Déjame que esparza manzanas en tu sexo
néctares de mango, carne de fresas;

Tu cuerpo son todas las frutas.

Te abrazo y corren las mandarinas; te beso y todas las uvas sueltan
el vino oculto de su corazón sobre mi boca.
Mi lengua siente en tus brazos el zumo dulce de las naranjas
y en tus piernas el promegranate esconde sus semillas incitantes.

Déjame que coseche los frutos de agua que sudan en tus poros:

Mi hombre de limones y duraznos,
dame a beber fuentes de melocotones y bananos racimos de cerezas.

Tu cuerpo es el paraíso perdido del que nunca jamás ningún Dios
podrá expulsarme.

Gioconda Belli

 

 

 

 

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Dame la mano, amor, que no podemos
descansar todavía.
Tendrás que recorrer conmigo el tiempo;
mira cuánta distancia hasta la nieve,
cuántos copos de tierra
para olvidar los ojos del pasado
y encontrar el mañana
con un beso en la boca.

Ya sé que estás herido;
que te fatiga atravesar la noche y tienes miedo
de que, al final,
nos aguarde tan sólo la tristeza.

Ya sé que te rendiste
muchas veces al sol que deshidrata
todos los corazones; pero yo te he salvado
trayendo un fresco arroyo hasta tus venas.

Si no puedes con todo
te llevaré en los brazos.
Has visto que soy fuerte
y que puedo arrasar todo el abismo.

Mataré los jaguares si se atreven
a acercarse a nosotros.
Antes de que emprendiéramos el viaje
cogí todas las armas que tú me regalaste
y me mentalicé para la lucha.

Puedo con el desdén de las anémonas,
con la desilusión de todos los reptiles,
con la envidia mortal del aguacero.

Apóyate en mi hombro. A mí nada me agota,
ni siquiera la lluvia...

"De este largo viaje hacia la lluvia"

MARÍA LUISA MORA ALAMEDA    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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