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Por
Luis Quintana Tejera
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EL
SONETO EN BAUDELAIRE
El
soneto
Bien
se sabe ya que el soneto es definitivamente de origen
italiano; su creación se atribuye a Giácomo
Lentino, durante la primera mitad del siglo XIII. Sin
embargo, la perfección italiana en este modelo
y su difusión se deben a Petrarca, Dante, Ariosto
y Tasso, principalmente. Petrarca es quien mayor influencia
tuvo en la cultura occidental, el impacto de sus sonetos
constituye una de las principales razones por las que
éste es el molde métrico más universal
en nuestra poesía.1
El
soneto no sólo tiene como mérito ser la
composición más extendida, también
debe resaltarse que su forma básica, consideradas
sus variantes, ha permanecido durante siete siglos,
más de los que ha soportado cualquier otra estructura
poética2, tiempo durante el cual dicho
modelo ha sido frecuentemente aprovechado por excelentes
escritores.3
Este
predominio del soneto por encima de otras composiciones
estróficas posiblemente se explique por estar
sujeto a normas fijas, por poseer una estructura claramente
definida, según se detalla en seguida.
El
soneto, a diferencia de otras variantes métricas,
no es forzosamente elemento integrante de un poema4;
por el contrario, usualmente constituye por sí
mismo un conjunto cerrado, una unidad. Este rasgo formal
determina en gran medida su carácter, pues exige
un trabajo riguroso, concentrado. El último verso
tiene la fuerza necesaria para un final explosivo, si
no dramático al menos decisivo. El soneto reúne
todo; sin embargo, la mayor carga de pensamiento, de
melodía, de sugestión, se sintetiza en
el verso final. Esta estructura conceptual se asemeja
a un embudo: con cada verso, el tema se ciñe
con más fuerza, su expresión se intensifica
paulatinamente hasta el éxtasis, es una culminación
absolutamente estética.
Éstas
son las características formales más destacadas
del soneto, las cuales se analizarán también
en Baudelaire.
Ma
pauvre Muse, hélas! qu'as-tu donc ce matin?
Tes yeux creux sont peuplés de visions nocturnes,
et je vois tour à tour réfléchis
sur ton tein
la flolie et l'horreur, froides et taciturnes.
Le
succube verdâtre et le rose lutin
t'ont-ils versé la peur et l'amour de leurs urnes?
Le cauchemar, d'un poing despotique et mutin
t'a-t-il noyée au fond d'u fabuleu Minturnes?
Je
voudrais qu'exhalant l'odeur de la santé
ton sein de pensers forts fût toujours fréquenté,
et que ton sang chrétien coulât à
flot rythmiques,
comme
les sons nombreux des syllabes antiques,
oú règnent tour à tour le père
des chansons,
Phoebus, et le grand Pan, le seigneur des moissons.5
El
sujeto lírico trata de ofrecer la recreación
poética del universo representado por la musa
baudelaireana. Desde el inicio, la invocación
a ésta aparece revestida de melancólica
añoranza. La noción de "musa enferma"
obliga a efectuar determinadas precisiones conceptuales:
de la misma manera que el título del libro, Les
fleurs du mal 6, no involucra en modo alguno
el maniqueísmo, la relación mal-bien,
ni alude a una contextualización ético-moral;
así, tampoco la expresión "malade"7
remite a una enfermedad psicofísica. Más
bien da un salto hacia el terreno del extrañamiento
humano; es una enfermedad del hombre, tiene su inicio
en la dolencia que se origina en aquellas fuerzas que
han dado origen a su creación personal.
El
malestar al que hace referencia el texto se ubica en
un plano de realización espiritual, sitio en
el cual el poeta se siente "mal", vive indispuesto
por cuestiones meramente subjetivas que lo involucran
con un pequeño universo donde él es extraño
y desconocido en su problemática más íntima.
El
conflicto expresado en el poema es claramente romántico.
Ciertamente, el romántico hablaba del "mal
du siécle"8 concibiéndolo
como la máxima expresión de la soledad
y el abandono, como la situación pasajera del
individuo que sabe que su suerte en la tierra está
sellada, como lo estaba el destino del albatros sobre
la cubierta del barco, donde desconocidos navegantes
lo sometían a la burla y la tortura. Así,
en "La muse malade" la contradictoria inspiración
romántica del poeta es la "pobre musa"
que lo ha acompañado tanto tiempo, que ha estado
a su lado como símbolo de su creación.
Al
preguntar a su musa: "Qu'as-tu donc ce matin?"9,
el sujeto lírico recupera una visión del
presente doloroso constituido por la expresión
circunstancial temporal "ce matin". Es la
mañana de la reflexión, el momento reservado
para pensar, para revivir demasiadas cosas que en el
microcosmos poético han sido tantas veces postergadas.
Como
consecuencia inmediata de lo anterior, la visión
poética se centraliza en la contemplación
de esa musa. Al hacerse cargo del momento y al decidir
los términos de su meditación, el poeta
observa "los ojos huecos" poblados por "las
visiones nocturnas". Ojos aparentemente inexpresivos,
pero que se llenan con los fantasmas de la noche: éste
es el mensaje lírico que llega desde la más
remota región y exige al hombre su mayor esfuerzo
para incorporarlo en su mundo de locura, mundo de extrañamiento
romántico en donde el poeta agradecido se realiza.
De
esta forma, el romántico reconoce como su propia
zona aquélla que aparece constituida y refrendada
por los conceptos de misterio, nocturnidad, locura,
horror...
La
anterior sucesión semántica se ve materializada
a través de la suma de conceptos que de una manera
u otra recrean el universo poético de Baudelaire.
Su poesía es diversidad y en este sentido podemos
citar a Balakian cuando sostiene:
Antes
de buscar influencias, debemos reconocer que una de
las características más sobresalientes
de Baudelaire es la diversidad, y su rasgo menos sobresaliente,
la virtual reversibilidad y la multiplicidad de caracteres.
Cualquier estudiante de crítica literaria puede
leer sus versos y su prosa y encontrar en ellos suficiente
materia, y compilar suficientes notas, para decir que
se trata de un poeta swedenborguiano; y después
volver a empezar a buscar y encontrar suficientes pruebas
como para llegar a una conclusión diametralmente
opuesta. (Balakian 1969:47-48)
Por
ello, en el segundo cuarteto, el sujeto lírico
se refiere a "Le succube verdâtre et le rose
lutin"10 los cuales han vertido "la
peur et l'amour de leurs urnes"11. La recreación
del tema mitológico cobra importancia en este
momento. "Le succube verdâtre et le rose
lutin", ¿constituyen acaso las fuentes de
inspiración?, ¿son el alimento de la musa
enferma con un mal que parecería originarse en
la Antigüedad, en sus leyendas y en sus mitos?
El final del soneto, con la propuesta de búsqueda
en el mundo antiguo, parece negar esta posibilidad,
pero el súcubo verdoso, el demonio que adopta
la forma de mujer, y el rosado duende, sí pueden
ofrecerle miedo y amor al mismo tiempo, y por lo tanto
son parte de esa desesperada búsqueda que puede
llegar a adoptar, por momentos, un cierto carácter
contradictorio.
En
el plano de una valoración formal, de un análisis
de las estructuras expresivas encontramos: quiasmo,
que relaciona los términos del primer verso de
este cuarteto entre sí:
succube verdâtre
(sustantivo) (adjetivo)
rose lutin
(adjetivo) (sustantivo)
El quiasmo consiste en la ruptura del paralelismo estableciendo
una relación de cruzamiento -del griego quiasmo-
entre los elementos morfológicos; en este caso:
sustantivo- sustantivo, adjetivo-adjetivo. El quiasmo
es una antítesis12 doble, construida en
tal forma que las oraciones de cada antítesis
cruzan entre sí elementos similares, lo cual
resalta la diferencia de sentido que estos elementos
expresan en cada caso.
La
oposición entre los términos "peur"
y "amour" configura la presencia de un contraste
característico de la poesía baudelaireana
que se mueve entre la afirmación y la interrogante.
Los tres últimos versos del primer cuarteto afirman
la presencia de un mundo misterioso; mientras que la
totalidad del segundo cuarteto interroga a la musa sobre
la posible integración de su mundo.
Hasta
aquí se ha brindado una visión fantasmal
y dolorosa de la musa enferma para contraponer en forma
inmediata el mundo pagano de lo clásico.
Por
eso, al iniciarse el primer terceto, el sujeto lírico
se expresa en términos desiderativos: "Je
voudrais"13. Si consideramos, de acuerdo
con la preceptiva literaria tradicional, el primer hemistiquio
del primer terceto como centro rítmico del soneto,
tendremos que la expresión de deseo del yo posee
tal fuerza semántica que se adueña del
soneto para manifestar la volición.
¿Acaso
la existencia del poeta romántico no está
constituida por el constante movimiento del deseo al
acto, para retornar nuevamente al deseo con profunda
insatisfacción? Es ésta la máxima
problemática del hombre, quien en el terreno
estético-creacional manifiesta su necesidad de
entender más allá de la palabra escrita
y más allá del símbolo apenas insinuado.
Por eso los términos del deseo se proyectan en
dos direcciones fundamentales:
a)
Que los pensamientos fuertes frecuentaran el pecho de
la musa en medio de un olor de salud.
b) Que su sangre cristiana fluyera en olas rítmicas.
Los
elementos del lenguaje figurado se imponen como poderosa
manifestación del concepto. En primer término
la impresión sensorial olfativa: "Qu'exhalant
l'odeurs de la santé"14 que más
allá de manifestarse en términos de inmediatez,
refiere en el plano de la sinestesia, a una placidez
de alma que sólo puede hallarse en el mensaje
poético puro y sustancial.
Asimismo,
los "pensers forts"15 se revisten de
un colorido especial que proporciona la metáfora
y que relaciona la poesía con un acto adulto,
maduro y varonil ("Ton sein de pensers forts fût
toujours fréquenté")16. Concomitantemente,
la musa está personificada; el rasgo de antropomorfismo
sobresale particularmente cuando el sujeto lírico
hace referencia a su pecho y sangre cristiana.
Esta
última imagen se adueña del soneto y lo
conduce hasta el final. Predominan la sensación
auditiva y un equilibrio de estructura fónica
que se recrea en el espectáculo de lo clásico.
La musa enferma bien podría redescubrir el modelo
que ofrecen las imágenes de Apolo, "le père
de chansons"17 y del gran Pan, "seigneur
des moissons".18
Apolo
y Pan personifican el mundo Antiguo. El primero proporciona
su música y su belleza; mientras que el segundo,
el esplendor material de la buena cosecha.
Es
verdad que esa musa cristiana, que es musa romántica,
que paga tributo a un medioevo lejano, parece haber
olvidado ese otro universo de la perfección,
de la delicia estética. Goethe, quien inició
su vida artística dando origen al movimiento
romántico y quien en su edad adulta retorna al
pensamiento clásico, había dicho que lo
romántico era como lo enfermo y lo clásico
como lo sano.
No
debemos confundir el alcance significativo de estos
términos ni llevar a los extremos su conceptualización:
la poesía de la Antigüedad era "sana"
según Goethe, pero lo era por su amor a la vida,
por su apego al acá y al ahora, por su aferrarse
a lo terrenal y aplaudir la realización del hombre
en términos de mundanidad; la poesía romántica,
en cambio, está enferma de deseo, sufre por una
conciencia de eternidad que necesariamente la aleja
de lo mundano, se entrega a la búsqueda y jamás
se consuela con lo que pueda alcanzar, encuentra en
cada respuesta una nueva pregunta, sufre, se contorsiona
y muere finalmente con una sed de infinito que no la
abandona nunca.
Baudelaire
es un poeta de realización romántica,
y como tal advierte el desgaste derivado de la constante
insatisfacción. No nos enfrentamos en este poema
a la agonía del romanticismo baudelaireano sino
a una recreación de la inspiración que
ha dado origen al mundo romántico; una musa sana
no sería musa romántica y tampoco permitiría
entender el inmenso abismo que separa al mundo decimonónico
francés del universo pagano-clásico. Esta
nostalgia que recorre todo el soneto no es más
que la angustia de vivir sin encontrar la perfección
anhelada. Y la volición con que se inician los
tercetos culmina en las dos grandes figuras de la Antigüedad;
quizás sean ellas un nuevo motivo de esperanza
para la búsqueda romántica, o quizás
no, eso no importa. Lo que sí interesa es la
propuesta que ofrece el sujeto lírico que muy
bien puede morir como una nueva idea, pero que reviste
la trascendencia de haber sido descubierta.
Esa
pobre musa, dueña y señora del mundo poético,
cristiana y medieval, no es decadencia, por el contrario,
es trascendencia y deseo, y no va a morir tan fácilmente.
Ma
jeunesse ne fut qu'un ténébreux orage,
traversé çà et là par de
brillants soleils;
le tonnerre et la pluie ont fait un tel ravage,
qu'il reste en mon jardin bien peu de fruits vermeils.
Voilà
que j'ai touché l'automne des idées,
et qu'il faut employer la pelle et les râteaux
pour rassembler à neuf les terres inondées,
où l'eau creuse des trous grands comme des tombeaux.
Et
qui sait si les fleurs nouvelles que je rêve
trouveront dans ce sol lavé comme une grève
le mystique aliment qui ferait leur vigueur?
-O
douleur! ô douleur! Le Temps mange la vie,
et l'obscur Ennemi qui nous ronge le coeur
du sang que nous perdons croît et se fortifie!19
El poema se inicia con una aseveración directa,
que es el resultado de dolorosa comprobación;
ha transcurrido el tiempo y hoy la juventud es sólo
un recuerdo, pero un recuerdo que se ha hecho carne
en el sujeto lírico. Éste se vale del
lenguaje figurado para recrear paisajes del ayer.
Al
efectuar un balance de la existencia, define su juventud
mediante una metáfora: "Ma jeunesse ne fut
qu'un ténébreux orage"20.
Las situaciones vividas le permiten concluir, en medio
de la madurez presente, que no todo fue tan tormentoso
sino que a veces hubo soles centelleantes, pero éstos
únicamente sirvieron para resaltar aún
más la crudeza de las situaciones adversas.
Procediendo
por analogía, corresponde recordar que uno de
los imperativos románticos estuvo constituido
por la búsqueda de la juventud perdida, y que
este mismo romanticismo se expresa mediante el símbolo
de la juventud. Ahora bien, si el sujeto lírico
sólo reactualiza un pasado tormentoso, en donde
la juventud no alcanza pleno desarrollo, entonces podemos
anticipar el sentimiento de desazón y angustia
que domina al sujeto en este presente.
El
movimiento poético se ofrece entre sutiles contrarios:
los soles centelleantes que aparecían "ça
et là"21 interrumpían momentáneamente
la obscuridad de la tormenta; pero los mensajeros de
esta misma tormenta, las lluvias y los rayos, causaron
tanto daño que hicieron olvidar el calor y la
luz de los fugaces soles, y se llevaron consigo los
frutos del jardín.
La
primera metáfora identifica el plano real A:
"Ma jeunesse" con el plano evocado B: "ténébreux
orage"; circunstancias que se modifican con la
segunda metáfora, que retoma la juventud para
el plano A, pero éste se ve ahora interferido
por el plano B: "brillants soleils"22 los
cuales se anuncian mediante el participio "traversé"23
y se condicionan por la referencia circunstancial "ça
et là".
Las
lluvias y los rayos son elementos simbólicos
que refieren a una nueva faceta de la destrucción
y que nos conducen a la contemplación de lo que
ha quedado: los pocos frutos bermejos del jardín.
Este nuevo elemento, el jardín, también
aparece como símbolo de la juventud. La juventud
se recrea como una jardín cultivado con esmero,
pero al observar los frutos bermejos alcanzados sólo
puede comprobarse que son pocos.
El
segundo cuarteto se inicia con una expresión
modal: "Voilà"24; ésta
permite señalar la continuación del desarrollo
conceptual. El sujeto lírico sigue exponiendo
y agrega: "J'ai touché l'automne des idées"25;
ha llegado a una determinada madurez intelectual y juzga
que éste es el momento de reconsiderar lo realizado
hasta el presente, ha llegado el instante de la restructuración.
Las palas y los rastrillos serán los instrumentos,
y la tarea de reagrupación comenzará.
Éste es el verdadero sentido de la existencia
romántica: nunca rendirse ante el fracaso, por
el contrario, continuar en la lucha y volver a empezar
tantas veces como sea necesario. Las tierras inundadas,
donde las aguas cavan sus pozos como tumbas, constituyen
el territorio donde actuará el personaje romántico.
El sujeto lírico conoce perfectamente la desolación
y aridez de su microcosmos pero no se arredra; aun así
quiere iniciar la dura acción.
Simultáneamente,
en el segundo cuarteto aparecen expresiones como "l'automne"26,
"terres inondées"27, "l'eau"28,
"comme des tombeaux"29. De una u otra
manera, estos términos aluden a la desolación
romántica ante la muerte: el otoño de
la existencia, cuando el hombre sólo espera y
teme; las tierras inundadas como símbolo inhóspito
y muy amargo; el agua que bien puede dar la vida como
quitarla; las tumbas, que son desolación nostálgica
y abandono total. En fin, el conjunto integrado por
estos conceptos constituye el recuerdo de una existencia
ya transcurrida.
La
situación interrogativa define el contenido del
primer terceto. Esta interpelación conlleva una
duda angustiosa: al igual que en el soneto comentado
anteriormente ubicábamos la expresión
"Je voudrais", ahora encontramos el término
"Et qui sait"30. De nuevo en el centro
rítmico del soneto aparece un término
fundamental y definitorio en el desarrollo conceptual
de los respectivos poemas y que ahora se reviste de
un carácter dubitativo. El sujeto lírico
ha soñado con flores nuevas que adornen y alegren
la desolación de su jardín, pero lo que
desconoce es si esas flores podrán triunfar en
el inhóspito sitio al que todo ha quedado reducido.
Ha soñado con un mundo mejor, pero tiene miedo
por el inmenso abismo que existe entre la realidad y
la actividad onírica. Sólo flores vigorosas
podrán ocupar el lugar vacío, pero ¿contarán
con el alimento místico necesario para lograr
ese vigor? Sólo el tiempo podrá señalar
el alcance de estos sucesos, y mientras esto ocurre
lo único que puede apoyar al poeta romántico
es la esperanza que se sustenta tan sólo en un
sueño.
Define
al segundo terceto el carácter admirativo. Se
inicia con dos vocativos repetidos en sucesión
temática: "O douleur! ô douleur!"31
Es ésta una profunda reflexión sobre el
dolor de los otros y fundamentalmente sobre el dolor
propio. Surge como un grito en medio del poema al que
sigue la meditación: "Le Temps mange la
vie"32. Ese "Tiempo" escrito con
mayúscula inicial y personificado en su rasgo
trascendente de devorador de instantes, es el que aparece
vigoroso y cruel. Las dimensiones temporales pasado,
presente y futuro parecen señalar que el presente
no existe sino que se va consumiendo minuto a minuto.
El tiempo es una realidad escurridiza inventada por
el hombre para medir los momentos de su desazón.
En
el penúltimo verso aparece por fin la imagen
de "l'obscur Ennemi"33. El papel que
éste cumple se parece al que el sujeto lírico
adjudicaba al Tiempo. El obscuro Enemigo roe el corazón.
Es necesario comparar la fuerza expresiva del verbo
roer, que en el contexto del soneto viene a sustituir
a la expresión comer, atribuida al Tiempo. Los
verbos "Mange", "ronge" y los dos
sujetos que cumplen estas funciones resultan identificados
por la respectiva personificación: el Tiempo
y el Enemigo. Este último, a manera de un horrible
animal, crece y se fortifica con la sangre que nosotros
perdemos.
La
duda planteada a través de la expresión
"Qui sait" se mantiene vigente al concluir
el soneto; mientras que, por su parte, el grito desgarrador
del sujeto lírico "O doleur! ô doleur!"
se revela como la constante del poema
Je
te donne ces vers afin que, si mon nom
aborde heureusement aux époques lointaines,
et fait rêver un soir les cervelles humaines,
vaisseau favorisé par un grand aquilon,
ta
mémoire, pareille aux fables incertaines
fatigue le lecteur ainsi qu'un tympanon,
et par un fraternel et mystique chaînon
reste comme pendue à mes rimes hautaines;
étre
maudit à qui de l'abîme profond
jusqu'au plus haut du ciel rien, hors moi, ne répond;
-O toi qui, comme une ombre à la trace éphémère,
foules
d'un pied léger et d'un regard serein
les stupides mortels qui t'ont jugée amère,
statue aux yeux de jais, grand ange au front d'airain!34
Es
un soneto de entrega amorosa, en donde el sujeto lírico
se expresa en términos de donación de
aquello que puede considerarse como su más preciada
posesión: sus versos.
En
lo referente a los signos de puntuación utilizados,
llama la atención la ausencia del punto, tanto
como su eventual sustitución por el punto y coma;
esto da mayor fluidez expresiva al desarrollo del poema
y no concede ningún espacio que llegue a cortar
el desenvolvimiento semántico del mismo.
El
sentido expresado por la forma verbal "donne"
es fundamental porque todo se origina en esta actitud
de concesión elaborada desde la perspectiva del
sujeto. Ahora bien, si tenemos en cuenta que todo acto
creacional es una donación, debemos considerar
también que el sentido auténtico de este
dar reside en la importancia que atribuyamos no sólo
al acto creacional en sí, sino también
al acto de vida que representa la elaboración
y recreación de un poema.
Precisamente
en esta dirección es donde encontramos la esencia
misma del desarrollo lírico: el poeta entrega
sus versos con una finalidad que es quizás el
objetivo que persigue todo aquél que piensa,
de una manera u otra, en la inmortalidad. Puede llegar
su nombre, "mon nom", al territorio lejano
y misterioso en donde se verá libre del poder
devastador del tiempo. El sujeto lírico expresa,
en tono triunfal y glorioso, cuánto desea que
su nombre "aborde felizmente las épocas
lejanas"; concomitantemente, espera, por el poder
de la palabra y la magia del símbolo, que la
poesía alcance esa zona apenas conocida, pero
infinitamente soñada.
En
este momento del desarrollo del soneto, corresponde
analizar la segunda figura actuante del mismo: "Tá
mémoire"35. Esa memoria que pertenece
al ser amado será la encargada de propagar a
todos los vientos el carácter invencible del
amor mismo. La memoria participa de la magia poética;
por eso, al referirse a ella, el sujeto lírico
se vale de una expresión aclarativa que refleja
este hecho: "Pareille aux fables incertaines"36.
Y es así que la memoria se transformará
en incansable tímpano, cuya misión consistirá
en fatigar a los lectores, mientras las "rimes
hautaines"37 persistirán más
allá del sujeto que les diera origen.
La
manera como inicia el primer terceto, permite recrear
la imagen central del mismo: "Étre maudit"38.
Parece que el ser amado se reviste de una esencia particular,
adopta personalidad y define su identidad a los efectos
de que el quehacer poético romántico descubra
ese ser maldito del profundo abismo al que se encara,
y le hable con la natural familiaridad suficiente como
para decirle también: "Hors moi, ne repond"39.
Paralelamente,
en esta respuesta que el sujeto lírico proporciona
descubrimos profundas interrogantes que no hallan eco
tan fácilmente; porque quizás lo más
importante no estriba en lo que concebimos como respuesta,
sino en la permanente pregunta, la cual sí nos
puede llevar hacia ese más "haut du ciel"40.
Por
último, el segundo terceto incursiona en el terreno
imposible de la revelación, del encuentro con
la incógnita. Esa "Statue aux yeux de jais,
grand ange du front d'airain!"41, es, por
supuesto, el anhelo romántico que reviste una
clara proyección hacia la muerte. Muerte que
no es concebible en el mundo baudelaireano como desestimación
de todo; por el contrario, esa misma muerte es un culto
a la vida gracias a la circularidad que le permite moverse
de un opuesto a otro. Desde el inicio del soneto, el
sujeto lírico expresaba la relación Je-toi42;
al final del mismo, los términos muerte-vida
reafirman el carácter de esa misma relación:
el yo morirá sin duda, pero la donación
de sus versos le permitirá perdurar más
allá de todo, le concederá abordar feliz
y eternamente "aux époques lointaines"43.
Así
pues, más allá de la unidad formal que
se materializa a través de la utilización
del soneto como expresión lírica, lo que
interesa subrayar es el movimiento conceptual expresado
en los poemas analizados.
"La
musa enferma" constituye una apropiada reflexión
estética al estilo baudelaireano. Expresa la
profunda autocompasión romántica. El sujeto
lírico pretende descubrir el mal que aqueja a
su musa y propone, como salida posible, el reanálisis
del modelo romántico para intentar desentrañar
de la Antigüedad clásica nuevas opciones.
"El
enemigo" manifiesta la presencia del mortal aliado
del tiempo; un enemigo invisible pero materializado
en cada instante de desazón y búsqueda,
un enemigo que está dispuesto a roerle el corazón
y que en su condición implacable anuncia el angustioso
final.
Por
último, "Yo te doy estos versos" es
un poema de amor romántico en donde la esencia
de ese mismo amor nos lleva a entender que la musa enferma,
que habita en el sujeto lírico, es parte de él
y que nada podrá hacer contra el obscuro enemigo.
Más
allá de las opciones que proporciona la búsqueda
incansable, lo que interesa entender es la pureza y
fragilidad de un sentimiento que es el del propio Baudelaire.
Éste analiza primero sus condiciones internas
como creador, le teme luego a un posible enemigo, para
pretender al fin descansar en los brazos de un amor
que es muerte y es más allá.
"La
forma del soneto, constituida por la suma de dos partes,
cuartetos y tercetos, que primeramente habían
servido como estrofas distintas, aparece definida en
Italia desde principios del siglo XIII. La influencia
de Petrarca hizo del soneto la forma métrica
más extendida en las lenguas modernas."
Navarro Tomás (1972:205)
-
"Si dejamos aparte el soneto de Shakespeare, puede
decirse que conservó inalterado su aspecto característico
desde Petrarca, que aseguró su triunfo, si bien
cada literatura y época dieron la preferencia
a una u otra de las posibles variantes." Baehr
(1970:385).
-
A pesar de opiniones como la de Dante, quien prefirió,
frente a sus magníficos sonetos, las baladas
y canciones.
-
Como lo empleó, por ejemplo, Pellicer en sus
"Horas de Junio", cinco poemas diferentes,
con el mismo título, cada uno de ellos compuesto
por tres sonetos endecasílabos de rima consonante
ABBA ABBA CDC EDE.
-
¡Oh pobre musa mía! ¿Qué
pasa esta mañana?/ Las visiones nocturnas pueblan
tus ojos huecos,/ y así veo, alternando, reflejarse
en tu tez,/ la locura, el horror, fríos y taciturnos./
El súcubo verdoso y el duende sonrosado/ ¿te
han vertido el amor y el miedo de sus urnas?/ Un mal
sueño, con puño despótico y vivaz,/
¿te ha sumergido al fondo de un Minturno increíble?/
Quisiera que exhalando el olor de tu salud/ los pensamientos
fuertes frecuentaran tu pecho,/ que tu sangre cristiana
fluyera en olas rítmicas,/ cual sones numerosos
de las antiguas sílabas,/ donde reinan por turno
el padre de la canción,/ Febo, y luego el gran
Pan, señor de las cosechas.
-
-
-
-
-
"El súcubo verdoso y el duende sonrosado"
-
"El amor y el miedo de sus urnas"
-
"Contraposición de dos [...] pensamientos
[...] de amplitud sintáctica arbitraria",
Lausberg (1983:190).
-
-
"Que exhalando el olor de la salud"
-
-
"Los pensamientos fuertes frecuentaran tu pecho"
-
-
-
Mi juventud fue sólo tenebrosa tormenta,/ atravesada
a veces por soles centelleantes;/ las lluvias y los
rayos hicieron tal estrago,/ que pocos son los frutos
bermejos del jardín./ Pues bien, ya he tocado
el otoño de la idea,/ y es hora de emplear las
palas y rastrillos/ y agrupar como nuevas las tierras
inundadas,/ donde las aguas cavan sus pozos como tumbas./
¿Quién sabe si las flores nuevas con las
que sueño/ hallarán en el suelo lavado
como playa/ el místico alimento con que harán
su vigor?/ -¡Oh dolor! ¡Oh dolor! Come la
vida el Tiempo,/ y el oscuro enemigo que el corazón
nos roe/ con sangre que perdemos crece y se fortifica!
-
"Mi juventud fue sólo tenebrosa tormenta"
-
-
-
-
-
"He ya tocado el otoño de la idea"
-
-
-
-
-
-
-
-
-
Yo te doy estos versos para que, si mi nombre/ aborda
felizmente las épocas lejanas,/ y ensueña,
alguna noche, los cerebros humanos,/ bajel favorecido
por un gran aquilón,/ semejante a las fábulas
inciertas, tu memoria/ como incansable tímpano
fatigue a los lectores,/ y por un fraternal y místico
eslabón/ se quede suspendida en mi rima altanera;/
creatura maldita, del abismo profundo/ hasta el más
alto cielo, sólo yo te respondo;/ -oh tú,
que, como sombra de huellas huidizas/ golpeas con pie
leve y sereno mirar/ a estúpidos mortales que
amarga te juzgaron,/ estatua de ojos jade, enorme ángel
de bronce!
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"Semejante a las fábulas inciertas"
-
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"¡Estatua de ojos de jade, enorme ángel
de bronce!"
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© Luis Quintana Tejera 2000
qluis@toluca.podernet.com.mx
Universidad Nacional del Estado de México
Espéculo. Revista de estudios literarios.
Universidad Complutense de Madrid
El
URL original de este documento es
http://www.ucm.es/info/especulo/numero16/baudel.html
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