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Las
"ausencias" son como luces que
se van
apagando,
y no siempre nos acostumbramos a
vivir
en esa semi oscuridad, a movernos,
a
desenvolvernos,
a seguir caminando
en
esa claridad
disminuida, en esa penumbra.
No sé cómo se puso a depender el corazón,
que
tiene tan ancha plenitud, de una vida tan
corta,
tan riesgosa, tan frágil.
Las heridas de ofensas pueden curarse,
pero
las hondas, las que nos sacuden,
permanecen.

Hay corazones a los que las heridas les
sanan
mas fácilmente, y otros
a
los que nunca se
les cierren...
ni
con parches, ni pegamentos, ni
componendas, ni puntadas...
¡Nada!
Dejan
a uno
mansamente rebelde,
impotentemente
conforme,
obligadamente resignada
pero
nada más.
El dolor al máximo, es una incurable
dolencia.
Quizás
la fe sirva de dique
para
impedir un desbordamiento, pero no quita
la sensibilidad
para
impedir
las lágrimas, ni el dolor a flor de piel,
ni
la
opresión de desfallecer en muchos
momentos.

Con un esfuerzo sobrehumano sigues en pie,
pero
en el fondo te sigues tambaleando.
Con un esfuerzo sobrehumano buscas el sol,
pero
en el fondo no puedes atrapar la luz.
Con un esfuerzo sobrehumano quieres subir,
pero
en el fondo hay un peso de dolor que te
hunde.
No lo entiendes más que lo que pasa...
Y no lo supera más que el que se pone en
manos
de Dios.

"Las
Ausencias"
Zenaida
Bacardí de Argamasilla
Ramillete
de Estrellas
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