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En una concentración de
jóvenes en Lirquén, mi ciudad natal, conocí a unos jóvenes de Quilpué, ya que mi
hermano Exequiel vivía en aquella ciudad. En esos días conocí a Abraham Tapia, nos
hicimos muy amigos. Al igual que yo, le gustaba cantar, especialmente a voces.
En febrero de 1994, mi hermano me hizo una propuesta para ir a vivir y trabajar en
Quilpué. La idea fue bastante atractiva, pero tuve que pensar mucho, ya que era director
musical del cuarteto Sinaí de Lirquén. Pasaron dos meses y decidí salir de mi casa para
una nueva y desconocida vida.

Ensayo en el Templo de la Iglesia Evangélica Pentecostal de Quilpué.
1994. Primera formación del Cuarteto de Quilpué: Alejandro Ormeño, Bajo y Director;
Abraham Tapia, 2º Tenor; Víctor Fuentes, 1º Tenor; Juan Arias, Barítono.
Fue así que el primer miércoles de abril de ese mismo año, estaba llegando a la ciudad
de Quilpué, específicamente al Belloto 2000.
Ese día el conjunto coral estaba en el local del Belloto Sur. Dejé mis maletas en casa y
fui a escuchar himnos de adoración al único Dios, Creador y Redentor.
Pues bien, a la salida, me encontré con mi amigo Abraham y él me presentó al resto del
grupo. No habían muchos, porque ese día estaba lloviendo bastante y hacía mucho frío.
Por el camino de vuelta a casa, comenzamos a cantar algunos himnos bien antiguos y
tradicionales. Escuché algunas armonías y me gustó. Inmediatamente le dije a Abraham
que si podíamos formar un cuarteto. A ellos les gustó la idea. Oramos al Señor,
pidiendo confirmación sobre este deseo. En esa noche conocí a Juan Arias y Víctor
Fuentes, los cuales estaban presentes para este proyecto. Fueron los primeros integrantes.

Jóvenes de Quilpué en un trabajo misionero evangelístico en el
barrio de Belloto Norte. 1994
La semana siguiente me reuní con ellos para hacer nuestro primer ensayo.
Fue todo maravilloso y bendecido por Dios. Así comenzó el cuarteto de Quilpué.
Reconozco y exalto el poder y la gracia del Señor, porque fue más que necesaria en esta
obra.
No fue fácil, tuvimos muchas dificultades, pero Dios nos daba fuerzas para continuar. Me
recuerdo muy bien, que muchas veces nos quedábamos hasta después de medianoche ensayando
y conversando temas espirituales. Con calor o con frío, estábamos en un lugar
determinado para ensayar. Como director musical, Dios me dotó de paciencia y virtud para
pasar las voces de los himnos a cada uno de ellos.

Visita del hermano y oficial de la Iglesia Evangélica Pentecostal de
Lirquén, Ricardo Ormeño G. al Cuerteto, em un ensayo. 1994.
 Primera
grabación del Cuarteto de Quilpué: "Un día el mundo dejaré". 1995
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En noviembre de ese
mismo año, volví a mi ciudad y al cuarteto Sinaí, en mi lugar como director quedó
Jaime Leiva, quien dio continuidad al trabajo que había comenzado en abril.
Quedé muy feliz cuando al año siguiente, el cuarteto hizo su primera grabación, eso me
demostró que el trabajo no fue en vano.
Hoy estoy en Sao Paulo, Brasil y cuando leo
noticias de que el cuarteto sigue su marcha, mi corazón se llena de gratitud al buen y
maravilloso Salvador.
Mi deseo como hermano y amigo en el Señor, es que nunca abandonen esta práctica, de
alabar al Dios del universo, porque lo único que se hará en la nueva Jerusalén, será
cantar por siempre al santo de Israel.
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Alejandro Ormeño, con el Cuarteo JASD, en Sao Paulo, Brasil
Que Dios continúe añadiendo virtud, gracia y
poder a cada integrante de este grupo.
Un abrazo y bendiciones
Alejandro Ormeño Salazar
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