|





Anne
Geddes, 2005


Tanto
amor y comunión están a
nuestro alcance porque el alma
contiene el eco de una intimidad
primordial.
Cuando hablan de
cosas primordiales, los alemanes
emplean el términoursprungliche
Dinge: «cosas
originales».
Hay una
Ur-Intimitat
in der Seele, es decir,
«una
intimidad primordial en el alma»;
este eco está en todos.
El
alma no se inventó a sí misma.
Es una presencia del mundo
divino,
donde la intimidad no
tiene límites ni barreras.
No
puedes amar a otro si no estás
empeñado al mismo tiempo en la
obra espiritual, hermosa pero
difícil, de aprender a amarte a
tí mismo.
Cada uno de nosotros
tiene al nivel del alma un
manantial enriquecedor de amor.
En otras palabras, no necesitas
buscar fuera de ti el
significado del amor.
Esto
no es egoísmo ni narcisismo,
obsesiones negativas sobre la
necesidad de ser amado. Por el
contrario, es el manantial del
amor en el corazón. Por su
necesidad de amor, las personas
que llevan una vida solitaria
suelen tropezar con este gran
manantial interior. Aprenden a
despertar con sus murmullos la
profunda fuente interior de
amor.
No
se trata de obligarte a amarte a
ti mismo, sino de ser reservado,
de incitar a ese manantial de
amor que constituye tu
naturaleza más profunda a
surcar toda tu vida.
Cuando esto sucede, la tierra
endurecida de tu interior vuelve
a ablandarse.
La falta de amor lo endurece
todo.
No
hay mayor soledad en el mundo
que la del que se ha vuelto duro
o frío. El resentimiento y la
frialdad son la derrota final.
Si
descubres que te has endurecido,
uno
de los dones que debes otorgarte
es el del manantial interior.
Incita a esta fuente interior a
que se libere.
Remueve el sarro
dentro de ti a fin de que poco a
poco,
en
una bella osmosis esas aguas
nutricias
penetren e inunden la
arcilla endurecida de tu corazón.
Donde
antes había tierra dura, yerma,
impermeable, muerta,
ahora hay
crecimiento,
color,
nutrición y vida que fluyen del
hermoso manantial del amor.
Ésta
es una de las formas más
fecundas de transfigurar
la
negatividad que hay en nosotros.
Se
te envía aquí a aprender a
amar y recibir amor.
El mayor
don que el nuevo amor trae a tu
vida
es el despertar del amor
oculto en tu interior. Te vuelve
independiente.
Ahora puedes acercarte al otro,
no por necesidad ni con el
aparato agotador de la proyección,
sino por auténtica intimidad,
afinidad y comunión.
Es
una liberación. El amor debería
liberarte.
Te liberas de esa
necesidad ávida y abrasadora
que te impulsa continuamente a
buscar afirmación, respeto y
significación en cosas y
personas fuera de ti.
Ser santo
es hallar la propia patria,
poder descansar en esa casa de
comunión y arraigo que llamamos
alma. El manantial de amor
interior.
Puedes
buscar el amor en lugares
remotos y yermos.
Es un gran
consuelo saber que hay un
manantial de amor dentro de ti.
Si confías en que ese manantial
existe, podrás incitarlo a
despertar.
El
siguiente ejercido podría
ayudarte a adquirir conciencia
de que eres capaz de hacerlo.
Cuando estés a solas o tengas
un intervalo, concéntrate en el
manantial en la raíz de tu
alma. Imagina ese caudal
nutricio de comunión, sosiego,
paz y alegría.
Con tu imaginación visual,
siente cómo las aguas
refrescantes penetran en la
tierra árida de ese lado
desatendido de tu corazón. Es
bueno imaginarlo momentos antes
de dormir. Así, durante la
noche, serás bañado
constantemente por ese caudal
fecundo de comunión.
Al
despertar, al alba, sentirás tu
espíritu bañado de un gozo
bello y sereno.
Una de las cosas
más valiosas que debes
conservar en la amistad y el
amor es tu propia diferencia.
Lo que suele suceder dentro de
un círculo de amor es que uno
tiende a imitar al otro o a
imaginarse recreado a su
semejanza. Si bien esto puede
ser indicio de un deseo de
entrega total, es a la vez
destructivo y peligroso.

Conocí
a un anciano en una isla. Tenía
un hobby peculiar. Coleccionaba
fotos de parejas de recién
casados. Luego obtenía una foto
de la misma pareja diez años
después. Con ésta demostraba cómo
un miembro de la pareja empezaba
a parecerse al otro. En las
relaciones suele aparecer una
fuerza homogeneizante sutil y
perniciosa.
Lo irónico es que la atracción
entre las personas suele deberse
a las diferencias. Por eso es
necesario conservar y
alimentarlas.
El
amor es también una fuerza
luminosa y nutricia que te
libera para que habites
plenamente tu diferencia.
No hay
que imitarse mutuamente ni
mostrarse defensivo o protector
en presencia del otro.
El amor
debe alentarte y liberarte para
que realices plenamente tu
potencial.
Para conservar tu
diferencia en el amor, debes
darle mucho espacio a tu alma.
Es
interesante notar que en hebreo,
una de las primeras palabras que
significa salvación también
significa espacio. Si naciste en
una granja, sabes que el espacio
es vital, sobre todo para
sembrar. Si plantas dos árboles
muy juntos, se ahogarán
mutuamente. Lo que crece
necesita espacio.
El espacio permite que esa
diferencia que eres Tú
encuentre su propio ritmo y
contorno. Una de las bellas áreas
del amor donde el espacio es más
hermoso es el acto del amor.
El amado es aquel a quien puedes
dar tus sentidos en la plenitud
del gozo,
sabiendo
que los acogerá con ternura.
Puesto que el cuerpo está
dentro del alma, ésta lo baña
con su luz, suave y sagrada.
Hacer el amor con alguien no
debe ser un acto puramente físico
o de liberación mecánica.
Debe
abarcar la raíz espiritual que
despierta
cuando
penetras en el alma de otra
persona.
El alma es lo más íntimo
de una persona.
La conoces antes de conocer su
cuerpo.
Cuando alma y cuerpo son
uno,
penetras
en el mundo del otro.
Si
uno pudiera corresponder de
manera tierna y reverente a la
hondura y belleza de ese
encuentro, extendería hasta lo
indecible las posibilidades de
gozo y éxtasis del acto de
amor.
Esto liberaría en ambos
el manantial interior del amor más
profundo.
Los reuniría
externamente con la tercera
fuerza de luz, el círculo
antiguo,
lo
primero que une las dos almas.

Kean
Y Kahlil GIbran.



ENVIA ESTA PÁGINA A ESE ALGUIEN
ESPECIAL....
|