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Catedral de La Merced y su antiguo Convento

Ubicación: Plaza de La Merced, s/n (la Catedral), y nº 11 (la actual Facultad de CC. Empresariales y Turismo)
Líneas Urbanas de Autobuses:v1, 8. Nos dejan en la misma Plaza de la Merced. A pie: Desde Plaza de las Monjas, seguir por Méndez Núñez, Rafael López, Ciudad de Aracena, Ginés Martín, Vázquez Limón y Plaza de la Merced. Desde Plaza del Punto, seguir por Avda. Martín Alonso Pinzón, Plaza de las Monjas, Méndez Núñez, Rafael López, Ciudad de Aracena, Ginés Martín, Vázquez Limón y Plaza de la Merced. Desde Plaza XII de Octubre, seguir por Avda. Alemania, Ruiz de Alda y Plaza de la Merced. Desde Avda. de Andalucía, seguir por calles San Sebastián, Jesús de la Pasión, San Andrés, Doctor Plácido Bañuelos, Paseo de Buenos Aires y Plaza de la Merced
Tipología: Catedral desde 1.953; Monumento Nacional (el único de la ciudad) desde 1.970
Cronología: Siglos XVI-XX
Horarios de Visitas: la Catedral en horarios de culto (en Invierno, los días laborables a las 20:00; los festivos a las 11:00, 12:00 y 20:00; y en Vísperas a las 20:00); en cuanto al antiguo convento (actual facultad), está abierto de lunes a viernes de 8 a 21 horas. Más información: (959) 24 30 36 (Catedral)
Galería
de imágenes de la Catedral de Huelva y el Convento de la Merced
Muchos autores consideran que la Merced es el edificio barroco por excelencia de Huelva, y la obra del siglo XVIII de más relevante mérito en dicha capital. Los orígenes de la fundación mercedaria onubense se remontan al año 1.605, cuando Manuel Alonso Pérez de Guzmán y su mujer, los Condes de Niebla, otorgan licencia para la erección de la iglesia y el convento a su costa. Las obras se inician en el recinto que ocupaba la deteriorada capilla de San Roque, a las afueras de la villa, por el maestro mayor Martín Rodríguez de Castro, que las culminará en 1.616 en un estilo sobrio y sencillo transición del Renacimiento al Barroco, cuya disposición incluía una serie de retablos, capillas y camarines donde se veneraban, además de una imagen de la Virgen titular de la fundación procedente de Sanlúcar de Barrameda, una talla de San Roque, antiguo patrón de Huelva y otra del escultor Martínez Montañés de Nuestra Señora de la Cinta, entre otras, que aún se conservan.

Ya a principios del siglo XVIII el estado de las dependencias monacales y del templo era deplorable, pero el movimiento sísmico que sobrevino en 1.755 hizo ineludibles las obras de reconstrucción, ya que buena parte de la iglesia se vino abajo y otras dependencias quedaron muy dañadas. Según consta en los documentos, se iniciaron las obras de cimentación del nuevo edificio en 1.758, aprovechándose los muros de la fábrica primitiva. Por diversos motivos, las obras se fueron dilatando en el tiempo hasta comienzos del siglo XIX, sin que se llegaran a ejecutar las dos torres que deberían flanquear la fachada de los pies. En 1.915 se construyó una espadaña para rematar el templo, pero se derribó en 1.953, siendo las tres actuales de 1.976 y 1.977. Por su parte, el tercer piso del hospital fue añadido en 1.952. También fueron tardías las obras de la fachada trasera, el camarín y los cuatro módulos más orientales del antiguo convento.
Estos retrasos en la ejecución de las obras presuponen la intervención de varios arquitectos. Se han realizado diferentes estudios estilísticos y numerosas investigaciones acerca del edificio, pero al intentar definir bajo qué dirección se hicieron tales obras, los autores de dichos estudios avanzan distintas posibilidades. Existen indicios suficientes para pensar que el autor de las trazas iniciales tuvo que ser el maestro diocesano Pedro de Silva, quien empleó un esquema planimétrico similar al de su antecedente sevillano, hoy museo Provincial de Bellas Artes. Sin embargo, existe constancia documental de que la nueva Merced se realizó bajo el gobierno técnico del maestro Alarife Francisco Díaz Pinto, natural de la Palma del Condado, que colaboraba con Silva en otras obras de la provincia, en las que se pueden observar similares soluciones constructivas y motivos ornamentales que las relacionan directamente con esta edificación barroca.
La planta de la iglesia es de salón, de tres naves con crucero y testero
plano. En alzado, presenta una organización basilical abovedada, en la que se
destaca considerablemente la nave central como ocurre en la Iglesia de Santa María
de la Granada de Moguer. Dicha nave se encuentra cubierta con bóveda de cañón
con lunetos, mientras que las laterales se cubren con bóvedas de aristas. Los
grandes pilares cruciformes tienen redondeados los vértices, igual que en la
parroquia comentada antes, coincidiendo ambas también en el orden compuesto de
las pilastras. La misma solución se aplicó en la iglesia de San Juan Bautista
de La Palma del Condado.
La cúpula se eleva en el teórico crucero. El tambor es cilíndrico en el interior, con galería anular, mientras que al exterior es poligonal, siguiendo los cánones de Brunelleschi y de Fray Lorenzo de San Nicolás. El mismo modelo de linterna y de molduras semicirculares del tambor empleó Pedro de Silva en la iglesia de La Palma. Los pinjantes son del mismo tracista que diseñó los de las torres de San Pedro de Huelva y los de La Palma. En los culps de lampe que penden en el coro de la Merced se observan ciertas analogías con los que se realizaron en las escaleras de la antigua fábrica de tabacos de Sevilla, en donde Pedro de Silva fue aparejador mayor. Sobre las naves laterales destacan las tribunas balconadas. Todo el templo está enriquecido por magníficos retablos dieciochescos y meritorias esculturas y pinturas. Destacan el excelente púlpito de madera (s. XVII), procedente de la primitiva iglesia; la tabla de San Lorenzo, la obra más antigua documentada del pintor sevillano Herrera “el Viejo”, y la talla de Martínez Montañés de Nuestra Señora de la Cinta, de 1606. Asimismo, también son dignas de ver las siguientes: San Roque, escultura anónima en madera policromada (segunda mitad del s. XVI), el Santísimo Cristo de las Cadenas; la Custodia y Frente del altar de la capilla del Sagrario; el Altar de la Virgen de los Dolores, obra anónima sevillana del XVIII, titular de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Cadenas; el Cristo de Jerusalén y María Santísima del Buen Viaje; y el Altar de la Virgen de la Merced, obra anónima de 1618.
La impresionante fachada de los pies se organiza en tres calles, de las cuales
las laterales destacan por su mayor sencillez decorativa. Está realizada con
ladrillos enfoscados y avitolados. Todo el conjunto se remata en unos antepechos
abalaustrados. Esta disposición se puede encontrar en numerosas edificaciones,
tanto civiles como religiosas, del Arzobispado de Sevilla. La calle central está
concebida en forma de retablo y dividida también en tres grupos. Los espacios
quedan definidos mediante grandes hornacinas de ricas guarniciones. El cuerpo
inferior se destaca del resto de la portada mediante una acusada cornisa que
comprende todo el ancho de la fachada, dando la sensación de que se trata de un
gran zócalo que integra y unifica el conjunto.
En 1.953, gracias a la Bula Pontificada de 26 de noviembre, se creó la Diócesis de Huelva, quedando el templo mercedario de la capital habilitado como iglesia-catedral. Por ello, se emprendieron una serie de obras y reformas (fundamentalmente, en el presbiterio de 1.966, donde se traslada la sillería coral, desapareciendo el retablo del altar mayor) para adecentar el templo. En 1.969 el templo tuvo que ser cerrado al culto por razones de seguridad tras el terremoto que se produjo en la ciudad en febrero de ese año, y el 12 de abril de 1.970 se firmó el decreto por el cual se declaraba al conjunto de la iglesia y el convento Monumento Histórico-Artístico Nacional (el único que posee la ciudad). Un año más tarde, se iniciaron las obras para paliar las deficiencias originadas por el mencionado seísmo. En el año 1.995, se dotó a las espadañas de la catedral de un mecanismo por el cual, en las horas en punto, doblan sus campanadas por fandangos de Huelva.
En cuanto al edificio anexo a la iglesia Catedral, el del antiguo Convento
de los Mercedarios, también debió intervenir el maestro Pedro Silva,
aunque los posteriores usos y las obras de acondicionamiento que en él se
realizaron, modificaron profundamente su aspecto. Tras la exclaustración que
motivó la Ley de Mendizábal de 1.835, el convento fue usado como cuartel desde
1.842, sufriendo las primeras reformas en 1.846. En 1.855 se estableció en él
la Caja de Quintos, y ocho años más tarde, la Diputación lo adquirió
a los herederos de los Condes de Niebla por 520.000 reales. Poco después,
se instalarán en él sus dependencias: primero, las oficinas de la Diputación,
luego el Hospital Provincial y más tarde el Instituto General Técnico de
segunda enseñanza. Desde 1.877, excluido ya el instituto, la Diputación
acometió una serie de obras de reforma cuyos momentos más significativos señalan
los años 1.884 y 1.952, con las ampliaciones del Hospital Provincial, modificándose
en gran manera las estructuras del antiguo centro sanitario, que llegó a
igualarse en altura al templo catedralicio.
La
fábrica, deformada por múltiples adaptaciones, refleja aún la impronta
conventual. Las distintas dependencias del sector doméstico se ordenan
alrededor de los claustros gemelos, acostados paralelamente, de tres cuerpos
superpuestos y cerradas galerías. Galerías que, en el piso bajo, presentan sus
tres tramos centrales cubiertos por bóveda de cañón con lunetos y los
angulares por bóvedas de arista. Los arcos fajones, al carecer de responsión
mural, apean sobre sencillos pinjantes a excepción de los ubicados en las
esquinas que lo hacen sobre ménsulas y pilastras cajeadas. Las cornisas, de
escaso resalte, apenas favorecen las rítmicas vibraciones de la luz sobre las
encaladas superficies. En cada tramo hay un óvalo rematado con un lazo, que
enmarcaría el retrato de un santo mercedario.
La solemne escalera, dispuesta a eje con el vestíbulo, descansa sobre cruzadas bóvedas de arcos rebajados, pareadas columnas marmóreas de orden dórico-toscano semejantes a las que, en grupos de cuatro, delimitan la caja de la misma coronada por una cúpula oval sobre pechinas. Las pechinas se ennoblecen pictóricamente con los escudos heráldicos de Huelva, Niebla, Aracena y Ayamonte. La escalera, con barandas de hierro, arranca desde el bajo en dos ramales hasta el primer rellano, de cuyo centro parte sólo un tramo que enlaza con el piso superior al bifurcarse, nuevamente, en otros dos. Sugestivo es el juego de perspectivas que se produce en el primer rellano a través de los dos balcones que perforan los muros laterales. Estos balcones están flanqueados por pilastras cajeadas con ménsulas a guisa de capitel sobre las que se alzan arcos trilobulares. Los ricos mármoles que enriquecían esta pieza tectónica fueron vendidos y empleados, después de la exclaustración, en los asientos de la Alameda, que existía en el actual Paseo de la Independencia. La escalera a la imperial del antiguo convento de la Merced de Huelva guarda cierta conexión estilística con la realizada por Antonio Matías de Figueroa en el Palacio-Seminario de San Telmo en Sevilla y consigue -por encima de las necesidades prácticas- la ordenación y fusión axial de los interiores, la fluidez de las intersecciones y la belleza de las formas.
Ambos
edificios se integran perfectamente en la Plaza de la Merced, uno de los
espacios urbanos más emblemáticos de la ciudad. En esta plaza se celebraban, a
comienzos del siglo XX, las veladas en honor a Nuestra Señora de la Cinta,
patrona de Huelva, si bien es cierto que antiguamente el aspecto de la plaza era
bastante más acogedor y hermoso que el que actualmente se observa, debido sobre
todo a las continuas reformas de la misma, aunque el entorno colindante también
ha contribuido, tras el enorme deterioro urbanístico de los edificios de planta
baja, originales de la zona. Uno a uno, los edificios del Paseo de la Vega
Larga, desde 1.908 Paseo de la Independencia, iban siendo demolidos, como la
antigua Jabonería.
En uno de los
extremos de la Plaza se inicia el ascenso a la parte alta de Huelva por dos vías:
el Paseo de Buenos Aires y la calle Ramón Menéndez Pidal, conocida
desde siempre como Cuesta del Carnicero. En esa parte se ubicaba el
Cementerio Viejo de la villa, que se trasladaría después del trazado de la
actual vía.
En una pequeña explanada que marca el inicio de ambas calles, se ubica el Monumento al maestro Manuel Siurot, siendo inaugurada el 23 de diciembre de 1.967. Este lugar fue escogido por el arquitecto Juan Miguel Rodríguez, diseñador del nuevo pedestal, después de que la imagen tuviera que ser restaurada por León Ortega de los actos vandálicos que sufrió en su ubicación original, los jardines del Parque del Muelle, donde fue inaugurada en mayo de 1.943.
Bajo la imagen del maestro, se recoge una pequeña inscripción que reza:
“HUELVA A DON MANUEL SIUROT,
Desde entonces, la imagen sigue presidiendo la entrada diaria hacia el barrio
de la Merced de la ciudad.