No
sé si un sol desmedido y burlón
me atravesará de punta a punta
cuando salten de mi pecho todos los
gritos guardados
cuando se rompan las oscuridades
de mi perfecta catedral secreta
con el sostenido sonido del órgano
medieval
ululando su voz de parto,
su alarido de queja y de tristeza.

Estoy como nací, desnuda...
Mojada de lágrimas, con el pelo
chorreándome nostalgia
y un cansancio vetusto acomodado en
mis huesos
y mientras me dejo ir en el humo,
viene su mano y me sostiene
y me levanta y me hace tronar de júbilo,
me zarandea las ganas de vivir,
me dice verde con ojos de monte
azul con el pelo espumoso de mar
estrella con las uñas brillantes
viento y sopla mi angustia y la
desperdiga
y me hace nadar en el aire, retozar en
los arroyos,
romper los relojes del tiempo,
borrar la huella de mis pequeños
pecados
vueltos trascendentes por los oscuros
designios
de su otro yo iracundo hermano de este
duende iluminado
que me persigue en el sueño
en el que corro huyendo, siguiéndole
yo a mi vez
juego de gato y ratón hasta que viene
la lluvia
y la risa y volvemos a ser amantes
helechos hojas atrapadas
en las correntadas de mayo y todo
vuelve a empezar
cuando cruzamos lavados y nuevos
el umbral del paraíso.

Gioconda
Belli