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"Anemonas"
Nick Kurzenko, 2007
Eres
el hilo que lo conecta todo, me hilvana
a la música, al color, a las palabras,
a los sentimientos, a la naturaleza, al
pensamiento, al deseo, al espíritu.
Antes
de encontrarte, yo era un ramo de cosas
entremezcladas, ahora soy una luz única
en la que todo está fundido,
aglutinado, amasado sin grumos,
procesado, unificado en el sentido
literal del término. Diste vuelta el
cielo para volcarme las estrellas.
Ovillaste el canto para atármelo al
alma. Aunque me quede quieta pongo en
movimiento todo lo que construye al
mundo: ternura, alegría, amor. Y lo que
lo transforma: mareas, huracanes,
hielos, fuegos, sequías...
Me
voy abriendo. Y al abrirme, me expando,
crezco, llego a los confines, vuelvo y
entro en mí. En todas partes estás,
precediéndome o esperándome. Eso es lo
que más amo en ti: tu puntualidad para
vencer mi soledad. Tu perseverancia para
pulverizar mi pena y echarla al aire. Tu
fuerza para ocupar los espacios ambiguos
que existen en un ser: el espacio de la
duda, el de la indecisión el de la
inquietud, el del desgano... Los
transformaste en depósitos de vida,
latidos de reserva, semillas de
tumbergias rosadas (que ya no sé si
existen estas flores cuyo nombre me enseñó
Silvina Ocampo). No te voy a decir que
es la primera vez que me enamoro, porque
no es verdad. Pero sí es la primera vez
que "me enamoran". Que no elegí,
que no ejercí el control desde el
principio. Que sucedió sin que me diera
cuenta. Que cuando supe, ya lo habías
resuelto. Y empecé, entonces, a
desatarme.
A
abrir todas las puertas. A deshacer los
nudos. A tirar las piedras a los
costados del camino. A respirar llenando
los pulmones. A desprenderme culpas y
dolores, resentimientos y rencores y
dejarlos en papeleros amarillos. Me
gusta tu nombre estereofónico, tu voz
vibrante y áspera... ¡bah, todo me
gustas!
De
pe a pa. Tu risa un poco tímida. Tus
manos sensitivas. La forma en que
entornas los ojos con un movimiento casi
infantil, como si los párpados pudieran
defender todo lo que se lee en ellos. Y
tu mirada rápida, directa, que se
adelanta siempre a tus palabras, como si
les fuera abriendo paso. Me gusta que te
importe lo que digo, lo que pienso, lo
que siento. Que tengas curiosidad por
todo lo que tiene que ver conmigo. Que
estés constantemente tratando de
asomarte a mi corazón. Para que puedas
espiarlo, lo dejo descubierto. Quiero
que sepas de mí más de lo que yo misma
sé. Que por una vez en mi vida alguien
me explique por qué hago o digo...,
alguien me dé un consejo acertado, me
haga razonar, me brinde un poco de
par..., alguien me saque del torbellino
cotidiano, de la envidia de los inútiles,
del orgullo de los ínfimos y del
desagradecimiento de los mendicantes.
Alguien que puede mirar de frente el
rostro de los ángeles y que hasta los
conoce por sus nombres. Alguien que
guarde boletos capicúa, programas de
cine, servilletas con el nombre de las
confiterías, cajitas de fósforos,
sobrecitos de azúcar de todos los
lugares por donde viaja. Alguien que
conoce el nombre de las estrellas y
puede señalar las constelaciones. El
hilo que lo conecta todo: cuerpo, mente
y espíritu, con la fuerza del cosmos y
la vitalidad de la naturaleza. Un hilo
que me envuelve, que me hilvana al
diamante y a la flor, a la espuma del
mar, al granizo, al vuelo del cóndor,
al aletear mágico del colibrí, a tu
voz, a tu abrazo, a las esquirlas de tu
amor cayéndome en el.
Poldy Bird

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