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Y
pasó tanto tiempo desde aquel día en que me
senté a pensar en mi vida,
que
un día como hoy decidí vivir con felicidad.
Hoy,
hoy es el tiempo de tomar decisiones...


Hoy,
hoy es el tiempo de decidir que es lo que quiero
e ir en busca de ello.
Y decidí no esperar a las oportunidades que se me
presenten sino yo misma ir a
buscarlas. Pero
voy a empezar por mi misma...decidí ver
todo lo bello que guardo en interior
y
sonreír por eso, porque aprendí que no existe en
el afuera nada que ya yo no tenga adentro.
Aprendí...
Que
la felicidad es el patrimonio de mi alma, que cada
día es una elección constante de lo que quiero
vivir. Y si algo triste sucede, seguramente es para que yo pueda aprender de eso.
Aprendí
que cada problema siempre viene con su solución,
será entonces que tenga que tomarme el tiempo
necesario de ver como lo resuelvo, si es que de mi
depende, porque
no todo depende de uno, sin embargo... se que en
un lugar del arco iris reposa la compasión.
Alguna
vez alguien me dijo que la compasión es un don
espiritual que requiere de mucho amor. Por
supuesto, porque compasión es dejar por un minuto
el dolor que sentimos para entender el porqué el
otro me causó daño, y para comprender eso
tenemos que brindar nuestro propio tiempo para
entender que el que causa daño también está
sufriendo y que la única manera que conoce de
expresar lo que lleva adentro es, actuar de ese
modo...tal vez lo aprendió, tal vez se lo
enseñaron.

Hay
tantas formas de pedir lo que uno tanto anhela y
necesita.
Hay
formas sanas como lo es el amor, hay formas
destructivas como lo es el odio. Después de todo
ambas buscan lo mismo.....Amor. Cuanto dolor y
desesperación debe guardar en su corazón aquella persona que siente odio.
La
tristeza me dejó como regalo una enseñanza. La compasión
es el paso previo a poder perdonar y que difícil
se hace a veces poder perdonar.
Sin
embargo en nuestro arco iris interior tenemos
guardados todas las emociones con sus respectivas
sombras y sus maravillosos dones.... será cuestión
de ir en busca de ellos.
Pero
todo es una elección. Porque todos los pesares
como la tristeza, la desolación, la desilusión,
las pérdidas, son lugares de tránsito en nuestra
vida, porque uno decide quedarse o seguir, pero
todo lleva su tiempo...el tiempo que yo necesite
para desprenderme, aprender de eso, soltarlo y
seguir mi camino.

Hoy aprendí que lo que yo llamaba fracaso, no era
producto de mis debilidades,
que
debía aceptarme con todas mis limitaciones y mis
inseguridades y que no podía claudicar porque
detrás de ellas siempre hay otros modos y otros
tiempos para llegar a lo que anhelo. Se llama
aprendizaje de vida y para eso se necesita ser
amoroso con uno mismo, se necesita ser paciente y
la paciencia es una virtud que se cultiva... como
lo es el perdón.
Sobre el amor que siento y me han regalado
descubrí cosas muy bellas...
Descubrí
que el amor es
mucho más que enamorarse de las
similitudes, que el amor
madura y se fortalece en las diferencias
con el otro y que a pesar de esas diferencias que
muchas veces nos separan, si la unión es verdadera
uno puede sentir un amor puro, profundo y
despojado de egoísmos.
Porque
el amor es ese recinto donde uno crece, se nutre,
comparte tiempos, proyecta sueños e incorpora en
su arco iris interior los sueños del otro. Donde
uno es quien
es pero también deja ser al otro. Donde los únicos
lazos que nos unen son lazos de amor y no de apego.

Hoy, hoy decido ser feliz con esto que llevo
dentro...
No
me conformo,
sino que seguiré mi hoja de ruta con mi
mochila de experiencias vividas, dispuesta a
seguir creciendo con cada paso que de, con cada
elección que tome, con tu llegada a mi vida, con
tu arco iris interior que seguramente me mostrará
nuevos horizontes y nuevos caminos que aún no conozco, de los que
aprenderé a vivir y en donde ambos buscaremos la
maravillosa razón del porqué nos hemos
encontrado en esta vida.
Hoy,
hoy es mi día, pero también es el tuyo.
Mónica
Leffler, 2002.



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