Miguel de Torre y Jorge Luis Borges editaban en 1975
Prólogos con un prólogo de prólogos,
un compendio de calzadores para la lectura de otros
textos, de prólogos, cuyo autor, el mismo Borges,
había escrito y publicado entre 19251 (Nora Lange,
"La calle de la tarde") y 1976 (Lewis Carroll,
"Obras Completas"), siendo ahora, con motivo
de su reedición, revisado, reanotado y, en la
mayoría de los casos, aun post-datado.
En
total, una cuarentena de prólogos de diversa
índole, siempre a tenor de su objeto, es decir,
tanto de su tema cuanto de su propósito, conforman
el cuerpo del libro. Se trata de prólogos a obras
en múltiples lenguas originales, a obras clásicas
y contemporáneas, a obras poéticas y a
obras en prosa o ambas a la vez (Prosa y poesía
de Almafuerte), a traducciones propias (Ralph Waldo
Emerson, Hombres representativos), a ediciones críticas
(Francisco de Quevedo, Prosa y Verso, con Adolfo Bioy
Casares), a obras para la documentación (Edward
Gibbon, Páginas de historia y de autobiografia)
y a obras para la reflexión (Pedro Henriquez
Ureña, Obra Critica), a textos sueltos, a selecciones
(Hilario Acasubi, Paulino Lucero. Aniceto el Gallo.
Santos Vega), a antologías (Versos de Carriego)
y a obras completas (cfr. Lewis Carroll).
Alguno
de estos prólogos no lo es de ningún texto,
si bien hace pose de serlo; más bien prologa
una vida (panegírico a Macedonio Fernández),
o una lucha (Domingo F. Sarmiento, Recuerdos de provincia
y Facundo), o una colección de fotografías
(El Gaucho), o un esbozo de ciudad (Attilio Rossi, Buenos
Aires en tinta china). Y, desde un punto de vista formal,
algún prólogo merecería incluso
el título de "introducción"2
(José Hernandez, Martín Fierro).
Precediendo
a todos estos prólogos damos con el prólogo
a los prólogos o "Prólogo de prólogos",
como se da en llamarlo Borges, según él
sin ningún interés específico ni
extraordinario, pues "trátase llanamente
de una página que anteceda a los dispersos prólogos
elegidos por Torres Aguero Editor...". En oblícua
oposición a la suscinta explicación de
Borges, en los parágrafos que siguen me propongo
abundar en la sospecha de que este prólogo a
los prólogos sí puede ser considerado
un prólogo de prólogos en el sentido "de
la locución hebrea superlativa", y, en fin,
un prólogo ejemplar.
La
hipótesis inicial de este trabajo aventura que
el "prólogo de prologos" es un "prólogo,
digamos, elevado a la segunda potencia", remedando
a Borges, no entendiendo por ello que precede a otros
prólogos según un cálculo cuantitativo,
o sea, lógica, numérica o cronológicamente,
permaneciendo indiferente por igual a las condiciones
que han de favorecer la adecuada recepción de
tales prólogos así como a las que determinan
su honrosa creación, y, por lo demás,
no haciendo mella alguna en su condición literaria.
Por el contrario, según lectura aquí propuesta,
el "Prólogo de prólogos" es
un "prólogo, digamos, elevado a la segunda
potencia
"
(1) tanto porque hace posible la buena relación
entre su objeto y su receptor (2) cuanto porque establece
las pautas a las que todo prólogo, es decir,
a las que toda creación de prólogos o
todo prologar debe ceñirse. En concreto, tanto
desde el punto de vista de los contenidos como de la
forma, este prólogo de prólogos estipula
las cualidades a las que todo prólogo debe aspirar,
y los compromisos que todo prólogo debe contraer.
El
prólogo de prólogos pone de manifiesto,
pues, la est-ética del prólogo. Y en este
doble vaivén, en este ejercicio poético
que debe ser calificado a un tiempo de meridiano esfuerzo
subtil aunque también crítico, donde el
prólogo se configura como una entidad clara y
quizás hasta inesperadamente literaria y normativa,
práctica y teórica, el "Prólogo
de prólogos" se constituye en un paradigma
de creación, de teoría y de crítica
literarias.
Es
menester aclarar de antemano que el "Prólogo
de prólogos" es a la vez primus motor yprimus
inter pares de mi lectura. Por ello, el tratamiento
de los "prólogos" será breve,
sirviendo tan sólo al propósito de ilustrar
cuán innovativa resulta en este ámbito
de la creación literaria la implícita
propuesta de Borges. De igual modo conviene avanzar
que la obra de Gerard Genette, Seuils (obra ya de referencia
obligada a la hora de adentrarse en elucubraciones teóricas
sobre la condición literaria del texto
en cuanto tal, así como de sus apéndices),
proveerá la discusión de significativas
reflexiones en torno de la condición literaria
del prólogo, las cuales merecerán un espacio
considerable en virtud de su valor sistemático.
Algunas de estas reflexiones serán valuosas herramientas
hermenéuticas a la hora de analizar el texto
de Borges pero, en particular, a la hora de mostrar
en qué medida su propuesta concerniente al quehacer
del prólogo, se instituye en correctivo de la
tradición, de cuya representación Genette
corre a cargo en este caso. Con Genette comenzamos.
1.
"Prólogo de prólogos". El prólogo
según Genette.
En
Seuils, Gerard Genette incluye tres capítulos
dedicados al prólogo (o prefacio) y a su función
(o funciones): "L"instance préfacielle"
(pp.150-218), "Les fonctions de la préface
originale" (pp.182-218) y "Autres préfaces,
autres fonctions" (pp.219-270). La primera y más
genérica definición del prólogo
que encontramos en el texto de Genette nos informa de
que el prólogo consiste "en un discours
produit à propos du texte qui suit ou qui précede"
(150).
Tras
explicar a grandes rasgos en el apartado "Préhistoire"
el pasado del prólogo en el recorrido histórico
que yace a sus espaldas, una vez consolidado en tanto
que entidad literaria, en tanto que género literario,
Genette fija los ejes fenoménicos del prólogo,
sus cooordenadas, sus categorías. En términos
kantianos diríamos su "espacio" o lugar
("Lieu"), aquel que el prólogo ocupa
respecto de su objeto, y su "tiempo" o momento
("Moment"), en el cual el prólogo ha
sido creado a fin de acompañar el objeto. A ellos
cabe añadir el lector/-es o destinatario/-s ("Destinateurs")
del conjunto conformado por el prólogo y su objeto,
y el autor del prólogo, que puede ser el mismo
autor del objeto - en cuyo caso se trata de un prólogo
autorial o autográfico - u otro, ya sea real
- en cuyo caso se trata de un prólogo alógrafo
-, o fictício, "un des personnages de l"action"
(166) - en cuyo caso el prólogo es actorial3.
1.1
Prólogos y prólogos.
Una
vez dibujado el mapa en el que dar cabida al prólogo
en función del modo según el cual parecen
trazarse las coordenadas de la autoría, del tiempo
y del espacio, es decir, una vez consumado el ejercicio
descriptivo del qué del prólogo, cuyo
resultado se plasma en la tipología antes mencionada,
Genette se detiene ahora en el por qué del prólogo,
o sea, en su función. Tal consideración
del prólogo desde la perspectiva funcional es
necesaria, justifica Genette, puesto que "toutes
les préfaces ne "font" pas la même
chose - autrement dit que les fonctions préfacielles
diffèrent selon les types de préface"
(182)4.
La
función del prólogo autorial consiste
en "assurer au texte une bonne lecture" (183),
fórmula que Genette desglosa en los términos:
"1. obtenir une lecture, et 2. obtenir que cette
lecture soit bonne". Mas Genette aclara sin más
dilación que no se trata de atraer al lector,
sino de "le retenir par un appareil typiquement
rhétorique de persuasion [o] captatio benevolentiae"
(184). Se trata, en definitiva, de "valoriser le
texte" y, para ello, es necesario valorizar su
tema ("le sujet"). Parece, pues, que las cualidades
del prólogo y las del "texto" u objeto
del prólogo se determinan mútuamente,
ya que las cualidades de aquel dependen de las de éste,
a las cuales se debe el prólogo y, en paralelo,
las cualidades del texto, las claves en las que se encuentra
anclado, deben ser asimismo las claves cualitativas
a la base del prólogo.
Dichas
claves son, según Genette: la "importancia",
la "novedad", la "unidad" y la "veracidad".
La importancia permite destacar la "utilidad"del
texto que pasa a ser, se diría que por ósmosis,
la "utilidad" del prólogo5. La novedad
permite establecer el grado de originalidad del texto
y se constituye en argumento fundamental de todo enjuiciamiento
poético. Launidad permite instaurar un criterio
de homogeneización en un conjunto que, de otro
modo, precisamente atendiendo a su propia naturaleza,
correría el riesgo de ser tenido por "contingente"
(186). La veracidad es cifra del único lugar
del prólogo que el autor puede reivindicar como
suyo para destacar un "mérito" que
no es de suerte estética, que no contempla el
"talento", sino ética, puesto que implica
"conciencia", "sinceridad", un "esfuerzo
por la veracidad".
Acto
seguido, Genette ofrece un elenco de las labores propiamente
dichas del prólogo autorial original. Cabe señalar
que Genette no pone en claro hasta qué punto
se trata de labores obligatorias, debiendo ser llevadas
a cabo una tras otra o con simultaneidad, u opcionales,
pudiendo ser realizadas a discreción. Sea como
sea, la primera labor del prólogo concierne a
la "génesis" de su objeto, pues aquel
"peut informer le lecteur sur l"origine de
l"oeuvre, sur les circonstances de sa rédaction,
sur les étapes de sa genèse" (195).
La segunda labor consiste en "escoger un público",
es decir, en "situarlo" y, por consecuencia,
en "determinarlo", es decir, en identificarlo.
En tercer lugar, el prólogo debe ofrecer un "comentario
justificado del título" (198), el cual,
a su vez, puede implicar una "défense contre
les critiques subies ou anticipées" (199).
En el caso de las obras de ficción, el prólogo
debe aun prevenir la confusión, cerrándole
todo espacio de antemano al reivindicar el carácter
ficcional del texto con manifestaciones que, recomienda
Genette, el autor debe "manier avec des pincettes,
ou d"absorber cum grano salis" (202). La quinta
labor del prólogo, más bien heurística
y hasta pedagógica, consiste en "advertir
le lecteur (...) de l"ordre adopte dans le livre
qui suit" (202), en facilitarle la orientación,
en dibujarle el mapa del texto. De modo paralelo, el
prólogo debe advertir al lector de si el texto
al cual se enfrenta se encuentra todavía sometido
a un proceso de configuración o si, como es el
caso con una trilogía, la relación con
otros textos es lo bastante definitoria como para que
ellos deban ser igualmente considerados en la lectura;
el prólogo debe aportar "indications du
contexte" (203). Además, en el prólogo
debe resonar la voz del autor, su declaración
de intenciones, la interpretación de su texto
o "interprétation autorial" (207);
en el prólogo, pues, el autor da la clave hermenéutica
de acercamiento al texto, de apertura del texto6. Finalmente,
el prólogo ofrece definiciones genéricas
que, observadas desde un nuevo ángulo, facilitan
al lector la apropiación del texto, pudiendo
incluso contribuir a la "resurrection d"un
genre" (210)7.
Tras
detenernos en el qué y en el por qué del
prólogo, es necesario ahora hablar con Genette
del "Prólogo" de Borges, y de sus "prólogos".
1.2
"Prólogo" y "prólogos".
Por
lo que respecta a los "prólogos" de
Borges, acordamos según la tipología de
Genette que son alógrafos auténticos,
originales, ulteriores - en tanto que post-datas, "post-facios"
- y tardíos.
Ahora
bien, como anunciábamos ya al principio de este
trabajo, no todos ellos son prólogos mediante
los cuales el autor, Borges, "présente au
public l"oeuvre d"un autre écrivain
[cuya "atribución"] est toujours explicite,
que son occasion soit originale, ultérieure ou
tardive, voire posthume" (174). Cabe recordar que,
ocasional aunque significativamente, los prólogos
de Borges no presentan al lector la obra de otro escritor,
es decir, un texto, sino un objeto estético que
resulta de un proceso creativo, y, por ello, susceptible
de convertirse en objeto de experiencia estética:
de ser contemplado y gozado.
Luego,
por una parte, el objeto que los prólogos de
Borges presentan, su tema, supera al objeto o tema del
prólogo en la concepción de Genette; y,
por otra, los prólogos no tienen por objeto la
mera presentación al lector de una obra de arte,
sino más bien la participación del lector
de dicha obra y, en concreto, la re-creación
de la misma.
El
"Prólogo de prólogos", en cambio,
responde a la definición del prólogo autorial
auténtico original de Genette, cuyas características
y funciones han sido ya revisadas. Veamos ahora en qué
medida el "Prólogo" de Borges, así
considerado, se ajusta al molde diseñado por
Genette. Y veamos si, por el contrario, forjará
más bien un molde nuevo.
2.
"Prólogo de prólogos". El prólogo
según Borges.
Hemos
visto en el parágrafo anterior que una lectura
de los "prólogos" de Borges - prólogos
alógrafos auténticos - con base en la
descripción de Genette obliga una re-definición
de la misma, por lo que concierne tanto a su tema cuanto
a su propósito. El prólogo según
Borges, el que se configura según su práctica
literaria, se constituye, pues, en correctivo crítico
del prólogo según Genette. Una cualidad
que gana en intensidad y en nitidez tan pronto como,
tras extender la mirada sobre los "prólogos",
esta se fija en el "Prólogo", que los
precede, con el fin de apreciar su textura.
Anticipamos
que el "Prólogo de prólogos",
prólogo autorial auténtico, se desmarca
a nivel teórico de la propuesta de Genette no
sólo porque matiza cuál ha de ser el por
qué del prólogo, sino, sobre todo, porque
pone de relieve una dimensión del prólogo
inapreciable en aquella propuesta, a saber, el cómo
del prólogo8.
A
tenor del análisis de Genette, la principal función
del prólogo autorial consistía en assurer
au texte une bonne lecture" (183), es decir, en
"1. obtenir une lecture, et 2. obtenir que cette
lecture soit bonne", ya que sólo así
le es dado al prólogo retener al lector. Según
Borges, en cambio, una "buena lectura" del
texto, del objeto, de "prólogos", por
tanto, debe liberar al lector y librarlo "a los
ocios de la imaginación o al indulgente diálogo".
Tal entrega del lector a la experiencia propiamente
estética se constituye en clave cualitativa fundamental
del prólogo, dado que ella lo libra a su vez
de la banalidad, de la convencionalidad, de la contingencia
y de la falacia que preocupaban a Genette.
El
"Prólogo de prólogos" quiere
dar alcance al lector hasta el punto de desplazarlo
de la lectura a la escritura: "La revisión
de estas páginas olvidadas me ha sugerido el
plan de otro libro más original y mejor, que
ofrezco a quienes quieran ejecutarlo". Y es precisamente
en el ámbito que la creación y la recepción,
concebida como topos de la re-creación, conforman
a la par, allí donde el prólogo debe hacer
suyo al lector, donde debe atraparlo, en la concepción
de Borges.
Ni
que decir tiene que, de este modo, Borges ha seleccionado
ya a su público - en términos de Genette
-, al cual quiere, como él mismo escribe, imaginativo
y no "laborioso", arriesgado y "original",
comprometido hasta el punto de poner en marcha un proyecto
tan singular y tan devoto como el de un libro que "constaría
de una serie de prólogos de libros que no existen"9.
Borges escoge, pues, para sí, un lector-escritor
al cual informar, según Genette, sobre "la
génesis del objeto", a saber, de sus prólogos;
un lector ante el cual justificar o, cuanto menos, a
quien explicar el título, orientándolo
en el conjunto gracias a "indicaciones sobre el
contexto" y a su propia interpretación del
texto. Por desgracia para el esquema de Genette, Borges
informa poco y se contenta con aludir a escogidas circunstancias,
en virtud de las cuales el lector interesado pueda reconstruir
aquello que queda por decir. Con ello, Borges contribuye
a la "apropiación" del texto por parte
del lector y, sin duda, en términos todavía
de Genette, "a la resurrección de un género"
(210).
2.1
Reconstrucción.
Genette
insiste en que el prólogo autorial persigue "valoriser
le texte" y en que, para logralo, es necesario
valorizar el tema del mismo, ("le sujet").
Con Borges resulta posible admitir lo primero, siempre
y cuando se entienda por "valorizar" el texto
poner de relieve sus más altas cualidades, aquellas
que lo configuran y le honran desde una perspectiva
tanto estética como ética. Por el contrario,
difícilmente podríamos subscribir el segundo
aspecto de la consideración de Genette, ya que,
como veíamos, la (des)valorización de
un texto no depende de su qué, du su "sujet",
el cual Borges no discute, sino de su cómo. Borges
aun advierte del riesgo de banal redundancia monótona
que corre el prólogo cuando se entozudece en
destacar la gloria temática de su objeto, y no
la metodológica, la figurativa, la estructural:
la poética.
En
cualquier caso, el "Prólogo" se hace
eco explícito de sí mismo, de su título,
"Prólogo de prólogos", comentado
ahí por Borges, no tanto con motivo de una justificación,
para poner en claro que en él no se esconde ningún
interés específico ni extraordinario,
dado que "trátase llanamente de una página
que anteceda a los dispersos prólogos elegidos
por Torres Agüero Editor...", como por modestia,
o, mejor, por coqueta modestia - rasgos que el mismo
Genette destaca en la obra de Borges (190, 216), y para
prevenirse de antemano (192), o sea, para auto-justificarse.
Borges
se ocupa asimismo en el "Prólogo" de
la génesis del conjunto de prólogos que
aquel precede, del cuerpo textual. En un nuevo guiño
crítico, de-constructivo, dirigido hacia la tradición
literaria, cultural y lingüística, oficial
y oficiosa, consciente de la necesidad de "dejar
de ser españoles" para dar con las propias
"raíces históricas", Borges
cuestiona su horizonte de influencias, la referencia
histórica de su propia creación y la de
tantos otros con quien se ha sabido compartiendo el
deber de fundar "una tradición que fuera
distinta". La renovada tradición literaria
por la que clama Borges se resiente también en
lo que concierne a la naturaleza del prólogo,
que debe ser revisada y aireadas sus "raíces",
históricas o de otra índole. Y de esta
revisión, de esta re-fundamentación es
también muestra el "Prólogo",
forjado en cierta medida a la luz de un "libro
de ensayos de cuyo nombre no quiero acordarme"
- ya que, sin duda, no es relevante -, firmado por Valéry-Larbaud,
a quien Borges reconoce haber leído en 1926 porque
un amigo suyo había alabado "la variedad
de sus temas, que juzgo propia de un autor sudamericano".
Precisamente
a raíz de dicha alabanza, la alabanza de la diversidad,
se adivina la primera corrección clave a la receta
de Genette para "valorar" el texto o, cuanto
menos, uno de sus ingredientes fundamentales, a saber,
la "unidad". Ajeno a la preocupación
de Genette por la contingencia, el "Prólogo"
de Borges establece la diversidad como criterio unificador.
Escribía
Genette que "le recueil d"éssais ou
d"études est sans doute le genre quappelle
le plus fortement la préface unificatrice, parce
qu"il est souvent le plus marqué par la
diversité de ses objets, et en même temps
le plus désireux, par une sorte de point dhonneur
théorique, de la dénier ou de la compenser"
(188). Ahora bien, el pundonor borgiano no es, al menos
de manera explícita, "teórico",
sistemático, sino poético. Por eso Borges
no considera ni necesario ni mucho menos deseable concebir
un prólogo que, cual molde globalizador e indiferente
a lo particular, haga del compendio que precede un todo
homogéneo, sea este o no el caso. La cuestión
de si el todo es homogéneo no atañe a
la creación literaria sino a la re-creación
literaria. Genette es sensible a la reconsideración
a la que obliga no ya el "Prólogo"
de Borges, sino sus obras, las cuales, "on le sait,
sont des recueils" (190), y constata que a la "valorisation
presque universelle de lunité [es menester
oponer] un thème inverse de valorisation de la
diversité" (189). Borges, continua Genette,
incluso "souligne la diversité (...) pour
sen excuser (...) ou pour la reivindiquer"
(190). Y, podríamos añadir matizando esta
afirmación, Borges alaba en el "Prólogo"
la diversidad, comprometiéndose con ella hasta
el punto de justificarla histórica y literariamente
y hacer de ella género.
En
paralelo, Borges advierte al lector en el "Prólogo"
del contexto de su texto - en términos de Genette
-; pero su talante es tan "esquive" (213),
la "préterition" tan subtil, y el escondite
de la llave interpretativa tan discreto, que sólo
una lectura atrevida y no menos forzada acaba dando
con ella. Aventuremos que lo logramos, que encontramos
la llave y que el contexto del texto del "Prólogo"
de Borges, el leitmotif que revela su sentido - o, cuanto
menos, uno de ellos - es el - anticipado y por Borges
preciado - contexto de la crítica y de la teoría
literarias, el contexto de los textos que "enuncian
y razonan una estética". Borges insiste
condescendiente: "El prólogo (...) no es
una forma subalterna del brindis; es una especie lateral
de la crítica".
2.2 Resurrección.
Hemos
visto que el primer objetivo del impulso crítico
a reseguir en el "Prólogo" de Borges
es la tradición y, en particular, la tradición
literaria. Una crítica que cuestiona, por añadidura,
el carácter unificador del prólogo. Enunciar
y razonar una estética también tiene no
sólo el motor, en dicho impulso, sino también
su fundamento. Parece, pues, que la principal función
(o funciones) del "Prólogo" según
Borges, que no según Genette, atañe al
ámbito de la creación, al prologar mismo.
Si
logra cumplir con su función crítica,
al prólogo le es dado, en una suerte de reflejo
teórico y poético a la vez, tratar del
prólogo "comme genre". No obstante,
el prólogo no ofrece "definiciones genéricas",
como sugería Genette, sino que, de nuevo forjando
su propio molde, aludiendo a previas y diversas deficiencias
en otras definiciones, ofrece la suya propia: su (re)definición.
Es
entonces cuando el prólogo deviene "autologique:
préface sur les préfaces" (218).
Sólo entonces el prólogo es "Prólogo
de prólogos", un "prólogo, digamos,
elevado a la segunda potencia", en tanto en cuanto
además de dar cabida a la relación entre
el lector (-escritor) y su objeto (texto), traza las
líneas directrices que la reinstauración
de dicha relación entre el lector (-escritor)
y su objeto (texto) debería considerar sus parámetros.
La
relación que el prólogo ofrece al lector-escritor
revela un deseo fundamentalmente lúdico y es
menester, por ello, así lo sugiere Borges, que
se establezca en términos ingeniosos, divertidos,
engañosos, acogedores y placentereos, ya que
sus "tramas deberían ser de aquellas que
nuestra mente acepta y anhela". La primordial labor
del prólogo, pues, no es informar, como veíamos,
sino seducir. Por ello, cualquier tipo de gesto documental
- "citas", "argumentos" -, así
como de articulación cabal y lógicamente
encajada es ahí, en consecuencia, engorrosa y
ajena.
De
nuevo Borges alude, ahora a la manera del prologar,
indicando ya con lo primero, a saber, con la alusión,
la forma idónea de lo segundo. Con ello, la principal
contribución del "Prólogo",
y que se sigue de "enunciarse" genéricamente,
es la de fijar de manera indirecta, diciéndose
a sí mismo, su ideal poético, el cómo
de su decir. Con ello, lo anotábamos con anterioridad,
el centro de gravedad teórico del prólogo
se desplaza significativamente en la lectura de Borges
con respecto a la lectura de Genette, que se complacía
con determinar sus "qué" y "por
qué". Por mor de su sugerencia, que, como
veíamos, aboga por la seducción del lector-escritor,
por un "indulgente diálogo", Borges
instituye con el "Prólogo" el topos
genérico en el que criterios estéticos
y éticos se implican y determinan mútuamente
en un cómo sui generis de la experiencia estética.
En
efecto, en tanto que entidad crítica, el prólogo
parece estar sujeto a sendos compromisos, estético
y ético que, según Borges y su "Prólogo
de prólogos", paradigma por lo demás
a seguir, deben ser contraídos. Luego en última
instancia, a la pregunta por los restos del prólogo
en el "Prólogo de prólogos"
de Borges, cabe dar respuesta como sigue. En tanto que
entidad crítica que se propone la re-creación
del objeto o texto al que precede, no tanto por su parte
como por parte del lector de ambos, el prólogo
se pliega a la diversidad que tanto al objeto como a
la tarea de re-creación misma les es intrínseca,
abogando en fin por ella como único criterio
homogeneizador legítimo. La heterogeneidad, la
ambigüedad - "nunca sabe si es un pobre sujeto
que suena ser un paladín..." -, y la revisión
hospitalaria, incesante y honesta, son y deben ser los
únicos factores de coesión del prologar.
Asimismo, en tanto que entidad crítica que solicita
una determinada manera para el re-crear que se propone,
la alusión, un cómo del prologar no autoritario,
el prólogo aboga por la rica flexibilidad de
la imaginación y de la retórica más
gentil, las cuales han de acompañar al lector,
como Carlyle "en su Sartor Resartus" -entre
otros- acompaña a Borges, hasta hacerse cargo
de la tarea "más original y mejor"
que el prólogo generosamente le cede.
© Begonya Saez Tajafuerce 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios.
Universidad Complutense de Madrid
El URL original del documento es
http://www.ucm.es/info/especulo/numero14/bor_prol.html