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Ella
anuda hilos entre los
hombres
y lleva de aquí para
allá la mariposa
profunda
-ala del paisaje y del
alma de un país-, con
un polen...
Ella
hace sensible el clima
de los días,
con
su color y su
perfume...
a su pesar, muchas
veces,
como
bajo un destino.
Testimonio involuntario
ella,
de un cierto estado de
espíritu,
de
un cierto estado de las
cosas,
en que la circunstancia
da su hálito...
Pero
se dirige siempre a un
testigo invisible,
jugando naturalmente con
la tierra y el ángel,
el infinito a su lado y
el presente en el confín...
Mas
es el don absoluto, y la
ternura,
ella que es también el
término supremo
y
la última esencia
con las melodías de los
sentidos y los símbolos
y
las visiones y los
latidos
para el encuentro en los
abismos...
Mas
tiene cargo de almas, y
es la comunicación,
el traspaso del ser,
"como
se da una flor", en
el nivel de los niños,
más allá de sí misma,
en el olvido puro de
ella misma...
Y
no busca nunca, no,
ella...espera,
espera,
toda
desnuda,
con
la lámpara en la mano,
en el centro mismo de la
noche...
JUAN
L. ORTIZ

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