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No
busco una mujer-amante-esposa, sino un
puerto vital en mar abierto, un hábitat sin fecha de
caducidad donde dar cobijo al Amor como si fuera eterno.
No espero a una mujer que sea apenas fémina, sino que
sea también el barco que me navegue, la tormenta que me
aflija, la sensualidad que me altere, la serenidad que
me acune.
No busco ni espero ni quiero una mujer por el solo hecho
de serlo, y exijo a la brújula de mis sentidos que
apunte el camino que conduce a la única que quiero sueño
y espero: no una, sino Ella; ésa que sin saberlo me
espera con todos sus desiertos en flor donde reposar mi
piel exhausta y mi boca sedienta y mi deseo ardiente y
mi urgencia angustiosa y mi lágrima austera y mi
ternura elocuente.
Si, una mujer que excite mis veintinueve sentidos es la
que sueño espero y busco; la única que sepa qué
decir, cómo hacer, cuándo parar, dónde esperar.
Esa es la mujer que espero como quien nada espera, que
busco y rebusco; esa es la mujerpuertoesquina que deseo
y no deseo que otro la posea.
Solo espero que sea ella, aquella que sea mía y yo sea
suyo; que sea yo y ella; ella en mí y viceversa.
Entonces habré encontrado a la Mujer que finjo que no
busco; al barco que miento que no sueño; a la esquina
que juego a que no existe; al muelle de mi propio
puerto, y echando el ancla mar adentro, nos amarraremos
sin vergüenza a la luz de los faroles de sus ojos, y
procrearemos gritos y temblores que iluminarán todas
las esquinas de los barcos en el puerto.
Será el momento de vocalizar el Somos, pluralizándonos
en la simbiosis del Nosotros.
Esa
es la mujer que busco espero y sueño. Gratificaré
magníficamente cualquier información sobre su
paradero.
Mi
gratitud al Señor Bruno Kampel por haberme permitido
editar
este hermoso poema de su autoría
y
a Adriana por su don de compartirlo conmigo.
con
amor
Mónny
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