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Llegó
la noche. Tras la serena
recapitulación del ocaso muere el
día
y
la oscuridad borra los límites.
Cada
estación encierra un tesoro común
a todas y un regalo diferente:
explorar
la vida desde innumerables
perspectivas.
Y
de fondo, siempre, el sonido de la
Creación.



El
tesoro del invierno es aprender a
sacar la energía de tu propio
pozo. Encontrar tu fortaleza. Es
momento de eliminar los hábitos
de vida y pensamiento que limitan
y quitan energía.
En
la naturaleza la semilla se
prepara para pasar el Invierno; es
momento de disfrutar de lo más íntimo
de nosotros mismos. Así, cuando
el niño resurja en primavera
estaremos preparados para brotar.
Firme el eje, resucitaremos a un
nuevo ciclo, renovados sin dejar
de ser los mismos...
El
orden da energía. Ordenarse es
vivir en armonía con las leyes de
la propia naturaleza y es también
poner orden en nuestro interior
unificando cuerpo, pensamientos y
sentimientos. Pacificar sus
conflictos, aceptando que todo en
nosotros tiene su lugar y función.
Has de aceptarte entero y cuidarte
bien para conocerte y usarte de la
mejor manera.
Tras
limpiar el hogar, podemos volcar
la atención en la oscuridad de la
soledad interior hasta dar con la
esencia. Y reencontrar lo que
somos. Desnudos de toda
identificación. No identificándome
con lo que no soy . No soy lo que
pienso; no soy lo que siento; no
soy la risa, soy el que se ríe.
Aprecia
el valor de las cosas; prescinde
de lo innecesario y dale alas a
los deseos. Acepta lo que te
traiga la vida sin huir de lo
desagradable; observa todo con la
misma neutralidad.
Disfruta
del silencio, rodéate de él y
permite que se adueñe de tí.
Medita; detente en silencio sin
objetivo.
A
veces necesitamos vivir
situaciones límites para
reconocernos, morir para
resucitar, sufrir para sentir más
profunda la realidad. Vivir el
presente, trascender los deseos y
eliminar la autocompasión son
algunos de los dones de esta
estación.
A
lo largo de este viaje por las 4
estaciones interiores hemos
descubierto que participamos de
todos los climas, que en nosotros
habita el niño, el anciano, la
osadía y el temor, el silencio y
la expresión... la creencia de
que somos de una manera
determinada, de que el otro tiene
lo que a mí me falta, cierra la
puerta a despertar la infinita
posibilidad que encerramos.
Abre
tus sentidos a la Naturaleza, pues
es un espejo de tu propia
naturaleza. Así nació esta sección.
Tienes un mapa para orientarte; el
territorio eres tú, y el camino
es un misterio que se va
desvelando al recorrerlo. Hazte
especialista en tí mismo: no
entregues a nadie el timón que sólo
a tí corresponde manejar.
Recuerda
que existen tantas realidades como
puntos de vista. Así que no
coloques tu referencia en
creencias, aunque las compartas
con muchos millones de personas.
Tu
centro está en el corazón, no en
la cabeza, y sólo en el silencio
mental encontrarás la respuestas
a tus dudas. Y sólo en tu corazón
encontrarás el calor que da vida.
Respira
hondo, llénate del alimento que
es el aire, y agradece tan inmenso
regalo.
Con
los pies afianzados en la tierra,
la fuerza en el vientre y el eje
en el corazón, abre los brazos y
ponte el cielo de sombrero.

Adaptación
del texto de Jesús Mier.


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