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La Gran Vía o Avenida Martín Alonso Pinzón

Líneas de autobuses urbanos: 3, 4, 7, 9. La primera de ellas nos deja en la parada de Parque América, antes de su parada central en la Plaza de las Monjas (donde también convergen las dos siguientes) A pie: Desde la Plaza de la Merced, seguir por Vázquez Limón, Ginés Martín, Ciudad de Aracena, Rafael López, Méndez Núñez y Plaza de las Monjas. Desde Plaza XII de Octubre, seguir por Calles Marina, Plus Ultra, Méndez Núñez y Plaza de las Monjas. Desde Avda. de Andalucía, seguir por Calles San Sebastián, Pablo Rada y Tres de Agosto
Tipología: espacio urbano emblemático de la ciudad
Cronología: mediados del siglo XX

Galería de imágenes de la Gran Vía
Es una de las
principales arterias de Huelva, si bien su verdadero nombre es Avenida Martín
Alonso Pinzón, y fue abierta a mediados del siglo XX para responder al
crecimiento urbanístico que experimentaba la ciudad. Fue uno de los pocos
proyectos diseñados por el arquitecto Alejandro Herrero que se llevaron a la práctica,
y si bien el ancho de la calzada era en principio el adecuado, se quedó en tan
sólo 14 metros, de ahí el irónico sobrenombre de Gran Vía. En ella se
asientan buena parte de los edificios nobles y administrativos de la ciudad,
capital de su provincia desde 1.833. La Gran Vía fue resultado de la expropiación
de parte de los terrenos de dos conventos: el desaparecido de San Francisco, que
se ubicaba en el solar del Ayuntamiento actual, y el de las MM. Agustinas, quien
también contribuiría a la creación de la Plaza de las Monjas.
El Edificio
del Gobierno Civil (Subdelegación del Gobierno) es el primero que aparece,
siguiendo la Avenida en dirección a la Casa Colón. En su planta baja radicaba
durante mucho tiempo la Oficina de Información de Turismo de Huelva. Este
edificio era destinado a hotel, según el proyecto del arquitecto Alejandro
Herrero, siendo antes de terminarse reformado para su posterior destino. Fue
construido en los años 40.
Algunos metros más adelante se perfila la imagen del Ayuntamiento de Huelva. Hasta 1.949 la Corporación Municipal no tendría sede fija, e iría realizando sus funciones por diversas casas alquiladas de la ciudad, situadas en la Plaza de San Pedro y la Calle Puerto. En el año 1.939 se convocaría un concurso para un anteproyecto de Casa Consistorial, con enorme libertad en cuanto a la estética y al presupuesto. El concurso fue declarado desierto, y se decidió que el proyecto fuera redactado en 1.941 por el arquitecto del Catastro, Francisco Sedano, y el municipal, Mateo Gaya. Se ubicaría en los terrenos donde estuvo la Cárcel Vieja.
La dirección de la obra recayó sobre el arquitecto municipal Alejandro
Herrero. Los autores definieron su intención al concebir la construcción, que
era de estilo neoherreriano, el oficial de aquella época. El presupuesto
ascendió a casi 6 millones de pesetas de entonces, corriendo la decoración
a cargo de la empresa madrileña Los Certales. Sólo las lámparas del
interior costaron 176.450 pesetas.
El edificio sería
inaugurado por el Exctmo. Sr. Ministro de Obras Públicas, Don José María Fernández
Ladrera y Menéndez, el 20 de febrero de 1.950, tal y como reza una placa
conmemorativa situada en el patio interior del consistorio. El edificio está en
consonancia con la importancia que alcanzó la ciudad, y no podían faltar esos
pequeños jardines que realzaban al edificio por su parte delatera. Son de
destacar, asimismo, el hall de entrada al edificio, las escaleras de mármol
y el precioso patio porticado.
En las inmediaciones del Ayuntamiento estuvo ubicado el antiguo Convento de San Francisco, localizado en la calle Arcipreste Manuel González García. Hacia 1.575 se le conocía como Calle del Horno. En 1.931 se le otorgó el nombre de Don Enrique González Sicilia, y hacia 1.944, las reformas urbanísticas llevadas a cabo en la ciudad tuvieron como resultado la apertura de la actual Avenida de Martín Alonso Pinzón, quedando la calle que nos ocupa dividida en dos tramos: la mencionada Arcipreste Manuel González García y la calle San Francisco. En 1.588 se fundó la orden franciscana. Además de ésta, existían la de los Mínimos de la Victoria, la de las Agustinas y, a partir de 1.605 la de los Mercedarios. El 17 de febrero de ese mismo año, el Ayuntamiento donaría los terrenos para su fundación, y durante más de tres centurias el edificio estaría vigente, derribándose en septiembre de 1.964. Se le atribuyó al arquitecto Martín Rodríguez de Castro, aunque tras la desamortización de los años 1.835-36, sufriría diferentes transformaciones arquitectónicas.
Tras la desamortización sería transformado para albergar una institución penitenciaria. En ella nacería el Conde de López Muñoz, hijo de un oficial de prisiones, quien llegaría a ser Grande de España. A comienzos del siglo XX, en 1.906, el gran maestro Manuel Siurot ubicó en él a las Escuelas Profesionales del Sagrado Corazón en el flanco norte del conjunto religioso.
Disponía de un
claustro de refinada factura, una iglesia con planta de cajón, una Capilla
Mayor construida en 1.591, una cripta y diferentes capillas. En el Altar Mayor
se ubicaban los escudos de armas y las banderas de los Garrocho, familia de
navegantes y marines, y en el presbiterio se exhibía una lápida sepulcral de
sus fundadores, un relieve pétreo de 83x167 cm., actualmente expuesto en el
Santuario de la Cinta. En él puede
observarse el escudo de armas de la familia Garrocho, así como una inscripción
epigráfica que recorre el conjunto, con la siguiente leyenda:
En 1.823, el edificio vería suprimida su función conventual, siendo trasladada su comunidad al convento de San Francisco de Moguer. La iglesia permanecería abierta al culto a petición de la ciudadanía, hasta su demolición en 1.964.
El ex-convento franciscano contribuiría a dos de las transformaciones urbanísticas más importantes de Huelva. La primera se emprendió en la segunda mitad del siglo XIX, con la construcción de la Plaza de San Francisco, en la antigua superficie de huertos que circundaba el convento. La segunda, en la construcción de edificios civiles emblemáticos de nueva planta, como el Ayuntamiento o la Delegación de Economía y Hacienda, articulados en torno a la actual Plaza de la Constitución, en la superficie urbana correspondiente a la anterior Plaza de San Francisco, así como a la apertura de la actual Avenida Martín Alonso Pinzón.
En la actualidad, se conservan algunos objetos pertenecientes a San Francisco, ubicados en el Santuario de la Cinta y en la Capilla Privada de los PP.JJ. de Huelva.
Enfrente del
Ayuntamiento se levanta la Delegación de Hacienda, edificio fabricado en
granito. Su construcción fue autorizada en 1.945, y se hizo bajo la dirección
del arquitecto Julián Laguna Serrano, siendo la empresa constructora Latamendi-Olascoaga,
S.L. Se inauguró en diciembre de 1.952, pero no se abrió al público hasta
el 15 de mayo del año siguiente. Las pinturas del hall, que representan las
riquezas provinciales (minería, mar y agricultura) se deben al artista Eduardo
Vicente. Actualmente es Archivo de Hacienda.
La actual Plaza de la Constitución se denominó antiguamente de San Francisco, y estaba muy unida a la vida marinera de Huelva. En ella tendían sus redes los viejos marineros de la Calle Enmedio.
El segundo tramo de la Gran Vía, que comienza en la unión de las Calles
Cardenal Cisneros con Alfonso XII, era la antigua Calle Bailén, también
llamada Enmedio, y se hallaba paralela a la Calle Berdigón, lugar donde según
la creencia popular se capturaba dicho molusco en la bajamar. Esta parte de la céntrica
arteria alberga a la actual Diputación Provincial, la Cámara de Comercio de
Huelva y la Antigua Delegación de Sindicatos. La primera sede de la Diputación
fue la misma que la del Gobierno Civil, es decir, el antiguo Palacio de los
Condes de Medina Sidonia. En 1.863, tras adquirirse y adaptarse el desamortizado
convento de la Merced, pasó al barrio de Vega Larga, hasta la construcción de
la sede definitiva en la Gran Vía.
También hasta hace no muchos años existía en la Gran Vía el conocido Brasil Grande, denominado realmente De la Santísima Trinidad, y edificado sobre el solar de un huerto de Don Lázaro Garzón, que se vendió por 14.000 reales. Su propietario, Eduardo Díaz, tomó como modelos los típicos corrales de Sevilla o Málaga destinados a obreros. Fue construido a finales del siglo XIX, y poco antes de que fuera terminado se quiso destinar como Cuartel en el que se albergaran las fuerzas militares. El edificio era un inmueble de dos pisos, planta baja y principal, la segunda de estructura adintelada, y en él habitaban un centenar de familias. Su fachada exterior daba a las calles Fernando El Católico, En medio (Gran Vía) y Arquitecto Monís. El inquilinato de este enorme caserón lo integraban jornaleros, empleados, vendedores ambulantes, gentes relacionadas con el mar, las faenas del puerto y las de los talleres de la RTC y, en general, personas humildes de corto sueldo.
En su gran
patio interior se le rendía pleitesía, hasta 1.936, a la Virgen del Mayor
Dolor, y tras la desaparición de esa imagen, hizo lo mismo la Hermandad de San
Francisco con la Virgen de la Esperanza y el Cristo de la Expiración, a cuyos
titulares les cantaba La Niña de Huelva encendidas saetas. Fue derribado
en los últimos días de noviembre de 1.969.
Detrás de la Gran Vía se hallaba emplazado otro corral de vecinos, construido por el maestro de obras Sebastián González en 1.896, y que popularmente se le conocía Corralón de Navarro (también Brasil Chico), por su primer propietario, Bartolomé Navarro. Este corralón tenía dos entradas, una por la calle Berdigón y otra por la calle Alonso Sánchez. Por los años 30 se hallaba en todo su apogeo, y hasta la década de los sesenta vivieron en él familias humildes llenas de sencillez y honradez, casi todas marineras. Desapareció a finales de los año 70.