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Es
no sentir en el mundo esa sequía
que
nos hace la vida falsa y dura
arrancando
la fe que florecía,
marchitando
el amor y la ternura.
Es
un hondo sentido de lo humano
que
en sacrificio y comprensión se vierte.
Es sentir un apoyo y una mano
en
todos los vaivenes de la suerte.
Es
un contacto espiritual de altura,
manifestado
con sutil llaneza,
y
en esa afinidad y esa dulzura
¡es
donde encierra su mayor grandeza!
Amistad
es lo fijo, lo arraigado,
la
fuerza que hizo Dios, tan prodigiosa,
que
formó con su luz, sobre el sembrado,
¡de
distintas corolas… una rosa!

Zenaida
Bacardi de Argamasilla


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