica,
razonable y se desarrolla la idea del "homo faber";
ahora, ante los límites de la razón y
su tiranía positivista, buscamos irremediablemente
el comienzo y sostén de la vida: "el homo
ludens", marginado por la cultura del martirio.
Nuestro siglo rehuye lo lúdico, estableciendo
una construcción coherente de la experiencia.
"Se ha emprendido un inmenso esfuerzo para escamotear
el azar, lo inopinado, lo inesperado, lo discontinuo
y el juego. La función, la estructura, la institución,
el discurso crítico de la semiología sólo
tratan de eliminar lo que les aterra", escribe
Jean Duvignaud, en su bello librito "El juego del
juego" (1980:13). Más adelante escribe que
las razones para ese ocultamiento de lo lúdico
en la sociedad, se debe a las exigencias intelectuales
de una economía de mercado y una tecnología
incontrolada, que no dejan lugar para el "terreno
baldío" de la ensoñación,
de "lo impensado", de lo aparentemente fútil.
A los hombres de negocios y planificadores les repugna
tomar en cuenta en el balance de los recursos humanos,
el "precio de las cosas sin precio", es decir,
de las actividades que no justifica en absoluto "la
redituabilidad". El positivismo, termina diciendo
el etnólogo francés, ha logrado eliminar
lo que estorba a su visión "plana"
del universo. El juego que es re-invención en
el adentro/afuera, entrada en "la perspectiva de
la nada y lo inútil", dinamiza las relaciones
humanas, anima la relación hasta convertirla
en fiesta, derrotando la soledad y la agresividad esquizofrénica.
La
imaginación es el beso del mundo que se integra
a partir del espacio (lugar), el tiempo (duración)
y el movimiento (vaivén-acción). Desde
el imaginario la realidad padece una transformación
irreconocible, irreconciliable e invisible que la captura,
la desteje y la vuelve a tejer, ya no como utilidad
ni como instrumento, si no como eficacia del afecto
donde el juego construye morada espontánea, honda
e iluminadora para la vida posible. La creencia en un
espacio unidimensional y un tiempo exacto, es decir
en una ética y una estética racionalista
basada en la armonía físico-matemática
del cálculo y la fórmula, el proceso cognoscitivo
y la verdad moral, son abolidas por los tambores de
la resonancia interior, por la correspondencia de los
seres del universo, por la proliferación de lugares
y su ubicuidad, por la polifonía de voces, la
plurivalencia cultural. La diversidad de tiempos genera
la multiplicidad espacial, rompe la identidad monologal,
diferenciando las culturas en un diálogo de valores
legítimos y renovadores. La fragmentación
del espacio lógico cuestiona la continuidad del
tiempo y la historia deja de ser anticuaria y monumental
para convertirse en efecto del afecto. Por el fragmento
viajamos a la totalidad, por la fugacidad sentida a
la instantaneidad sacralizada. La vieja concepción
de la eternidad como inmovilidad se renueva, puesto
que "esto es urgente por que la eternidad se nos
acaba", según el poema de Jaime Sabines.
La imaginación poética se desplaza y configura
en OTRA LOGICA: lógica imaginaria que no concuerda
con la lógica de la realidad institucionalizada,
cotidianizada, domada. Es lógicamente real que
Juan Gálves se despierte, se levante animoso
y se desperece al filo de la cama, vaya al baño
y se afeite tarareando una canción de Benny Moré.
Luego desayune y con un beso se despida en dirección
a la calle que lo conducirá a su trabajo. Es
realmente imaginario que Juan Galves se despierte con
una tos persistente y una molestia carrasposa en la
garganta, vaya al baño tarareando una canción
de Benny Moré y cuando se disponga a afeitarse
no encuentre su rostro en el espejo, ¿qué
pasa dirá, acaso he muerto?
La
imaginación poética irrumpe en la realidad
porque es su reverso insospechado. Los imaginarios poéticos
son viajes que nos hacen conocer lo desconocido, nos
conducen de lo visible a lo invisible, de lo comunicable
a la incomunicación, del grito al silencio, donde
"el viento habla sin hablar". Por eso no hay
simple construcción de conocimiento en el sentido
que la ciencia asigna al constructo de la mente, sino
que hay captura de lo imposible, sospecha de lo humano
sacralizado, visión del misterio de la vida,
lejos de cualquier dogma o creencia maníquea.
Por eso la realidad se convierte en maravillosa, es
decir que Es y Hace mucho más que dejarse ver,
oculta algo que se ofrece a los sentidos atrayendo la
escucha y la mirada ("Una palabra canta en mi corazón,
susurrante/ hoja verde sin fin cayendo. En la noche
balsámica,/ cuando la sombra es el crecer desmesurado
de los árboles,/ me besa un largo sueño
de viajes prodigiosos/ y hay en mi corazón una
gran luz de sol y maravilla". Canción de
la noche callada. Aurelio Arturo)
En
este acontecer desacostumbrado del imaginario el objeto
asombra y fascina . En ese viaje de la ausencia a la
presencia hay una activación de otra lógica,
puesto que es presencia pero en ausencia. De allí
que cualquier objeto trivial puede acceder a la singularidad
imaginaria que atrae la escucha y la mirada. Sólo
un especial exceso de singularidad, un esfuerzo de originalidad,
un deseo de jugar, de estar de otro modo, conduce a
lo maravilloso y a la fiesta, que es el salto de la
realidad en la cuerda de la infancia.
6.-
JUGAR A LAS ESCONDIDAS
"Estamos
abocados al filo de la eternidad" dijo alguna vez
Carl Sagan cerrando un programa de televisión
sobre los agujeros negros. Allí, el objeto utilitario
que es la simple información astronómica
se ve excedido por su energía imaginaria, por
su otra orilla. Esto quiere decir que el arte, por ejemplo,
alude a aquella posibilidad imaginaria del objeto como
si ya hubiera aparecido, por eso la presencia virtual
del objeto es catártica. Es entonces cuando más
allá o más acá de la escena real
y física en la que me encuentro, aparece otra
escena que renueva las relaciones de mi cuerpo, mi mente
y mi corazón con los objetos de la realidad.
Esa otra escena es lo afectivo y efectivo de lo espacio-temporal
vivido en imágenes atravesando lo real, como
la carcajada de un niño en la solemnidad del
silencio fúnebre. El desparpajo de las imágenes
( metáforas, símbolos, mitos ) sobrepasa
la realidad y la redime, porque "hay otros mundos
pero están en éste", escribió
Paul Eluard. Es preciso que consideremos la realidad
cotidiana como desviadora de la mirada y la escucha,
puesto que siempre nos da el parecer y no el ser. Algo
hay en lo cotidiano que no se ve y esto tiene el extraño
poder de alargar la visión, volver a la mirada(lectura)
y a la escucha (habla), afectos y efectos escrutadores,
irruptores, apalabradores del silencio. Lo realmente
visible del objeto es su pesadez, su forma quieta, no
su levedad ni sus sentidos imaginarios, pues estos están
por verse, muchos jamás se verán. Desde
el lado pedagógico se trata de una promesa, de
un afecto; desde el otro lado es un efecto, una creación
que seduce y toma lo que desea como un acto de amor,
una epifanía.
El
beso del mundo está hecho de movilidad en el
espacio (boca-juego), es decir de tiempo. La existencia
es un tejido de instantes (de instantes que se eternizan
generando la dimensión de la Memoria) y tal vez
por eso debamos vivir cada minuto como si fuera el último.
Una pedagogía de la imaginación poética
debe enseñar jugando a las escondidas, seduciendo,
transformando, puesto que esto está en la base
de la imaginación. Cualquier tipo de imaginario
implica un afecto y un efecto, son estas esferas las
que permiten que el hombre continúe mirando y
escuchando. La realidad se ofrece, llama la atención
pero lo visible es alguna OTRA COSA que tal vez no está
presente, que se mantiene escondida o bien al margen,
en el umbral de lo incógnito. El saber se mantiene
e intensifica invisible, escondido, secreto, por eso
es el objeto verdadero de la atención, de la
imaginación que no tiene más remedio que
co-crear para pasar el umbral.
7.-
EL EXCESO DEL MIRAR O LA LECTURA COMO ESCRITURA
La
preocupación por los hábitos y ávidos
lectores a hecho aparecer una didáctica llamada
"animación a la lectura" que, en la
mayoría de los casos, termina siendo no ánima-acción
(alma de la lectura) sino un rodeo activista que no
penetra el toro textual, y no es que deseemos "una
oreja", por el contrario hay que rescatar el toreo
lector como un arte que deja al toro vivo, listo para
una faena escrita. Quizá esta analogía
me clasifica como un ignorante en materia taurina, pues
el toreo es rito de la muerte; pero la lectura es un
acto trágico y sublime a la vez y a lo mejor,
la única conexión del lector(torero) con
el toro(texto) sea a través de la sangre que
circula en ambos templándoles el ánimo.
Los
esfuerzos que se hacen porque el niño y el adulto
lean son inmensos por parte de gobiernos, escuelas y
editoriales. Esta últimas enpeñadas en
salir airosas en las ferias de libros, clasifican por
edades, temas y costos, dividen y condicionan las necesidades
de la cultura lectora. Las entidades justifican su mercado
editorial y discursivo, bajo el presupuesto de que una
de las fallas en la educación moderna es porque
"ya no se lee" "ni renuevan lecturas",
y esto porque profesores y alumnos no disponen de textos
ni de estrategias adecuadas. Observamos por ejemplo,
que a fin de corregir estas deficiencias hay un gran
entusiasmo en congresos, coloquios y talleres; pero
se están convirtiendo tales actividades en un
trabajo escolar más, en rutina y didáctica
obligatoria. Ciertos textos publicados en los últimos
años dedican más páginas a ejercicios
sobre el texto leído que el propio original literario
publicado en el mismo volumen. El adulto que se dirige
a los niños, por tomar un ejemplo, no tiene por
qué falsear la voz o imitar a la abuelita para
contar un cuento. Esta comunicación ridícula
evita que los niños, cuando la historia es de
su interés, logren superar el vocabulario desconocido
con preguntas e imaginación lingüística.
El
mediador (maestro) tiene que estar convencido, hechizado
por un texto poético oral, escrito o visual,
para que su transmisión no únicamente
sea un acto comunicativo, la entrega de una mercancía,
sino el revelamiento de un misterio profundamente humano,
un regalo que un ser le da otro, un rito más
allá del sentido y del sonido. El adulto mediador
debe ser un auténtico modelo de lectura, de pasión
y goce. No únicamente "animar" o "trabajar"
con la literatura, hay que desarrollar unos deseos y
gustos literarios y unos hábitos críticos
que generarán opiniones o valoraciones que el
maestro debe fomentar y siempre rescatar. Bien lo escribió
Luis de Castresana, "la lectura es uno de los pocos
actos estrictamente individuales, personales e íntimos,
en los que aún puede encontrarse así misma
la criatura humana". Quizás por esto debamos
coincidir con Borges que el libro es uno de los pocos
regocijos en los que encontramos nuestra propia libertad;
pero al poeta del laberinto le enorgulleció siempre
su práctica lectora antes que las páginas
magníficas que escribió.
Leemos
para agregarle algo nuevo a nuestro mundo fragmentario,
defectuoso y palimpsestuoso. Leer es oír lo que
me falta, mirar fundiéndome en el otro como en
el cuento de Handersen, al fundirse el corazón
de la bailarina con el del soldadito de plomo. Un exceso
en el mirar había identificado al soldadito de
plomo en su diferencia, en su deseo de creer que el
Otro (la bailarina) era como él. El incólume
guerrero intenta colmar lo incolmable: la soledad. Todo
es posible y todo es inmediatamente imposible; no obstante
se arriesga por entre pruebas laberínticas y
terroríficas. Atacado en una ocasión por
una rata, luego devorado por un pez, que a su vez es
pescado y abierto para que el soldadito de plomo vea
de nuevo la luz cruzando su mirada con la mirada de
la bailarina, que esta allí de nuevo frente a
sus ojos. El encuentro con la Sílfide es un eterno
retorno, una especie de monotonía del deseo,
pero la bailarina es de cartón y se vuelve cenizas
al lado del corazón de plomo que es todo lo que
queda; el destino los une pero los desune, son presencia
pero en ausencia; he allí la poesía.
También
en el mito de Diana (Artemis) el mirar es canibalesco,
obscenidad pura. La mirada se excede en un grito que
calla, pues el silencio le permite a Acteón mirar
a la diosa en la desnudez que lo devora. Diana se baña.
Acteón que ha salido de caza por casualidad la
mira y se eterniza mirándola. Para poder continuar
con su rito mata un venado y se esconde adentro de su
piel, así simula su presencia entre los matorrales,
pero la diosa lo adivina reflejándose así
misma en su propio lenguaje, en su propia mudez que
habla, en su desnudez visible. Acteón nieto de
Cadmo, primo de Dionisio, escondido en la gruta, asumiendo
su comportamiento de ciervo, espera que Diana baje al
río a bañarse, y entre ella y éste,
se demonisa la mirada en una intimidad que crea teofanía,
misterio; crea escritura y lectura de algo que se siente
e imagina pero que no es visible, porque escapa al mirar
físico y se instala en la mirada imaginaria,
más allá del lenguaje sígnico,
en la poesía. Finalmente, Diana hiere al ciervo
que hay en Acteón disfrazado, con el arco y las
flechas que le ha dado su cuidador el Cíclope
Brontes. Acteón herido se interna en el bosque
y huye, pero la sangre lo delata y sus perros, sus propios
perros lo devoran, no pueden reconocerlo. Acteón
es Otro siendo a un tiempo el Mismo. Llegados a esta
parte no podemos evitar citar el nombre de Borges y
su espejo, menos el de Pierre Klossowski y su memorable
libro El Baño de Diana. Como Nietzsche, Klossowski
intenta enseñarnos lo inenseñable, la
soledad esencial de la poesía, el exceso del
mirar fragmentado y azaroso que devora nuestro propio
afecto. Por eso, insiste Klossowski, "lo inenseñable
son los momentos en que la existencia (...) se revela
como restituida así misma sin más fin
que volver sobre ella misma: entonces todas las cosas
parecen muy nuevas y muy antiguas a un tiempo; todo
es posible y todo es inmediatamente imposible; y no
hay para la conciencia más que dos medios: o
bien callarse o bien decirlo todo" (1990: XII).
El
sortilegio básico sería: no es que haya
un espacio escritural dispuesto a recibir la acción
de la lectura, es que cualquier acción lectora
que resulté destacable convierte automáticamente
el espacio escritural en Lectura. Un texto es una escena,
un mirar excesivo que parte de una presencia que ve-viviendo
consciente de la acción y se arremolina en la
representación que ve-mirando la acción
"como si". Este exceso de singularidad es
catártico, porque regenera el plano de la realidad
mediante la verosimilitud del imaginar de la lectura.
La lectura es acción, acción del yo ante
y en lo que es el mundo, y acción del mundo sobre
y en lo que es y constituye el yo. Si la escritura es
verbalización de la mirada sin ver, la lectura
es reconocimiento de esa mirada en su salto imaginario.
No leemos un libro escribe Jaime Siles sino
el mundo; no visualizamos un conjunto de signos, sino
un ser: el que es y el que somos, lo que es y me es,
el que soy y el que he sido, lo que será y lo
que seré. La lectura es un reconocimiento de
mi yo en el otro y viceversa (1988: 211). El poeta Rene
Char escribió que es preciso escuchar a la palabra
realizar lo que dice, sentir la palabra ser a su vez
lo que tú eres y su existencia se vuelve doblemente
tuya. Leer es, entonces, un exceso en el mirar, una
capacidad, dirá Eliseo Diego, de un mirar absoluto,
donde quedan suspensas las otras potencias del alma,
un acto de suprema atención. Semejante capacidad
de mirar es en sí misma el don de ese reconocimiento
oscuro pero inmediato que es la poesía.
Tercera parte
8.- INCLUSION CORPORAL, SENTIMIENTO Y COMPETENCIA
A
través de la poesía y sus afectos y efectos
imaginarios podemos penetrar en las arraigadas inhibiciones
humanas, en el temor a la crítica, a la misma
experiencia vital y también en el temor a la
muerte. La lectura poética es fruto de la psique
y del cuerpo, en ese sentido el contacto directo con
estas dos esferas es deseo de moverse, de estar de otro
modo. Hay que saber abordar la imagen poética
con afecto, hay que transmitirla expresivamente cuando
se busca un efecto, o con ocultamiento cuando es lúdico
el fin que se persigue. No hay que evitar, para el caso
de los niños, el contacto o interpretación
de ciertas esferas simbólicas aparentemente vedadas
(sexuales, religiosas, políticas, etcétera).
Es preciso desmitificar la imagen del cuerpo cerrada
en sí misma como violación de la intimidad,
y en cambio propagar la imagen abierta como mediación
social. Pues la sociedad "está presente
no sólo en nuestras relaciones espaciales (nuestra
proxemia), sino también en la estructura y la
funciones mismas del cuerpo como organismo vivo",
escribe Michel Bernard siguiendo a la antropóloga
Mary Douglas, que estudió las ritos de contaminación
y los tabúes de algunas sociedades primarias
como los Coorgos en la india (Bernard: 1994). El lector
(infantil o adulto) debe quedar aceptado en la comunidad
con todo su peso social y aceptarse así mismo,
tal como lo hacen los Senoi en la Malasia, al permitir
todas las mañanas que los niños y los
adultos cuenten sus sueños en colectividad, de
tal manera que el guía anciano ayuda a que cada
persona perfeccione día a día su sueño.
El
lector tiene por lo menos tres necesidades: inclusión
corporal, competencia intelectual y sentimiento o emoción.
La inclusión es un afecto-aceptación,
su importancia reside en el hecho significativo de ser
aceptado como un lector/escritor, como cuerpo imaginario.
Merleau-Ponty en "El ojo y el espíritu",
expone así lo que yo llamo inclusión:
"Visible y móvil, mi cuerpo es una cosa
entre cosas; está preso en el tejido del mundo,
y su cohesión es la de una cosa. Pero debido
a que se mueve y ve, ve a las cosas en un círculo
a su alrededor. Las cosas son un anexo o prolongación
de él mismo; están incrustadas en su carne,
son parte de su definición completa; el mundo
está hecho de la misma materia que el cuerpo"
(1986:17).
La
competencia es dinamismo creador e interpretador que
incluye la inteligencia a la emoción, al sentido
de la vida, a la aptitud para enfrentar la realidad
a partir de la poesía. Es un deseo de dominio
del propio futuro. El sentimiento centrado en un espacio
de simpatía-empatía, encuentro y relación
que la lectura y la escritura imaginaria hacen considerando
al poelector alguien digno de ser amado, y sobre todo
la ilusión útil no utilitaria de la inteligencia,
de que sus huellas afectivas permanecerán en
el mundo aún que ya el lector se haya borrado
físicamente.
Ahora
bien, lo que teje la inclusión, la competencia
y el sentimiento es el ritmo, las pautas respiratorias
que establecen en las primeras etapas de la vida. Por
lo general la persona no se percata de que su respiración
no es completa. Digamos que mejorar dicha pauta es,
probadamente, una de las formas más rápidas
de modificar la manera de sentir de todo el organismo
(corazón, extremidades, cerebro). Desde la esfera
bioenergética o cósmica, por ejemplo,
el aire o aliento equivale al espíritu, al Pneuma
de las religiones antiguas, símbolo del poder
divino. La respiración es un acto de autoafirmación,
en cuanto constituye un proceso activo. El cuerpo chupa
el aire, se alimenta de él. La poesía
nos ayuda a respirar, dejó escrito Bachelard.
Elina Matoso en "El cuerpo, territorio escénico",
afirma que "el lenguaje poético impregna
el cuerpo como si éste fuera una partícula
única, sintética, armónica, llena.
El poema con su palabra llena, se hace metáfora
del cuerpo" (1992: 144). La metáfora es
máscara y oculta el cuerpo, haciéndolo
aparecer a través del juego del lenguaje poético.
Este juego pone de manifiesto la forma como se respira,
lo que siente el lector / escritor con respecto a lograr
de la vida lo que desea. Dicho de forma esquemática,
leo y escribo no únicamente con las categoría
de mi razón, sino con todo mi cuerpo experimentado
(vívido) e imaginado. En términos de las
estructuras imaginarias, no sólo los sentidos
y la respiración se vinculan, sino también
los aparatos digestivos y escretores, la circulación,
los nervios, etcétera.
A
todo este dispositivo energético le concierne
que el poelector esté adentro o afuera del imaginario
poético. El lector (cuerpo) se excluye del imaginario
cuando queda desprovisto de energía. La diferencia
entre vivir y morir es la que existe entre tener y no
tener flujos de energía, impulsos nerviosos,
articulación sanguínea, respiración,
etcétera. Cuando un cuerpo (lector-escritor)
se incluye en el imaginario está lleno de energía
y sentimiento. Quisiera insistir en algo que me parece
ha ido en detrimento de la docencia de la lengua materna,
es el hecho de haber anulado la práctica de la
poesía oral, no estamos defendiendo los incómodos
programas de "declamación poética"
y el uso hipercodificado del tono y de cierta petrificación
gestual malinterpretada como "mímica"
o "expresión corporal", que resulta
a la postre irrisorio y tortuoso; sino la dimensión
oral del cuerpo, el decir en su presencia imaginaria
que rehace la voz y la danza. La poesía escrita
crea unas estrategias que equivalen o remplazan los
gestos y las disposiciones de la expresión del
cuerpo (espacios en blanco, puntuación, disposición
espacial, relieves, digresiones, paréntesis,
etcétera.), que son importantes por que corporalizan
a otro nivel la voz, pero que marginan de alguna manera
la performance corporal. Para reintegrar la expresividad
creativa del cuerpo a la voz que imagina es necesario
que el cuerpo, como dice Paul Zumthor (1991:57), modalice
el discurso y haga explícito el propósito;
además, "el gesto engendra en el espacio
la forma externa del poema". De manera que, al
poetizar se recurre a una cadencia que se repite, a
un hablar rítmico que crea en los intervalos
una discontinuidad danzarina que hace crecer más
y más el relato.
9.-
EL SUSPENSO Y EL DESEO
La
erótica de la razón poética es
un imaginario que pretende demorar la satisfacción
o mantener en vilo al sujeto, es decir anunciar algo
de lo que se ha de decir pero demorando al mismo tiempo
el momento de decirlo; así se consigue mantener
la atención, creando una espera para la cual
deseamos solución. Hacer para la educación
un espacio afectivo y efectivo desde la pedagogía
de la imaginación poética, consiste en
concebir la imaginación como el dispositivo de
todo conocimiento y saber posible, derivando la relación
lógica e instrumental entre lo real y lo imaginario,
entre lo lúdico y lo creativo, entre lo amable
y lo digno, porque lo que activa la imaginación
no es lo real cotidiano en su dimensión práctica,
sino la propia imaginación provocada por la ensoñación
y el deseo; de allí que lo real práctico
resulte absurdo e irónico de tan lejano (Pere
Salabert, 1996:53). En Cien años de soledad,
"Remedios, la bella" sube al cielo envuelta
en sábanas que se deslizan. En el cuento "continuidad
en los parques" de Julio Cortázar, el personaje-amante
se dispone a asesinar a su rival que es a su vez el
lector que lo lee. En Juan Darién de Horacio
Quiroga, el niño despreciado y humillado por
el pueblo vuelve a convertirse en tigre. Podríamos
citar otros ejemplos, no obstante, si estas acciones
narrativas producen fascinación, catarsis, no
es porque podemos ver como asciende y levita "Remedios,
la Bella" o se consuma al asesinato del lector
que lee su propia muerte (Aureliano adivinándose
en los pergaminos de Melquiades), o capturar el instante
en que en medio del fuego un niño conminado vuelve
a su animalidad felina; sino porque detrás de
la acción, en otro momento, en otro lugar que
no podemos ver, la imaginación poética
se ha tornado real, independiente de nuestra voluntad.
Este
desequilibrio, esta estética de lo fragmentario,
del suspenso y del deseo; éste mirar mirando
al margen, desviando la atención produce el dinamismo
del imaginario. De manera que una pedagogía de
la imaginación poética debe guiar el adiestramiento
matemático, la experimentación constructiva
de la ciencia, la cultura física, la formación
del pensamiento reflexivo. Entre otras cosas, porque
como enseña Kieran Egan respecto del uso que
el maestro puede hacer del cuento para la enseñanza,
tenemos que desmontar los principios "ad hoc"
que pretende el desarrollo educativo como un proceso
que va de lo concreto a lo abstracto, de lo simple a
lo complejo, de lo conocido a lo desconocido, de la
práctica manual a la experiencia simbólica
(K. Egan: 1994:26). La imaginación poética
transgrede el orden y pone en evidencia destruyendo
las representaciones estereotipadas de la realidad cotidiana,
suscitando en el hombre (primero en el niño)
una dinámica creativa, renovadora del mundo.
De ahí la necesidad de que el lenguaje poético
se convierta siempre en una propuesta iniciativa, ritual,
carnavalesca. Los científicos más importantes
del orbe reafirman la importancia de los poetas, porque
jamás habrá sabios sino hay poesía,
sostiene Amalia Wischnievsky, y agrega que la investigación
científica no es posible sin el sueño
epifánico del poeta (Perriconi y Wischnievsky:
1988:23).
Una
educación moderna y sobre todo humana debe replantear
la pedagogía y el curriculum. Este último
tiene que acontecer interdisciplinar, imaginativo y
poético. La creatividad del niño que "entra"
en un poema debe conservarse, debe ser continua e incluir
sin duda el cuerpo, el juego y tal vez, debe ser capaz
de desembocar un día en el re-conocimiento del
poema. Si las instancias oficiales quisieran colaborar
en ello, no habría ningún obstáculo
importante para considerar la actividad poética,
desde la escuela de párvulos hasta la universidad,
como un enriquecimiento activo y continuo de la imaginación
(Georges Jean: 1990: 36-43). Esta visión del
mundo es imprescindible para activar la energía
creadora dormida sobre pupitres y pasillos. Devolvámosle
a la imaginación la dignidad gnoseológica
y ontológica de la que fue privada por la doctrina
clásica occidental, quedando relegada a una "facultad
inferior de error y falsedad", privilegiando el
pensamiento conceptual y "el auténtico conocimiento
directo" (Gilbert Durand: 1982). La teoría
clásica dicotomiza al hombre por una ruptura
o distinción radical entre cuerpo y alma, entre
clara conciencia racional y fenómenos psíquicos
tenebrosos, corruptos, hasta que la definición
aristotélica de "el hombre es un animal
racional" retumbó por los siglos dándole
un nuevo impulso Descartes y su ruptura epistemológica
que intenta demostrar mediante el raciocinio que la
imaginación y los sentidos son engañosos.
El ascetismo intelectual de Descartes le da toda la
legalidad al "Cogito". En este siglo, hombres
como Gastón Bachelard, hacen caer en la cuenta
de ese "obstáculo epstemológico"
y sientan las bases de una imaginación autónoma
y original; con el autor de "la poética
del espacio" se cierra la fisura entre conocimiento
experimental y saber especulativo, validando cada uno
como parte de una unidad más global llamada razón
imaginaria. Entre Descartes y Bachelard pasando por
Nietzsche, hay una serie de filósofos y movimientos
estéticos importantes que han recuperado y profundizado
en la concepción y práctica creativa de
la imaginación; entre estos últimos tenemos
el Barroco, el Romanticismo, el Simbolismo y el Surrealismo.
No es lugar adecuado para hacer una historia moderna
de la imaginación, queda apenas esbozado. De
lo que se trata, entonces, es de revalorar la imaginación
y el cuerpo (su textura, su olor, su volumen, su serpenteo),
superando el dualismo exacerbado en una concepción
más unitaria y global que contempla la totalidad
de la psique como integrada a la función simbólica.
10.-
EL OLVIDO DEL REGIMEN NOCTURNO
Hablar
es existir en el océano del lenguaje sabiéndonos
idénticos al comunicar nuestros afectos, y diferentes
porque sentimos sus efectos. Al hablar, apalabrar, lenguejear,
fabular, iniciamos un entramado imaginario que nos conduce
a la formación de nuestra individuación
creadora. Imaginar es la presencia de la voz que pregunta
por la voz que responde. El orden imaginario tiene que
ver con el rostro del mundo poblado de imágenes;
es decir el arte y la historia de las significaciones
culturales.
Las
visiones artísticas y sus expresiones estéticas
conforman los imaginarios de la cultura; sin éstos
lo real construido no podría dialogar con lo
simbólico. El orden imaginario poético
es también umbral narrativo, diferente en sus
"jugadas de lenguaje" del saber científico.
"No se puede, pues, considerar la existencia ni
el valor de lo narrativo a partir de lo científico,
ni tampoco a la inversa: los criterios pertinentes no
son los mismos en lo uno que en lo otro"(J.F.Lyotard:1989:59).
Nuestra
educación ha olvidado el saber narrativo como
dispositivo pedagógico y poético para
activar la educación. Este saber narrativo lo
encontramos en la disciplinas literarias y el arte como
sustento creador de nuevas lógicas de lo humano,
más críticas y creativas que instrumentales
y prácticas. El olvido del los imaginarios que
construyen el saber narrativo-poético, es el
olvido del régimen nocturno, lunar, maternal,
ensoñado y liberador. Nuestra educación
se ha ocupado demasiado del régimen diurno, solar,
patriarcal, racional y lógico. Desde el mito
de la caverna platónico, el sol, subyuga a la
oscuridad; la luz deslumbrante de la autoridad cavernícola
desvanece las sombras orgiásticas que proliferan
en el seno de la tierra madre. La luna, símbolo
matriarcal, mediadora entre el sol y la tierra ha sido
marginada por el discurso filosófico-educativo
(J.Melich: 1996: 100). La luna es símbolo de
cambio, de devenir constante, en cambio el sol permanece
siempre idéntico. La luna dice Eliade
"crece y decrece, desaparece, su vida está
sujeta a la ley universal del devenir, del nacimiento
y de la muerte" (Melich:1996:101). La luna es dramática
como el hombre, acaba con la muerte, no obstante "renace",
pues su fin no es nunca definitivo, sino eterno retorno.
El
orden imaginario es un constructo cultural narrativo
que se proyecta en espacios plásticos, líricos,
teatrales y audiovisuales. El estudio del saber narrativo
es la forma en que los seres humanos experimentamos
el mundo, de allí que la razón principal
por la cual el orden imaginario también sea narrativo,
es porque lo seres humanos somos organismos contadores
de historias, individuales y colectivas; vivimos de
y en el relato. De estas ideas generales se deriva la
tesis de que la educación es la construcción
y la re-construcción de historias personales
y sociales; tanto los profesores como los alumnos son
contadores de historias y también personajes
en las historias de los demás y en las suyas
propias (Connelly y Clandinin: 1995).
El
régimen nocturno es un saber poético que
caracteriza las manifestaciones de la experiencia humana
y, por tanto, el estudio y práctica de su expresión
narrativa dan sentido a la temporalidad presente uniéndola
con la acumulación experiencial del pasado. La
significación narrativo-poética siempre
tendrá perspectivas múltiples, polifónicas;
es así como se teje en dialogía la cultura.
11.- MAS ALLA Y MAS ACA DE UNA DIDACTICA:
EL TALLER COMO DISENSO
La
pedagogía de la imaginación poética
como afecto está más acá de la
didáctica de los esquemas y la instrumentación;
como efecto se sitúa más allá de
su información disciplinaria, integrando una
dimensión más amplia que la estricta "didáctica"
e "historiográfica" vinculada al conocimiento
teórico del código de la lengua, al aprendizaje
de las normas, a la aplicación de métodos
y a la información reductivista de las generaciones,
períodos y escuelas. La pedagogía de la
imaginación poética no se desvincula de
ese aprendizaje, pero intenta ir más allá,
comprendiendo y configurando la dimensión poética
y social de la lengua desde tres enfoques: primero,
desde su propio saber-ser y saber-hacer comunicativo
y estético, como medios para crear una pedagogía
pensada desde la infancia y su poeticidad, en una perspectiva
interdisciplinaria. Segundo, desde el espacio que despliega
la interproyección educativa con los imaginarios
de la cultura y su espacio histórico. Tercero,
desde el estudio de los registros del lenguaje y de
sus enunciados, productos de la práctica social,
como lo enseñan Bajtín y Vigoskii. Los
hombres y las mujeres se expresan en una heterogeneidad
de géneros discursivos y de procesos que exceden
la rutina hacia la creación; por ello necesitan
tener conciencia de su espacio, de los efectos y los
afectos que restringen y determinan su base: la imaginación.
Una
pedagogía de la imaginación desborda las
didácticas del "bien hablar y la correcta
escritura", el "tufo de literato" y el
"jobi de lector de obras", a partir de una
concepción de la enseñanza como TALLER,
como artesanía, como experimentación y
reconocimiento de experiencias pedagógico-poéticas
del niño-adulto, discente-docente, bajo la dialogía,
la heterogeneidad, el espacio abierto a la significación,
el disenso, la pluralidad de voces. George Jean en su
libro "Bachelard, la infancia y la pedagogía",
nos da un lección a este respecto: "Toda
enseñanza debiera tender a vivir perpetuamente
adelante de sí misma. Todos los pedagogos debieran
a veces considerarse como conquistadores de lo posible,
no como los archivistas y repetidores de lo ya conocido.
El niño es un ser por hacer" (1989: 113).
Una
pedagogía de la imaginación poética
busca centrarse en la problemática del lenguaje
y el cuerpo, proponiendo y determinando los nexos que
unen las señales verbales y no verbales, analiza
su papel en función de su situación y
de su influencia recíproca en la constitución
de un mensaje global. Las investigaciones experimentales
paralingüísticas y fonoestilísticas,
las etnologías psicoanalíticas perciben
las relaciones del cuerpo y la palabra y arrojan luces
sobre cómo comprender y practicar una nueva relación
lectoescritural.
La
imaginación poética está en el
centro de la perturbación del conocimiento y
del saber total. La atención no debe ubicarse
en la episteme del proceso cognitivo que es ropaje nuevo
del antiguo psicologismo (pasos, niveles, jerarquías,
sistematizaciones, conclusiones, resultados, preconceptos,
conceptualización y aplicación, etcétera.);
si no en la urdimbre del lenguaje, en su tejido poético
(metáforas, simbologías, homologías,
analogías, ubicuidades, intertextos, parodias,
absurdos, gestos, mimos, ritmos, serpenteos, silencios,
intersticios, misterios, incógnitas, ensueños,
etcétera.); lugares donde las imágenes
juegan plenas de vida y saber, y cuando constelan o
interactúan configuran el imaginario.
12.- LA TRAVESIA DE LA VOZ Y SU HUELLA
El
zarpazo de la modernidad y su conciencia posmoderna
nos reenvía al problema de la escritura y la
lectura como espacio de perturbación, regocijo
y creación de imaginarios. Imaginarios sin los
cuales el ser humano (niño-viejo) no podrá
desplazarse en su alta pero larga búsqueda de
luz en el Otro y en Sí mismo. No hay ruptura
entre la racional y lo imaginario, pues lo racional
es un polo fragmentario del espacio de la imaginación.
Esta es la fuerza creadora e integradora que intenta
sanar la fisura entre sujeto-objeto, entre cuerpo y
alma. La imaginación poética impide que
la razón se centralice y acoja la tiranía.
La imaginación poética desborda la teoría
sistemática rígida, la verdad autoritaria,
porque en su espacio incluye emoción(afecto)
y rigor(efecto). Imaginación es la condición
esencial sin la cual no es posible reconocer ningún
tipo de realidad, pues ésta es un continuo simulacro
en la transacción ilímite del lenguaje
y sus sistemas infra y supra semióticos. Haldame
decía que la realidad es no solamente más
fantástica de lo que suponemos, sino mucho más
de lo que podemos imaginar, y Tehilar de Chardin concluía
con una seguridad asombrosa que únicamente a
escala cósmica, lo fantástico tiene posibilidades
de ser verdadero.
Para
Georges Jean el lenguaje poético nos da a leer,
a vivir, a imaginar otra cosa que lo que dice pero,
así mismo, todo lo que dice. El tratamiento fonético,
métrico, respiratorio, rítmico, retórico,
etcétera, del lenguaje es un significante que
en todos sus estados "hacer ver" otra cosa
diferente de lo que comunica, pero lo que comunica continúa
presente al mismo tiempo. La voz representa al cuerpo
que juega al habla, de él surge la voz en automovimiento
y pura libertad, superándolo en su dimensión
acústica, en sus juegos del lenguaje. Cada vez
que la voz apalabra el cuerpo espejea como huella en
su aliento; la voz más cercana a la existencia
humana que la mirada congrega imaginarios sexuales que
comunican mensajes eróticos. Ahora bien, cada
actividad vocal focaliza al objeto al cual se refiere
y lo dota de energía simbólica. Paul Zumthor
escribe que "el oyente escucha en el silencio de
sí mismo esa voz que viene de otra parte; deja
que resuene sus ondas, recoge sus modificaciones, con
todo razonamiento en suspenso" (1991:17).
La enunciación, el apalabramiento (el otro lado
sería el enunciado: su huella) es un acto, performance
y exhibición, don y agresión, conquista
y esperanza de consumación del otro. Esta interioridad
manifestada "va desde el interior al interior,
une, sin otra mediación, dos existencias"
(1991: 15).
De
suerte que una pedagogía de la imaginación
poética es irremediablemente una pedagogía
de los lenguajes verbales, no verbales y visuales, puesto
que el lenguaje configura la imaginación en la
medida o la desmedida en que configura las formas de
la irrealidad que se hallan en nuestra conciencia. El
lenguaje permite inventar nuevas formas, estructuras
inéditas, multiplicar los territorios que determinan
el campo de la inteligencia humana. Una pedagogía
del lenguaje que despliega la imaginación tiene
que considerar al hombre como gesto, como palabra; pero
para que esa palabra y ese gesto no sea inútil
ni espejismo fútil, es preciso vivirla con la
conciencia de que por fortuna somos más
que Palabra.
Por
consiguiente, una pedagogía de la imaginación
poética tiene que ir más allá de
lo didáctico y gramatical, porque deviene del
"agua oscura del sueño" y está
después en "retazos de recuerdos",
en visiones que nos aproximan social y culturalmente,
por eso cuando la decimos nos reconocemos bien en identidad
monologal, bien en diferencia del diálogo. Esta
capacidad de dialogar se inicia en los primeros años
de la infancia, a través del juego en el aprendizaje
de la lengua oral. El niño inmerso en mundo extrañamente
acústico y fonético, explora todas las
posibilidades rítmicas e inventa sonidos y ritmos
inéditos forjando palabras que le divierten y
lo prolongan como expresión de su cuerpo, comunicándolo
con los otros cuerpos que son su diferencia. Pero la
imaginación es la facultad que conduce al niño
más allá de la combinación y su
entropía selectiva. Esta es la esponja-matriz
de la totalidad de la experiencia y como tal absorbe
sucesos históricos, acontecimientos biográficos,
imágenes geográficas, mitos, leyendas,
cuentos, sueños, etcétera, devolviendo
a la realidad una quintaesencia como líquido
ya no amniótico sino cultural. La imaginación
es el espíritu del lugar y del momento, escribió
Octavio Paz, mediante la cual el hombre ve la realidad
visible y la oculta; también es el medio por
el que la naturaleza a través del poeta se mira
y habla a los hombres y a ella misma (1981:70). No es
el hombre, entonces, el que interpela a la imaginación
apalabrándola, sino ésta la que irrumpe
como voz y huella en la vida del hombre apalabrándolo.
La poesía y su espacio imaginario ha hecho lo
que el hombre Es y hará que el hombre Sea.