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Edelweiss
y Dianthus Silvestres © 2004 Dr. Amadej Trnkoczy.


Dios
no es solamente misterio, enigma,
mago,
¡milagro!...
Esta más bien caminando contigo, chocando
con
tus cosas, manoseando tus pensamientos...
¡viviendo
de tu vida!...
Dios, es tus muchos poquitos
de
todos los días...
Es el que se acuesta todas las noches a
soñar
en tu cama...
Es el foquito de luz
que
se te enciende a cada rato...
Es el que sabe la cruz que te sirve,
El
cántaro que
puedes llenar,
Y
la misión que debes realizar.
Es, el que te da siempre de más, para suplir
lo
que hemos puesto de menos...
Dios es el aguantador de todas tus miserias
Y
el que llamas desesperadamente para salvarte.
El que te regala un barco, y te deja levantar
el
ancla, soltar las velas, y manejar el timón,
pero
después te aprieta la mano,
y
te marca la dirección.
Dios es vida, más que teoría,
Experiencia más que experimento
Sentimiento
más que técnica.
Maestro,
más que castigador
y amigo más que juez.
Dios es el te exige perdonar a otros,
para él
poderte perdonar a ti.
Es el que al soplar sobre tu alma,
inventó
el milagro
para no dejarte,
importándole
poco pasar
por
la insignificancia de un pedacito de pan.
Anda más, por huequitos y rendijitas,
que
por espacios inmedibles y dudas insondables.
Dios es el milagro de la vida
¡Y
el misterio de
la muerte!
¿Quién es Dios?
Es
el constructor del edificio.
La
huella del camino, el armazón del mundo,
¡El
sentido de la
vida!...
Es ser invisible e impalpable que se deja
sentir,
se deja oír y se deja amar...
Ese ese que te regala todos los día la luz,
el
aire, la vida ¡Y te deja creer que la mereces!
Dios es ese gran disparate lleno de sabiduría,
que
tu llamas incógnita.
Ese
pequeño milagro
que
te saca del apuro, y tu llamas suerte.
Es
esa agujita
divina que cose tu vida, y tu llamas destino.
¡Es esa vocecita insistente que llevas dentro
y
a veces quisieras desterrar de tu vida!
Es el que pone su huella sobre la tuya, para
caminar
juntos. ¡Y te deja sentir el orgullo de lo
que
sembraste solo!
Dios es el que recuerdas en tus desgracias
y
olvidas en tu felicidad.
Es eso que se te revuelve dentro y llamas amor.
Es
eso, que te hace sonar muy alto,
y
llamas
inspiración.
¡Es
eso que te enciende la luz
y llamas acierto!
Te roza con una espina, y lo llamas lágrima.
Te
sonríe con una caricia, y lo llamas felicidad.
Pero cuando te aprieta contra su corazón, y
te
decides a mirarlo,
no
tienes más remedio que llamarlo
¡Padre!

Zenaida
Bacardí de Argamasilla
de
su libro "Ramillete de Estrellas"

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