Que  Mi rostro siempre brille en tu corazón...

"Tu Anam Cara"

 

Anne Geddes, 2007

 

 

 

 

 

La tradición celta posee una hermosa concepción del amor y la amistad.

Una de sus ideas fascinantes es la del amor del alma, que en gaélico antiguo es anam cara,

«Anam» signi­fica «alma» en gaélico, y «cara» es «amistad».

De manera que «anam-cara» en el mundo celta es el «amigo espiritual».

En la iglesia celta primitiva se llamaba anam cara a un maestro, compañero o guía espiritual.

Al principio era un confesor» a quien uno revelaba lo más íntimo y oculto de su vida.

Al anam cara se le podía revelar el yo interior, la mente y el co­razón.

Esta amistad era un acto de reconocimiento y arrai­go.

Cuando uno tenía un anam cara, esa amistad trascen­día las convenciones, la moral y las categorías.

Uno estaba unido de manera antigua y eterna con el amigo espiritual.

Esta concepción celta no imponía al alma limitaciones de espacio ni tiempo. El alma no conoce jaulas.

 Es una luz divina que penetra en ti y en tu otro. Este nexo despertaba y fomentaba una camaradería profunda

 y especial.

En la vida todos tienen necesidad de un anam cara, un «amigo espiritual».

 En este amor eres comprendido tal como eres, sin máscaras ni pretensiones.

El amor permite que nazca la comprensión, y ésta es un tesoro invalorable. Allí donde te comprenden está tu casa.

 La comprensión nutre la pertenencia y el arraigo. Sentirte comprendido es sentirte libre

para proyectar tu yo sobre la confianza y protección del alma del otro.

 Pablo Neruda describe este reco­nocimiento en un bello verso: «Eres como nadie porque te amo».

Este arte del amor revela la identidad especial y sa­grada de la otra persona.

El amor es la única luz que puede leer realmente la firma secreta de la individualidad y el alma del otro.

En el mundo original, sólo el amor es sabio, sólo él puede descifrar la identidad y el destino.

El anam cara es un don de Dios. La amistad es la naturaleza de Dios.

La idea cristiana de Dios como Trinidad es la más sublime expresión de la alteridad y la intimidad,

un intercambio eterno de amistad.

  Es el anam cara secreto de todos los individuos.

Con su amistad penetramos en la tierna belleza y en los afectos de la Trinidad.

Al abrazar esta amistad eterna nos atrevemos a ser libres.

 En toda la espiritualidad celta hay un hermoso motivo trinitario. Esta breve invocación lo refleja:

Los Tres Sacrosantos mi fortaleza son, que vengan y rodeen mi casa y mi fogón.

Por consiguiente, el amor no es sentimental.

Por el contrario, es la forma más real y creativa de la presencia humana.

El amor es el umbral donde lo divino y la presencia humana fluyen y refluyen hacia el otro.

"Anam Cara"

El libro de la sabiduría celta

 

 

 

 

 

 

 

 

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