¿Qué
pasa con nosotros cuando
las cosas que planeamos
no salen como
deseábamos?
¿Y
qué pasa cuando
teniendo una relación
salimos dañados?
¿Cuánta
responsabilidad tenemos
en las cosas que nos
suceden?
Y
no hablamos de culpas
sino de
responsabilidad...
Cuantas
veces ante un dolor en
nuestras relaciones
sentimos esto:
"Vos
nunca sos responsable de
lo que hiciste, la culpa
siempre la tiene el otro,
la culpa es del afuera,
vos no, es el otro el que
tiene que dejar de estar
en tu camino para que vos
no te golpees..."
Tuve
que recorrer un largo
trecho para apartarme de
los mensajes del mundo.
Es mi responsabilidad
apartarme de lo que me daña.
Es mi responsabilidad
defenderme de los que me
hacen daño. Es mi
responsabilidad hacerme
cargo de lo que me pasa y
saber mi cuota de
participación en los
hechos.
Tengo
que darme cuenta de la
influencia que tiene cada
cosa que hago. Para que
las cosas que me pasan me
pasen, yo tengo que hacer
lo que hago. Y no digo que
puedo manejar todo lo que
me pasa sino que soy
responsable de lo que me
pasa porque en algo,
aunque sea pequeño, he
colaborado para que
suceda.
Yo
no puedo controlar la
actitud de todos a mi
alrededor pero puedo
controlar la mía. Puedo
actuar libremente con lo
que hago. Tendré que
decidir qué hago. Con mis
limitaciones, con mis
miserias, con mis
ignorancias, con todo lo
que sé y aprendí, con
todo eso, tendré que
decidir cuál es la mejor
manera de actuar. Y tendré
que actuar de esa mejor
manera.
Tendré
que conocerme más para
saber cuáles son mis
recursos. Tendré que
quererme tanto como para
privilegiarme y saber que
esta es mi decisión. Y
tendré, entonces, algo
que viene con la autonomía
y que es la otra cara de
la libertad: el coraje.
Tendré
el coraje de actuar como
mi conciencia me dicta y
de pagar el precio.
"Tendré
que ser libre aunque a vos
no te guste. Y si no vas a
quererme así como soy; y
si te vas a ir de mi lado,
así como soy; y si en la
noche más larga y más fría
del invierno me vas a
dejar solo y te vas a
ir...
Cerrá
la puerta, ¿viste? porque
entra viento. Cerrá
la puerta. Si esa es tu
decisión, cerrá la
puerta. No voy a pedirte
que te quedes un minuto más
de lo que vos quieras. Te
digo: cerrá la puerta
porque yo me quedo y hace
frío. Y esta va a ser mi
decisión."
Esto
me transforma en una
especie de ser
inmanejable. Porque los
autodependientes son
inmanejables. Porque a un
autodependiente solamente
lo manejas si él quiere.
Esto significa un paso muy
adelante en tu historia y
en tu desarrollo, una
manera diferente de vivir
el mundo y probablemente
signifique empezar a
conocer un poco más a
quien está a tu lado.
Si sos autodependiente, de
verdad, es probable que
algunas personas de las
que están a tu lado se
vayan. Quizás algunos no
quieran quedarse. Bueno,
habrá que pagar ese
precio también. Habrá
que pagar el precio de
soportar las partidas de
algunos a mi alrededor y
prepararse para festejar
la llegada de otros ...Quizás..."
Jorge
Bucay, del libro: "El
camino de la
autodependencia"
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